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martes, 18 de junio de 2024

Música: La vida privada de Card Nichols (h. 2012), por Pedro Martínez Muñoz

 

Ilustración de cubierta de Pedro Tornero, 2009.


Con el músico Pedro Martínez Muñoz mantuve una grata relación espitolar-virtual entre 2010 y 2012, aproximadamente. No lo puedo precisar, porque esa comunicación se realizaba a través de la red social Facebook, y Pedro desactivó su cuenta en algún momento, sospecho que por algún problema de salud. Pedro era un sherlockiano bastante activo, un enamorado de Sherlock Holmes que, si no recuerdo mal, trabó también amistad con Miguel Ojeda, presidente que fue del Círculo Holmes de Barcelona.

 


A Pedro le perdí la pista hace ya muchos años, pero una somera investigación a través de Internet me indica que, en los últimos años, ha adoptado el nombre de guerra de Maxi Areñes (Areñes es la localidad donde, creo, reside), fundó el grupo de folk Fontoria, y escribió y publicó un libro de cuentos en astur (o asturianu), Cuentinos de Areñes (2018). Encuentro noticias en diversos periódicos, en Onda Cero y en otros medios sobre Maxi, cosa que me da mucha alegría, y alabo su salida casi completa de las redes para dedicarse a sus pasiones. Me alegro de que siga dando batalla.

 

Maxi Areñes (Pedro Martínez Muñoz), en una instantánea de 2024, si no me equivoco.

 
El caso es que, antes de su conversión en Maxi Areñes, Pedro ya hacía música por placer, y tuvo a bien componer un tema que me puso los pelos de punta. Se titula "La vida privada de Card Nichols", y según me dijo Pedro, se lo había inspirado la lectura de mi novela corta Card Nichols investiga... el misterio de la Armadura Pródiga (2009). Esta novela, tras su primera edición a cargo de QVE (editorial albaceteña que entonces dirigía mi amigo Miguel Ángel Aguilar) se convirtió en mi primera obra larga remunerada. La escribí exactamente igual que hacían los autores de los bolsilibros: a toda velocidad, en cosa de una semana, pues tenía que estar a la venta el 23 de abril de aquel año. De hecho, esta novelita apareció con dos portadas distintas: una realizada por el pintor Pedro Tornero, y otra que preparamos Miguel Ángel y yo, apuntando a un diseño de colección para futuras publicaciones.

 

La cubierta completa de la novela corta (2009).


Años más tarde, la incluí en el volumen Archetypal Magazine, junto con otro relato de Nichols, "El misterio del pez parlante", con el encuentro entre el detective neoyorquino y el Pez Nicolás, y la presencia de la intrigante villana Selena Van der Lyer, fumadora de los famosos cigarrillos L'Aroca, según el dibujante y detective Luis Miguez... pero esta es otra historia para otro momento.

A Card Nichols se le ha avistado en algunas otras obras, como Necronomicón Z, y José Luis González Martín ha recogido, de momento, otros dos casos de Nichols, que él denomina "apócrifos", pero eso no lo tengo yo muy claro...

Pero volvamos con Maxi Areñes.

Yo daba por perdido el tema sobre Card Nichols que compuso Pedro Martínez Muñoz, pero no: resulta que se puede escuchar online, en una página llamada SoundCloud, en la que Pedro, en su "época pre-Areñes", subió un buen puñado de composiciones propias.

Y aquí mismo incrustamos el tema de "La vida privada de Card Nichols", para curiosos, navegantes y paseantes:

 


Además, Pedro Martínez compuso un tema dedicado a Sherlock Holmes, "221b Baker Street", que aquí les dejo para su uso y disfrute.

Y mis mejores recuerdos y deseos para Maxi Areñes.

 


Publicidad del tabaco L'Aroca, por cortesía de Luis Miguez.

