ULTHAR nº20
Estos son los contenidos del número 20 de
3 de junio de 2024
Por mis pecados es una de esas brevísimas novelas cortas (o relatos largos) a los que sólo se puede acceder por medio de contactos privilegiados de las cloacas literarias. Por si alguien tiene alguna duda: el Parnaso está ubicado en el alcantarillado público, en una confluencia de túneles en donde desemboca toda la inmundicia que nadie quiere. Ya hemos contado por aquí el destino final de los pliegos de cordel que existieron entre los siglos XV y XIX (y XX, en algunos casos), los cuales acabaron en su mayoría usados como papel higiénico: encontrar ejemplares de estos viejos romances y papeles volanderos es, hoy día, materia de especialistas e investigadores con pocos escrúpulos y un buen sistema inmunológico.
El autor de Por mis pecados, historia reminiscente de la universalmente famosa "La pata de mono" de W. W. Jacobs (1902) y sus múltiples variaciones en el territorio de la literatura de imaginación ("Botón, botón" de Richard Matheson; "Sé lo que necesitas" y la novela La tienda de Stephen King, etc., etc.), en realidad afirma haberse inspirado en el relato "Ten cuidado con lo que deseas" de la escritora mexicana Ana Colchero -aparecido en ULTHAR nº7 (2018)-, a quien dedica la historia. Cómo llegó el texto de Colchero a manos de Frank Farrell, es un misterio.
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Ilustración original de Maurice Greiffenhagen para "The Monkey's Paw" (1902), una de las más célebres y terroríficas historias de "deseos concedidos". |
Farrell (o quizá deberíamos hablar de su traductor al castellano, Francisco Javier Herreros Roldán) propone una competente variación del tópico con que Colchero tituló su relato de criaturas humanamente inhumanas que viven entre nosotros, como una sociedad paralela que se engarza con la nuestra en ciertas ocasiones, casi siempre para hacer el Mal (algo que no sorprenderá a los lectores habituales de Ana Colchero). Claro está, la tradición de los "procuradores de deseos" se remonta en el tiempo a la literatura oral, a los djinns (genios) de Las Mil y Una Noches, a las supersticiones astrológicas y astronómicas de las estrellas fugaces (When You Wish Upor A Star...), y a montones de juegos y tradiciones de hechicería infantil pagana que aún pervive en la actualidad como herencia de tiempos precristianos, gracias a los dioses.
En el caso del cuento de Farrell, no tenemos pata de mono mágica, ni caja con botón misterioso, aunque sí una especie de hada madrina en forma de uno de esos anuncios que encontramos en los parabrisas de los coches, en los que un supuesto profesor o doctor de impronunciable nombre africano asegura que puede curar el mal de ojo, el mal de amores, cualquier enfermedad, y obra otros muchos prodigios y milagros dignos del maravilloso (y un tanto siniestro) Circo del Dr. Lao de Charles G. Finney, que es una de las mejores novelas de todos los tiempos, fantástica o no fantástica.
Quizá este sea uno de los puntos fuertes de nuestro oscuro, cínico, relato de humor negro, y un final más o menos esperable y un tanto anticlimático (precedido de un derroche de recursos sobrenaturales), y que, por supuesto, no es del todo el fin de la historia, pues hay una coda antes del verdadero punto final.
Un invididuo llamado Buenaventura, gris y un tanto mezquino y no demasiado brillante en ningún ámbito (incluido el intelectual), recurre a unos de esos brujos africanos por medio del teléfono móvil y, a cambio del abono de un euro por bizun, sus deseos se harán realidad. Y como en toda historia de deseos, las cosas no resultan como sería deseable.
Hasta ahí, la historia es vieja conocida. Pero está escrita con cierta prolijidad que no resulta pesada, incluso es fluida precisamente por esa combinación de latinajos culteranos y citas de Apocalypse Now que le dan vidilla y permiten que los mundanos deseos (las fantásticas desgracias) del señor Buenaventura mantengan nuestro interés a lo largo de la narración. A todo el mundo le gusta leer sobre los males ajenos, la podredumbre, la miseria física y espiritual, el descenso a los infiernos, sobre todo si encontramos algún que otro retruécano y tirabuzón a la izquierda, como sucede en esta noveleta, que no llega a la extensión de nuestas entrañables y admiradas novelas de a duro. Por mis pecados da lo que promete y, una vez pasado por la mano de un editor o corrector, sin duda será un texto que uno podría encontrar en cualquier vieja revista o antología de cuentos de miedo. De las que ya no se hacen, quiero decir: con sentido del humor y sin mojigaterías.
