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miércoles, 24 de julio de 2024

Jugando en la Biblioteca de Babel: trucos de magia (julio de 2013)

 

De Facebook (julio de 2013)

El 24 de julio de 2013, Antonio Guerrero González, de Córdoba, posteó en su muro de FB la siguiente imagen con este texto:

"Recopilación de relatos de Gotham Press, en paperback, de 1967, de tirada escasa y, hoy en dia, inencontrable".

 


La imagen mereció una serie de comentarios, de los cuales seleccionamos aquí algunos:

Sería glorioso encontrar un relato de terror de King Parker. Todos los que yo tengo y conozco (incluida su única novela, Crimson Kingdom) son de serie negra.
 
Alberto, Mario Bava planeaba que un relato de King Parker —desconozco cuál, aunque juraría haber leído el título en algún sitio— formara parte de su I tre volti della paura, pero finalmente no pudo ser; el hueco lo llenó "Il telefono", basado en una historia de F. G. Snyder. Dada la temática del film, imagino que sí, que tiene que haber por ahí algo de terror escrito por Parker. Aunque puede que el relato elegido para I tre volti... lindara el género sin entrar de lleno en él, y que de ahí venga su sustitución a última hora por la historia de Snyder, que se encuadra más bien dentro del thriller...

Alberto López Aroca
Vaya, eso hay que investigarlo. En castellano hay tan pocas cosas publicadas de King Parker... Tan sólo lo que edité yo en Nadie lo sabrá nunca y un relato que traduje para el número 7 de la revista Prótesis y que antes apareció en un fanzine llamado 24 cervezas...
 
Antonio Romero Olmedo
Lo que no he conseguido encontrar por ninguna parte son las razones que hicieron que el cuento de King Parker quedara finalmente fuera del film de Bava...
 
Alberto López Aroca
Muy, muy posiblemente, porque era demasiado violento.
 
 

Las tres caras del miedo, de Mario Bava.


 ***

Al día siguiente, el 24 de julio, cité en mi propio muro de FB el primer comentario de Antonio Romero Olmedo, de Cádiz, acerca del cuento desaparecido de King Parker y la película de Mario Bava. Posteé la siguiente imagen y mi comentario fue: 

"¿Es posible que fuera este?"

 

 
Y, de entre los comentarios subsecuentes, tenemos los siguientes:

 

Antonio Romero Olmedo
Me has dejado a cuadros, Alberto... ¿Estamos entonces ante un escritor español y no yanqui, como creíamos, o acaso un yanqui afincado en España?. Esto no hace sino envolver de más misterio y preguntas la figura de este hombre...
 

¿Dos autores, uno español y otro norteamericano, que coinciden en el nombre? No es imposible...

 ***

Este tipo de intercambios de opiniones, investigaciones, búsquedas, realizadas siempre desde la complicidad de los que saben que se están moviendo entre las estanterías de la Biblioteca de Babel, fueron durante un tiempo habituales, y obraron algunos prodigios, como que algunas obras que sólo existían en Babel pasaran a nuestro plano de realidad.

Antonio Guerrero González es un connoisseur de la cultura popular (como demuestra su blog, hoy abandonado), un caballero cordobés amable, generoso y estricto, que ha desaparecido de las redes sociales, supogo que hastiado. Fue este Antonio quien, sin mediar palabra, me envió por correo como presente su ejemplar del entonces codiciadísimo El fantasma de Baker Street de Curtis Garland (eso sucedió hacia 2012, si no recuerdo mal, y lo recibí en mi piso de la madrileña calle Santiago). Antonio Guerrero se encargó de que alguna de las obras de David Woolrich salieran de Babel (en concreto, la antología Primera sangre y otras historias en Innsham, de 2013); por desgracia, no tuvieron edición en papel. Pero algunos todavía las recordamos con agrado.

Antonio Romero Olmedo es ilustrador, dibujante de tebeos, y otro gran conocedor de los entresijos de la cultura popular. Recuerdo que, en este mismo hilo sobre El señor Satán está muerto de King Parker, coloqué un comentario con foto, en respuesta a Romero Olmedo, que decía lo siguiente:

"También he encontrado por ahí un incunable por el que me sé yo que muchos beben los vientos (y me parece que no lo tiene ni el autor, que es el señor Ryan)":


 

El "señor Ryan" era, por supuesto, Lem Ryan, y esta novelita, Katham y las sombras del caos, perteneciente a la serie de Katham el bárbaro, se vino a nuestro plano de realidad aquel mismo año, con portada de José Baixauli:

 


Este fue uno de los muchos trucos de magia que practicamos en la Biblioteca de Babel, cuando todavía nos gustaba jugar a todos. Como aquella vez en que publiqué la lista de los libros favoritos de Norm Eldritch, por ejemplo...

