6 de octubre — Presentación. “Materia gris”, de Stephen King y “Vinum Sabati” de Arthur Machen
13 de octubre — SESIÓN SUSPENDIDA POR OBRAS EN LA BIBLIOTECA
20 de octubre — “Sanguijuelas” y “Hermanita”, María Fernanda Ampuero (Ecuador)
27 de octubre — “La Erúntica”, de Stanislaw Lem (1973)
3 de noviembre — “El tratamiento del mono”, de George R. R. Martin (1981)
10 de noviembre — “El árbol” (1963), de Elena Garro
17 de noviembre— “Cuando Brasset se olvidó” (1915) de Harcourt Farmer, y “Whisky irlandés” (1923) de Jean Ray.
24 de noviembre— “La tarjeta misteriosa” de Cleveland Moffatt
1 de diciembre— “La tarjeta misteriosa, desvelada”.
8 de diciembre — FIESTA15 de diciembre—“Hombres Salmonela en el planeta Porno”, de Yasutaka Tsutsui
22 de diciembre— FIESTA
29 de diciembre— FIESTA
5 de enero— FIESTA12 de enero— Tres relatos de Iván Mur, de Armando Boix
19 de enero— Encuentro con Armando Boix: “Santitos”.
26 de enero— “Los gatos de Ulthar”, Lovecraft; “La mayor presa de Ming”, Highstmih.
2 de febrero— “Conversaciones en una lengua muerta”, Thomas Ligotti (1989)
9 de febrero—“El eco fantasmal de un Koto”, Natsume Soseki. (1906)
16 de febrero— “Las tres almas”, de Erckmann y Chatrian (1860)
23 de febrero— Manuel Mújica Laínez “El retrato” (1970). “Bienvenido a casa”, de Ana Colchero
2 de marzo— José de la Cuadra: “Merienda de perro”, “Galleros”, “Sangre expiatoria”
9 de marzo— “Las ruinas circulares” (1940) de Borges. “El valle circular” (1950) de Paul Bowles.
16 de marzo— “Caballos fantasmas” (1951), de Isak Dinesen.
23 de marzo—“El ídolo de las moscas” (1942), de Jane Rice. “SREDNI VASHTAR” (1910), de Saki
30 de marzo—“A través de otros ojos”, de Lafferty. "Los ojos de Davidson", de H. G. Wells.
6 de abril—FESTIVO SEMANA SANTA
13 de abril—“Petey”, de T. E. D. Klein
20 de abril—“Criaturas de la noche”, de Gabriela Rábago Palafox. “La garrapata”, de Abelardo Castillo. “Gaspar Blondín” de Juan Montalvo.
27 de abril—Primo Levi: “Vilmy”, “Sicofante”, “Disfilaxis”
4 de mayo—“Ravissante”, de Robert Aickman
11 de mayo— “Luvina” de Juan Rulfo. “El Tsalal”, de Thomas Ligotti.
18 de mayo— “El miedo”, de Louis Hémon. “El estanque”, de Highsmith
25 de mayo— Machen: “El gran dios Pan”
El pasado 19 de marzo de 2024, realizamos la presentación de mi libro de relatos Lugares peligrosos en la Biblioteca Pública de Albacete. El acto contó con la presencia (un privilegio para mí) de la escritora Ana Colchero y el connoisseur Peter Benjamin.
He aquí el vídeo completo del acto, por cortesía de las compañeras técnicas de la BPA.
En cuanto al volumen propiamente dicho, cuesta 28 euros y lo pueden conseguir, firmado y dedicado (y con el sello especial del autor) escribiendo a fabulasext@hotmail.com; todos los detalles en la ficha del libro.
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Ilustración de Farré Huguet para la edición de Círculo de Lectores (1975), que es la que yo he leído y que se puede encontrar por precios cercanos al euro. (Esto, sin desestimar la edición reciente de Impedimenta, con trad. de Jon Bilbao). |
Un buen acicate para los que disfrutamos comentando en público lo que nos ha parecido tal o cual lectura es encontrarte con la crítica negativa de una obra que a ti te ha parecido, al menos, bien.
