Mostrando entradas con la etiqueta lovecraftiana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lovecraftiana. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de enero de 2026

VÍDEO: Presentación de LOS DEMONIOS DEL TECHO DEL MUNDO, novela de Alberto López Aroca. Con la presencia de Sergio Bleda

A continuación, ofrecemos los avances de la novela LOS DEMONIOS DEL TECHO DEL MUNDO, seguidos del vídeo de la presentación celebrada en la Biblioteca Pública del Estado en Albacete, celebrada el 14 de noviembre de 2025, a las 19.30 horas.

La novela sigue a la venta, ya hemos realizado un primera reimpresión y pueden solicitarla en su librería de confianza o escribiendo a fabulasext@hotmail.com. 

 

 

 



Entre en ESTE ENLACE para ver más novedades de ALBERTO LÓPEZ AROCA, EDITOR.


martes, 18 de noviembre de 2025

"Los demonios del techo del mundo", en librerías


Quien más, quien menos, sabe que me puede pedir directamente a mí LOS DEMONIOS DEL TECHO DEL MUNDO escribiendo a fabulasext@hotmail.com. No obstante, hay librerías donde disponen de ejemplares donde lo podéis adquirir físicamente. A continuación va una muestra:

  

Albacete

 


Legend, en calle Ríos Rosas 40, Albacete. Tlf. 967 22 05 29

 

Madrid


 

Estudio en Escarlata, en calle Andrés Mellado 52, 28015-Madrid. Tel. 91 052 24 17 info@estudioenescarlata.com

 


 

Opar, en calle Alcalá 94, 28009 - Madrid. Tel. 915 75 45 20

 


 

La Boutique de Zothique, en calle Canillas 81, local. Horario: L - V, 11-14/17-20. 28002 - Madrid.

 

Barcelona

 


Gigamesh, en Carrer de Bailèn, 8, L'Eixample, 08010 Barcelona. Tlf. 932 46 63 59

 

Málaga


 

En Portada Cómics, en calle Nosquera 6-10 29008 Málaga. Teléfono 952603250 - admin@enportadacomics.com

 

Online


 

Cyberdark. Atención al cliente y pedidos por teléfono: 913771344. lunes-jueves de 9 a 14 y de 15:30 a 18 / viernes de 9 a 13

 


 

Hemo Lúdica. Río Aguas Vivas, Casa 52 - 50430 María de Huerva, Zaragoza. comercial@hemoludica.com 623262652

 

Si no encuentras LOS DEMONIOS DEL TECHO DEL MUNDO en tu establecimiento de confianza, no tienes más que encargárselo al librero.

miércoles, 29 de octubre de 2025

Presentación de LOS DEMONIOS DEL TECHO DEL MUNDO en Albacete


 

El próximo viernes, 14 de noviembre de 2025, tendrá lugar la presentación de la novela de terror LOS DEMONIOS DEL TECHO DEL MUNDO, de Alberto López Aroca. El acto se realizará en la Biblioteca Pública del Estado en Albacete (c/ San José de Calasanz, nº14), a las 19:30 horas, y ejercerá como maestro de ceremonias el ilustrador e historietista Sergio Bleda.

La nueva novela de Alberto López Aroca es una historia lovecraftiana, con elementos sherlockianos, que nos lleva a las cumbres de la cordillera del Himalaya, a finales del siglo XIX. Está protagonizada por el guerrero gurkha Ram Thapa y por un misterioso explorador noruego que se hace llamar Sigerson. En el Techo del Mundo, seguirán las huellas del padre de Thapa, que ha desaparecido tras establecer contacto con ciertas entidades venidas de allende las estrellas...

Toda la información de la novela puede consultarse en este enlace. Cuesta 20 euros, y se puede solicitar en cualquier librería o escribiendo directamente al autor, en el correo electrónico fabulasext@hotmail.com.

 

 

 


Alberto López Aroca, escribiendo.


lunes, 11 de diciembre de 2023

El monstruo que vive en Marte (1908). Una noticia de ayer.

