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miércoles, 28 de agosto de 2024

Marcha fúnebre de las marionetas (1990), de Frank de Felitta

 


 

27 de agosto de 2024

Al neoyorquino Frank de Felitta (1921-2016) le estaré eternamente agradecido por dirigir un vulgar telefilme que, hoy, recordamos todos los aficionados al terror. (Todos lo que brincamos de los cuarenta años, quiero decir). Se trata de La oscura noche del espantapájaros (1981) protagonizada por un odioso Charles Durning, a quien todos amamos odiar por su papel en El golpe (1973). La peli del espantapájaros, que yo recuerde, se distribuyó en España en vídeo, e imagino que la emitieron en el canal UHF (se pronuncia "eluachefe") en algún momento a principios de la década de 1980. (Consejo gratis para plataformas de televisión en línea: cread un canal que se llame UHF y que emita cosas de los tiempos del UHF, incluida la carta de ajuste y anuncios ochenteros. Para empezar, todos los Documentos TV en la época en que el programa abría con la sintonía de Ry Cooder para la película Paris-Texas). Como bien indican las reseñas de acá y allá, esta película inauguró el subgénero de "espantapájaros asesinos", que con el tiempo ha crecido. Aún hoy tenemos obras de autores que, con esa idea, acaban de inventar la rueda para los nuevos públicos. Cualquier día de estos inventarán el vampiro y el hombre lobo.




Las otras obras literarias más o menos célebres de De Felitta son El exorcismo de Audrey Rose y El ente, dos películas basadas en novelas de este autor nada prolífico. No las he leído y, a pesar de los pesares, probablemente lo haga en algún momento, en el futuro. Pero no mañana ni pasado.

 



 ***

Ahora, vamos con la parte dura: hablar de esta novela que me ha generado sentimientos encontrados. Por una parte, es un relato correcto. Por otro, es una historia que ya he leído mil veces. Se denomina detective, chica y asesino en serie con truco.

En este caso, el truco es Hitchcock.

Con estos datos, ya tiene usted la novela completa. Sí, es exactamente como se la imagina. No hay sorpresa. Me remito a la

SINOPSIS

Un asesino comete varios crímenes que, de alguna manera, imitan los asesinatos que aparecen en películas de Alfred Hitchcock. El detective Santomassimo se encarga del caso y recurre a la ayuda de la joven y guapa profesora Kay Quinn de la universidad. El detective y la profesora se lían. Al asesino le da igual, él va a lo suyo. Todo el rato revolotea la sombra de las películas de Hitchcock. El asesino silba en una ocasión la melodía de introducción de la serie de televisión Alfred Hitchcock Presents. El libro titula mal la pieza musical de Gounod, que en realidad es Marcha fúnebre para una marioneta, no "de las marionetas". A nadie le importa. El final es el que pueda imaginar el lector.




***

Edición original en tapa dura, 1990. Lo que el halcón sostiene en el pico no es un pedazo de masa encefálica, sino una palomita de maíz ensangrentada.



Lo lamentable es que Frank de Felitta haya ejecutado como novela larga (casi 350 páginas) una historia que Curtis Garland habría despachado en 96. Y eso es lo que pedía esta historia, que me extraña no se convirtiera en un telefilme: 96 páginas y ni una más.

El lector sabe, o debería saber, que no soy afecto a las malas críticas, y esta no pretende serlo. Ahora bien, lo que digo en el párrafo anterior, sin que vaya en detrimento (todo lo contrario) de Juan Gallardo Muñoz, es cierto: Marcha fúnebre de las marionetas podría haber sido un bolsilibro publicado en Selección Terror o en Punto Rojo, y habría resultado dignísimo, incluso es posible que muy bueno. Toda la parafernalia relacionada con Hitchcock es interesante, y Curtis Garland la habría aprovechado tan bien o mejor que De Felitta. El problema es que De Felitta tiene que meter un buen puñado de sentimentaloides escenas de cama que son relleno al 100%. Muchas, demasiadas partes del libro, las dedicadas al coleccionismo de mobiliario, o incluso las partes policiales, resultan huecas y falsas. Estamos ante un decorado de cartón piedra.