Esto me ha sucedido con The Little Girl Who Lives Down the Lane (1974) de Laird Koenig (1927-2023), pues tras leerla, he dado con una micro reseña fechada en 2004, y recogida en la ficha del libro en La Tercera Fundación, donde un lector se despacha con saña contra la obra de Koenig, y por pedir, pide incluso que el autor sea Patricia Highsmith, cosa que, me parece, no era la intención de nuestro escritor. E hizo muy bien Koenig, pues Highsmith sólo hay una, y nos odia a todos. Koenig, por su lado, no creo que odiara al género humano, aunque es posible que nos considerase unos payasejos, o quizá unos imbéciles. Los escritores suelen ser bastante escépticos, cuando no apocalípticos, en cuanto a la humanidad se refiere. Los autores que "nos dan esperanza" son los que se dedican a la autoayuda, una disciplina literaria muy poco literaria, y que se fundamenta, sobre todo, en el pensamiento mágico y en la mentira (que no en la ficción). La autoayuda es peligrosa, como es peligroso creer en mentiras. Creer que "sólo basta con quererlo" o que "la fe mueve montañas" se parece, por ejemplo, a creer en brujas y a quemarlas en hogueras. Pero basta de esto. Volvamos a Koenig.
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Laird Koenig, hace muchos años. |
Aunque aquel primigenio lector de 2004 no realiza lo que se dice "una gran argumentación" (pues se limita a hacer afirmaciones sobre los puntos que considera negativos en la novela: "Los personajes son irreales, la protagonista tiene unas reacciones
inverosímiles, y la exageración siempre acaba en caricatura, lo que
sucede con los malos de la novela, que de puro malos resultan ridículos"), se expresa lo bastante bien como para resultar perfectamente respetable... al menos, como persona que tiene una opinión y sabe expresarla. No obstante, también sospecho que no debió leer la novela en circunstancias óptimas, sino todo lo contrario, pues entre su opinión y la mía van el día y la noche, que nunca se juntan, aunque un par de veces se rozan cada veinticuatro horas. No digo que sea imposible que te disguste La niña de las tinieblas (así se tituló en la versión traducida al alimon por, atención, Sebastián Martínez y ¡Luis Vigil! en 1974), pero lo cierto es que una novela relativamente breve (a ojo le calculo unas 45.000 palabras), que está escrita con gran soltura, posee dosis de humor y de ternura y, al mismo tiempo, esa proverbial mala leche propia de (ah, ahora sí) Patricia Highsmith o Ana Colchero o Daphne du Maurier, o bien, la mala sombra de los más oscuros capítulos de Alfred Hitchcock presenta. Yo diría que esta obra es, con todo el derecho del mundo, un clásico de la literatura de terror norteamericana de la década de 1970, como pueden serlo El exorcista y Carrie, por citar un par. (Y como esas dos, nuestra novela también tuvo adaptación cinematográfica).
Casi, casi, casi estamos en el caminito que conduce al cinismo mágico de Roald Dahl, pasando por un poco de costumbrismo estadounidense (a la manera del gótico sureño, en algunos detalles), y un ritmo impecable que logra evitar distracciones y nos conduce por donde quiere Koenig: sobre todo por el camino de la duda, pero también por el camino del "porqué" y, por ahí hasta el plato de golosinas que es el final de la novela.
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Una vieja edición de Bantam, en rústica, de nuestra novela. |
Quizá esté siendo demasiado críptico y un tanto tripodológo felino (este campo de investigación, la Tripodología Felina, lo inventó Umberto Eco en El pendulo de Foucault), cuando debería haber ido directamente al argumento: Rynn acaba de cumplir catorce años y vive con su padre, escritor inglés, en una casa alejada de un pueblo en una isla, cerca de New York. Rynn se ha criado en Inglaterra y los usos y costumbres de los yanquis le resultan ajenos y groseros. Además, su padre parece que brilla por su ausencia en la casa. Siempre está fuera, de viaje, o demasiado ocupado para atender a los vecinos. Hmmm...
