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viernes, 12 de julio de 2024

Los Nueve Desconocidos (Enviado Secreto nº103; noviembre de 1969), de Silver Kane


 

22 de enero de 2024

Eterna introducción

La publicación en 1960 de Le Matin des Magiciens: introduction au réalisme fantastique, de Louis Pauwels y Jacques Bergier, supuso un regreso popular a las ideas ocultistas decimonónicas que, en muchos ámbitos, como el científico o el literario, aún seguían vigentes. (Nota: Si no me creen, echen un vistazo a la biografía del ingeniero de cohetes Jack Parsons, o a las obras literarias de Colin Wilson y las de Richard Shaver). Pauwels y Bergier se ocuparon de difundir no sólo las ancestrales ideas de diversos continentes y civilizaciones desaparecidas, o los contactos con extraterrestres (asuntos de los que se había ocupado, por ejemplo, Madame Blavatsky casi un siglo atrás), sino que actualizaron estos temas con la inclusión del concepto del esoterismo nazi, esto es, los empeños de Hitler y sus adláteres por utilizar medios mágicos para llevar a cabo sus planes de conquista. (Sobre esto se puede hablar, y mucho. Lo que sí es innegable es que, a pesar de la consecución de un sacrificio humano genocida en los campos de exterminio, supongamos que consagrado a complacer a algún dios lovecraftiano o al mismísimo Satanás, todo ese esfuerzo no sirvió para nada. La magia no era el punto fuerte de los nazis).

 

El retorno de los brujos (Plaza y Janés, 1961).




Una de las ideas que retomaron los autores del libro que, en castellano, se tituló El retorno de los brujos (traducción de J. Ferrer Aleu para Plaza y Janés, agosto de 1961), fue la que había planteado el polígrafo, viajero, metomentodo, y muy probable caradura y estafador francés Louis Jacolliot (1837-1890) en alguno de sus muchísimos libros, esto es: la existencia de la sociedad secreta de los Nueve Desconocidos, que se remonta a la leyenda precristiana de Ashoka el Grande, emperador de Maurya, la primera gran unificación de la India allá por los siglos IV y III a. C. La historia de Ashoka y los Nueve Desconocidos guarda ciertos paralelismos (si se nos permite la licencia) con la de Alfred Nobel y los premios que llevan su nombre: el éxito rotundo por la capacidad destructiva, el arrepentimiento posterior, y la creación de una institución que salvaguarde los conocimientos más importantes para la Humanidad. En el caso de Nobel, hablamos de la dinamita; en el del emperador Ashoka, la visión de sus rotundas y sangrientas victorias en las guerras, y la invención del llamado "Infierno de Ashoka", un palacio de torturas refinadas e indecibles del que no se podía salir, en cuyo interior se produjo un milagro que convirtió al emperador al budismo y a la paz fraternal. Si Alfred Nobel decidió legar su inmensa fortuna, amasada a base de explosivos (que provocaron innumerables muertes), a una academia que nombrara y galardonara a los individuos más destacados en las artes y las ciencias, Ashoka conformó la sociedad secreta de los Nueve Hombres Desconocidos, encargados de compilar los conocimientos del ser humano y ocultar aquellos que pudieran ser peligrosos, por nuestro bien y por la paz. (Nota: No deja de ser irónico e incluso de tener su gracia que torturadores psicópatas e inventores de armas terminen "redimidos" y convertidos en vigilantes del saber, en busca de un mundo mejor. A mí, la verdad, no me inspiran ninguna confianza este tipo de individuos).

 

Uno de los muchos títulos de Jacolliot, éste publicado por Bartolomé Bauzá en 1926. Por cierto, que también publicó novelas de misterio, más o menos policíacas. Habrá que leerlas, a ver qué tal están.


Si esta leyenda se la inventó Jacolliot o la escuchó en alguno de sus viajes, no lo sabemos; pero el caso es que el francés aseguraba creer en los Nueve Desconocidos.

El escritor inglés Talbot Mundy, gran creador en el terreno de la aventura exótica, publicó en 1923 la novela The Nine Unknown, que presentaba a los Nueve como una benévola organización secreta, la cual guardaba los secretos de la telepatía y otras muchas zarandajas. Pero esta obra y este asunto cayó en el olvido hasta que Pauwels y Bergier lo rescataron en El retorno de los brujos. Con la aparición y éxito internacional de este volumen, al menos tres autores de tres países distintos se hicieron eco de los Nueve Desconocidos, de forma simultánea: fueron el argentino Juan Jacobo Bajarlía, el norteamericano Philip José Farmer, y el español Francisco González Ledesma, también conocido como Silver Kane.

 

The Nine Unknown (1923), de Talbot Mundy.

 

***

La aportación de Bajarlía, un breve artículo de ficción titulado "Los nueve desconocidos", recogido en el volumen Historias de monstruos (1969), abundaría en la leyenda de Ashoka y en las conexiones de los Nueve con los poderes paranormales, con algunos personajes históricos como Dante Alighieri, y con "La casa espectral" (1964), un relato de nuestra Biblioteca de Babel, escrito por el ficticio John Batharly (evidente sosias de Bajarlía que, curiosamente, sí publicaría algunas obras en nuestro plano de realidad).

 

Historias de monstruos (1969), de Bajarlía.

