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viernes, 31 de mayo de 2024

Noticias de ayer: Un raro y enorme peje aparecido en el mar del Sur de Oajaca el año de 1648, por Juan Nepomucemo Bolaños (1843)


 

El Museo mexicano, o Miscelánea de amenidades curiosas e instructivas (1843-46) es un auténtico portento para los buscadores de noticias y artículos extraordinarios. No se conservan los pliegos sueltos originales (revistas), sino tomos encuadernados y numerados, que comprenden seis meses del semanario por volumen.

El siguiente artículo está firmado por Juan Nepomuceno Bolaños, Catedrático de Fisiología en el Instituto de Ciencias y artes del Departamento de Oajaca [hoy, Oaxaca], de quien nos consta que tiene impreso en papel un Discurso pronunciado en la Plaza de Armas de Oajaca el día 16 de setiembre de 1838 por el aniversario del Grito de Independencia de 1810 y una Exposición relativa al Cholera Morbus que atacó Oaxaca en los años de 1833-34. Nepomuceno Bolaños dirigía el periódico local El Día. Aparece como personaje en la novela Fuertes y débiles (1919) de José López-Portillo y Rojas (1850-1923). De esta obra extraemos la siguiente descripción de Bolaños:

 


Y aquí tenemos un artículo de esta suerte de profesor George Edward Challenger mexicano, extraído del Museo mexicano (marzo de 1843).






 

viernes, 29 de septiembre de 2023

La forma en que algunos mueren (Lew Archer nº3), de Ross MacDonald

19 de septiembre de 2023

La forma en que algunos mueren, de Ross Macdonald. Editorial Alfa, Colección Los Extraordinarios, 1985.

De acuerdo con Philip José Farmer, el detective privado Lew Archer era hijo natural de Sam Spade y de la esposa de su socio, Archer. (Farmer también decía que Spade era descendiente del profesor George Edward Challenger, creo recordar que por vía del periodista Edward Malone y Enid, hija de Challenger. Pero no me hagan mucho caso. Ni a Farmer).

Si continuamos con el punto de vista mitográfico creativo, el cronista de Lew Archer fue Kenneth Millar, que firmó la versión literaria de los casos de Archer con el nombre de Ross MacDonald. Millar recogió, al menos, 18 casos de Archer, publicados como otras tantas novelas entre 1949 y 1976, así como un buen puñado de cuentos más, alguos de ellos inconclusos.


 

The Way Some People Die (1951) es la tercera novela de serie de Archer, y en castellano está traducida como La forma en que algunos mueren. Siempre me resulta difícil decir cosas sobre las historias de Lew Archer, o al menos, cosas que no sean pura generalidad. Por ejemplo: es una lectura maravillosa y absolutamente recomendable. Te pone los pelos de punta y te hace reír, y la versión española realizada por Raquel Bengolea es muy buena, pero la edición habría necesitado un repasito ortotipográfico. No me atrevo a decir que sea una de las mejores novelas de la serie de Archer, porque, como decía mi querido y llorado amigo, el escritor vasco Javier Abasolo, "MacDonald sólo escribió una novela. Pero cada vez lo hacía mejor". Si La forma en que algunos mueren es la tercera de Archer, y El martillo azul (The Blue Hammer, 1976) es la última, no podemos detectar muchas diferencias, salvo el hecho de que El martillo... es una insuperable obra maestra de la literatura, un puro martillazo en la sien del lector, del que difícilmente se recuperará durante el resto de sus días.

 

De acuerdo con mis notas, mi primera (y un poco tardía) aproximación a MacDonald y su Archer fue el 5 de julio de 2010, con la lectura de El caso Galton (The Galton Case, 1959), octava novela de la serie. Poco después, el 9 de julio de ese mismo año, finalicé Dinero negro (Black Money, 1966), décimo tercera entrega de Archer. Y ahí tuve que detenerme, porque imagino que ya no soportaba más tensión dramática y más belleza. (Lo que me leí a lo largo del día 10 de julio, para distanciarme de esas sensaciones, fue el volumen Un hombre llamado Spade de Dashiell Hammett, mucho más directo y menos visceral que el puñetero Archer... pero me quedó la sensación de que sí, que el detective de la Costa Oeste era descendiente del tipo que investigó el caso del Halcón Maltés). Después, y hasta 2018, leí seis o siete u ocho novelas más de la serie de Archer, y luego alguna otra, y ahora La forma en que algunos mueren. Tengo la sensación de haber leído mil novelas de MacDonald y, al tiempo, como indicaba Abasolo, tan sólo una novela. La misma.


