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viernes, 14 de junio de 2024

Noticias de ayer: El hipnotismo y otros fenómenos, por J. C. y C. (1860).


 

El escepticismo de la ciencia positiva es un movimiento notable y antiguo, además de una postura filosófica correcta. En el siguiente artículo, casi bicentenario, se apunta a la necesidad de pruebas positivas para demostrar hipótesis que explican ciertos fenómenos, y al destierro de problemas que la ciencia considera absurdos.

De esto, repetimos, hace ya casi doscientos años. Y es que una cosa es hacer ficciones sobre el movimiento perpetuo, y otra muy distinta intentar llevarlo a cabo con éxito: una pérdida de tiempo... en teoría.

El caso de la hipnosis parece distinto: se supone que existe, pero ¿es como nos la venden? ¿Sirve para algo? Ha dado lugar a relatos tan brillantes como "Los hechos en el caso del señor Valdemar" de Edgar Allan Poe o "El hipnotizador" de Ambrose Bierce, que mencionábamos aquí hace nada de tiempo.

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Artículo extraído del diario El Día (Madrid), 19 de mayo de 1860






 

martes, 11 de junio de 2024

El hielo en el fin del mundo (1990), de Mark Richard

Primera edición en castellano, mayo de 2016


10 de junio de 2024

Esto igual suena un poco feo, pero quizá lo que más me gusta de los libros que publica Dirty Works sea la página negra inicial, con una esbozo biográfico del autor impreso en letras blancas. Esos textos son minicuentos en sí mismos, y los haga quien los haga (¿Javier Lucini?) se merecen una recopilación aparte, a manera de diccionario de autores.

El relato biográfico de Mark Richard (Louisiana, 1955) es una genialidad, y cuenta incluso con la aparición especial de Larry Brown, otro miembro de la Casa Dirty, del que ya hemos hablado por aquí.



Para variar, The Ice at the Bottom of the World (El hielo en el fin del mundo), no es una novela, sino un libro de relatos (diez), traducido maravillosamente por Tomás Cobos -insisto en que, a los buenos traductores, hay que seguirles la pista tanto o más que los propios autores originales-, que pudo pasar sin pena ni gloria en 1990 si no hubiera sido porque recibió un importante galardón, respaldado por el mismísimo Norman Mailer: el premio PEN/Hemingway, que se supone que es para "primera novela", pero en realidad premia "primeros libros", sean relatos, novelas cortas, novelas o vestiglos literarios.

Merecido y agradecido premio, sin duda, pues de no haberlo obtenido, probablemente nunca hubiéramos visto el trabajo de Richard en castellano. Y, por su brevedad (que en este caso es una virtud) y su intensidad (que genera una incomodísima tensión en cada página), merece muchísimo la pena.

En mi opinión, Richard pertenece a la "escuela Cormac McCarthy" (como William Gay) por su descaro a la hora de redactar diálogos sin puntuación ni indicaciones, y por hacer con la gramática lo que le da la gana, sea ilegal, reprobable o (como es el caso) tremendamente complicado. (Complicado de ejecutar, pero pefectamente legible para un lector capaz de concentrarse en la lectura más allá de 60 caracteres). En un mismo relato de Mark Richard nos podemos encontrar una narración en tercera, primera y segunda persona, en pasado y en presente y casi que también en futuro, todo a la vez o variaciones y permutaciones: es como si a este tipo lo hubieran soltado en una barca con una red y unas botas de agua en una pestilente marisma y le hubieran ordenado: "Anda, ve a ver qué pescas por ahí, gilipollas. Y si no regresas con algo, lo que sea, aunque se trate de una bici vieja o un caballo muerto o un viejo loco cubierto de barro seco o un chiquillo con branquias, te vamos a dar una buena paliza".

Al parecer, esto le ha pasado al pobre Mark, que nació con cadera deforme, al menos otras tres veces, de donde han surgido otro libro de relatos y dos novelas, todas publicadas ya por Dirty en español, si no me equivoco.



