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sábado, 4 de mayo de 2024

Ronda de verdugos (Punto Rojo nº525), de Peter Debry

 

Portada de Enrique Martín, 1972.

3 de mayo de 2024

Ronda de verdugos, publicada en mayo de 1972 en la colección Punto Rojo de Bruguera, pertenece a la prolífica etapa "francófila" de Pedro Víctor Debrigode Dugi, alias Peter Debry. No es de extrañar su predilección por el ambiente, el tono y las formas del noir (o más bien, le polar), pues era hijo de padre francés y madre corsa. Si en la década de 1950, Debrigode desarrolló sus dotes como replicador del hardboiled norteamericano nacido en la revista Black Mask, desde finales de los 60 y durante los 70 escribió un buen número de novelas más "europeas", como la inclasificable La banda de los horripilantes (1968) o esta Ronda de verdugos.

Puestos a especular sin investigar demasiado, podríamos decir que Debrigode se empapó a base de bien con autores como el gran Georges Simenon y el tándem formado por Boileau y Narcejac. Tanto en nuestra novela como en la de Los horripilantes tenemos a  comisarios maigretianos que son la encarnación en papel de Lino Ventura (Lefort y Lambert, nombres semejantes para personajes intercambiables, si es que no son uno y el mismo), y si en Los horripilantes el autor se arroja de cabeza a la piscina del esperpento sucio y casi terrorífico, en Ronda de verdugos realiza una ejemplar hibridación entre la novela criminal (es decir, sobre el crimen y los criminales) y la novela problema o detectivesca (en la que hay un asesinato que resolver y un asesino al que identificar).

El argumento de esta obrita es sencillo: dos ex miembros de la resistencia francesa esperan el regreso de un tercero de su camada de maquis ya un tanto avejentados, para vengarse de Gaston Baylac, un hombre de negocios odioso y odiado por su implacabilidad que, en su momento, delató a los maquis ante la inspección alemana de la ocupación. De aquello ya han pasado unos quince años, pero los traicionados ex resistentes están avisando a Baylac de que su hora final se acerca. Así, Baylac contrata los servicios de un guardaespaldas de agencia, Sylvestre, un ex miembro de la brigada policial a prueba de balas, cínico y meticuloso. Lo que esperamos de esto: tiros a mansalva, sangre, gritos, insultos. Lo que obtenemos: diálogos perfectos y profundos sobre la naturaleza humana, las huellas de la guerra, el cansancio, las cosas que merecen la pena...

¿Cómo se las arregla Debrigode para que una novela de acción y misterio se convierta en una reflexión existencialista sobre el paso del tiempo? ¿Quién más, aparte de Debrigode, es capaz de sugerir en unas pocas páginas que se va a producir un abuso sexual... y que aquello, en realidad, termine en enamoramiento?

En esta ocasión, Debry elimina casi cualquier rasgo de humor y se acerca más al costumbrismo de la serie de Maigret que a algunos de los dislates perpetrados por Boileau y Narcejac. Pero, claro, esto tiene una explicación: Debrigode es único, y de sus influencias simpre extrae lo suficiente como para fabricar algo completamente nuevo y distinto. No hay más que ver la cantidad de registros distintos que llega a utilizar, y eso sólo en su vertiente policíaca... Para hacerse idea, quizá sería conveniente que echara el lector un vistazo a las reseñas de las siguientes novelas. (Y si las puede encontrar, que las lea y juzgue por sí mismo):

Desertor y falsario (1974); Algo demasiado horrendo (1970); Un tigre, tres ingenuas (1970); Un callejón llamado odio (1973); La muerte en bikini (1957)...

¿No da la sensación de que estamos hablando de tres, cuatro, cinco autores distintos? ¿Sí? Pues todos ellos son Debrigode. Y nos quedamos cortos, pues falta el Debrigode aventurero que arranca sonrisas, emociones y satisfacción.

Un maestro de la literatura popular, se mire como se mire.


Para consultar opiniones sobre otros bolsilibros, puede visitar mi blog NOVELAS DE A DURO, con más de un centenar de micro reseñas.