Esta es la clase de noticia que, ayer, hoy y siempre, te da ganas de sacar la cabeza por la ventana y gritarla a los cuatro vientos. Ya sea el 5 de septiembre de 1908, que es cuando se publicó en el semanario infantil PBT de Buenos Aires, o el 10 de diciembre de 2023, fecha en que estoy escribiendo esta introducción.

Invito al lector a que la estudie detenidamente, se asombre, se tire de los pelos, y también a que aguarde un poco para invocar a San Lovecraft, pues ya lo haremos nosotros tras la nota, en una breve explicación.

***

 









 ***

El artículo del profesor Ernest Hambury Hankin, profesor en Agra (un rincón de la India que muchos sherlockianos recordarán por The Sign of the Four, 1890), es en realidad una carta al editor de la revista Nature, publicada en el número del 7 de mayo de 1908. Por lo que hemos podido comprobar, el profesor Hankin era un habitual de las revistas científicas de finales del siglo XIX e inicios del XX, y algunos sectores de la prensa lo consideraban "un viviseccionista que había escapado a la India", como el mismísimo doctor Moreau de H. G. Wells. La parte sensacionalista del texto de Hankin no se difundió sólo en inglés y español, sino también en francés.

The Island of Dr Moreau (1895) no deja de ser, en esencia, el relato sobre un viviseccionista que huye de la civilización para seguir practicando su "ciencia". Wells reflejó aquí su animadversión por la vivisección, contra la cual ya había escrito artículos.

Lo cierto es que Hankin logró notoriedad como bacteriólogo, y logró descubrir de estos bichos en las aguas del Ganjes, cosa que relacionó directamente con los continuos brotes de cólera que se producían en la India. Antes de marcharse a Agra en 1892, había trabajado en Londres bajo las órdenes de Koch, y en París con Pasteur.

Como aficionado a la aeronáutica, escribió sobre el vuelo de los prehistóricos pterodáctilos; como aficionado al arte y la arquitectura, escribió sobre los patrones gemétricos en el arte islámico. Por supuesto, su interés en la peste bubónica lo llevó a publicar en 1930/31 el artículo "El flautista de Hamelín y la llegada de la Muerte Negra".

Hay mucho más sobre Hankin y su vida, así como algunos detalles puramente casuales que llaman la atención del lector lovecraftiano: por ejemplo, en 1885, salvó la vida de una muchacha que se ahogaba en una playa ¡de Dunwich!, y los periódicos pidieron que se le concediera una medalla al joven Ernest, que entonces no tenía más que veinte años. (Por supuesto, este Dunwich no es el de Lovecraft, sino el situado en Inglaterra, y del que han hecho uso lovecraftiano autores como Neil Gaiman, entre otros).

En cuanto al "monstruo de Marte" de Hankin, animal o vegetal de escala planetaria y de resonancias evidentemente lovecraftianas (desde nuestro punto de vista contemporáneo, por supuesto), hay que señalar que se trata tan sólo de una especulación que incluyó en su texto original, donde discutía la afirmación del astrónomo Percival Lowell sobre la presencia de vida inteligente en el planeta rojo, y esto, por la existencia de los supuestos "canales de Marte".  Hankin criticaba que tal explicación se realizaba desde una perspectiva antropomórfica, y confería, por tanto, inteligencia "humana" a los habitantes de Marte. Pero Hankin consideraba que sólo una pequeña parte de la vida conocida poseía "un alto grado de inteligencia", es decir, que la inteligencia es la excepción y no la regla. Y en este punto es donde Hankin habla de la posibilidad del monstruo gigante. Traducimos del texto original inglés:

"Que se afirme que 'hay vida en Marte' nos dice más bien poco sobre la naturaleza de dicha vida. Ni siquiera nos indica que existan seres vivientes. Quizá en Marte sólo hay un ser vivo, un gigantesco vegetal  con ramas o pseudópodos que abracen el planeta como los brazos de un pulpo, que toma agua derritiendo las nieves polares y la transporta a otras partes del planeta, y que esta estructura se nos aparezca a nosotros como los canales de Marte. Lowell aduce la rectitud de esos canales como prueba de que son el producto artificial de seres inteligentes. Pero ciertamente, no son más rectos que los pseudópodos entrelazados que se pueden en los Heliozoa, Foraminifera y Radiolaria".