24 de julio de 2024

sábado, 20 de julio de 2024

Monstruos en Baker Street, de Curtis Garland (2013)

El 10 de julio de 2013, publiqué la micro reseña nº50 de mi blog sobre novelas de a duro. En el texto, reseñé Monstruos en Baker Street de Curtis Garland, un texto tan improbable en una edición tan imposible con una cubierta tan fuera de lugar que, durante unos días, meses, años, se convirtió en una atracción turística y un quebradero de cabeza para los coleccionistas.

Por supuesto, esa novela de Juan Gallardo no había existido nunca... cosa que no impidió que algunos amigos aseguraran haberla leído o haberla tenido.

La recuperamos aquí, en modo festivo, íntegra. Y al final de la reseña original, añadimos la más extraordinara de las anécdotas al respecto.

***

La reseña original (20 de julio de 2013)

 


Monstruos en Baker Street, de Curtis Garland (Juan Gallardo Muñoz; Selección Terror, número especial de 196 páginas fuera de colección, Bruguera, marzo de 1976).


El narrador, el doctor John F. Weston, relata cómo el barón de Kronstedt, un noble transilvano, visita al detective londinense Shelby Hakes en 1879 para contratar sus servicios. El problema: se ha extraviado un envío procedente de Suiza, concretamente un cajón de notables dimensiones que contiene una reciente adquisición del barón.
Hakes se pone manos a la obra y, tras un par de rápidas deducciones y de encuentros con mozas turgentes (cantos de sirena a los que el detective hace caso omiso, no como el bueno del doctor Weston), da con el dichoso cajón que contiene nada menos que el cuerpo de una monstruosa mujer conformada con cadáveres de otras damas. (El envío, obviamente, estaba remitido por un tal barón Frankenstein).
A todo esto, Hakes y Weston pierden el cajón tras una cruenta pelea a balazos (de plata) con un hombre lobo, una criatura invisible, y un grupo de zombis recién salidos de alguna morgue. Weston tiene muy claro que Kronstedt no es trigo limpio, pero Shelby Hakes sabe la verdad, y es que esos monstruos en realidad trabajan para un adversario del caballero carpatiano, en concreto un monje ruso que responde al nombre de... Rasputín.



El ejemplar del amigo Efrén Comín (junto con otras novelas de a duro y los planos originales del submarino Bruce-Partington), adquirido durante la II Tertulia Sherlockiana de Madrid. 13 de julio de 2013.


Para acabar con esta ensalada de monstruos, el astuto Hakes recurre a la colaboración de un amiguete suyo, el señor Roger Hastings (y su fiel ayudante hindú, Rahma), que es un especialista en asuntos sobrenaturales, y también recoge por el camino al pistolero texano Drury Reno, que andaba por Londres como parte de un espectáculo del Far West. Y así, tenemos un precipitadísimo confrontamiento final (dos páginas y todo arreglado, amigos) de las tres partes en una mansión de Whitby, con el barón de Kronstedt (cuyo verdadero nombre es el de conde Drácula; revelación nada sorpresiva) haciéndose con un ejemplar de un grimorio llamado “El Negro Libro del Horror” y que le permitiría invocar a un buen puñado de demonios, el monje Rasputín y sus monstruitos repartiendo dentelladas y candela (ruedan cabezas, desaparecen brazos y piernas), y el súper grupo de Hakes armado hasta los dientes con estacas de madera, cruces, más balas de plata (ahora rociadas con agua bendita, por si las moscas), y algunos adminículos anti-zombi patentados por Roger Hastings.
¡Ah! Y al final, el doctor Weston se casa con una de las diversas damas de pechos generosos que aparecen en la narración. (No con la chica remendada de Frankenstein).
Este delirio maravilloso hace referencia a un buen puñado de novelitas curtisianas (como "El fantasma de Baker Street", que reseñaremos aquí oportunamente), y en él presenciamos un intrincado juego metaliterario, pues Curtis en persona nos asegura que está traduciendo una novela escrita por el norteamericano Shylo Harding, autor de novelas baratas...
En resumen, una novelita que no existió y que, sin embargo, podría y debería existir.
Muy, muy, muy divertido, y tan difícil de conseguir, o quizás más, que el poco conocido “Necrolatría” de O. Marshall (Selección Terror nº535, Bruguera, 1983).