En 1991, cuando Ediciones B trajo a España Funeral March of the Marionettes en buena traducción de Antonia Kerrigan, Curtis Garland ya no publicaba nuevas novelas policíacas. Por entonces, Curtis había escrito cientos de historias con el detective, la chica y el asesino serial con truco, y ya no frecuentaba el género. Para mí, el problema es que la parte procedimental de nuestra novela recrea un tópico que nunca ha existido más que en la ficción, y que ya estaba obsoleto cuando De Felitta escribió y publicó su novela. En 1988, Thomas Harris había publicado El silencio de los corderos, que es una perversa versión del tópico "detective, chica, asesino serial con truco", en el que Harris invirtió los roles de los protagonistas (y, de acuerdo, aquí no tenemos detectives, sino agentes del FBI); y unos años antes, también nos había iluminado con El dragón rojo, del que podemos decir tres cuartos de lo mismo.



 

Pero esto no es lo más grave. Lo gordo es que el detective Fred Santomassimo (que yo he leído todo el tiempo como "Santomassino") es miembro de Los Angeles Police Department, y el escritor James Ellroy ya llevaba un buen puñado de años contándonos su versión hiperrealista del LAPD. En 1990, cuando apareció la novela de De Felitta, también se publicó L. A. Confidential de Ellroy, la tercera entrega del "cuarteto de Los Ángeles". En 1990, quien más, quien menos, sabía que el LAPD tenía a sus espaldas una larguísima historia de corrupción policial, una historia que, lejos de terminar, estaba a punto de convertirse en el escándalo Rampart. (Es el caso en que se inspira libremente esa obra maestra televisiva que es The Shield).

¿Cómo podía competir De Felitta con la frescura, la modernidad, el descaro, la crudeza, las palabrotas de Ellroy? ¿Qué pudo decir cuando, en 1991, se estrenó la adaptación cinematográfica de The Silence of the Lambs? ¿Qué iba a hacer con su novela-guión sobre "el asesino Hitchcock", sino guardarlo en un cajón e intentar no volver a pensar en él?

Es más, ¿qué pensaría De Felitta cuando, en 1992, cayó en sus manos El eco negro de Michael Connelly? Después de leer la primera entrega de la biografía de Harry Bosch, detective del LAPD, ¿qué pensaría de su Fred Santomassimo, intrépido e impoluto detective descendiente de anticuarios italianos?

 


 

Además, ¿es que De Felitta no se había leído ninguna novela de Ed McBain y el Distrito 87 de Isola? ¿No había visto Hill Street Blues? Está claro que el autor no realizó el trabajo de documentación que sí hizo Arthur Hailey cuando publicó Detective en 1997.

Todo esto me ha rondado la cabeza durante la lectura de esta Marcha fúnebre. Mi conclusión es evidente: si se hubiera publicado en 1980, año en que falleció Alfred Hitchcock, habría tenido sentido. Habría sido un bonito homenaje. Se habría leído con interés e incluso con cariño. Publicarla y ambientarla en 1990... es, sencillamente, anacrónico.


Frank de Felitta.

lunes, 15 de julio de 2024

El hombre divergente (2008), de Marc R. Soto

 

Edición de marzo de 2008.