 

Por su parte, Farmer, padre de la Mitología Creativa woldnewtoniana, publicó en 1969 A Feast Unknown, una de sus obras maestras, en la que abordaría los problemas reales del súper hombre, en este caso encarnado por dos sus máximos y primordiales exponentes: el individuo en que Edgar Rice Burroughs se basó para crear a Tarzán de los Monos, y el hombre que inspiró a Lester Dent la creación de Doc Savage. Héroes de este calibre, tratados desde una perspectiva realista y materialista que explora las súper sexualidades de estos caballeros, merecían unos antagonistas a su altura: los Nueve Desconocidos que, al contrario que en la novela de Mundy, son los amos secretos del mundo, y su existencia se remontaría mucho más atrás en el tiempo que la leyenda de Ashoka.

Está claro que la fuente de Bajarlía y Farmer es la misma (el libro de Pauwels y Bergier), y de forma idéntica sucede con Silver Kane y su versión de los Nueve.

 

A Feast Unknown (1969), de Farmer. Ilustración de cubierta de Richard Corben.

Una edición en rústica de la novela de Farmer sobre los Nueve Desconocidos.

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La reseña de nuestra novela de a duro

Silver Kane.

 

La colección Enviado Secreto (también conocida como DANS, siglas del Departamento Atómico Nacional de Seguridad) es una de esas raras avis de los bolsilibros de Bruguera que, por los más diversos motivos, resulta inclasificable. Para empezar, se publicó casi íntegramente (salvo los últimos números) en el formato "deluxe", es decir, un poco más alto que los bolsilibros convencionales. Nunca he sabido el porqué de la existencia de este formato más o menos experimental, aunque está claro que, a pesar de su longevidad (134 números entre 1967 y 1970), las ventas no debieron acompañarla en los últimos números que, como decíamos, aparecieron en el tradicional formato de 10,5 cm x 15 cm. La serie recayó en manos de cuatro autores "de la casa", todos ellos viejos conocidos de los lectores de novelas de a duro: Clark Carrados, Frank Caudett, Burton Hare y Silver Kane. Cada uno de ellos narraba las aventuras de un agente del DANS; Silver Kane se encargó de Johnny Klem, que "en cualquier momento podía abandonar los brazos de una mujer para caer en los brazos de la muerte", según rezaba la publicidad de contraportada.

 




Obviamente, estamos ante una serie de episodios completos e independientes, relacionados por la organización y algunos personajes secundarios, donde se emula la moda de las ficciones de espionaje al estilo del James Bond de Ian Fleming y su legión de imitadores y descendientes, como el maravilloso Brian Kervin (agente M-31) de Curtis Garland. Como buena serie de espionaje de su tiempo, muchas de las aventuras de los agentes del DANS colindaban con otros géneros, sobre todo con la fantaciencia exótica, el problema-enigma bizarro, e incluso el ocultismo traído por los pelos.

"Los Nueve Desconocidos" de Silver Kane es una aventura de Johnny Klem, con un planteamiento que es lo mejor de la novela, por improbable y delirante: Richard Nixon, presidente de los Estados Unidos, alcanza un acuerdo secreto con la URSS y con la China comunista para hacer realidad la vieja leyenda de Asoka: conformar un consejo de nueve sabios escogidos en todo el mundo para que supervisen y tomen decisiones sobre los adelantos atómicos que va produciendo la ciencia. "Hasta Mao Tse Tung se ha avenido a razones", confiesa un sorprendido Nixon.

 

Mao Tse Tung y Richard Nixon en 1972, tres años después del asunto de los Nueve Desconocidos.

 

Pero claro: hay fuerzas externas que están interesadas en que dicho pacto no se lleve a cabo, y existen dudas acerca de las verdaderas identidades de estos Nueve Desconocidos. Aquí es donde entran Johnny Klem y el DANS, que deben evitar lo inevitable: el fracaso de este proyecto internacional.

La novela es divertida y correcta, pero nada del otro mundo. Las expectativas que despierta el título son demasiado altas, pues habría sido hermoso ver a Klem enfrentado a los agentes de los inmortales Nueve que ya retrató Farmer; pero en lugar de esta gran aventura, tenemos el típico correcalles (correpaíses) con bellas agentes secretas metidas en la cama del maestro de espías, crótalos venenosos, traiciones, los esperables giros inesperados, y una sencilla aventura más que apuntar en el currículum de Klem y de González Ledesma. Lo que podría haber sido muy grande se queda en anecdótico; pero no quiero restarle el mérito a Silver Kane por ser el primero en usar el concepto de los Nueve Desconocidos en una ficción española, ni negarle la originalidad, por disparatada, de esta "triple alianza contranatura" que tenía por objetivo fomentar la paz en nuestro planeta.

Quizá lo más fantástico sea que todo fuera idea de Richard Nixon. Aunque bien pensado, quizá, detrás de estos Nueve Desconocidos estuviera Henry Kissinger. Sí, eso tendría más sentido... sobre todo, visto en qué quedó el acuerdo de colaboración al final de la novela...

 

Henry Kissinger y Mao Tse Tung, viejos amigos (desde 1971, extraoficialmente), reunidos en público, en contra de sus costumbres...

sábado, 22 de junio de 2024

Noticias de ayer: "Los famosos signos de Glozel, supuestas letras ibéricas, en Libia" (1928)

 

Emile Fradin, descubridor (o inventor) de las Tablillas de Glozel, en su museo particular. Viendo la imagen, me dan ganas buscar mis viejas cintas de cassette y abrir yo también un museo. Total, ¿qué voy a perder?