 
***
Una cosa más: no es imposible, ni siquiera improbable, que la vida de Card Nichols vuelva a ser pública. Muchos amigos, como Javier Jiménez Barco, me han insistido en ello; y como ya he dicho, José Luis González Martín ha optado por una forma de presión menos sutil: añadir casos a la biografía de ese pobre detective privado neoyorquino. Incluso recuerdo un extenso artículo de mitología creativa, en tres partes (1ª, 2ª y 3ª), firmado por José R. Vidal, acerca de la familia Carter y sus vínculos con la llave de plata, en el que insinuaba que Nichols era un pseudónimo de Nick Carter (o al revés, no estoy seguro).

Sea como fuere, queda mucho por aclarar en la vida privada y pública de Card Nichols. Así que, los aficionados, no desesperen: quizá, alguna vez, en algún momento...

A. L. A., 14 de junio de 2024

jueves, 16 de noviembre de 2023

Deja en paz al Diablo (Dave Gurney nº3), de John Verdon

 

15 de noviembre de 2023

El ex detective Dave Gurney se está convirtiendo, como quien no quiere la cosa, en un excelente lugar de retiro cuando mi mundo (concretamente, mi salud) se ve seriamente trastocado. Sin duda alguna es una cuestión de estilo y tono, pues el padre literario de Gurney, John Verdon, está demostrando que es un escritor muy competente. Sé que Verdon va por la octava novela de Gurney (Let the Devil Sleep, de 2012, es la tercera), y no me puedo imaginar cómo ha logrado mantener a su personaje en ese estado de jubilación anticipada que lo lleva una y otra vez a resolver los crímenes más complejos y a ir perdiendo pedazos de sí mismo por el camino. Es como si el grueso del Canon de Sherlock Holmes transcurriera a partir de 1903, en Fulworth (Sussex Downs), y no en Londres durante las décadas de 1880 y 1890. Me parece que servidor (y posiblemente, también Arthur Conan Doyle) ya habría mandado a Gurney de paseo por Suiza, a que viera los hermosos paisajes de los Alpes y lugares tan emblemáticos como las Cataratas de Reichenbach. (Quizá Verdon ya lo ha mandado a Niágara y no me he enterado. Repito que voy por la tercera novela de la serie y, sin que sirva de precedente, la estoy leyendo en orden).

 

En esta ocasión, el misterio se le presenta al maltrecho Gurney en forma de la hija de una amiga, que está preparando un reality show televisivio sobre los familiares de las víctimas del Buen Pastor, un asesino en serie que asesinó a seis personas diez años atrás: todas las víctimas eran ricas y conducían un Mercedes de color negro. La chica tiene un novio acosador bastante chugo, y el caso del Buen Pastor, que quedó impune y envuelto en el misterio, es demasiado perfecto, redondo, conveniente y ejemplar, de acuerdo con Gurney, para ser cierto. Así que, aquí llega el bueno de Dave, con sus acúfenos adquiridos en la entrega anterior y su actitud de "yo en realidad no quiero líos, estoy retirado" para ponerlo todo patas arriba y lograr que le prendan fuego a su granero y enemistarse peligrosamente con el FBI. ¡Ah!, y también logra que el Buen Pastor salga salga de su cueva para seguir asesinando a los parientes de sus primeras víctimas. Y... Gurney tendrá que resolver el caso que nadie resolvió en un plazo de 48 horas. Y... bueno, ya se imaginarán, ustedes...

La versión española de Javier Guerrero es muy competente, salvo un par de errores sin importancia que me han saltado a los ojos como una araña cangrejo gigante oculta en una cueva, tras las cataratas de un lago termal. No se lo tengo en cuenta.

***

La serie de David Gurney, hasta el momento, combina bastante bien el concepto de novela detectivesca con el de thriller de terror. Últimamente se habla y se escribe bastante sobre la categórica diferencia entre la serie negra y la narración de detectives que, en efecto, son géneros muy distintos y complementarios. El punto de interesección sería, acaso, el thriller... En fin: con Verdon y su Gurney, en esos territorios nos movemos, sin salir de casa, sin prisas...

John Verdon, el creador de Dave Gurney.

martes, 7 de noviembre de 2023

Mi madre y Sherlock Holmes

Úrsula Aroca del Rey, enero de 2010. Fotografía de Alberto López Aroca.