 

Lo que puede parecer una crítica, es en realidad la constatación de un hecho: soy incapaz de reproducir el argumento de cualquiera de las novelas de Archer. La que acabo de tragarme en un par de días comienza con una madre que busca a su hija desaparecida. Dentro de una semana, habré olvidado a los hermanos Tarantine, a los gángsters, al sheriff, al camello que abusa de chicas mientras ellas están de viaje por vía intravenosa, a Danning el actor frustrado, a la divorciada que vivía para cuidar a sus hombres... Estoy seguro de que olvidaré el desenlace y solución del misterio que ha pasado por ex boxeadores, matones, ladrones, estafadores, asesinos y, sobre todo, mentirosos. En las historias largas de Archer, es casi imposible seguir la pista del argumento, porque lo que realmente importa es todo lo que está sucediendo en cada escena, todos los retratos, todos los diálogos, todas las descripciones poéticas -que no aburridas, no, no, no, en absoluto- de los lugares que visita el protagonista, el festival de perfumes y hedores, el sexo implícitamente explícito (o al revés), el desfile de parias y de personajes insólitos o terriblemente familiares... El misterio, el caso, es tan sólo el hilo argumental, y si MacDonald comete algún error o hace alguna trampa, ni me entero ni me importa. Lo único que tengo claro es que el recorrido es siempre una gozada para cualquier lector dispuesto a dejarse llevar, y también, que Archer resolverá el caso y nos contará hasta el último de esos detalles que, en realidad, ya nos importan un bledo en las últimas páginas.

No sé cómo es posible que leyera dos novelas seguidas de Ross MacDonald allá por 2010; supongo que, como era más joven, no terminaba de creer lo que mis ojos y mi cerebro habían procesado, y tuve que repetir la experiencia, como un niño que quiere volver a subir a la montaña rusa porque la primera vuelta le ha resultado insuficiente.

Ahora soy más viejo y ya me conozco los entresijos de la atracción de feria casi de memoria. Y prefiero espaciar los viajes con Lew Archer, o prepararlos con antelación. Tantas emociones reales a flor de piel son demasiado para cualquiera. Al niño le gusta la montaña rusa, el adulto ha llegado a la conclusión de que sí, que está muy bien... pero le da un poco de miedo.

sábado, 14 de enero de 2017

La lista de los 7 (2006)

Hace diez años, los amigos de la librería Estudio en Escarlata (Madrid) me pidieron que elaborara una lista de mis siete novelas favoritas. Les entregué el siguiente texto, que estuvo colgado en su web o en su blog durante varios años, aunque ahora el texto ha desaparecido.
Tenga el lector en cuenta que esta lista es, repito, de diez años atrás. Si tuviera que hacerla ahora (y puede la que haga), probablemente sería distinta.
Aunque no demasiado

***


La lista de los 7
por Alberto López Aroca


Asumo que la antigua conseja tópica de “el libro que te llevarías a una isla desierta” queda descartado para siempre por motivos lógicos: ¿para qué te vas a llevar sólo un libro, si vas voluntariamente a una isla desierta por tiempo indefinido? ¿Por qué no mil libros? Y ya puestos, el DVD y las cartas para jugar al póker con los monos, las náufragas, o quien se tercie.

Siete libros es ya una cantidad más respetable (insuficiente todavía), y por ahí se puede tirar del hilo y desenredar la madeja.
Una cosa más: los títulos de esta lista son susceptibles de segundas lecturas, sin decepciones ni traumas posteriores.

Sin orden ni concierto:

 
—La luna de los asesinos, de Richard Stark (Donald E. Westlake).
Es la novela número 16 de la serie de Parker, el Tarzán urbano creado por Westlake en The Hunter, alias Point Blank, alias A quemarropa, alias Payback. La mejor de la serie hasta la fecha, y una de las pocas (tres, si no me equivoco) que se han traducido a castellano. ¿Por qué los editores pierden el tiempo en Ferias internacionales cuando las novelas de Parker están inéditas? ¿Eh?
 

 
—El mundo perdido, de Arthur Conan Doyle. El mejor libro de aventurillas, dinosaurios y disparates que se puede leer (sólo le anda a la zaga Viaje al Centro de la Tierra, de Verne). Sólo el creador de Sherlock Holmes pudo perfeccionar al profesor Otto Lidenbrock y convertirlo en el gigante de la barba de toro asirio que vino en llamarse George Edward Challenger. Nadie debería morir sin haber leído esta novela.
 