 

Entre el grupo de amigos, contertulios y conspiradores con los que me reúno casi diariamente en Albacete, a la mayoría de los cuales conozco desde hace no menos de treinta años, hay una pequeña subsecta extraoficial, sin nombre (como las buenas y verdaderas sociedades secretas), que siente devoción por la arqueología y el estudio de las civilizaciones desaparecidas, como el famoso Otto Dostmann, cuyos viajes y hallazgos durante el siglo XVIII y principios del XIX siguen sin pasar por un análisis con un mínimo de rigor científico, pues su obra se la han apropiado diversos cónclaves de ocultistas de distinto signo, que van desde los actuales seguidores de Madame Blavatsky hasta la encarnación del siglo XXI del Amanecer Dorado y, sobre todo, los pasticheros lovecraftianos y howardianos.

Ya es un tópico, como mínimo semanal, que me encuentre sentado a la mesa del bar, escuchando el debate de mis queridos y sabios amigos acerca de si la tablilla que acaba de aparecer en tal rincón de Extremadura es tartésica o turdetana; si los actuales movimientos paganistas tienen un cierto tufillo nacionalsocialista al mismo tiempo que europeísta (y todo esto arropado por las especulaciones de una lengua íbera más o menos única, primitivísima, que se habría extendido desde las marismas de Huelva hasta las islas Lofoden, por decir algo); si la teoría de que el idioma ibero es el vasco o alguna variante del tibetano... Tengo ganas de que mi paisano, el escritor José León Cano Ramírez, decano de la literatura de terror albaceteña, aparezca con más frecuencia por estas sesiones de cervezas, pues estoy seguro de que su experiencia como viajero, investigador y periodista arqueológico añadirá mucha información a estas conversaciones.

Estos amigos aprovechan cualquier fin de semana para coger un automóvil y marcharse a visitar tal yacimiento o cual paraje en cualquier rincón de España, asisten a conferencias, y cuentan cosas de las que yo no tengo ni la menor idea: creo que sé más sobre la Atlántida, Lemuria, Mu y las Tierras del Sueño que sobre Grecia, Roma y Fenicia. Así, me viene de perlas darme estos "baños de realidad", que no dejan de ser especulativos, misteriosos y polémicos. En Madrid, hace unos años, era el escritor José Miguel Pallarés el que me hablaba de usos, costumbres y leyendas romanas como si él mismo hubiera servido en alguna de esas legiones que se perdieron en la China; y Alfredo Lara, que de joven participó en excavaciones arqueológicas, también me contaba historietas de la Antigüedad... pero también del Viejo Oeste, de las Guerras Zulúes, y cualquier materia que tuviera de por medio una zona fronteriza mal delineada entre dos grupos pertenecientes a civilizaciones distintas.

Es pensando en todos ellos que rescato hoy el siguiente artículo, publicado en el diario La Voz de Madrid el 5 de septiembre de 1928, sobre un asunto del que jamás había oído hablar: el de las Tablillas de Glozel, un tema que fue candente en su día, hace ya más de un siglo, y que hoy no sé si estará oficializado, desprestigiado o simplemente olvidado. La nota deja claro que las aventuras de ese extraño individuo, el conde de Prorok, de quien ya hemos dado varias noticias por aquí, tenían peso en la comunidad científica de las décadas de 1920 y 1930 y, más importante, despertaba la imaginación de muchos lectores.

Aquí tienen el artículo, firmado por "Un aprendiz de arqueólogo". Que, todo sea dicho, no es mi caso.

 


 





domingo, 5 de noviembre de 2023

Noticias de ayer. Frank E. Hayter, el Jardín del Edén y los Tesoros de la Reina de Saba (1931 y 1932)

Como el Conde de Prorok, de quien dimos noticia anteriormente, el (creemos) británico Frank Edward Hayter (n. 1902) fue uno de los últimos aventureros y exploradores de la vieja escuela, es decir: parece salido de los libros de aventuras de Henry Rider Haggard, Jules Verne, Conan Doyle, Edgar Rice Burroughs y tantos otros autores, para invadir la realidad con sus increíbles hazañas, viajes, testimonios y hallazgos. Las idas y venidas de estos extraordinarios caballeros seguían llamando la atención en un mundo que, a pesar de haber sufrido una guerra mudial (la Gran Guerra, que se decía por aquel entonces), todavía conservaba cierto aire de misterio, ingenuidad y genuina curiosidad por lo desconocido. Por contra, hoy parece que lo sabemos todo, ya sea si hay vida extraterrestre, si el universo es finito, y si en tal guerra los buenos son unos y los malos son los otros. Todo está clarísimo, a la distancia de un dedo. No hay nada que investigar, pues basta con preguntar, en voz alta o por escrito, al Oráculo Que Todo Lo Sabe.

 

Cuando se intenta trazar la biografía de alguno de estos personajes, uno se encuentra con muchas dificultades, puesto que la realidad y la leyenda se entremezclan y, a la postre, lo que se suele obtener es un retrato de claroscuros, repleto de matices que están muy por encima de la aparente blanquinegridad (quería decir unidimensionalidad, pero me ha apetecido inventarme un palabro) de Indiana Jones, del profesor Challenger, de Lara Croft o de Dora la Exploradora. Como sucede con una de las antecesoras de estos individuos, la célebre (o infame) Madame Blavatsky, alrededor de los aventureros de la vida real se entremezcla el sentido de la maravilla y la búsqueda del tesoro perdido con sucios trabajos de espionaje para tal o cual país, expolios arqueológicos, negocios sucios y la ambición pura y dura que genera el brillo del oro. Eso es lo que hallamos cuando investigamos a tipos capaces de llegar más lejos que nadie, de arrostrar peligros, inviduos que iban armados y preparados para enfrentarse a las bestias de la selva o a los hostiles indígenas. (Algo parecido nos sucede con esos "hostiles indígenas": a poco que se profundice, resulta que las dos visiones maniqueístas sobre ellos, esto es, la de "los salvajes" y la de "las víctimas", que en apariencia son contradictorias, resulta que se complementan y arrojan una compleja luz sobre las culturas y pueblos que en el mundo han sido. Dicho de otro modo: los hombres civilizados cometen salvajadas; los hombres salvajes conforman civilizaciones. El grano se separa de la paja a golpe de bandera, de Dios y de oro para invertir en armamento).