6 de noviembre de 2023

Esta mañana, de regreso a su casa desde el Centro de Salud donde le han hecho la cura de una heridilla, mi madre me ha dicho que estaba terminando de leer el último libro de Arturo Pérez-Reverte (El problema final; se lo regalé hace unos días por su 86 cumpleaños con la idea de leerlo yo cuando ella lo termine). Según me comenta acerca de la novela, "es como de Sherlock Holmes". Dice que le quedan pocas páginas para terminarlo, que ya han matado a no sé cuántos y aún no se sabe quién es el malo.

Definitivamente, creo que le está gustando. Ya me hará la crítica con spoilers este fin de semana, cuando vayamos a comer con ella. (Si yo fuera el compañero Pérez-Reverte, me taparía los oídos, por si le pitan el sábado. Mi madre no se corta un pelo en sus críticas como lectora y no respeta ni a su propia sangre. Si lo sabré yo, que de algunas de mis obras ha dicho que son "una mierdecica"...).

Esto me ha recordado que, hace años, escribí un pequeño texto sin destino, titulado "Mi madre y Sherlock Holmes", y ahora se me ha ocurrido airearlo por aquí. Así, por la cara. Tiene fecha del 16 de enero de 2012. Y lo tienen justo a continuación...

 

***

Lo peor de todo es que ella no tiene la culpa de este sindiós. Para eso está mi hermano Daniel, o bien mi padre, o ambos. O Conan Doyle, o Amando Lázaro Ros. Culpad a quien mejor os parezca. Y donde digo sindiós, digo “el hecho de que yo sea de Sherlock Holmes”.

Mi madre también es de Sherlock Holmes. Y no, no es sherlockiana practicante, del mismo modo en que no es ortografiana practicante. Yo creo que se ha leído todo el puñetero Canon (cincuenta y seis relatos y cuatro novelas), además de un montón de pastiches, entre ellos los que a mí más me gustan: Adiós, Sherlock Holmes (de Robert Lee Hall), Elemental, doctor Freud (de Nicholas Meyer), La sombra de Pan (de Sergio J. Monreal), y los míos, claro, que para eso soy su hijo. Y un montón más.

Porque mi madre es de Sherlock Holmes. Claro que sí.


A mi madre le gustan las películas de Sherlock Holmes. Todas. Es una declaración exclusiva que esta mujer, nacida en 1937, ha realizado para este artículo: “A mí es que las películas de Sherlock Holmes me gustan todas”. Así, como suena.

Bien por ella.

Pero claro, es mi madre. Y pone matices allí donde los hay, y también donde no los hay.

Por ejemplo:

La serie de Granada (ella no la conoce como “la serie de Granada”) no le agrada. Yo creo que es por el doblaje, pero a mí tampoco me motiva demasiado Jeremy Brett. Quien, todo hay que decirlo, sin doblar tampoco mata de placer. A mí, al menos. Pero mi madre no ve pelis con subtítulos. Ya no puede. Necesitaría gafas telescópicas fabricadas por Reed Richards. Y de eso no dan en la Seguridad Social. (En breve tampoco darán analgésicos; y si no, tened paciencia).

Mi madre es de Basil Rathbone, claramente. “Esas son las mejores”, me cuenta cuando preparo una reposición casera de Sherlock Holmes y la garra escarlata. O cualquier otra de las catorce de Rathbone. En fin.

Basil Rathbone


Las de Peter Cushing le parecen (perdón por la expresión) de puta madre. Es el Holmes de toda la vida, el que a ella le resulta familiar. Porque mi madre, ahí donde la veis (es un decir), es muy de la Hammer. Mi madre vio en uno de los cines de Albacete un Drácula de Christopher Lee, y
un día deduje que se trataba de El poder de la sangre de Drácula, (¿la cuarta entrega de la serie?). Durante una época, mi señora madre estuvo durmiendo con el crucifijo al cuello, y no sé si con ajos en la mesita de noche, para desesperación de mi padre. Vivir para ver.