 

Si hemos querido destacar lo jodido que es el estilo del autor y las libertades que se toma, en realidad lo que prima por encima de todo esto son las historias que nos cuenta y el vocabulario sencillo que utiliza para construir frases complejísimas, pero con mucho sentido. Lo que realmente me extraña (y me alegra, confieso) es que no le haya dado por escribir poesía. Yo, personalmente, se lo agradecería con un abrazo si tuviera ocasión de conocerlo, pues seguro que se sintió tentado de meter saltos de párrafo aleatorios en mitad de las frases que resuenan en esa fantasía tremebunda y oscura que es "Niño Pez" (¿la novela del mismo título, también de Richard, será continuación del cuento, o bien una expansión? No lo sé, ya lo averiguaré cuando llegue el momento).

 


 

Sus cuentos, además de relatar anécdotas insólitas de horror, miseria, y aviadores que, en pleno vuelo, le hacen un calvo al conductor de un tren, están repletas de sentencias y ocurrencias tan citables como "Por eso nuestros perros no muerden a no ser que seas un ladrón o tengas pensado serlo...", o arranques de relato que te ponen sobre aviso de que vas camino de contemplar burradas, como "Me sentí fatal por lo que tuvimos que acabar haciedo con Buster, el caballo de Vic...". A esas alturas de libro, ya sabes que lo del caballo Buster va a ser un horror innominable digno de Lovecraft.

A lo escritores más noveles, les recomiendo que NO LEAN este libro con ánimo de aprender cómo se debe escribir, sino qué se puede llegar a escribir cuando dominas la técnica y decides saltarte las normas. Si estos relatos los intentara llevar a cabo alguien sin oficio, se habría metido una hostia de primera categoría, tal y como se temían los editores originales del libro, justo antes de que Mailer le diera el ya citado premio. Con honestidad, creo que Richard no sólo es bueno, sino que además tuvo suerte. (Esto último se reparte en el mundo incluso con menos prolijidad que el talento).

 

Mark Richard, cuando era joven.


Si el cabrón de Richard no lograra efectos tan jodidamente poéticos con personajes memorables como el Tío Basuras ("¡Y ojito no vayáis a quemar la casa!") o ese viejo comedor de arcilla y chupador de paredes que es el señor León ("El chocho chisporrotea con el calor, cabronazos"), compararía estos relatos, así, por mis santas narices, con la novela corta de Alfonso Sastre Las noches del Espíritu Santo (en Las noches lúgubres, 1964), una sucia fantasía que transcurre en Madrid, junto al arroyo del Abroñigal, un lugar tan séptico y apestoso en la posguerra como los rincones de Louisiana por los que nos obliga a transitar Richard. De hecho, el niño hidrocéfalo de Sastre (hijo de la vampira Amalia y de su marido Zarco) me da tanto miedo o más que el Niño Pez de Richard: infancias paralelas en lugares muy distantes. (Este tipo de comparaciones y asociaciones de ideas son las que surgen cuando uno lee y relee sin solución de continuidad: ves fantasmas donde no los hay, o bien descubres una misteriosa verdad oculta a todo el mundo y sólo tú la puedes percibir Sólo me falta invocar aquí al espíritu del famoso Anfibio de Liérganes, sobre el cual, de acuerdo con Juan Carlos Monroy, Verne llegó a escribir un breve relato).

En cualquier caso: si se dispone usted a leer este volumen, compruebe que tenga al día su cartilla de vacunación, porque es posible que pille el tifus, la tiña, botulismo, la malaria, el dengue o la fiebre amarilla. Allá usted si no me hace caso y se mete a chapotear por los pantanos infestados de serpientes o a jugar a hacer castillos con tierras arcillosas.

 

El collage de Emma Cohen, portada para la edición de Biblioteca del Terror de Fórum de Las noches lúgubres de Alfonso Sastre.


En resumen: ¿ante qué y quién estamos? Pues ante un auténtico y purísimo seguidor de la narración estadounidense, con toda su crueldad viciosa, sus visos autobiográficos, la marca de fábrica de la conversación escuchada en la mesa de al lado del bar, la confidencia inconcebible de un desconocido borracho, y los hedores y perfumes que marcan a cualquiera, americano o chino o africano o español, desde la infancia en adelante.

Muy recomendable este libro de cuentos, zona de confort de algunos lectores y, sin duda, un mundo ajeno y alienígena para otros (el título ya sugiere, a partes iguales, viajes decimonónicos estilo Disney, y también la Antártida de Poe y Lovecraft). Pero ya conocen mi opinión: en la variedad está el gusto.