Guerreros Danakil (1862).

Son historias de aventuras, a veces historias espantosas para no dormir. Por ejemplo: he leído en inglés el relato de cómo el joven Hayter, que ansiaba ser Allan Quatermain en África, pero tan sólo había conseguido convertirse en taxidermista del zoo de Londres, fue enviado a las montañas de Abisinia en busca de cien ejemplares de babuinos, cosa que logró, a pesar de tener que enfrentarse a los guerreros Danakil, (esto es, miembros del pueblo Afar). Y, eso sí, un brujo lo hechizó por robar animales sagrados. Al parecer, en el viaje de vuelta en barco, durante una tormenta, los animales escaparon a cubierta, donde organizaron una buena... Se dice que en los siguientes años de su vida, Hayter sintió que la maldición lo perseguía, y mientras practicaba la colecta de ratas y mariposas raras, y se labraba una reputación como prospector de oro, su salud fue deteriorándose cada vez más.

Fue autor de, al menos, tres extensas narraciones de sus expediciones: In Quest of Sheba's Mines (1935), Gold of Ehiopia (1936) y African Adventurer (1939). Y nosotros, que no hemos ahondado mucho más en la figura del explorador, mejor cederemos la palabra a sus contemporáneos.

 

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A continuación, presentamos dos artículos de la época sobre Hayter y sus increíbles viajes y descubrimientos. El primero de ellos, "El misterio de la Creación está en África", es obra de Lady Drummond Hay (periodista y aventurera británica, corresponsal de guerra en Abisinia y, más tarde, corresponsal en Manchuria), y lo hemos tomado del diario publicado en español La Opinión (Los Ángeles, California), del 14 de diciembre de 1931. El segundo, "¿Se encontraron los famosos tesoros de la reina de Saba?", es un extenso reportaje con imágenes, en apariencia anónimo (posiblemente sea una traducción) publicado en la revista Aconcagua (Buenos Aires), en enero de 1932.

 


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jueves, 7 de abril de 2022

El mejor libro del mundo cuando tenía 7 años (y ahora también)


El mejor libro del mundo se llama El enigma de las extrañas criaturas, y es obra de un simpático caradura estadounidense llamado John A. Keel (25 de marzo de 1930-3 de julio de 2009). El título original de esta obrita es Strange Creatures from Time & Space (1970), y su edición en castellano, en versión de Lidia Porta, se publicó en 1981, en la colección Enigmas de Libro Express. En esa colección se publicaron otros títulos como El enigma de la Sábana Santa y El enigma de los mapas de Piri Reis (ambos de P. Guirao, al que muchos lectores bolsilibrescos conocemos como Peter Kapra, entre otros pseudónimos), o El enigma de la desaparición de los dinosaurios de Jorge Blaschke.

Yo conseguí mi ejemplar, calculo que hacia 1983 o 1984 como tarde, en la Feria del Libro Antiguo y Ocasión de Albacete, donde formaba parte de numerosos saldos de la época. (Mi memoria no es tan buena como algunos quieren creer, pero me atrevería a jurar que mi hermano Daniel compró, esa misma mañana lluviosa, libresca y maravillosa, su ejemplar -yo no tengo uno, por desgracia, y bien que lo siento- de la edición de Adiax de Los sabuesos de Tíndalos, de Frank Belknap Long, que se publicó en octubre de 1981; de modo que, al menos la fechas saldísticas cuadran a la perfección).

Mi hermano Daniel lo tiene, pero yo no. Y por ahí, lo venden por un pastizal auténtico...

Desde aquel día, habré leído El enigma de las extrañas criaturas no menos de veinte veces, y no puedo imaginar la cantidad de ocasiones en que lo he utilizado como referencia, o me he entretenido en buscar el caso de la Criatura Peluda Gigante de Viloví en Barcelona, o las historias medievales sobre los andantes invasores "peces con armadura", los cerdos monstruosos (de resonancias hodgsonianas) y los perros espectrales que aparecían en iglesias tras la caída de un oportuno rayo, o el caso de la pútrida criatura del pantano que atacaba a los automóviles que pasaban por las inmediaciones de una central nuclear, la cual "había cerrado durante un tiempo debido a un pequeño incidente sin importancia". El libro ha viajado conmigo en tren, en coche y posiblemente en avión (y, casi seguro, también en bicicleta, en mis periplos infantiles por las inmediaciones de la aldea de Calabazas, vecina de Calabacicas y próxima a Casas Viejas). Está maltrecho y los parches a base de cinta adhesiva se superponen en el lomo, unos sobre otros, de manera que la suciedad de antaño se ha conservado como un mosquito jurásico en ámbar. Sólo he tenido en mis manos, si mal no recuerdo, otro ejemplar: concretamente, en casa de los padres del escritor Alfonso Tornero, e imagino que es propiedad de Germán Tornero, que sin duda lo leyó con agrado (y mucho escepticismo) en su día.

Cubierta original, con ilustración de Frank Frazzetta. ¡De Frank Frazzetta, nada menos!