El artículo se extiende mucho más, pero con lo que nos cuenta PBT y este extracto, creo que podemos darnos por contentos. No obstante, en la siguiente imagen lo tienen completo:



Personalmente, me ha parecido perfectamente lógico que fuera un bacteriólogo el que postulara la idea de un monstruo gigante, del tamaño de un mundo, y que al mismo tiempo poseyera las características de la fauna microscópica. Desde que sufrimos la más reciente Plaga, he tenido la absoluta convicción de que la imaginería de los dioses o monstruos de Lovecraft y sus seguidores, así como la de las criaturas extraterrestres invasoras que asolaron las publicaciones de ciencia ficción durante la primera mitad del siglo XX, e incluso los particularísimos marcianos que ingenió Herbert George Wells en The War of the Worlds (1898), están íntimamente relacionados con el avance en el estudio de los agentes patógenos microscópicos, y con el aspecto visual que se ofrecía al público de estas criaturas diminutas y letales.

Marciano de Wells, saliendo de su cilindro. Todo cabeza, y unos cuantos tentáculos o pseudópodos.

Pienso que resulta bastante claro que los invasores de la novela de Wells no son otra cosa que representaciones aumentadas de tamaño de las mismas criaturas que pondrían fin a la invasión, y que Wells encontró una relación directa entre sus extraterrestres de ficción y los bacilos terrícolas. A fin de cuentas, Wells debió conocer de primera mano la epidemia de Gripe Rusa de 1889 que asoló Europa, distribuida por el ferrocarril. Y del mismo modo, H. P. Lovecraft sufrió, en su natal Providence, la epidemia de Gripe Española (ya, ya sabemos que el nombre no es muy apropiado, pero lo usaremos por conveniencia) de 1918, que los movimientos de tropas durante la Gran Guerra distribuyó por todo lo ancho y largo del mundo.

Y creo que basta con mostrar un par de imágenes para que el lector decida si existen o no similitudes:


La imagen de arriba está tomada del diario El Sol (Madrid), del 7 de junio de 1918, donde se representa, de forma caricaturesca, al misterioso monstruo microscópio responsable de la "gripe española".

Y justo debajo, proponemos el boceto del Gran Cthulhu, realizado por H. P. Lovecraft en 1934:


La semejanza quizá se encuentre en los ojos del que mira; pero también es cierto que Lovecraft, interesado en la ciencia, en la política y en cualquier parcela del conocimiento, debió ver dibujos y aproximaciones a los terroríficos bacilos que mataban a miles y miles de personas. Como hoy.

Y para cerrar, les voy a dejar por aquí unas cuantas portadas de revistas clásicas, publicadas en formato pulp que, en mi opinión, apoyan esta hipótesis del origen microscópico (pero igualmente hostil, mortífero y alienígena para los estándares humanos) de los Dioses Primigenios y otras grandes bestias de ayer y hoy.

 

 








lunes, 27 de noviembre de 2023

Fantasmas (Phantoms, 1983), de Dean R. Koontz

Mi ejemplar de Fantasmas de Koontz.



16 de noviembre de 2023

Koontz otra vez. "El Stephen King para pobres", "mediocre autor de historias de miedo", "el mismo esquema, otra vez", "novela entretenida sin más", "miedo, lo que es miedo, no da", "muy irregular", "nada del otro mundo", "lo mejor es el comienzo", "yo al libro le pondría un 6 o un 7"... Así opinan muchos, muchísimos de los lectores de Koontz, una y otra y otra y otra vez. No entiendo cómo es que vuelven a él. Como decía Richard Laymon: si no te gustan las espinacas, no comas espinacas.

Confieso que a mí, cómo no, Koontz me ha decepcionado en más de una ocasión. Pero también me decepciona Stephen King ("el Dean Koontz para ricos", supongo), y no por eso dejo de desearle cada año que le den un puto Nobel de Literatura que no necesita para absolutamente nada.