 

viernes, 1 de diciembre de 2023

La caza (Joe Leaphorn y Jim Chee nº14), de Tony Hillerman

 


28 de noviembre de 2023

A veces es bueno hacer como mi madre y abordar un libro sin conocimientos previos, tan sólo por la corazonada que te transmite la imagen de cubierta, o la risa que te produce el blurb (el comentario elogioso que se suele poner en fajas de papel, cuando no impreso directamente en el libro). En el caso de La caza (Hunting Badger, 1999) de Tony Hillerman, el blurb es de Robert Redford y dice, debajo de una foto del autor: "Sus novelas son lo mejor que he leído nunca".

Es un comentario que podría haberme echado para atrás, porque sinceramente, a Redford lo considero un buen actor, y hasta me cae bien; pero me pone un poco en guardia su faceta de activista (una palabra que rima en consonante con "oportunista"). La verdad es que no soy un gran fan del Festival de Sundance, que auspicia Redford, por mucho que de allí saliera Reservoir Dogs en 1992. También creo que, el hecho de que Alan Moore lo convirtiera en sucesor de Nixon en la presidencia de Estados Unidos (en Watchmen nº12, 1987), fue una forma de exorcizar la improbable carrera política del actor. (En realidad, aquello era un chiste sobre "RR", Ronald Reagan. Pero bien está lo que bien acaba). Y además de todo esto, no me parece que Robert Redford sea una autoridad como lector. Que a lo mejor es muy bueno, ojo, pero es que lectores buenos... hay un buen puñado.

En fin: que el blurb me dio la risa y me gasté un euro por una edición gigante de la colección Gimlet, de Ediciones Diagonal, con la letra bien gorda, como a mi prescibia y a mí nos gusta.

Tony Hillerman (1925-2008), hace una porrada de años.
 

La caza es una bonita y breve novela policíaca, de esas que yo considero hijas, o más bien nietas, del costumbrismo policial que instauró la serie del comisario Maigret de Georges Simenon. Es decir: que el protagonista (o protagonistas, como en este caso) es el policía y, aunque podamos entrever algo del subgénero procedimental, en realidad lo que nos están contando es la visión y los avatares de la persona, que circunstancialmente, también es agente de la ley. Imagino que el lector podrá pensar por sí mismo en buen puñado de ejemplos de "hijos de Maigret" de todas las nacionalidades.

En el caso de Hillerman, sus polis son indios navajos o, como los denominan sus encarnizados enemigos de otro tiempo, los ute, "Cuchillos Sangrientos".

Nuestra novela parte de un hecho real que tuvo lugar en 1998, cuando tres criminales por los cañones del Colorado después de asesinar al agente Dale Claxton, y la persecución, comandada por el FBI, que tuvo lugar. La tesis de la historia es que, para hacer ese trabajo de rastreo, el FBI tendría que haber dejado el caso en manos de las agencias locales, como la Policía Tribal, en lugar de soltar por en medio de aquellos intrincados cerros y valles a cientos de polis dispuestos a recibir el balazo de un francotirador en cualquier momento. Para demostrar esta idea, Hillerman presenta un caso análogo y fictio en 1999: tres criminales que han atracado un casino indio y han huido por las anfractuosidades del terreno, en camioneta y luego, quizá, en avión. Pero esta vez, el sargento Jim Chee, que ya anduvo por las montañas en 1998 por orden el FBI, y el agente retirado Joe Leaphorn (también conocido como el Lugarteniente Legendario), van a verse envueltos en la investigación de un modo más directo, aun en contra de sus deseos, pues Jim está muy bien de vacaciones y Joe disfruta de su tranquilísimo retiro.