 

Suelo tener mi librito siempre en casa, a mano. De hecho, lo he tomado de la mesilla de noche para escribir esta carta de amor irracional e incondicional que no me atrevo a denominar "artículo". Nunca he prestado mi ejemplar, y por tanto, nunca lo he perdido. Es la clase de ensayo literario (sí, literario) que uno espera encontrar en la proverbial e imaginaria "tienda maravillosa de curiosidades que es un portal entre varios mundos" o, más posiblemente, abandonado junto a un contenedor de basuras (que también suele ser una encrucijada entre varios mundos, en demasiados sentidos).

Harto de ver esto, día tras otro.


Por supuesto, no se trata de una novela ni de una antología de relatos. Es un tipo de libro, supuestamente de "divulgación", que hoy casi ha dejado de existir en las librerías, quizá porque, con el tiempo, consumir productos de esta clase es equiparable al consumo de pornografía... pues los dos ámbitos sehan quedado relegados al espacio virtual (ficticio, intangible) de la Red de Redes.

El enigma de las extrañas criaturas es un delicioso paseo por la criptozoología de la década de 1960 en USA, donde Keel y "su equipo" (fueran quien fuesen) recogían testimonios, notas de prensa, entrevistas y relaciones insólitas sobre serpientes marinas, abominables hombres de las nieves y de las ciénagas, visitantes nocturnos de dormitorios, hombres voladores, animales imposibles, avistamientos de cíclopes, de gigantes peludos o lampiños, aves de trueno, demonios venidos de otros mundos, y toda una serie de fenómenos que atentan contra la razón. Si algo falta en este libro, quizá sea una referencia a la historia que, según me recordó hace ya unos años mi querido amigo, el ilustrador, escritor y connoisseur, Luis Miguez, contaba el profesor Van Helsing en Drácula (1897) acerca de la enorme araña que habitaba en una iglesia española, y que por las noches se bebía el aceite de las lámparas. 


Estaríamos ante un trabajo semejante al de los bestiarios medievales, o al de tantos y tantos pliegos de cordel y relaciones de noticias de los siglos XVI en adelante, si no fuera porque todos estos fenómenos que compila Keel parecen formar parte de una especie de conspiración invisible salida de las páginas de Erik Frank Russell y su Barrera siniestra.

Sinister Barrier, de Russell. Para leerlo YA.

Pero no. Porque la Barrera siniestra de Russell era deudora de Charles Fort. Y obviamente, Keel se declara deudor y seguidor del "abuelo de todo esto", el Fort autor de El libro de los condenados, y de dos o tres volúmenes más dedicados a compilar recortes de prensa e informes de revistas científicas donde coleccionó los fenómenos recogidos por la ciencia, y que la misma ciencia no podía acoger: lluvias de peces, objetos volantes no identificados, el Mary Celeste, el misterio de Kaspar Hauser, piedras sangrantes, meteoros imposibles...

Es decir: Charles Fort coleccionaba ephemera relacionada con lo inexplicable.

Charles Fort.

 

La diferencia fundamental entre la literatura de ficción que suelo abordar, visitar, glosar y estudiar, y esta otra cosa distinta, estriba en que lo último, lo de Fort y Keel, pretendía ser -como apuntábamos- divulgación. No sé si científica, patafísica o paralelepípeda. Filosofía (prohibible, como cualquier otra cosa hoy día), y teorías disparatadas que, en determinado momento, sonaban razonables... como un buen argumento de ficción imposible que, de repente, se torna probable. (Me muero cada vez que leo la descripción de los científicos tipo A y los tipo B en nuestro pequeño, insignificante volumen, y lo comparo con la realidad que nos rodea).

Si he de mencionar otros libros que haya disfrutado TANTO como este al que me refiero, tendría que irme a Juan Perucho, a Hammett, a Jim Thompson, a Donald Westlake, a Conan Doyle, a Arthur Machen, a Lovecraft, a Stephen King...

¿...va usted viendo el patrón de comportamiento, de gustos literarios, de lecturas...? ¿No...?

Yo tampoco.

¡Mátenme!

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Todo este compendio de apuntes, vaguedades, proto-diatribas, insinuaciones y confesiones que no espero que USTED comparta en modo alguno, tienen relación con algunos comentarios que he leído en los últimos días acerca de Peter Kolosimo y su pasión (explotadora, aprovechada) por los Mitos de Cthulhu. ¿No sabe usted quién es Kolosimo, autor de El planeta incógnito, ese librito que mi hermano Miguel (no Daniel; pero el libro se quedó en casa de mis padres) halló abandonado en un tren allá por 1978, tan sólo para que yo, pocos años después, pudiera ver las únicas fotografías fidedignas del Monstruo del Lago Ness y las pisadas del Yeti?


Bueno. Pues si no conoce a Peter Kolosimo, eso quiere decir que no le ha dado tiempo ha juzgarlo como un cantamañanas, un aprovechado, un estafador... un mentiroso. Así, aún estará a tiempo de leer sus libros (no sólo el citado, sino también No es terrestre, y otros muchos, incluso más demenciales). Y puede que, si tiene la mente abierta y no está pensando en términos contemporáneos peyorativos, hasta pueda disfrutarlos como se merecen. Pues tengo pocas dudas de que estos libritos se escribieron para eso: para disfrutarlos, y para sembrar de ideas siniestras a una, a dos, a tres, a cuatro generaciones de escritores del género fantástico.

Kolosimo, Keel, Fort... son nuestras versiones contemporáneas de Madame Blavatsky; son los textos de consulta para escritores de ficción que buscan ideas que, en algún tiempo, se pudieron tomar en serio... tanto, que para el lector resultaban plausibles cuando las hemos convertido en cuentos y novelas de pura imaginación.