¿Quieren probarlo, por cierto? Inténtenlo con "En la cuerda", que son 4 páginas de perfección en un hervidero de cadáveres. Y ya me contarán...

 

 

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Por cierto: ¡feliz 10º aniversario a la familia Dirty! ¡A por otros diez a la voz de "ar"!

 

viernes, 17 de mayo de 2024

Noticias de ayer: Sindbad el marino (1914)

La figura de Simbad el marino es universalmente conocida, y las únicas polémicas más o menos importantes que desata en torno a su figura tienen que ver con la grafía de su nombre. El nombre más popular con que se ha popularizado en castellano es el de "Simbad", aunque parece que el original es "Sindibad", que terminó por convertirse en "Sindbad". Este nombre no es ajeno a nuestra cultura, pues antes que el marino, estuvo el consejero del rey de esa obra medieval de cuentos misóginos titulada Sendebar o Libro de los engaños e los asayamientos de las mujeres, traducción de relatitos orientales realizada a mediados del siglo XIII, y finalizada por iniciativa de don Fadrique, hermano de Alfonso X el Sabio. En este libro, que recoge la falsa acusación de violación que recae sobre el hijo de Alcos, rey de Judea, tenemos al ayo del príncipe, "Çendubete", que no es sino otra castellanización de "Sindibad".

¿Estarán relacionados el ayo de Judea y el marino, más allá del nombre?

Con la excusa de que, en el próximo ULTHAR 20 (cuya suscripción acabamos de abrir), recuperamos una serie de nuevos viajes de Simbad el marino (algunos tan conocidos como el que propuso Edgar Allan Poe, y otros muchos menos), proponemos por aquí una semblanza, aparecida en la revista Alrededor del Mundo (Madrid), el 2 de agosto de 1914. El texto no tiene firma, así que debe ser obra de alguno de los redactores. Es breve y agradecido de leer. Aquí lo tienen.










lunes, 20 de noviembre de 2023

Noticias de ayer. Estudios marítimos de algunos animales apócrifos y fabulosos del mar


No cabe duda de que somos abiertamente afectos a las maravillas y prodigios de la naturaleza y la sobrenaturaleza. Y no hablamos sólo por nosotros, sino también por las gentes de otros siglos y otros tiempos, que gustaban del misterio, los monstruos, la aventura y el descubrimiento.

Un buen ejemplo es este maravilloso artículo, que extraemos de la revista El Museo de las Familias (Barcelona), Tomo II, 1839, páginas 99-103, publicada por Antonio Bergnes de las Casas. El texto no tiene firma, y casi con toda seguridad es traducción de algún original extranjero. El planteamiento no es demasiado criptozoológico, ni tampoco se trata de una enumeración de estorias veredes; más bien, se trata de un relato en dos partes: una introducción, donde se recoge un avistamiento cerca de Matanzas (Cuba) el 3 de enero de 1830, seguida de una breve cita de Olaus Magnus, el famoso cartógrafo y escritor sueco del siglo XVI, que es referente obligado en cualquier recensión sobre monstruos marinos.

Y luego, la historia propiamente dicha que, supuestamente, tuvo lugar en 1828, en Nantuckett, la patria chica del Arthur Gordon Pym (1838) de Edgar Allan Poe, y punto de embarque de Ismael en el ballenero Pequod, según recoge Herman Melville en Moby Dick (1851).



La verdad, caben pocas dudas de que este relato, apócrifo o verídico, hubo de ser una de las múltiples influencias para las citadas obras de los dos grandes maestros norteamericanos. Y no es de extrañar, pues es realmente divertido e ingenioso... y tiene mucha mala uva.

 

Nota: Todas las ilustraciones, incluida la última, las hemos tomado de la edición original en El Museo de las Familias.












 

lunes, 6 de noviembre de 2023

La noche de la Momia (Selección Terror nº29), de Curtis Garland


Como ya hicimos con Drácula 75, recuperamos aquí otra micro reseña de octubre de 2019, perdida (desaparecida casi por completo) en el tráfago de proyectos, bitácoras y batallas contra la Red de Redes, así que no repetiremos la cantinela de cómos, dóndes y porqués. Como sucedía con aquella novelita, La noche de la Momia también apareció en nuestro volumen Hammer Horror de Curtis Garland. Y también, como de costumbre, aprovechamos esta recuperación para añadir unas reflexiones actuales. Pasen, están ustedes en su casa.