En cuanto a los interesados en acceder a esta obrita, me remito a nuestro primer párrafo: hay que descender a los subterráneos donde las ratas campan a sus anchas para conseguir un ejemplar de esta primera edición, privadísima y no venal, distribuida exclusivamente entre los miembros del Club de lectura de terror y otros géneros de la Biblioteca Pública de Albacete y, quizá, en alguna otra logia de lectores extremos y adoradores del gran Cthulhu, que duerme plácidamente en R'Lyeh...
Estas han sido las últimas dos semanas (y pico) en el Matilda Briggs. Poco a poco, vamos recuperando fuelle, y hasta nos permitimos el lujo de alguna que otra sátira malintencionada. En cualquier caso, aquí lo que hay, y sigue habiendo, es literatura. De terror, de ciencia ficción, de fantasía, de aventura y de cualquier otro tipo (¡hasta literatura pornográfica!).
Cualquiera diría que por aquí nos hemos olvidado de Sherlock Holmes y de Gran Súper Terror, que son las entradas más visitadas de esta bitácora. Pero no es así. Tenemos en nuestros mementos al Maestro de Baker Street y la mítica colección de Martínez Roca.
Pero hay otros mundos, ahí afuera...
Jueves, 2 de mayo
No hay dos charlas iguales. Eso es un hecho. Incluso cuando se trata de presentaciones de un mismo libro, no hay dos iguales.
En el caso de "Sherlock Holmes y la ciencia ficción", una charla que preparé y realicé con amigos (connoisseurs) hasta en tres ocasiones distintas, hay pruebas de ello, pues pudimos grabar el audio de cada una de ellas.
La primera versión de la charla se realizó en la librería Estudio en Escarlata, el día 26 de julio de 2019, y para esa ocasión conté con José Luis González Martín, Juan Carlos Monroy Gil y el doctor Andrés Peláez Paz. Para la segunda ocasión, estuvimos los mismos ponentes, contertulios, en Getafe, en la librería Vino a por Letras, el 30 de agosto de 2019. En el audio, que subiremos próximamente, se podrá comparar con la primera charla, y descubriremos nuevos detalles sherlockianos y cienciaficcioneros que no se mencionaron antes.
La tercera charla la realizamos en Albacete, el 4 de octubre de 2019, y para ello conté con mis amigos y compañeros de la facción local: Sergio Bleda, Juan García Rodenas y Alfonso Tornero, de modo que las voces, las opiniones, las informaciones y las anécdotas son totalmente distintas a las de las charlas madrileñas.
Para empezar, el entorno fue completamente distinto: no una librería, sino un bar. En concreto, un restaurante temático, El Halcón Milenario ("gastrobar", una denominación que merece pena de cárcel), defenestrado definitivamente por la Plaga de 2020. Hoy, el local es algo así como una sala de fiestas y cumpleaños consagrada al reguetón, y sólo al reguetón. La celebramos allí, en colaboración con mi amigo Javier Lozar, responsable de la Librería Legend, pues su local se iba a quedar pequeño ante la afluencia de las masas holmesianas de Albacete (tal y como sucedió). El salón, que tenía su propia puerta de entrada, estaba adornado con parafernalia de Juego de Tronos, y lo cierto es que resultaba acogedor.
Sergio Bleda no necesita presentación, y los amigos (hermanos) Tornero y García Rodenas son dos de los más grandes narradores que ha dado mi patria chica. Este trío de ases conforma una parte importantísima de mi familia no consanguínea, pues no son sólo amigos y compañeros, sino que también han sido mis formadores, mis críticos, mis profesores. Todos fuimos contertulios y compañeros durante los largos años fanzineros de las décadas de 1990 y 2000 de Albacete.
En fin, aquí tienen la charla, en Ivoox, o cómodamente, un poco más abajo, después de la foto de la mesa de ponentes.
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| Mesa de ponentes: Sergio Bleda, Juan García Rodenas, Alberto López Aroca y Alfonso Tornero. |
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| El acto y su bello público. |
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| Después del acto, hasta mi señora madre (sentada, en el centro) firmó autógrafos. |
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| Aquel 4 de octubre, Sergio Bleda mostró al público varios originales de las portadas de la revista Ulthar. No se ve todo los días... |
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| Juan García Rodenas, en el momento de desvelar alguna información importante, quizá relacionada con armas de fuego dentro y fuera del Canon Holmesiano. |
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| Grandes revelaciones sobre la vida pública de la rata gigante de Sumatra, extraídas del Magazine of Fantasy & Science Fiction. |
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| Material para la charla. Atención al detalle decimonónico del reloj de cadena, para controlar los tiempos que corrían por aquel entonces. |
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| Las obras que Javier Lozar (librería Legend) puso a la venta aquel día. |
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| El amigo, compañero y contertulio José Mª Carrancio inspecciona la breve biografía del actor victoriano Reginald Kincaid. |
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| Ahora, ahí, se baila reguetón toda la noche. |
Como ya hicimos con Drácula 75, recuperamos aquí otra micro reseña de octubre de 2019, perdida (desaparecida casi por completo) en el tráfago de proyectos, bitácoras y batallas contra la Red de Redes, así que no repetiremos la cantinela de cómos, dóndes y porqués. Como sucedía con aquella novelita, La noche de la Momia también apareció en nuestro volumen Hammer Horror de Curtis Garland. Y también, como de costumbre, aprovechamos esta recuperación para añadir unas reflexiones actuales. Pasen, están ustedes en su casa.