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A estas alturas de la vida, me gustaría saber cuál es el problema con todos estos libros que, hace treinta, cuarenta, cincuenta años, se vendían como divulgación científica, y hoy se leen como debemos leer a Antonio de Torquemada y su Jardín de Flores Curiosas (1570), ciertas secciones del Teatro crítico Universal (1726-1740) de Feijóo, o a otros muchos autores, divulgadores de su tiempo, que contaban fantasías, teorías, y disparates mucho más inconcebibles e imaginativos que los que proponen Kolosimo, Fort y, por supuesto, John A. Keel, en sus obras. Echen un vistazo al médico francés Ambroise Paré y su selección de monstruos, de "siniestros mendigos itinerantes", y entenderán de qué estoy hablando.

Posiblemente, haya que introducirse en el espíritu hedonista, abierto, bibliófilo, un tanto cínico y al tiempo deseoso como un infante de dar con el prodigio, de un Juan Perucho, para poder disfrutarlos debidamente.

 

 

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Y si son tan amables, y están interesados en cosas como éstas que contamos arriba, no dejen de visitar (hasta el 19 de abril, pues cerraremos el plazo) la página dedicada a la suscripción de VAMPIROS DE CURTIS GARLAND, tal y como enlazamos aquí).


Y si por un casual de estos de la vida, lo que buscan son máquinas de asedio medievales y cachivaches de ese estilo, visiten PCTWOOD, de mi amigo Pascual Correa Toledo.




 

martes, 7 de octubre de 2014

“BLACK DOSSIER” Y “CENTURY: 1910”: THE LEAGUE OF EXTRAORDINARY GENTLEMEN, DE ALAN MOORE Y KEVIN O’NEIL

(Esta entrada se publicó originalmente en el anterior emplazamiento del blog Cuaderno de bitácora del Matilda Briggs, el 24 de mayo de 2010. En ella abundo en el asunto del Black Dossier de Alan Moore, que acaba de aparecer en castellano, casi podríamos decir que "contra todo pronóstico". Me parece que, por lo tanto, viene al caso...)

 
Lo que realmente me fascina es oír, ver o leer a personas que están "decepcionadas" con el "tercer" volumen de esa magna obra que es The League of Extraordinary Gentlemen. Sobre todo, personas que no han leído Black Dossier, ese "volumen 2 y medio" que, tal y como el presente autor anticipó hace varios años, no tendría edición en castellano.
Black Dossier apareció en Estados Unidos en 2008, y sólo los más fanáticos de esta obra de Alan Moore y Kevin O'Neil compramos el volumen a través de las tiendas virtuales, como Amazon, para que llegara a los países de habla hispana. Fue todo un acierto, pues esta casi intraducible obra -verdadera tercera entrega de la saga- ya no se sirve fuera del país de Stephen King, por problemas legales de derechos de autor...
 



Hasta donde yo sé, el único personaje con derechos ACREDITADOS en la obra es Billy Bunter, propiedad de IPC Media, cuyas aventuras vimos en España hace ya muchos años, editadas en diversas publicaciones humorísticas de Ediciones Bruguera, como Tío Vivo o Mortadelo. La verdad es que no he conseguido información acerca de qué otros personajes de los que aparecen en Black Dossier (la mayoría de ellos más o menos disfrazados, como el agente secreto Jimmy, nieto de Campion Bond) están dando problemas fuera de los EEUU... Si tenemos en cuenta que por este tebeo campan a sus anchas Billy Batson (alias "El Capitán Marvel", cuyas aventuras publica actualmente DC Comics), Venus (que además de una diosa, es un personaje de la compañía Atlas, antecesora de Marvel Comics, que ha recuperado al personaje recientemente), y por ahí aparecen Gotham City (la ciudad de Batman... y de otros héroes anteriores, por cierto) y el traje del Vengador Carmesí (The Crimson Avenger, el primer héroe enmascarado de DC), no sé qué puñetero problema pueden tener canadienses, ingleses y europeos en general, con personajes tan bizarros como The Iron Warrior (un robot con un hacha, sombrero, y un solo ojo, de un tebeo inglés de los años 40), o el Dr. Peter Bradey, un hombre invisible protagonista de una vieja serie de televisión.
Probablemente, el conflicto venga por las veladas menciones (y en algunos casos, la presencia física y explícita) del profesor Bernard Quatermass, Dan Dare, Emma Peel, y otras joyitas por el estilo. A todos los efectos, me importa un bledo. Si Moore saca a 007 (y al auto de Chitty-Chitty Bang-Bang como precursor de El Coche Fantástico, por cierto), cuando hay grandes productoras forrándose con la licencia del personaje de Ian Fleming, y no han abierto la boca, entonces es que algo no funciona.
 
(Paréntesis: una de esas cosas que no funcionan es que la propiedad -derecho de explotación, no propiedad intelectual- de muchos personajes pertenezca a empresas, editoras, productoras o, como sucede con el marcianísimo caso de El Guerrero del Antifaz de Manuel Gago, a una constructora, en lugar de a sus creadores. Otro debate espectacular y que no voy a sacar a relucir es el de los derechos de autor cuando éste ha fallecido, y por qué esos derechos son o no heredables, y por cuánto tiempo. Personalmente, creo que nos estamos volviendo locos. Y si no, echad un ojo a los disparates que hace la SGAE).
El Black Dossier es una lectura imprescindible para comprender los hechos que se relatan en Century: 1910, y tengo la impresión de que los editores españoles, con mucha astucia, han obviado ese hecho. Ya he escuchado decir que "no hace falta leer el Black Dossier", "no es un tebeo, es un libro de ilustraciones", "me han dicho que es un tostón infumable", "pero este es el VOLUMEN III DE VERDAD, ¿no?", "si no lo sacan es porque es una mierda", etc.
 