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"Los gritos se perdieron en el Nilo inmenso, sin ser siquiera escuchados.
Poco más tarde, el hermoso y esbelto navío velero, era solamente un buque fantasma, ocupado por muertos. Muertos que no se movían, ensangrentados en sus camarotes o en cubierta.
Solamente una figura alta, fantástica, envuelta en deshilachados vendajes, sin otros ojos bajo las rendijas de sus vendas que la oscura sombra de un rostro embreado y sin pupilas, se movía por cubierta como un ser de más allá de este mundo".

 
De esta magnífica novela, Alberto Sánchez Chaves, arqueólogo del papel popular, dijo en su artículo "El eterno despertar de la momia" (de obligatoria lectura) que se trataba de "una gran historia de Curtis Garland, el mejor homenaje posible que podía dar la literatura popular a la Momia". Y no podemos menos que estar de acuerdo con Sánchez Chaves, pues con La noche de la Momia (publicada en Selección Terror nº29, septiembre de 1973), Curtis Garland hizo lo más parecido a crear una "obra canónica", a partir de un personaje que, como el Yeti o el Hombre Lobo, carecen de un original literario, aunque sí tiene muchos antecedentes (u "obras candidatas al Canon) en autores del siglo XIX como Edgar Allan Poe o Théophile Gautier. Parece que la búsqueda del "Canon de la Momia", o al menos del arquetipo terrorífico, podremos encontrarlo sobre todo en las diversas producciones cinematográficas de la Universal entre las décadas de 1930 y 1940, y más tarde, en las célebres películas de la Hammer, realizadas en los años de 1960 (una vez más, con Christopher Lee de por medio). Tanto unas fuentes como otras son válidas, pero nosotros nos vamos a quedar con la aportación victoriana de Juan Gallardo Muñoz, que por derecho propio merece figurar entre los clásicos del género.
 
Primera entrega del folletín Historia de una momia, de Theóphile Gautier. Extraído de la Gaceta Universal (Madrid), 8 de agosto de 1879.
 
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5 de noviembre de 2023

Mis avatares con La noche de la Momia no son demasiado interesantes, salvo por el hecho de que mis primeros intentos de lectura de la novelita, allá por 2013, fueron fallidos y desafortunados y, tan sólo algunos años más tarde, hacia 2018, la devoré de un tirón y la celebré en la intimidad, tal y como merecía: iba a convertirse en una de las novelas reeditadas en Hammer Horror, junto con otra obras de Curtis Garland consagradas al Hombre Lobo, el Yeti, el doctor Jekyll (y Mr. Hyde), Frankenstein y Drácula.

Es muy posible que aquellas originales lecturas frustradas se debieran a la introducción del texto, ambientada en el Egipto faraónico, donde Juan Gallardo Muñoz describía una ceremonia de enterramiento en vida y castigo, y la subsecuente maldición. No soy aficionado a la novela histórica; mis conocimientos sobre el antiguo Egipto no alcanzan para jugar al Trivial Pursuit, y eso se debe a que mi interés por la Historia en general, y la Antigüedad en particular, ha sido siempre puntual y enfocado a hechos, momentos, fechas y situaciones muy concretas. Dispongo de un mapa mental que me permite buscar tal o cual dato, tal o cual fecha, tal o cual acontecimiento; pero cuando tengo que enfrentarme a referencias sobre las Guerras Púnicas, los emperadores romanos, las cabezas de los toros asirios o, como es este caso, los faraones y sus pirámides y sus momias, mi cerebro se va de paseo al País de las Maravillas de Erich Von Däniken y, en el mejor de los casos, me dice: "Ya buscarás la referencia en otro momento, posiblemente dentro de un par de años". Me pierdo cuando mi buen amigo y colega, el escritor José Miguel Pallarés, me relata detalles insólitos sobre la vida cotidiana y espiritual de los romanos y sus dioses lares en el año catapún, la vestimenta y armas de los soldados de a pie o el sistema de desagüe de los retretes de Pompeya, pero retengo la idea general del relato sobre Licaón, santo patrón de los licántropos.

