lunes, 25 de septiembre de 2023

Allanadores, de David Morrell


Es ésta una curiosa incursión del creador de Rambo en la literatura de terror. Y no es la primera vez, ni mucho menos, pues David Morrell ha dado unos cuantos títulos breves, y algunos largos, al género. Uno de estos últimos es The Totem (1979), que nunca apareció en España, pero sí que se publicó en castellano, en Argentina, con traducción de Alicia Steimberg, en Editorial Sudamericana. Ni siquiera se planteó ningún editor español publicarla cuando Morrell "remasterizó" su novela en 1994 ("edición completa y sin alterar", pues al parecer, la primera versión sufrió los recortes de un riguroso editor). Una pena, la verdad, pues el argumento de la novela tiene muy buena pinta: en un pequeño pueblo de Wyoming, se produce una serie de eventos violentos e inexplicables, que podrían estar relacionados con la aparición de un nuevo virus derivado de la rabia. En mitad del meollo se encuentra el sheriff Slaughter de Potter's Field. (Sí, quizá suene a cosa conocida. Pero si pensamos "Rambo vs. Zombis", la cosa empieza a tener su retorcido encanto...).



De Morrell, en territorio horripilante, tenemos en España algún que otro cuento y la novela corta Naranja de agustia, azul de locura, que se incluyó en el volumen antológico Pesadilla (1989) de Grijalbo. Creo que en alguna otra parte ya he mencionado esta historia, que me pareció magnífica y, por tanto, justa ganadora del Premio Bram Stoker de Novela Corta 1988.


Con Allanadores (Creepers en el original), otro de los Premios Stoker de Morrell, esta vez a Mejor Novela en 2005, me parece que la cosa no está tan clara, y cabe la posibilidad de que el galardón lo recibiera por compromiso, porque tocaba, o más posiblemente, porque la competencia no estaba a la altura. Y no lo digo porque la novela no sea buena; es que, sencillamente, no es muy, muy buena. No es Muerte al alba de Robert McCammon, ni El espectáculo del vampiro de Richard Laymon, ni El silencio de los corderos de Thomas Harris, ni Misery de Stephen King, por mencionar tan sólo un puñado de Stokers a Mejor Novela que, en mi opinión, sí que son muy, muy buenas. (Ahora es cuando escucho por ahí las voces espectrales de algunos buenos amigos que me susurran al oído: "La de Laymon es Laymon imitando a King", eso escucho una y otra vez, y yo grito a todo pulmón, pero sin admiraciones: "King podría haber escrito tres cuartas partes, cuatro quintas partes de El espectáculo del vampiro. Pero jamás habría concebido las últimas treinta, cuarenta páginas, ni en sus más locos sueños. Y si las hubiera concebido, las habría desechado por absurdas". Y es que uno de los súper poderes de Laymon consiste en hacer eso: que lo absurdo suene... no diremos "lógico", pero sí "posible por improbable que parezca").

Excursos aparte, y volviendo a la novela, la traducción de Ana María Nieda es correcta, me parece, y eso es de agradecer. Como en otras obras de Morrell, la narración es fluida (un pasapáginas), y lo que en principio pueden parecer (por ejemplo, que nos peguemos media nvela sin saber nada de los personajes), resulta que son trampas de escritor que Morrell resuelve paulatina y justificadamente, en favor de la obra y del lector.

El argumento es atractivo: un periodista se reúne con un grupo de "espeleólogos urbanos", individuos que visitan edificios abandonados para "cartografiarlos" y "por su interés histórico". Sí, y unos cojones. Unos cojones, porque en verdad, la cuestión de entrar en casas abandonadas es realmente adrenalínica, tal y como cualquiera que haya tenido infancia y adolescencia podrá atestiguar. Es el subidón de lo explícitamente prohibido, lo indudablemente peligroso, al alcance de la mano de los niños. Y de adultos a los que les va la marcha, pero tienen que buscarse una coartada. (Esa es mi opinión, ojo, no lo que cuenta Morrell. O sí. No sé. No importa).

El edificio en cuestión es un hotel construido en 1901 y abandonado a finales de la década de 1960. Y como es lógico, lo que nuestros creepers se van a encontrar en el interior es bastante más adrenalínico de lo que esperaban...

Uno de los problemas de la novela, para servidor, es el de la espectativa que tenía, frente a lo que me he encontrado. No diré nada más al respecto. También, que es una de las obras del subgénero que mi hermano Daniel más odia: el de "gente metida en un túnel y que se pega todo el libro dando vueltas". Pues sí, Allanadores es de ésas, por suerte o por desgracia. Y se ve venir desde el principio. Pero el caso es que funciona y no es un coñazo para nada.

Por lo demás, resulta una experiencia grata y entretenida, como una peli de serie B de la que no esperas nada y resulta que está muy bien. (Que es lo que yo tendría que haber esperado desde el principio, y entonces no me habría quedado con cara de "pues yo pensaba que iba a ser otra cosa").

Existe una segunda novela protagonizada por Frank Balanger, el tipo que se cuela con los allanadores el Hotel Paragon y que, por supuesto, es el personaje principal de la historia. Y cuando caiga en mis manos Juego Mortal (Scavengers, 2007), la leeré con ganas y con las espectativas correctas: serie B, sustos, hostias como panes. Y me gustará.

Y es que, en el fondo, soy muy facilón...


 



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