Amigos decepcionados por la lectura de Century: 1910: Orlando ya aparecía en The New Traveler's Almanac, que se publicó como complemento al Volumen II, pero es en Black Dossier donde vamos a saber exactamente quién es y qué rollo se lleva con Mina Murray y Allan Quatermain. Y hablando del Gran Cazador Colonialista, es en Black Dossier donde sabremos definitivamente y sin lugar a dudas cómo es que ahora está hecho un mozalbete. En Black Dossier aprendemos quiénes son los componentes definitivos de las versiones francesa y alemana de la Liga: Les Hommes Misterieux (Arsène Lupin, Robur el Conquistador, Fantômas, el Nyctalope, Monsieur Zenith el Albino) y los Zwielicht-Helden (los doctores Rotwang, Mabuse y Caligari, junto con el androide María Futura); así como la verdad sobre las Ligas pasadas, y casi futuras... Para eso están William Shakespeare, Sal Paradise, Bertram Wooster y Oliver Haddo. (Este último nombre os suena de Century: 1910, ¿verdad? Qué lástima que en Black Dossier ya se explicara con pelos y señales quién diablos es este tipo que se parece tanto a Aleister Crowley).
Una vez tengáis claro que sin conocer de primera mano el Black Dossier, del que Alan Moore llegó a decir (¿en broma?) que era "lo más grande que se ha hecho desde la penicilina"), el Volumen III no se entiende un carajo, podremos sentarnos a hablar de decepciones. A todos los efectos, nos hemos saltado la Piedra Roseta de The League of Extraordinary Gentlemen.
 

CENTURY
 
Así, hablar de esta nueva entrega, que seguirá con otras dos más, ambientadas en 1969 y 2009 respectivamente, resulta un poco extraño -sobre todo si el lector no ha leído Black Dossier; no me voy a cansar de repetirlo-. De modo que lo mejor será que hagamos alguna observación entomológica sobre detalles pequeñitos (tirando mucho de las ya obsoletas e incompletas notas del genial Jess Nevins), y eso sí, dejemos claro que si no sabéis quiénes son Bertolt Brecht y Kurt Weill (y por supuesto, La Ópera de Tres Peniques), poneos manos a la obra. (Aunque con suerte, todo el mundo ha escuchado la versión de Louis Armstrong de Mack the Knife, o su versión en castellano, Pedro Navaja, de Rubén Blades).
Los lectores hispanos, sobre todo los aficionados a la literatura pulp, fantástica y de género, habrán sentido curiosidad por la Merlin Society, a la que el ghost-finder Carnacki pertenece, y donde se reúnen los ocultistas: por ahí anda un señor muy bajito, el misterioso Ivan Brodsky, un "psiquiatra de lo oculto" cuyas aventuras (firmadas por Victor Rousseau) aparecieron en Weird Tales, el mago de Kathulos de Atlantis (de "El Rostro de Calavera" de Robert E. Howard), los escritores aficionados Dyson y Phillips creados por Arthur Machen (ver la imprescindible Los Tres Impostores), el John Silence de Algernon Blackwood, el Dr. Taverner de Dion Fortune (una autora que en realidad era una especie de ocultista a lo Blavatsky, o algo así), el Príncipe Zaleski de M.P. Shiel (cuyas aventuras, contra todo pronóstico, están recopiladas en castellano), el Dr. Nikola de Guy Boothby (es el tipo del abrigo de pieles, aunque Nevins no lo ha identificado), Zanoni de Edward Bulwer Lytton (un inmortal mago caldeo, cuyas aventuras no he leído), y Fortunio el Superesteta de Teophile Gautier (una especie de precursor psicópata de Doc Savage, creado en 1837, y al que ya habíamos visto en Black Dossier).
En fin, no seguiré con los "muchachos de lo sobrenatural", echad un ojo a las notas del señor Nevins.
Muy interesante es, por otra parte, MINIONS OF THE MOON, de John Thomas -que es uno de esos autores ficticios, creo que un trasunto de John Sladek-, editada por James Colvin (un pseudónimo de Michael Moorcock). En esta repaso a la "Historia Secreta de la Luna", nos encontramos con el Monolito de 2001: una odisea del espacio, la identidad de "O" de Historia de O, los restos flotantes del profesor James Moriarty (¡por fin una referencia sherlockiana!), el curioso Jim Logan (alias Captain Universe, de Mick Anglo, un tipo que trabajaba para la "División Interplanetaria de las Naciones Unidas" en 1954, y que se convirtió en un trasunto del Capitán Marvel de Whiz Comics, o del sajón Marvelman, también de Anglo), y mi favorito, Stardust the Super Wizard, de Fletcher Hanks.
El caso de Stardust y su autor han llamado mi atención, y debo agradecer al señor Moore la recuperación de este personaje, pues Hanks ha resultado ser todo un hallazgo, un verdadero precursor del cómic underground de los años 60 (Crumb y Shelton, por ejemplo). Es más, si uno le echa un vistazo a las disparatadas y terroríficas historietas, grotescas como ellas solas, que realizaba en los años 30 y 40, a uno se le ponen los pelos de punta ante tanta postmodernidad precoz. Según Wikipedia en inglés, Stardust "es un alienígena de un planeta sin nombre (en algunas historias, una estrella), cuyo ‘vasto conocimiento de la ciencia interplanetaria lo ha convertido en el más extraordinario hombre que jamás ha vivido'. Llega a la Tierra con intención de eliminar el crimen, y utiliza sus poderes que su conocimiento le ha dado para luchar contra los malvados". No obstante, al ver los cómics originales de Hanks, uno se da cuenta de que la cosa es un poco más complicada, y Stardust parece más un dios malvado que otra cosa.
Simplemente por el hallazgo de Stardust, The League of Extraordinary Gentlemen: Century: 1910 ya merece la pena.