Rynn recibe visitas no deseadas de distintas personas: unas, la quieren bien; otras, no. Por ejemplo, hay chico poco mayor que Rynn que sabe hacer trucos de magia y, sin duda, la quiere bien (y mucho). Por ejemplo, hay un hombre que es el hijo de la dueña de la casa, que quiere a Rynn de una forma ilegal e inmoral, y ese individuo posee un historial que lo demuestra. Hay un policía local que la quiere bien. La casera la quiere mal, y es una vieja bruja malvada que no sabe nada de hechicerías.
Por otra parte, Rynn... bueno, Rynn tiene secretos. Por ejemplo, ella sabe qué sucede con su padre. Y es muy inteligenteb. También es un poco paranoica, pero eso no quiere decir que ellos no la estén vigilando.
Y... creo que ya he dicho suficiente.
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En mayo de 2023, la Editorial Impedimenta, conocida por lo primoroso y cuidado de sus ediciones, dio rienda suelta a una nueva traducción de nuestra novela, esta vez vertida a castellano por el escritor Jon Bilbao, y bajo el título La chica que vive al final del camino. Acertada, la idea de sacar esta novela del olvido y reintegrarla a las estanterías de las librerías de fondo.
Koenig escribió ocho o nueve novelas más, todas inéditas en español, con la excepción de su primera incursión literaria: The Children Are Watching (1970), escrita en colaboración con su amigo Peter L. Dixon. Los niños vigilan, en versión de Enrique de Obregón, se publicó como número 32 de la colección Esfinge de Noguer (1974), famosa por el muy reconocible diseño de cubierta realizado por Manfred Sommer, y en la que se puede encontrar todo tipo de series negras de gran calidad, firmadas por muchos clásicos de la época: la inevitable Highsmith, Giorgio Scerbanenco, John Le Carré, Trevanian y muchos otros.
En cuanto tenga ganas de leer una relato de niños que me incomode, me pondré con esta otra novela. (Creo que no va a pasar mucho tiempo hasta que le hinque el diente, pues la tengo por aquí, demasiado a mano...)
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Los niños vigilan (1970), la otra novela de Koenig en castellano. |
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Una nota del 22 de junio de 2024
Me entero por un post de mis amigos de Librería Estudio en Escarlata dedicado a las novedades aparecidas durante la pasada Feria del Libro de Madrid, que entre dichas novedades se encuentra Los niños están mirando (junio de 2024), nueva traducción de la novela de 1970, esta vez a cargo de Alicia Frieyro.
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¿Significará esto que, en 2025, tendremos edición española de alguna novela inédita de Koenig? Por ejemplo... ¿The Disciple (1983), por mencionar una al azar?
Bueno, ya veremos...
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ULTHAR nº20
Estos son los contenidos del número 20 de
3 de junio de 2024
Por mis pecados es una de esas brevísimas novelas cortas (o relatos largos) a los que sólo se puede acceder por medio de contactos privilegiados de las cloacas literarias. Por si alguien tiene alguna duda: el Parnaso está ubicado en el alcantarillado público, en una confluencia de túneles en donde desemboca toda la inmundicia que nadie quiere. Ya hemos contado por aquí el destino final de los pliegos de cordel que existieron entre los siglos XV y XIX (y XX, en algunos casos), los cuales acabaron en su mayoría usados como papel higiénico: encontrar ejemplares de estos viejos romances y papeles volanderos es, hoy día, materia de especialistas e investigadores con pocos escrúpulos y un buen sistema inmunológico.