12 de julio de 2024

Que yo sepa o recuerde, nunca he coincidido en el espaciotiempo con el santanderino Marc R. Soto (la R. es de Rodríguez). Y eso es curioso, porque no sólo somos coetáneos (nació en 1976, como servidor), sino que también ha frecuentado muchas de las amistades que compartimos. Yo conocí su obra a través de la antología Aquelarre (2010), de la que ya hemos hablado aquí en otras ocasiones, y me pareció que su relato, "Gatomaquia", era uno de los mejores del volumen antológico que realizaron Pablo Mazo y Antonio Rómar para Salto de Página. Javier Vidiella, del Consejo de Redacción de Ulthar, siempre me ha hablado muy, muy bien de Soto, y esta curiosa antología publicada por AJEC en marzo de 2008, e hilvanada a la manera de lo que llaman fix-up a falta de una palabra equivalente en castellano (cuentos entrelazados por un hilo argumental, por débil que sea, a la manera de las antologías orientales clásicas, El Conde Lucanor, el Sendebar, Calila e Dimna, Cuentos de Canterbury, la Primera Parte de Don Quijote de la Mancha, El Decamerón, etc., etc.), me la he zampado enterita en un par de días. Es breve pero intensa, y recoge diez relatos y una novela corta, Mosquitos, que nos dan una idea de cómo estaba el panorama fantaterrorífico en España hace quince años, pues Soto me parece un autor realmente representativo de "tirador solitario" bastante apartado de asociaciones y agrupaciones. Pero esto último es una consideración personal; tampoco conozco tanto su trayectoria.

 

Aquelarre (2010), de nuevo por el Matilda Briggs.


Soto se ha ocupado de hacer que mi lectura quede obsoleta, pues en ediciones posteriores de El hombre divergente, ha ampliado con cinco cuentos más su volumen, y me temo que será capaz de repetir la jugada dentro de unos años.

En algún momento entre 2008 (año en que se publicó el volumen del que hablamos) y 2012, Soto decidió que su camino literario pasaría por la autogestión de su obra, sin intermediarios y, actualmente, sus nuevas publicaciones y las reediciones de obras antiguas pasan por Amazon. Sabia y más que respetable decisión la del autor, aunque es una pena que el mundo en que vivimos sea el que es, y Soto no haya tenido la oportunidad (todavía) de alcanzar la notoriedad que merece: estamos ante el autor que logró publicar dos historias (una de ellas fue "El hombre divergente") en la prestigiosa Ellery Queen's Mystery Magazine, y recabó sólo Cthulhu sabe cuantos premios durante la primera década del siglo XXI.

 

Este número doble, de 2010, contiene "The Divergent Man" de Marc R. Soto. (Atención a la compañía que tuvo Soto en este número: Bill Pronzini y Joyce Carol Oates, entre otros muchos autores).

 

***

Algunos de los relatos de Soto son piezas que encajan perfectamente en el concepto de "terror no sobrenatural", y se solapan sibilinamente con el "relato criminal", que está emparentado con la serie negra. Ahí entramos en el terreno del thriller, aunque ese término rara vez se aplica al cuento corto, pues parece que es más propio de la novela o del cine. En ese caso, estaríamos hablando de "suspense", es decir: el amplio abanico de las películas de Alfred Hitchcock y de las obras de Robert Bloch, pasando por el Pisuerga hasta las sutiles burradas grandguignolescas de Roald Dahl. "Gatomaquia" ronda por estos andurriales, igual que "Bella y tierna historia de amor", "Regreso al bosque" y "Sushi", un brevísimo relato casi costumbrista, psicológico y realista... hasta cierto punto. Estas cuatro historias son realmente buenas e inquietantes, y hay que leerlas como cuentos de terror criminal del mejor tipo.

Y, ya de pleno en el mundo del terror fantástico, tenemos el resto del libro, incluido la mencionada Mosquitos, una curiosísima version de un tema clásico e inevitable de la ficción de horror (es la obra en la que más se nota la influencia de Stephen King en Soto), que pasaremos por alto para no destripar la historia. "El hombre divergente" es una narración pesadillesca de mundos alternativos que sirve de nexo para el resto de los cuentos. "Permutación", "37 arañas" y "Volverás" son relatos de apenas dos páginas cada uno, pequeños aguijonazos muy efectivos y malintencionados, pequeñas joyitas. Por último, hay dos cuentos de extensión media, "Ratas" y "Los muertos no caminan". "Ratas" es un osado ejercicio de estilo con un narrador que es segunda y primera persona a la vez, en presente: un diálogo interior de un hijo de puta consigo mismo; "Los muertos no caminan" es, quizá, el más "convencional" de los cuentos, y eso se debe al aire clásico que lo rodea y que lo distingue de sus compañeros de volumen: una historia de fantasmas, o de zombis, cuyo origen se remonta a la literatura de viajes exóticos y finaliza entre el barro.