Dejaremos que los lectores interesados sigan investigando los entresijos de esta primera entrega del Volumen III a través de la Red de Redes, en bibliotecas, o rebuscando en traperías y basureros municipales, y hagamos un par de apuntes más acerca de lo que está por venir:
Century: 1969 (que estaba previsto para abril o mayo de este año, ¡ja, ja, ja!) llevará por título "Paint It Black", y al margen de referencias al Jerry Cornelius de Michael Moorcock (que ya apareció en Black Dossier) o a Rosemary's Baby de Ira Levin, estará repletas de guiños a la cultura popular británica de la época, con lo cual no nos vamos a enterar de nada. (Pero algo aprenderemos, eso seguro).
 
El tercer y último volumen, Century: 2009, se titulará "Let It Come Down", y es el número que, según Moore, más trabajo le ha costado escribir, "porque no tengo ni idea de la cultura popular moderna". Sabemos que tiene importancia Q'umar, un país que aparece en la serie televisiva El Ala Oeste de la Casa Blanca, y habrá referencias a The Wire, Lost (la banda de música DriveSHAFT), al agente Jack Bauer de 24, y a un montón de cosas que, probablemente, harán que el tebeo sólo se pueda publicar en Burkina Faso y en la Antártida, y lleven a los editores de Top Shelf y Knockabout a la ruina o a la cárcel.
¡Bravo!

COMENTARIOS ORIGINALES:

WOLFVILLE

WOLFVILLE dijo

Totalmente de acuerdo en todo!!! Yo fui uno de los que consiguió el "Black Dossier" vía Amazon y puedo decir que lo disfruté mucho más que "Century" -aunque esta también me dió muchas alegrías, claro, especialmente con las referencias a detectives psíquicos-. Lástima que nunca tendremos una traducción en condicienos en la lengua de Cervantes, porque algunos fragmentos eran tan complejos que se me escapaban.
Solo recordar algunas de las otras referencias en esta joya de meta-ficción. Genial el momento historia de la magia en el que se menciona al mismísimo dios Crom de las aventuras de Conan de Cimmeria. Y para mi desopilante, verborreico, delirante y espectacular el pastiche de P.G. Woodhouse en el que se mezcla el humor irónico de Jeeves con las monstruosidades arcanas de Lovecraft.
En definitiva es un tomo, igual que este artículo: IMPRESCINDIBLE.
Un saludo.
Cadvalon

Cadvalon dijo

Pues yo me reitero, el Black Dossier me parece decepcionante, unas cuantas ideas perdidas en una estructura general farragosa y bastante caótica.
Me alegro de volver a leer entradas en este blog por cierto que no había comentado nada :)

Luis Miguez

Luis Miguez dijo

A mí, la verdad, me ha encantado el Century, pero he de confesar que también por habérmelo tomado de aquella manera, como algo asi como "una aventura más" de la Liga. Pero vamos, que si me dice usted que definitivamente este es el 4 y el 3 es un tochón enorme que muchos no nos hemos leído, pues pare usted de contar.
Birdy Edwards

Birdy Edwards dijo

Yo pedí en su momento el Black Dossier a través del catálogo previews y obviamente me quedé sin el, dita suerte.
"el Príncipe Zaleski de M.P. Shiel (cuyas aventuras, contra todo pronóstico, están recopiladas en castellano)"
Si, en una buena edición de Edhasa, jejejeje.
sherlockholmes

sherlockholmes dijo

Amigo Wolfville:
No sufra por la incomprensibilidad de algunos fragmentos del "Black Dossier"; el señor Nevins, por ejemplo, optó por no anotar la sección escrita por Sal Paradise, pues ni siquiera él, que es nativo americano, entendía una palabra.
Con respecto al relato del reverendo sobre Jeeves, le diré que ya existía un crossover entre el mayordomo y los Mitos de Cthulhu, debido a la pluma de Peter Cannon, autor también del pastiche holmesiano (y lovecraftiano) Pulptime, que ya reseñamos por aquí en su día.
Un placer, como siempre.

Amigo Cadvalon:
Lamento que no le agradara el "Black Dossier"; en fin, ni siquiera el señor Moore puede agradar todo el tiempo, supongo... En cualquier caso, no me negará que el uso de las 3D en ese tebeo es realmente fastuoso y revolucionario...
Un fuerte abrazo, compañero.

Don Luis:
Corra a Torrent o Emule o lo que sea, agénciese unas gafas 3D de las de toda la vida (pero sustiya el color azul por el verde), y disfrute de las verdaderas apariencias de Nyarlathothep...

Señor Pajarraco:
Pruebe suerte en Ebay; quizá se lleve alguna sorpresa...
La edición de Edhasa del Zaleski la vi en casa de mi amigo el ilustrador y cartoonista Mortimer; supongo que tendrá un precio de venta exhorbitante, ¿verdad?

Saludos a todos,
Alberto López Aroca