 
—La sangre de los King (King Blood), de Jim Thompson. A mi parecer, la obra maestra del Maestro Thompson, incluso mejor que 1.280 almas y El asesino dentro de mí. Otra que tal baila: una sola edición, que yo sepa, en Bruguera, y de eso hace ya no sé cuántos años. El Far-West visto por Thompson, con indios, vaqueros, y la violencia más extrema que me haya podido echar nunca a la cara. No me cabe la menor duda de que el gran Barry Gifford tiene este libro bajo la cabecera y le echa un vistazo de vez en cuando. Obra maestra.
 

 
—Las historias naturales, de Juan Perucho. La mejor obra del difunto escritor catalán es esta novela de vampiros, ambientada durante las guerras carlistas, y que desprende ciertos aires vernianos. Único en su especie, y por supuesto, obligatorio.
 

 

—El siciliano, de Mario Puzo. ¿Es un biopic, o un monumento a la Historia de la Mafia Siciliana? Y lo que es más, ¿importa? Si Puzo se superó a sí mismo alguna vez, fue con esta Vida de Salvatore Giuliano, o como dice mi padre, “El Robin Hood Siciliano”. Lo diré una sola vez: mejor que El Padrino.
 

 
—A Feast Unknown, de Philip José Farmer.
Por desgracia, esta novela sigue inédita en nuestro país. Por desgracia, forma parte de una serie más larga que el señor Farmer, de Peoria, Illinois, nunca concluyó (aunque todavía está a tiempo). Por desgracia, la crítica ha enterrado esta obra entre la prolija producción de Farmer. Por desgracia, a muchos puretas no les hizo gracia enterarse del tamaño de los penes de Tarzán y Doc Savage. Una novela excepcional, y más que recomendable.
 

 
—La llave de cristal, de Dashiell Hammett. Vamos a ver, vamos a ver, la clásica discusión: ¿cuál es la mejor obra de Hammett? Yo me quedo con esta, y no porque los hermanos Cohen la fusilaran vilmente en esa obra maestra que es Muerte entre las flores —sin acreditar el original, claro—, sino porque me da la gana.
 


 
—La piedra lunar, de Wilkie Collins. Cuando Sherlock Holmes puso a caldo a Dupin y Lecocq en Estudio en Escarlata, se olvidó del Sargento Cuff... o bien, no lo consideraba un chapucero. Esta novela del amiguete de juergas de Charles Dickens es una de esas joyas de la literatura con las que, tarde o temprano, inevitablemente, uno se ha de encontrar.
 


Creo que he contado mal: esto son ocho libros. Y eso que no he mencionado El sabueso de los Baskerville, Las Memorias de Maigret, Drácula, Los Tres Impostores, Amadís de Gaula, Novecientas Abuelas, La investigación del difunto Stanislaw Lem, y ni un solo tocho de Stephen King.
Otra vez será.


(Publicado originalmente en la web de la librería Estudio en Escarlata en julio de 2006)
 
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miércoles, 11 de enero de 2017

ADÈLE BLANC-SEC (y diversos pterodáctilos, y las aventuras de ¿Edith?)

(Publicado originalmente en el anterior emplazamiento del blog Cuaderno de bitácora del Matilda Briggs, el 28 de julio de 2010).
 
 
No son muchos los críticos que han comparado las andanzas de la escritora, periodista y aventurera francesa Adèle Blanc-Sec (n. 1890) con las crónicas que el doctor John Watson realizó de las hazañas de Sherlock Holmes, aunque algo de esto hay. En realidad, más que una relación directa con el Maestro de Baker Street, encontramos cierta semejanza entre el asunto de Adèle y la bestia (recogido por el historietista Jacques Tardi en 1976) y el desenlace de El Mundo Perdido (del periodista Edward Malone, editado por Arthur Conan Doyle): En ambas crónicas, un pterodáctilo sembraba el caos en una gran urbe europea. Si el saurio volador de Londres cruzó el Atlántico de manos del profesor Challenger en 1894 (ver “La conexión Friesland”, del presente autor, incluido en el cuaderno holmesiano Sherlock Holmes y lo Outré), el de París eclosionó de un huevo prehistórico en el Muséum d'Histoire Naturelle en noviembre de 1911. No entraremos en detalles, pues la saga de Adèle Blanc-Sec está siendo reeditada en España (a los amigos de las cronologías, los emplazo a visitar este trabajo), y por si esto fuera poco, el director Luc Besson se encargó recientemente de dirigir una adaptación de las crónicas de Adèle a la gran pantalla. Aquí pueden ver ustedes una muestra de ese trabajo que, con suerte, veremos pronto en nuestro país.
 