El autor de Por mis pecados, historia reminiscente de la universalmente famosa "La pata de mono" de W. W. Jacobs (1902) y sus múltiples variaciones en el territorio de la literatura de imaginación ("Botón, botón" de Richard Matheson; "Sé lo que necesitas" y la novela La tienda de Stephen King, etc., etc.), en realidad afirma haberse inspirado en el relato "Ten cuidado con lo que deseas" de la escritora mexicana Ana Colchero -aparecido en ULTHAR nº7 (2018)-, a quien dedica la historia. Cómo llegó el texto de Colchero a manos de Frank Farrell, es un misterio.
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Ilustración original de Maurice Greiffenhagen para "The Monkey's Paw" (1902), una de las más célebres y terroríficas historias de "deseos concedidos". |
Farrell (o quizá deberíamos hablar de su traductor al castellano, Francisco Javier Herreros Roldán) propone una competente variación del tópico con que Colchero tituló su relato de criaturas humanamente inhumanas que viven entre nosotros, como una sociedad paralela que se engarza con la nuestra en ciertas ocasiones, casi siempre para hacer el Mal (algo que no sorprenderá a los lectores habituales de Ana Colchero). Claro está, la tradición de los "procuradores de deseos" se remonta en el tiempo a la literatura oral, a los djinns (genios) de Las Mil y Una Noches, a las supersticiones astrológicas y astronómicas de las estrellas fugaces (When You Wish Upor A Star...), y a montones de juegos y tradiciones de hechicería infantil pagana que aún pervive en la actualidad como herencia de tiempos precristianos, gracias a los dioses.
En el caso del cuento de Farrell, no tenemos pata de mono mágica, ni caja con botón misterioso, aunque sí una especie de hada madrina en forma de uno de esos anuncios que encontramos en los parabrisas de los coches, en los que un supuesto profesor o doctor de impronunciable nombre africano asegura que puede curar el mal de ojo, el mal de amores, cualquier enfermedad, y obra otros muchos prodigios y milagros dignos del maravilloso (y un tanto siniestro) Circo del Dr. Lao de Charles G. Finney, que es una de las mejores novelas de todos los tiempos, fantástica o no fantástica.
Quizá este sea uno de los puntos fuertes de nuestro oscuro, cínico, relato de humor negro, y un final más o menos esperable y un tanto anticlimático (precedido de un derroche de recursos sobrenaturales), y que, por supuesto, no es del todo el fin de la historia, pues hay una coda antes del verdadero punto final.
Un invididuo llamado Buenaventura, gris y un tanto mezquino y no demasiado brillante en ningún ámbito (incluido el intelectual), recurre a unos de esos brujos africanos por medio del teléfono móvil y, a cambio del abono de un euro por bizun, sus deseos se harán realidad. Y como en toda historia de deseos, las cosas no resultan como sería deseable.
Hasta ahí, la historia es vieja conocida. Pero está escrita con cierta prolijidad que no resulta pesada, incluso es fluida precisamente por esa combinación de latinajos culteranos y citas de Apocalypse Now que le dan vidilla y permiten que los mundanos deseos (las fantásticas desgracias) del señor Buenaventura mantengan nuestro interés a lo largo de la narración. A todo el mundo le gusta leer sobre los males ajenos, la podredumbre, la miseria física y espiritual, el descenso a los infiernos, sobre todo si encontramos algún que otro retruécano y tirabuzón a la izquierda, como sucede en esta noveleta, que no llega a la extensión de nuestas entrañables y admiradas novelas de a duro. Por mis pecados da lo que promete y, una vez pasado por la mano de un editor o corrector, sin duda será un texto que uno podría encontrar en cualquier vieja revista o antología de cuentos de miedo. De las que ya no se hacen, quiero decir: con sentido del humor y sin mojigaterías.
En cuanto a los interesados en acceder a esta obrita, me remito a nuestro primer párrafo: hay que descender a los subterráneos donde las ratas campan a sus anchas para conseguir un ejemplar de esta primera edición, privadísima y no venal, distribuida exclusivamente entre los miembros del Club de lectura de terror y otros géneros de la Biblioteca Pública de Albacete y, quizá, en alguna otra logia de lectores extremos y adoradores del gran Cthulhu, que duerme plácidamente en R'Lyeh...