***

En contra de lo que afirma la gran Elia Barceló en su prólogo al libro, y con permiso del lector, diré que Marc R. Soto no es un discípulo directo de Stephen King, sino el fruto de su tiempo: una generación que conoció el boom de la literatura de terror de los años 80, que se empeñó en trasplantar la acción y los monstruos a España (en eso sí incide Barceló, con acierto), y que sin duda ha bebido de otras muchas fuentes que no son las del Maestro del Terror de Maine. Sus cuentos brevísimos pertenecen a una estirpe distinta que recuerda más bien al realismo mágico de Latinoamérica (otra forma de definir el fantástico), y así sucede con el magnífico "37 arañas". Pero en realidad, son marca de fábrica de Soto.

La verdad, me encantaría publicar a Marc en Ulthar, aunque no creo que se deje. Todo es hablarlo, supongo.

Y a los aficionados al terror fantástico, les sugiero que se pasen por la página de Amazon del autor y empiecen a comprar y a leer por donde prefieran. Esta antología, sin duda, es un muy buen comienzo.

 

Contraportada (ed. de 2008).


miércoles, 20 de abril de 2022

Un escritor trabajando en público: Día del Libro 2022, en Librería Legend


Esto que haremos el próximo día 23 de abril, Día del Libro, en Librería Legend (Albacete) es lo que se llama "seguir los pasos de los grandes maestros" (o si prefieren, copiar vilmente una muy buena idea).

Hace unas semanas, leyendo un viejo volumen titulado La mejores historias de terror I (Martínez Roca, 1983; col. Súper Terror nº 2) me encontré con un cuento licantrópico escrito por Harlan Ellison, "Pisadas" ("Footsteps"), el cual contaba con la clásica introducción ellisoniana que, como sucede siempre con este autor, resultaba tan interesante o más que el mismo relato. Ellison explicaba: "Este es mi cuento más reciente. Tiene poco más de seis meses. Lo escribí entre las 12 del mediodía y las 7.30 de la tarde en el escaparate de una librería del barrio de Saint Germain, en París, el 14 de mayo de 1980".


En la introducción, Ellison dice que con aquella acción, que ya había realizado antes en librerías de medio mundo, estaba emulando a Georges Simenon, el indiscutible gran maestro de la novela noir y creador del comisario Jules Maigret. Simenon, recordado sobre todo por sus historias policíacas, fue un auténtico escritor todoterreno desde su juventud, y es célebre también por su capacidad de producción, al ritmo de una novela de unas 60.000 palabras cada 11 días. En alguna parte leí o escuché la historia de cómo Alfred Hitchcock telefoneó a casa del escritor, quizá para hablar de la posible adaptación cinematográfica de alguna de sus obras, y la señora Simenon respondió la llamada: "Lo siento, pero Georges acaba de empezar a escribir una novela", a lo que Hitchcock respondió: "Bueno, pues me espero".

Georges Simenon. Al fondo, su colección de pipas.

 

Al parecer, en su juventud, Simenon se encerró en una caja de cristal frente al Moulin Rouge y escribió una novela, atendiendo a las peticiones y comentarios de los atónitos viandantes. La versión que relata Ellison es sutilmente distinta: Simenon habría estado en el escaparate de la librería (y editorial) Gallimard escribiendo una novela, a lo largo de toda una semana. No existen datos fiables que confirmen estos espectáculos públicos del escritor belga, y muchos consideran que se trata de una leyenda urbana. A todos los escritores les encanta que se forjen historias en torno a su figura, y tanto da si son reales como si son ficticias.

Personalmente, a mí si me parece perfectamente creíble.

Simenon escribiendo en público, en una caja de cristal. Imagen tomada de AQUÍ.