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"Los gritos se perdieron en el Nilo inmenso, sin ser siquiera escuchados.Poco más tarde, el hermoso y esbelto navío velero, era solamente un buque fantasma, ocupado por muertos. Muertos que no se movían, ensangrentados en sus camarotes o en cubierta.Solamente una figura alta, fantástica, envuelta en deshilachados vendajes, sin otros ojos bajo las rendijas de sus vendas que la oscura sombra de un rostro embreado y sin pupilas, se movía por cubierta como un ser de más allá de este mundo".
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| Primera entrega del folletín Historia de una momia, de Theóphile Gautier. Extraído de la Gaceta Universal (Madrid), 8 de agosto de 1879. |
5 de noviembre de 2023
Mis avatares con La noche de la Momia no son demasiado interesantes, salvo por el hecho de que mis primeros intentos de lectura de la novelita, allá por 2013, fueron fallidos y desafortunados y, tan sólo algunos años más tarde, hacia 2018, la devoré de un tirón y la celebré en la intimidad, tal y como merecía: iba a convertirse en una de las novelas reeditadas en Hammer Horror, junto con otra obras de Curtis Garland consagradas al Hombre Lobo, el Yeti, el doctor Jekyll (y Mr. Hyde), Frankenstein y Drácula.
Es muy posible que aquellas originales lecturas frustradas se debieran a la introducción del texto, ambientada en el Egipto faraónico, donde Juan Gallardo Muñoz describía una ceremonia de enterramiento en vida y castigo, y la subsecuente maldición. No soy aficionado a la novela histórica; mis conocimientos sobre el antiguo Egipto no alcanzan para jugar al Trivial Pursuit, y eso se debe a que mi interés por la Historia en general, y la Antigüedad en particular, ha sido siempre puntual y enfocado a hechos, momentos, fechas y situaciones muy concretas. Dispongo de un mapa mental que me permite buscar tal o cual dato, tal o cual fecha, tal o cual acontecimiento; pero cuando tengo que enfrentarme a referencias sobre las Guerras Púnicas, los emperadores romanos, las cabezas de los toros asirios o, como es este caso, los faraones y sus pirámides y sus momias, mi cerebro se va de paseo al País de las Maravillas de Erich Von Däniken y, en el mejor de los casos, me dice: "Ya buscarás la referencia en otro momento, posiblemente dentro de un par de años". Me pierdo cuando mi buen amigo y colega, el escritor José Miguel Pallarés, me relata detalles insólitos sobre la vida cotidiana y espiritual de los romanos y sus dioses lares en el año catapún, la vestimenta y armas de los soldados de a pie o el sistema de desagüe de los retretes de Pompeya, pero retengo la idea general del relato sobre Licaón, santo patrón de los licántropos.
Todas estas fallas mías abarcan la totalidad de la Edad Media (si me hablan de las Cruzadas, de templarios y de cátaros, simplemente me encojo de hombros) y creo que sólo me entero un poco de la película a partir de Alfonso X el Sabio. Y eso, porque ha pasado a la historia como autor (más bien, compilador) de obras literarias.
En fin: que envidio a los muchos amigos que tengo que saben Historia a lo bestia (saben tanto que imparten clases, visitan yacimientos arqueológicos, asisten a conferencias especializadas, viajan mucho y ven mucho), pero también es cierto que no los envidio tanto como para ponerme a estudiar. Ya tengo bastante con los siglos XVIII al XX, que me resultan más comprensibles y atractivos, por no mencionar el work in progress que nos ha tocado en suerte y que recibe el nombre de siglo XXI: menudo montón de películas de Oliver Stone (bueno, de los biznietos y tataranietos de Oliver Stone) que van a salir de aquí, y vaya cara de pasmo se le va a quedar a nuestros descendientes cuando descubran la clase de cretinos engreídos que somos. Eso, suponiendo que dentro de cien años queden seres humanos que sepan leer o entiendan el lenguaje cinematográfico.
Fin, y disculpas por el excurso. Volvamos con Curtis Garland.
Mi impresión definitiva sobre La noche de la Momia es que se acerca mucho a la categoría de obra maestra, la roza; y esto es por los motivos que expuse en 2019: porque esta narración se puede considerar tan canónica como La novela de una momia de Gautier o la película The Mummy (1932), dirigida por Karl Freund, con Boris Karloff en el papel de Imhotep.