Leaphorn es una suerte de Sherlock Holmes que aplica la filosofía navaja a los misterios criminales (todo es consecuencia de lo que hay a su alrededor y todo está conectado, la mariposa y el desprendimiento de nieve, el canto de la alondra que calma al guerrero, etc.); y Chee es un Watson que admira a su viejo jefe y aspira a convertirse en chamán (de los que curan enfermedades y hablan con los espíritus), por rollos familiares, y porque le va la marcha del misticismo de su pueblo. Entre encontronazos con el FBI (Chee tiene un temperamento bastante fuerte), desayunos, comidas, cenas, caminatas y paseos en coche, y algún que otro entierro más o menos dramático, así como reflexiones sobre la vida y la muerte y unas cuantas leyendas de la región, discurre este correcto relato traducido al castellano con solvencia por Concha Cardeñoso en 2001. (Yo habría traducido "lieutenant" por "teniente", a secas. Pero habríamos perdido la aliteración de "Legendary Lieutenant". Aunque creo que no habría pasado nada).

Ciertamente, es una lectura agradable y sin demasiados requiebros, con un misterio que empieza y termina como tiene que terminr. Lo que también me queda claro es que, antes de La caza, hay otras 13 novelas de Leaphorn y de Chee, juntos o por separado, y que después habrían de llegar unas cuantas más, hasta el fallecimiento del autor en 2008. Como los personajes son muy simpáticos y Hillerman parece que sabe de lo que habla, es bastante probable que vuelva a visitar la diminuta caravana de Jim Chee y acompañar al Lugarteniente Legendario en sus largos paseos al aire libre. A ver qué problemas intrincados pero cotidianos se les presentan...

 

miércoles, 20 de abril de 2022

Un escritor trabajando en público: Día del Libro 2022, en Librería Legend


Esto que haremos el próximo día 23 de abril, Día del Libro, en Librería Legend (Albacete) es lo que se llama "seguir los pasos de los grandes maestros" (o si prefieren, copiar vilmente una muy buena idea).

Hace unas semanas, leyendo un viejo volumen titulado La mejores historias de terror I (Martínez Roca, 1983; col. Súper Terror nº 2) me encontré con un cuento licantrópico escrito por Harlan Ellison, "Pisadas" ("Footsteps"), el cual contaba con la clásica introducción ellisoniana que, como sucede siempre con este autor, resultaba tan interesante o más que el mismo relato. Ellison explicaba: "Este es mi cuento más reciente. Tiene poco más de seis meses. Lo escribí entre las 12 del mediodía y las 7.30 de la tarde en el escaparate de una librería del barrio de Saint Germain, en París, el 14 de mayo de 1980".


En la introducción, Ellison dice que con aquella acción, que ya había realizado antes en librerías de medio mundo, estaba emulando a Georges Simenon, el indiscutible gran maestro de la novela noir y creador del comisario Jules Maigret. Simenon, recordado sobre todo por sus historias policíacas, fue un auténtico escritor todoterreno desde su juventud, y es célebre también por su capacidad de producción, al ritmo de una novela de unas 60.000 palabras cada 11 días. En alguna parte leí o escuché la historia de cómo Alfred Hitchcock telefoneó a casa del escritor, quizá para hablar de la posible adaptación cinematográfica de alguna de sus obras, y la señora Simenon respondió la llamada: "Lo siento, pero Georges acaba de empezar a escribir una novela", a lo que Hitchcock respondió: "Bueno, pues me espero".

Georges Simenon. Al fondo, su colección de pipas.

 

Al parecer, en su juventud, Simenon se encerró en una caja de cristal frente al Moulin Rouge y escribió una novela, atendiendo a las peticiones y comentarios de los atónitos viandantes. La versión que relata Ellison es sutilmente distinta: Simenon habría estado en el escaparate de la librería (y editorial) Gallimard escribiendo una novela, a lo largo de toda una semana. No existen datos fiables que confirmen estos espectáculos públicos del escritor belga, y muchos consideran que se trata de una leyenda urbana. A todos los escritores les encanta que se forjen historias en torno a su figura, y tanto da si son reales como si son ficticias.

Personalmente, a mí si me parece perfectamente creíble.

Simenon escribiendo en público, en una caja de cristal. Imagen tomada de AQUÍ.