Las acciones (o actuaciones, si quieren) de Ellison tenían una intención claramente publicitaria, aunque se suponía que habrían de servir para "dignificar el acto de crear en público": se trata de algo que, en apariencia, resulta  ajeno a la idea romántica del escritor maniático (no "maníaco", eso es otra cosa) que requiere de silencio absoluto, música ambiental, una manzana en no sé qué parte del escritorio, o quién sabe qué excentricidad (como una silla cómoda y un escritorio amplio... ¡hay que ver cómo está el servicio, señor!). Si bien es cierto que a Edgar Allan Poe lo imaginamos escribiendo en tabernas de Baltimore mientras bebe absenta, creemos que lo normal es que se limitara al alcohol en la taberna y luego escribiera en casa... quizá, eso sí, con más absenta. Un escritor alcohólico declarado como Raymond Carver aseguraba que no podía escribir mientras estaba borracho; Stephen King cuenta no lo contrario, pero casi... Y yo, mejor me callo, que soy un ácaro del siglo XX que ha llegado milagrosamente al XXI.

Pero lo cierto es que muchos autores a los que conozco personalmente (y ya puestos, servidor de ustedes, de forma ocasional), buscan cafeterías tranquilas donde escriben con su ordenador portátil. Sin necesidad de hacer fanfarrias ni notas de prensa, estos autores escriben en público... aunque el público no lo sepa.

No sé si esto dignifica algo o no. La verdad, importa poco.

Ellison, escribiendo en público.

 

Por tanto, nuestra "dignificación del acto de crear en público" es, por supuesto, una maniobra publicitaria. Y eso es lo que vamos a hacer el próximo Día del Libro en Legend: escribir un relato en directo, a partir de las condiciones que impongan los lectores... y aprovecharemos para firmar ejemplares de mis obras. Como pequeño aliciente, hemos preparado una edición exclusiva, limitada y numerada de un antiguo relato mío de terror, "La araña de los contenedores", con que se obsequiará a los clientes de la librería junto a cualquier compra que realicen.


En cuanto a las "condiciones impuestas por los lectores", esto es, ustedes, hemos pensado realizar una encuesta abierta a través de la plataforma Facebook, en la que cualquiera puede proponer y votar las sugerencias. La idea es tomar las dos "condiciones o sugerencias" más votadas y, a partir de ahí, tendré que escribir un cuento en la librería Legend, en público, sin trampa ni cartón.

Las sugerencias pueden ser de cualquier tipo: "De vampiros", "Que transcurra en Albacete", "Invasión extraterrestre", "Piratas", "La cría del cangrejo salvaje"... lo que ustedes gusten mandar.

Ya hemos hecho un par de pequeñas encuestas online al respecto, sin explicar el objetivo, que se verán reflejadas en la decisión definitiva.

Servidor de ustedes, con las páginas impresas de un mecanoscrito, hace unos años.

 

Iremos imprimiendo las páginas del relato para colocarlas en el escaparate de la librería conforme las vaya produciendo, para que los viandantes y visitantes interesados puedan leerla si lo desean, y también la iré colgando en un post especial, habilitado en mi web profesional, que actualizaré a lo largo de ese día. También pueden permanecer atentos a mi página de Facebook y a mi perfil de Twitter, donde pondré enlaces a las actualizaciones.

Me voy a meter en un lío de mil demonios.

El plazo de votaciones se abrirá el jueves 21 por la mañana, y se cerrará el sábado 23 de abril, a las 10.30 de la mañana, horario de apertura de Legend.

 

[ACTUALIZACIÓN: abierto el plazo para votar. Pinche en el enlace]

Por supuesto, también pueden encargar cualquier ejemplar de mis obras y publicaciones disponibles contactando conmigo a través del correo electrónico fabulasext@hotmail.com, o si lo prefieren, encargárselo a Librería Legend a través de su página de Facebook o llamando al 967220529, y también en el 600875604.

Lo enviaremos debidamente firmado y dedicado, si así lo desean.

Pasen por albertolopezaroca.blogspot.com para echar un vistazo a las distintas publicaciones que tenemos disponibles.

Muchas gracias. Y cuídense.