Todas estas fallas mías abarcan la totalidad de la Edad Media (si me hablan de las Cruzadas, de templarios y de cátaros, simplemente me encojo de hombros) y creo que sólo me entero un poco de la película a partir de Alfonso X el Sabio. Y eso, porque ha pasado a la historia como autor (más bien, compilador) de obras literarias.

En fin: que envidio a los muchos amigos que tengo que saben Historia a lo bestia (saben tanto que imparten clases, visitan yacimientos arqueológicos, asisten a conferencias especializadas, viajan mucho y ven mucho), pero también es cierto que no los envidio tanto como para ponerme a estudiar. Ya tengo bastante con los siglos XVIII al XX, que me resultan más comprensibles y atractivos, por no mencionar el work in progress que nos ha tocado en suerte y que recibe el nombre de siglo XXI: menudo montón de películas de Oliver Stone (bueno, de los biznietos y tataranietos de Oliver Stone) que van a salir de aquí, y vaya cara de pasmo se le va a quedar a nuestros descendientes cuando descubran la clase de cretinos engreídos que somos. Eso, suponiendo que dentro de cien años queden seres humanos que sepan leer o entiendan el lenguaje cinematográfico.

Fin, y disculpas por el excurso. Volvamos con Curtis Garland.

Mi impresión definitiva sobre La noche de la Momia es que se acerca mucho a la categoría de obra maestra, la roza; y esto es por los motivos que expuse en 2019: porque esta narración se puede considerar tan canónica como La novela de una momia de Gautier o la película The Mummy (1932), dirigida por Karl Freund, con Boris Karloff en el papel de Imhotep.

Imagen extraída de El Heraldo de Madrid, 1 de marzo de 1933.

Quiero centrar mi atención un momento en el filme de la Universal, porque en mi opinión, fue el punto de partida de Curtis, del mismo modo en que es el punto de partidas de muchas películas posteriores, incluidas las de la Hammer Films.

Creo que fue mi amigo Arturo Botella el que me comentó, en una ocasión, que el Drácula de Francis Ford Coppola estaba basado, en realidad, en La Momia de Karloff. Y esa opinión tiene su punto, pues Coppola convirtió la novela de terror de Stoker en "historia de amor reencarnado", y de eso trata precisamente el filme de la Universal. No está de más recordar que Bram Stoker también publicó, en 1903, la novela The Jewel of the Seven Stars (La joya de las siete estrellas), donde también se trata el tema de la momia resucitada, y que quizá sirvió de inspiración a Nina Wilcox Putnam y Richard Schayer para su primer tratamiento de guión de The Mummy de Freund. He aquí una reseña de la película, extraída de El Heraldo de Madrid del día 1 de marzo de 1933:


 

Si no recuerdo mal, la novela de Curtis también contaba con una sacerdotisa, Hatharit (que no sirve a Isis, sino a Apophis), y el sacerdote Imhotep tiene su contrapartida en el faraón Ekhotep IV. Como es lógico, pues esto ya aparecía en Gautier, también hay una excavación arqueológica británica en Egipto, en 1890, y los detalles que en la película se relacionan con el Papiro de Thoth, aquí los saca el autor, como nos informa en sus notas al pie, de El libro de los muertos.

 


Pero La noche de la momia no es una historia de amor, sino de maldición y de venganza desaforada. Así, en el terreno terrorífico, le da cien vueltas al cinta de 1932, y la supera ampliamente con situaciones extraordinarias, como la invasión de momias que asola Londres en 1892. Además, el variopinto grupo de personajes relacionados con la arqueología, el saqueo, el British Museum, resulta mucho más rico que el de cualquier película sobre momias: damas victorianas de armas tomar, coleccionistas millonarios, aventureros de porte viril, los ayudantes egipcios que profetizan la desgracia... A pesar de mis reticencias iniciales, me encontré con un relato trepidante, oscuro, de trama redonda, y escrito por Curtis Garland en un registro que, como demostraría durante aquella década, era un maestro: el de la historia de terror de ambientación victoriana, en la que siempre acechaba la sombra de Jack el Destripador (así sucede en esta misma novela de momias), las calles se hallaban "charoladas por la lluvia", y la niebla se cernía sobre el Támesis de forma amenazadora.