Esto, amigos, mola un montón. Es decir, que a mí me da envidia. Sana. Lo del crucifijo por si te atacan los vampiros. Eso es vivir la ficción y lo demás son tonterías.


Cushing es Holmes, igual que Rathbone. Lleva la gorrita a cuadros (el deerstalker) con una dignidad pasmosa. Y ha declarado en alguna ocasión (ya no, porque está muerto) que si hubiera podido interpretar a la vez a Holmes y a Van Helsing en un posible (aunque improbable) crossover, lo habría hecho. Bien por Peter. (Que a todo esto, hizo de Drácula en alguna ocasión... pero esa es otra historia).

Peter Cushing
 

A mi madre le encanta ver Asesinato por decreto. Y reconoce a Christopher Plummer y a James Mason, y cuando vemos la peli juntos, me dice eso de “¿pero ese no era el Capitán Nemo?” Y mi madre, por arte de magia, se convierte en Philip JoséFarmer.

¿Mola o no mola?

Que a mi madre le parezcan bien Rathbone y Cushing y Plummer está dentro de lo normal. (Que no le parezca bien Brett... bueno, es cosa de familia). Lo marciano es que le guste el clásico Sherlock Holmes y el secreto de la pirámide (Young Sherlock Holmes, 1985), que también es una película fetiche de mi sobrino Dani. Vale, bien. Es una película bonita. Y la música de Bruce Broughton es una obra maestra. Y punto.

Christopher Plummer y James Mason

James Mason como el Capitán Nemo

 

Mi madre no le hace ascos a La vida privada de Sherlock Holmes, la de Billy Wilder. Y no me sorprende, aunque muchos sherlockianos se caguen en Wilder y en Diamond, el guionista. Ellos sabrán por qué. Quizá porque no tienen sentido del humor. Quizá porque esperan la versión de Garci, con el ministro (¡ministro!) Gallardón de por medio. ¿Yo qué coño sé?

Y resulta que cuando le pongo a mi madre Sherlock Holmes y el caso de la media de seda, esto es, a Rupert Everett haciendo del Maestro de Baker Street, se queda encandilada. Con razón. Porque es un peliculón (para la tele, sí, ¿y qué?), y debería ser más conocido. Lo mismo puedo decir de Estudio en terror, con el señor Neville encarnando al maestro, y a Morley haciendo de un Mycroft Holmes gordo que es una delicia. Como en el Canon.

John Neville como Sherlock Holmes. En el centro, Robert Morley como el primer Mycroft Holmes de la pantalla.
 

Pero es que además, a esta buena mujer le gusta mucho el Sherlock Holmes encarnado por Robert Downey Jr., el de Guy Ritchie. ¿Hay que condenarla a la hoguera? ¿Es un problema suyo? ¿Es que a la gente nacida en 1937 no puede gustarle Ritchie (mi madre no le hace ascos a Snatch, por ejemplo)?

Y lo grave, o lo más grave: ¿puede a mi madre gustarle Robert Downey y también la nueva serie de la BBC, la que se titula implícitamente “Sherlock Holmes y los móviles”? ¡Sí! ¡Claro que sí! ¡Y a mí me sucede lo mismo!

(La opinión de mi padre acerca de “Sherlock y los móviles” se merece un artículo aparte. Tiempo al tiempo).

Benedict Cumberbatch como Sherlock Holmes

Robert Downey Jr. como Sherlock Holmes

 

Me encanta que mi madre viva ajena a las críticas cinematográficas de los medios de comunicación y de los blogs de Internet. Porque no le afectan una mierda. Y así es como hay que ver las películas (y leer los libros, ya puestos): sin opiniones previas y sin prejuicios.

Mi madre se ha visto en la tele las últimas encarnaciones de Holmes, y se ha sentido satisfecha con las dos. (Aún tiene que ver la producción de Asylum... y yo también). Las ha disfrutado. Se ha reído. Y lo más importante: ha reconocido a Holmes en ambas. (Y a Watson, por cierto).

Lo demás, amigos, son pamplinas.

Sherlock Holmes, de la productora Asylum. Ni mi madre ni yo la hemos visto todavía...