Phantoms (marzo de 1983), que aquí tradujo el difunto Hernán Sabaté como Fantasmas en 1988 para la archiconocida y recordada Gran Súper Terror de Martínez Roca, es tan buena, tan brillante, tan redonda, tan divertida, tan terrorífica, tan imprescindible, tan imprevisible, tan original y a la vez tan clásica, tan revisitable, como la mejor de las novelas de (no voy a decir King porque no me da la gana) cualquier otro escritor consagrado al género.

 

La portada original, gestaltista, de Phantoms. No es gran cosa, y recuerda al logotipo de la célebre franquicia de discotecas de los años 80, Penélope.


El 20 de octubre de 2014, la librería Cyberdark, con motivo de los días previos a la festividad de Todos los Santos (y el Día de Difuntos, y la Noche de Halloween y el cumpleaños de Jason Voorhees y lo que sea necesario, oiga, compre, compre, que me los quitan de las manos) me pidió una de esas listas, mutables con el tiempo, que en este caso era la de mis diez libros favoritos de terror, y la publicó en redes "sociales". Se trataba de los siguientes títulos:

—El exorcista, William Peter Blatty
—Fantasmas, Dean R. Koontz
—Cementerio de animales, Stephen King
—El caso de Charles Dexter Ward, H.P. Lovecraft
—La investigación, Stanislaw Lem
—Las noches lúgubres, Alfonso Sastre
—Libros sangrientos, Clive Barker
—El circo de la familia Pilo, Will Elliot

Entre los comentarios que suscitó esta lista, que mi buen amigo y gran colega Óscar Mariscal aplaudió a rabiar para mi sonrojo (porque a Óscar lo quiero tanto como lo respeto y admiro), destacó la sorpresa y gozo de algunos compañeros por la presencia de Las noches lúgubres de Sastre, desconcierto por la inclusión de La investigación de Lem, el confeso desconocimiento más o menos mayoritario de la obra maestra de Will Elliot, que me descubrió (como tantas otras cosas) mi hermano Daniel... y el desacuerdo de otros colegas, como Carlos Díaz Maroto, que no compartían mi gusto por Koontz, ni siquiera en esta novela, que acaso sea la más comentada y mejor valorada de su producción. Y mira que Koontz tiene carretadas de libros...

 

 

 

***

Y ahora, amigos, toca viaje en el tiempo. La próxima parada: cuando los tatanka dominaban la llanura, antes de la llegada del hombre blanco y su palo-que-escupe-fuego, la Edad en que los pacíficos nativos de Al-Basit sólo guerreábamos entre nosotros por naderías gramaticales, literarias, de pinceles de trazo fino y un quíteme usted allá esas comas entre el sujeto y el verbo o saco la siete muelles.

Verán ustedes:

Paquete vacío del extinto tabaco Bisonte, en cajetilla blanda.

Leí Fantasmas, según mis notas privadas, entre el 23 y el 28 de febrero de 1999, en un ejemplar que saqué de la Biblioteca Pública del Estado en Albacete, que imagino ya estará debidamente expurgado y destruido, o bien en manos de algún perverso coleccionista que habrá emigrado de la ciudad para nunca volver a pisarla. Creo que la paseé por el Campus Universitario y por diversas salas de estudio, pero tengo el cristalino recuerdo de leer páginas y páginas mientras tomaba café solo largo y fumaba Bisonte, uno tras otro, en la cafetería Galas (que aún existe, pero ya no tiene mesa de billar y los extractores de humo están apagados, aunque sigue siendo un rincón pintoresco), en el nº15 de la calle Marqués de Villores, a una manzana de donde vivo actualmente. Venía de un radiante principio de año, dos meses de una racha de lecturas excelentes y que me marcaron (esto lo sé porque hoy podría hablar de ellas como si las hubiera leído ayer), entre las que se encontraban el díptico escocés formado por Secuestrado y Catriona de Robert Louis Stevenson; Sherlock Holmes contra Fu Manchú de Cay Van Ash; los tres últimos volúmenes de la serie del Mundo del Río de Philip José Farmer; una relectura de El sabueso de los Baskerville; y dos obras teatrales: la divertidísima e irreverente Óscar y Sherlock de Santiago Moncada, y El cuervo, de Alfonso Sastre, que es una pieza magistral de la fantasía y el terror. (También leí en ese lapso el primer volumen de la serie de capa y espada de Arturo Pérez-Reverte, El capitán Alatriste, que estaba firmada por el escritor y su hija Carlota. Nunca volví con Diego Alatriste. Quizá lo haga algún día. Pero si me das a elegir entre una espada y una Desert Eagle, me quedo con la última... salvo que se trate de la espada de Alan Breck).