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Las ficciones de horror fantástico sobre momias, que a fin de cuentas no son más que muertos vivientes envueltos en vendas, emparentados tanto con el vampiro como con el zombi, se diferencian de las que tratan a los otros monstruos citados en que, como condición casi sine qua non, debe existir la maldición. Lo cual nos aporta un enfoque mágico de este arquetipo, relacionado directamente con una civilización muerta y enterrada, junto con una religión olvidada que, como sucede con el paganismo europeo, pervive de algún modo en "la actualidad". No puedo menos que mencionar aquí algunas historias de momias que hemos rescatado, en su mayor parte por mediación del gran Óscar Mariscal, en la revista Ulthar: "Las momias de Burdeos" de Edith Nesbit (nº15), "Una momia azteca" de Charles B. Cory (nº16), "La momia funesta" (nº18), "La cabeza voladora" de A. Hyatt Verrill y "La Momia viene a por USTED" del que esto firma (nº19)... y más que están por venir. Y eso por no citar el volumen Flaxman Low, detective psíquico, que también está relacionado con la diosa Isis y contiene una excelente historia de momias...

 

Debo añadir que La noche de la Momia no fue la primera novela de Juan Gallardo relacionada con el tema, pues en 1960 escribió y publicó El signo de la Momia en el número 43 de la colección SIP de Toray: una historia en que trasladaba nuestro tópico al futuro alternativo donde operaba la Spacial International Police. Sobre esta novela y su relación con otras del Ciclo de Egipto de Juan Gallardo Muñoz, recomiendo la lectura de mi ensayo "Johnny Garland: el futuro que no fue", en dos partes, en Ulthar nº13 y 14.

Pero esto último es ya adentrarse en aguas demasiado profundas y, por ahora, será mejor que dejemos reposar los restos Ekhotep IV en su correspondiente sarcófago, debidamente cerrado y sellado, para evitar que la maldición caiga sobre todos nosotros...

Ulthar nº13. Portada de Sergio Bleda

Ulthar nº14. Portada de Sergio Bleda

 

miércoles, 20 de abril de 2022

Un escritor trabajando en público: Día del Libro 2022, en Librería Legend


Esto que haremos el próximo día 23 de abril, Día del Libro, en Librería Legend (Albacete) es lo que se llama "seguir los pasos de los grandes maestros" (o si prefieren, copiar vilmente una muy buena idea).

Hace unas semanas, leyendo un viejo volumen titulado La mejores historias de terror I (Martínez Roca, 1983; col. Súper Terror nº 2) me encontré con un cuento licantrópico escrito por Harlan Ellison, "Pisadas" ("Footsteps"), el cual contaba con la clásica introducción ellisoniana que, como sucede siempre con este autor, resultaba tan interesante o más que el mismo relato. Ellison explicaba: "Este es mi cuento más reciente. Tiene poco más de seis meses. Lo escribí entre las 12 del mediodía y las 7.30 de la tarde en el escaparate de una librería del barrio de Saint Germain, en París, el 14 de mayo de 1980".


En la introducción, Ellison dice que con aquella acción, que ya había realizado antes en librerías de medio mundo, estaba emulando a Georges Simenon, el indiscutible gran maestro de la novela noir y creador del comisario Jules Maigret. Simenon, recordado sobre todo por sus historias policíacas, fue un auténtico escritor todoterreno desde su juventud, y es célebre también por su capacidad de producción, al ritmo de una novela de unas 60.000 palabras cada 11 días. En alguna parte leí o escuché la historia de cómo Alfred Hitchcock telefoneó a casa del escritor, quizá para hablar de la posible adaptación cinematográfica de alguna de sus obras, y la señora Simenon respondió la llamada: "Lo siento, pero Georges acaba de empezar a escribir una novela", a lo que Hitchcock respondió: "Bueno, pues me espero".

Georges Simenon. Al fondo, su colección de pipas.

 

Al parecer, en su juventud, Simenon se encerró en una caja de cristal frente al Moulin Rouge y escribió una novela, atendiendo a las peticiones y comentarios de los atónitos viandantes. La versión que relata Ellison es sutilmente distinta: Simenon habría estado en el escaparate de la librería (y editorial) Gallimard escribiendo una novela, a lo largo de toda una semana. No existen datos fiables que confirmen estos espectáculos públicos del escritor belga, y muchos consideran que se trata de una leyenda urbana. A todos los escritores les encanta que se forjen historias en torno a su figura, y tanto da si son reales como si son ficticias.