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| Imagen extraída de El Heraldo de Madrid, 1 de marzo de 1933. |
Quiero centrar mi atención un momento en el filme de la Universal, porque en mi opinión, fue el punto de partida de Curtis, del mismo modo en que es el punto de partidas de muchas películas posteriores, incluidas las de la Hammer Films.
Creo que fue mi amigo Arturo Botella el que me comentó, en una ocasión, que el Drácula de Francis Ford Coppola estaba basado, en realidad, en La Momia de Karloff. Y esa opinión tiene su punto, pues Coppola convirtió la novela de terror de Stoker en "historia de amor reencarnado", y de eso trata precisamente el filme de la Universal. No está de más recordar que Bram Stoker también publicó, en 1903, la novela The Jewel of the Seven Stars (La joya de las siete estrellas), donde también se trata el tema de la momia resucitada, y que quizá sirvió de inspiración a Nina Wilcox Putnam y Richard Schayer para su primer tratamiento de guión de The Mummy de Freund. He aquí una reseña de la película, extraída de El Heraldo de Madrid del día 1 de marzo de 1933:
Si no recuerdo mal, la novela de Curtis también contaba con una sacerdotisa, Hatharit (que no sirve a Isis, sino a Apophis), y el sacerdote Imhotep tiene su contrapartida en el faraón Ekhotep IV. Como es lógico, pues esto ya aparecía en Gautier, también hay una excavación arqueológica británica en Egipto, en 1890, y los detalles que en la película se relacionan con el Papiro de Thoth, aquí los saca el autor, como nos informa en sus notas al pie, de El libro de los muertos.
Pero La noche de la momia no es una historia de amor, sino de maldición y de venganza desaforada. Así, en el terreno terrorífico, le da cien vueltas al cinta de 1932, y la supera ampliamente con situaciones extraordinarias, como la invasión de momias que asola Londres en 1892. Además, el variopinto grupo de personajes relacionados con la arqueología, el saqueo, el British Museum, resulta mucho más rico que el de cualquier película sobre momias: damas victorianas de armas tomar, coleccionistas millonarios, aventureros de porte viril, los ayudantes egipcios que profetizan la desgracia... A pesar de mis reticencias iniciales, me encontré con un relato trepidante, oscuro, de trama redonda, y escrito por Curtis Garland en un registro que, como demostraría durante aquella década, era un maestro: el de la historia de terror de ambientación victoriana, en la que siempre acechaba la sombra de Jack el Destripador (así sucede en esta misma novela de momias), las calles se hallaban "charoladas por la lluvia", y la niebla se cernía sobre el Támesis de forma amenazadora.
***
Las ficciones de horror fantástico sobre momias, que a fin de cuentas no son más que muertos vivientes envueltos en vendas, emparentados tanto con el vampiro como con el zombi, se diferencian de las que tratan a los otros monstruos citados en que, como condición casi sine qua non, debe existir la maldición. Lo cual nos aporta un enfoque mágico de este arquetipo, relacionado directamente con una civilización muerta y enterrada, junto con una religión olvidada que, como sucede con el paganismo europeo, pervive de algún modo en "la actualidad". No puedo menos que mencionar aquí algunas historias de momias que hemos rescatado, en su mayor parte por mediación del gran Óscar Mariscal, en la revista Ulthar: "Las momias de Burdeos" de Edith Nesbit (nº15), "Una momia azteca" de Charles B. Cory (nº16), "La momia funesta" (nº18), "La cabeza voladora" de A. Hyatt Verrill y "La Momia viene a por USTED" del que esto firma (nº19)... y más que están por venir. Y eso por no citar el volumen Flaxman Low, detective psíquico, que también está relacionado con la diosa Isis y contiene una excelente historia de momias...
Debo añadir que La noche de la Momia no fue la primera novela de Juan Gallardo relacionada con el tema, pues en 1960 escribió y publicó El signo de la Momia en el número 43 de la colección SIP de Toray: una historia en que trasladaba nuestro tópico al futuro alternativo donde operaba la Spacial International Police. Sobre esta novela y su relación con otras del Ciclo de Egipto de Juan Gallardo Muñoz, recomiendo la lectura de mi ensayo "Johnny Garland: el futuro que no fue", en dos partes, en Ulthar nº13 y 14.
Pero esto último es ya adentrarse en aguas demasiado profundas y, por ahora, será mejor que dejemos reposar los restos Ekhotep IV en su correspondiente sarcófago, debidamente cerrado y sellado, para evitar que la maldición caiga sobre todos nosotros...
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| Ulthar nº13. Portada de Sergio Bleda |
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| Ulthar nº14. Portada de Sergio Bleda |