 

El Galas, cuando aún tenía billar. Esta imagen no puede ser demasiado antigua...


El cuervo de Alfonso Sastre, en la edición de Escelicer.


Sherlock Holmes contra Fu Manchú, de Cay Van Ash: objeto de coleccionistas, muy codiciado.


Acababa de terminar la obra teatral de Sastre, de escalofrío y extrañas distorsiones temporales, cuando me puse con Fantasmas. Entré a pelo, con un único aviso previo que consistía en haber leído, años atrás, un par de novelas de Koontz: Susurros (Whispers, 1980) y La visión (The Vision, 1977), ambas muy entretenidas, la primera bastante terrorífica y por encima de la media de cualquier escritor, Koontz incluido.
Y Fantasmas me sorbió la sangre y el seso desde las primeras páginas.
 

Susurros: candidata a relectura dentro de un tiempo...


La Visión: un excelente thriller sobrenatural.


La sinopsis es muy sencilla: la población de Snowfield, un pequeño pueblo de montaña, ha desaparecido de la noche a la mañana. Como la tripulación del Mary Celeste en diciembre de 1872, por ejemplo. Y lo que encuentran los primeros visitantes es una sucesión de horrores inexplicables en un repentino pueblo fantasma. (Donde digo "horrores inexplicables", quiero decir "cosas que dan MIEDO". En serio).

Éste es un argumento que está basado en muchos casos reales y todavía sin resolver, como los del del bergantín citado, o los de la famosa colonia americana de Roanoke y la misteriosa palabra CROATOAN que apareció grabada en un árbol. (Sobre Roanoke, Farmer escribió una curiosa novela titulada Dare, de 1974; y el mismo autor afirmaba, en otra obra, que Tarzán estuvo a bordo del Mary Celeste el día en que sucedió lo que sucediera allí. Y si no recuerdo mal, Phileas Fogg y el Capitán Nemo también tuvieron algo que ver con los marineros esfumados, siempre de acuerdo con el mitógrafo creativo de Peoria. Pero otro día hablaremos de estas cosas farmerianas y woldnewtonianas...).

 

Croatoan: la palabra misteriosa es lo único que quedó de la colonia de Roanoke


Dare, de Farmer, en castellano. Una explicación a lo que sucedió en Roanoke.



En el caso de Snowfield, lo que se encuentra escrito (en un espejo) no es la palabra croatoan, sino lo siguiente:

Una pintada que, parafraseando a Sherlock Holmes, "no es el nombre de un célebre criminal, Watson, sino el de un escritor y el título de su libro, el cual está íntimamente relacionado con el caso de la desaparición masiva de Snowfield, un asunto para el que el mundo aún no está preparado".

Cuando pasé la última página y cerré el volumen resobado de la biblioteca, supe que se acababa de leer una de mis novelas favoritas de terror.

 

La edición de Círculo de Lectores de Fantasmas. Es fácilmente encontrable y contiene la traducción de Sabaté. Yo la he regalado unas cuantas veces. Si veo un ejemplar, lo compro, lo guardo, y le doy a alguien una grata sorpresa.