Personalmente, a mí si me parece perfectamente creíble.

Simenon escribiendo en público, en una caja de cristal. Imagen tomada de AQUÍ.


Las acciones (o actuaciones, si quieren) de Ellison tenían una intención claramente publicitaria, aunque se suponía que habrían de servir para "dignificar el acto de crear en público": se trata de algo que, en apariencia, resulta  ajeno a la idea romántica del escritor maniático (no "maníaco", eso es otra cosa) que requiere de silencio absoluto, música ambiental, una manzana en no sé qué parte del escritorio, o quién sabe qué excentricidad (como una silla cómoda y un escritorio amplio... ¡hay que ver cómo está el servicio, señor!). Si bien es cierto que a Edgar Allan Poe lo imaginamos escribiendo en tabernas de Baltimore mientras bebe absenta, creemos que lo normal es que se limitara al alcohol en la taberna y luego escribiera en casa... quizá, eso sí, con más absenta. Un escritor alcohólico declarado como Raymond Carver aseguraba que no podía escribir mientras estaba borracho; Stephen King cuenta no lo contrario, pero casi... Y yo, mejor me callo, que soy un ácaro del siglo XX que ha llegado milagrosamente al XXI.

Pero lo cierto es que muchos autores a los que conozco personalmente (y ya puestos, servidor de ustedes, de forma ocasional), buscan cafeterías tranquilas donde escriben con su ordenador portátil. Sin necesidad de hacer fanfarrias ni notas de prensa, estos autores escriben en público... aunque el público no lo sepa.

No sé si esto dignifica algo o no. La verdad, importa poco.

Ellison, escribiendo en público.

 

Por tanto, nuestra "dignificación del acto de crear en público" es, por supuesto, una maniobra publicitaria. Y eso es lo que vamos a hacer el próximo Día del Libro en Legend: escribir un relato en directo, a partir de las condiciones que impongan los lectores... y aprovecharemos para firmar ejemplares de mis obras. Como pequeño aliciente, hemos preparado una edición exclusiva, limitada y numerada de un antiguo relato mío de terror, "La araña de los contenedores", con que se obsequiará a los clientes de la librería junto a cualquier compra que realicen.


En cuanto a las "condiciones impuestas por los lectores", esto es, ustedes, hemos pensado realizar una encuesta abierta a través de la plataforma Facebook, en la que cualquiera puede proponer y votar las sugerencias. La idea es tomar las dos "condiciones o sugerencias" más votadas y, a partir de ahí, tendré que escribir un cuento en la librería Legend, en público, sin trampa ni cartón.

Las sugerencias pueden ser de cualquier tipo: "De vampiros", "Que transcurra en Albacete", "Invasión extraterrestre", "Piratas", "La cría del cangrejo salvaje"... lo que ustedes gusten mandar.

Ya hemos hecho un par de pequeñas encuestas online al respecto, sin explicar el objetivo, que se verán reflejadas en la decisión definitiva.

Servidor de ustedes, con las páginas impresas de un mecanoscrito, hace unos años.

 

Iremos imprimiendo las páginas del relato para colocarlas en el escaparate de la librería conforme las vaya produciendo, para que los viandantes y visitantes interesados puedan leerla si lo desean, y también la iré colgando en un post especial, habilitado en mi web profesional, que actualizaré a lo largo de ese día. También pueden permanecer atentos a mi página de Facebook y a mi perfil de Twitter, donde pondré enlaces a las actualizaciones.

Me voy a meter en un lío de mil demonios.

El plazo de votaciones se abrirá el jueves 21 por la mañana, y se cerrará el sábado 23 de abril, a las 10.30 de la mañana, horario de apertura de Legend.

 

[ACTUALIZACIÓN: abierto el plazo para votar. Pinche en el enlace]

Por supuesto, también pueden encargar cualquier ejemplar de mis obras y publicaciones disponibles contactando conmigo a través del correo electrónico fabulasext@hotmail.com, o si lo prefieren, encargárselo a Librería Legend a través de su página de Facebook o llamando al 967220529, y también en el 600875604.

Lo enviaremos debidamente firmado y dedicado, si así lo desean.

Pasen por albertolopezaroca.blogspot.com para echar un vistazo a las distintas publicaciones que tenemos disponibles.

Muchas gracias. Y cuídense.