***

Una curiosidad, ajena a todo esto: En 1984 apareció en España un tebeo en blanco y negro, con una espeluznante portada, titulado PTERODÁCTILO: Las extraordinarias aventuras de Edith (Ediciones Finhaxel). Supongo que fue mi padre quien metió ese extrañísimo álbum en mi casa, y pasaron algunos años hasta que descubrí que existía un álbum de la colección CIMOC COLOR (creo que el primero), que contenía ese mismo tebeo, con sus colorines, y el nombre de la protagonista transmutado mágicamente por el de Adèle Blanc-Sec. Aún más tarde, en Valencia, creo recordar, mi amigo Sergio Bleda consiguió otro ejemplar de PTERODÁCTILO, y ahora sí, quedó bien claro que aquello era una edición pirata del tebeo de Tardi. Qué marcianada, ¿verdad?




COMENTARIOS ORIGINALES:


Luis Miguez

Luis Miguez dijo

Tan sorprendente y raro es el tema de la edición pirata del tebeo de Tardi como espeluznante es su portada, y como espantoso, a juzgar por los trailers que llevo vistos, va a ser el filme en cuestión. En fín.
sherlockholmes

sherlockholmes dijo

Bueno, bueno... ya estamos como siempre... Habrá que esperar a ver la peli, ¿no? No vaya a ser que esté bien... (Aunque para eso, habría que esperar a que se estrenase en España, ¿verdad?)
SSB

SSB dijo

Espeluznante la conversación con proyección de haikus del AVE entre el Sr. Ortega y el Sr. Bob atravesando la Manchuela, y sin café ni almuerzo.
Aunque sí con peterodácatilos.

Birdy Edwards

Birdy Edwards dijo

A mi el cómic me encanta, y la película tengo unas ganas enormes de verla.
Offtopic, genial la serie Sherlock de la BBC, de Moffat, al menos el primer episodio : "A Study in pink "
Evil Preacher

Evil Preacher dijo

Fui a verla en cuanto la estrenaron aquí (a mediados de abril) y, pese a que siempre intento no juzgar antes de contar con todos los elementos, me había hecho ilusiones, olvidando la desafortunada elección de la actiriz.
Resultó ser un batiburrillo de los cuatro primeros álbumes sin demasiado interés. Como meten, a demás del pterodáctilo, las momias y demás, los elementos fantásticos no llegan a quedar justificados por la acción.
El personaje de Adèle, valiente, testarudo e inteligente, en la película es estúpido e insoportable, conserva la testadurez, pero porque se obceca en la ya citada estupidez. Se diría que Besson no ha entendido para nada los tebeos.
sherlockholmes

sherlockholmes dijo

Señor SSB:
¿Haikus? ¿Y sin almuerzo...?

Amigo Pajarraco:
Me pasarán esta semana el Sherlock de Moffat. Prometedor, sin duda. (¿Estudio en Rosa? Huy...)
Estimado Predicador:
Nosotros tendremos que ser pacientes, pues no sé para cuando se supone que la estrenarán en España. En cualquier caso, sus comentarios no son muy alentadores... Una pena.
Y sí, seguro que el señor Besson no ha entendido ni papa. Tampoco es una cosa tan rara, ¿verdad?

Saludos a todos (y mucho, mucho calor),
ALA


Luis

Luis dijo

Por cierto, me acabo de acordar de que Adèle Blanc-Sec se presentaba en esta historia bajo el nombre falso de Edith Rabatjoie...
En cuanto al películo, aunque no lo haya visto conste que yo he dicho "a juzgar por los trailers", con lo cual... Pero vamos, que si ya nos dice el señor Preacher que no hay tu tía, pues me lo voy creyendo...
5 Agosto 2010 | 05:06 PM





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martes, 6 de diciembre de 2016

Referencias holmesianas de ayer y hoy (I)


Muerte al alba (Boy's Life, 1991), de Robert McCammon.
Ficha en LTF: http://tercerafundacion.net/biblioteca/ver/libro/45861
(Si te gustó El cuerpo de Stephen King, Cuando el río suena de Joe Lansdale, o El espectáculo del vampiro de Richard Laymon, este libro es para ti).




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