 

***

Fantasmas de Koontz es una gran obra, abiertamente lovecraftiana; pero al mismo tiempo, prescinde de las típicas referencias canónicas a las que recurrimos los continuadores de la obra de Lovecraft: en esta novela no tenemos a Cthulhu ni la ciudad sumergida de R'Lyeh, ni existen invocaciones extractadas del Necronomicón de Abdul Al-Hazred, ni andan por ahí los Marsh de Innsmouth. Sin embargo, Koontz juega en el terreno del horror cósmico, ese que muestra al ser humano como una cagadita de ratón frente a todas las cosas aberrantes e inconcebibles que existen en el infinito cosmos y más allá del tiempo y el espacio, ese tipo de horror que surge cuando se nos enseña que las leyes que conocemos (físicas, matemáticas, biológicas) no valen un pimiento en cuanto las sacas del planeta Tierra... y a veces, ni aquí funcionan como deberían cuando intervienen fuerzas extrañas. Y ese pedazo de cabrón que es Koontz se las arregla para que pasemos mucho tiempo considerando si ese "Ancient Enemy", el Enemigo Ancestral, es el mismísimo Diablo, Satanás, El De Los Cuernos, un Pazuzu salido de El exorcista de Blatty, cuando en realidad se trata de una de esas cabronadas que decíamos arriba, un horror cósmico. (De hecho, uno de los detalles que recuerdo con mayor agrado y sorpresa fue el guiño que Koontz hacía a la novela de Blatty, ¡una maravilla!).

Pero es que, por si esto fuera poco, Koontz, joder, se las arregla para explicarnos (de forma que lo entendamos perfectamente) la naturaleza de ese horror y, puesto en harina, nos lo muestra en todo su esplendor, es decir: hace algo que para Lovecraft era inconcebible.

En lugar de susurrarnos al oído la existencia de unos cultistas siniestros que adoran a una deidad maligna e innombrable (por impronunciable), lo que aquí tenemos es a una banda de delincuentes en motocicleta, auténticos psicópatas asesinos en serie y torturadores, cuya principal afición consiste en secuestrar chicas y hacerles eso de "follar y lo que sigue", siendo "lo que sigue" no apto para estómagos como el mío. Así que, sí: aquí sí que vamos a ver la influencia de la entidad demoníaca, con toda la sangre y alambres para atar manos y demás parafernalia. Porque el horror cósmico también puede ser un poco gore.

No voy a seguir más adelante, porque acabaría destripando con mi entusiasmo una novela que merece leerse sin introducciones. De hecho, es una pena que su adaptación cinematográfica, pobre para lo que es el texto original, tuviera tanta difusión y la haya visto hasta el gato. Pero eso es un mal necesario, al parecer.

De Fantasmas, reclutamos para nuestra Biblioteca de Babel a Timothy Flyte y su The Ancient Enemy, un ensayo forteano sobre las desapariciones masivas a lo largo de la historia, que debería penetrar en nuestro plano de realidad YA.

 

Peter O'Toole encarnó a Timothy Flyte en la versión cinematográfica de Fantasmas. Él hizo bien su papel, pero el guión se quedaba corto...


***

¿Les importa si hago una pequeña confesión? No he releído Fantasmas desde aquella vez, en 1999. Pero tan sólo de escribir toda esta recensión realizada de pura memorieta, me entran unas ganas locas de volver a las calles vacías, o casi vacías, de Snowfield.

A ver si son tal y como las recuerdo...


miércoles, 1 de noviembre de 2023

El gato de Lovecraft: una mesa redonda de 2019

A continuación, ofrecemos el audio de la mesa redonda titulada El gato de Lovecraft, realizada el 20 de septiembre en la librería Estudio en Escarlata (Madrid). La mesa contó con Óscar Mariscal, Javier Jiménez Barco y Alberto López Aroca (servidor), y planteaba el problema de la mutable ideología de Lovecraft a lo largo de su vida, y cómo dicha ideología aparece o no representada en su obra literaria. También se habló largo y tendido acerca de los críticos de Lovecraft, que abominan de la obra del Maestro de Providence por algunas de las manifestaciones de su ideología (sobre todo, las más racistas), y cómo esos mismos críticos se han aprovechado del trabajo y el nombre de Lovecraft. Con nombres y apellidos, en la mayoría de los casos.