(En la imagen de abajo, un artículo sobre “Necrolatría”)





Monstruos de Baker Street alcanza precios astronómicos entre los coleccionistas de bolsilibros.


Fin de la reseña original
 
***

Un par de años después, concretamente el 14 de mayo de 2015, tuve la feliz idea de recordar a los amigos de Facebook la existencia de la reseña, y comenté algo que, para variar, era cierto: que estaba trabajando en Monstruos en Baker Street.

El post original decía así:

¿Alguien que se acuerde mi "micro reseña" de MONSTRUOS EN BAKER STREET, novela atribuida al gran Curtis Garland, y que publiqué el 10 de julio de 2013? En el enlace adjunto la tienen ustedes. Se trataba, obviamente, de un pequeño homenaje al maestro Juan Gallardo Muñoz y un guiño a todos los aficionados a la mitología creativa, la cultura popular, y los bolsilibros.
Pues bien: el "pequeño homenaje" ya no es tan pequeño, pues para ser un libro que no existía cuando hablé de él, empieza a tener cierto peso. Y eso es porque estoy dándole las últimas pinceladas (o teclazos, si lo prefieren los puristas) a MONSTRUOS DE BAKER STREET para que, de una vez por todas, exista.
Con permiso expreso de Mercedes Gallardo, hija de Juan Gallardo Muñoz (alias Curtis Garland, alias Donald Curtis, alias El Hombre Que Escribe), esta novelita es mi particular, personal e intransferible canto de amor y admiración al más mítico de los mitógrafos creativos españoles. A su recuerdo está dedicada esta modesta obrita que, me complace anunciarles, muy pronto saldrá a la luz.
No será el gran Curtis Garland, pero les juro que he intentado aproximarme. Palabra.
Por supuesto, quiero aprovechar para agradecerle a Mercedes su amabilidad al permitirne dedicarle este trabajo a un hombre que, a muchos, y a mí en particular, nos regaló tantas y tantas horas y páginas de disfrute y entretenimiento puro y duro.

 

Después de compartir la entrada en diversos grupos de Facebook, me encontré con la siguiente joya, que se ha convertido en uno de mis momentos favoritos de mi relación con las redes sociales. Reproduzco a continuación el post original del 15 de mayo de 2015, con la imagen adjunta al texto:

Esto, amigos. Esto sí que es nuevo: me acaban de ofrecer en digital una copia de un libro que todavía no he terminado de escribir (aunque le queda muy, muy, muy poquito). Se trata de MONSTRUOS DE BAKER STREET. Ayer posteé por aquí un avance/anuncio del tema, y lo compartí en diversos grupos, entre ellos, el dedicado a los Bolsilibros. De ahí procede el pantallazo...


*** 

Obviamente, y tras casi diez años, aún no he terminado de escribir este homenaje a Juan Gallardo, en clave mitográfico creativa, y sigue siendo una de mis asignaturas pendientes. En cualquier caso, alguna pista al respecto se puede encontrar en las "Apostillas a Doctores de lo Oculto de Curtis Garland (en siete partes)", incluidas en el volumen al que alude el artículo, volumen que, por supuesto, sigue a la venta.

 

En cuanto a Monstruos en Baker Street: todo se andará. No quiero dejar en la estacada a los lectores, y mucho menos al viajero temporal que, por desgracia, no ha podido facilitarme su copia, pues regresó a su negro futuro donde los libros que ahora nos parecen completamente inocuos e incluso recomendables, están prohibidos.

(Dejo aquí un pantallazo de un fragmento de esta novela, para que los amigos que llevan más de dos lustros PIDIÉNDOLA A GRITOS sepan que, antes o después, EXISTIRÁ).

 

Pantallazo de la primera página de Monstruos de Baker Street: un trabajo pendiente, un motivo para vivir. (Y mi agradecimiento a Mercedes Gallardo por permitirme trabajar con los personajes de su padre).