Las acciones (o actuaciones, si quieren) de Ellison tenían una intención claramente publicitaria, aunque se suponía que habrían de servir para "dignificar el acto de crear en público": se trata de algo que, en apariencia, resulta  ajeno a la idea romántica del escritor maniático (no "maníaco", eso es otra cosa) que requiere de silencio absoluto, música ambiental, una manzana en no sé qué parte del escritorio, o quién sabe qué excentricidad (como una silla cómoda y un escritorio amplio... ¡hay que ver cómo está el servicio, señor!). Si bien es cierto que a Edgar Allan Poe lo imaginamos escribiendo en tabernas de Baltimore mientras bebe absenta, creemos que lo normal es que se limitara al alcohol en la taberna y luego escribiera en casa... quizá, eso sí, con más absenta. Un escritor alcohólico declarado como Raymond Carver aseguraba que no podía escribir mientras estaba borracho; Stephen King cuenta no lo contrario, pero casi... Y yo, mejor me callo, que soy un ácaro del siglo XX que ha llegado milagrosamente al XXI.

Pero lo cierto es que muchos autores a los que conozco personalmente (y ya puestos, servidor de ustedes, de forma ocasional), buscan cafeterías tranquilas donde escriben con su ordenador portátil. Sin necesidad de hacer fanfarrias ni notas de prensa, estos autores escriben en público... aunque el público no lo sepa.

No sé si esto dignifica algo o no. La verdad, importa poco.

Ellison, escribiendo en público.

 

Por tanto, nuestra "dignificación del acto de crear en público" es, por supuesto, una maniobra publicitaria. Y eso es lo que vamos a hacer el próximo Día del Libro en Legend: escribir un relato en directo, a partir de las condiciones que impongan los lectores... y aprovecharemos para firmar ejemplares de mis obras. Como pequeño aliciente, hemos preparado una edición exclusiva, limitada y numerada de un antiguo relato mío de terror, "La araña de los contenedores", con que se obsequiará a los clientes de la librería junto a cualquier compra que realicen.


En cuanto a las "condiciones impuestas por los lectores", esto es, ustedes, hemos pensado realizar una encuesta abierta a través de la plataforma Facebook, en la que cualquiera puede proponer y votar las sugerencias. La idea es tomar las dos "condiciones o sugerencias" más votadas y, a partir de ahí, tendré que escribir un cuento en la librería Legend, en público, sin trampa ni cartón.

Las sugerencias pueden ser de cualquier tipo: "De vampiros", "Que transcurra en Albacete", "Invasión extraterrestre", "Piratas", "La cría del cangrejo salvaje"... lo que ustedes gusten mandar.

Ya hemos hecho un par de pequeñas encuestas online al respecto, sin explicar el objetivo, que se verán reflejadas en la decisión definitiva.

Servidor de ustedes, con las páginas impresas de un mecanoscrito, hace unos años.

 

Iremos imprimiendo las páginas del relato para colocarlas en el escaparate de la librería conforme las vaya produciendo, para que los viandantes y visitantes interesados puedan leerla si lo desean, y también la iré colgando en un post especial, habilitado en mi web profesional, que actualizaré a lo largo de ese día. También pueden permanecer atentos a mi página de Facebook y a mi perfil de Twitter, donde pondré enlaces a las actualizaciones.

Me voy a meter en un lío de mil demonios.

El plazo de votaciones se abrirá el jueves 21 por la mañana, y se cerrará el sábado 23 de abril, a las 10.30 de la mañana, horario de apertura de Legend.

 

[ACTUALIZACIÓN: abierto el plazo para votar. Pinche en el enlace]

Por supuesto, también pueden encargar cualquier ejemplar de mis obras y publicaciones disponibles contactando conmigo a través del correo electrónico fabulasext@hotmail.com, o si lo prefieren, encargárselo a Librería Legend a través de su página de Facebook o llamando al 967220529, y también en el 600875604.

Lo enviaremos debidamente firmado y dedicado, si así lo desean.

Pasen por albertolopezaroca.blogspot.com para echar un vistazo a las distintas publicaciones que tenemos disponibles.

Muchas gracias. Y cuídense.