Todo esto, extraído del Museo mexicano (primer semestre de 1843).
Todo esto, extraído del Museo mexicano (primer semestre de 1843).
El abate Clavijero |
Dedicado a Óscar Mariscal, que también gusta de auparse a hombros de gigantes.
Para una completa comprensión del siguiente artículo de L. E. (autor mexicano sin identificar, por ahora), es necesario conocer la figura del abate Clavijero, nacido en la Nueva España en 1731 y fallecido en Bolonia en 1787. Se trata de un personaje real que bien podría pasar a la ficción en un santiamén; de hecho, la dramaturga mexicana Román Calvo (Norma Román Calvo es su nombre completo; no la confunda el lector con el Sherlock Holmes chileno creado por Alberto Edwards, que sí es un personaje de ficción) lo convierte en uno de los protagonistas de su pieza teatral Más allá del mar (Missa brevis), estrenada en 2002. La obra trata sobre el momento, en 1767, en que los jesuitas fueron expulsados de América por orden del Rey de España; Clavijero, como ya hemos apuntado, recaló en Europa tras la expulsión.
Clavijero es un precursor del indigenismo (la defensa a ultranza de las costumbres de los originales nativos americanos y de sus costumbres), un estudioso de los idiomas precolombinos, un historiador polémico, y quizá el máximo exponente del movimiento de la Ilustración en América. Encontraremos a Clavijero citado en casi cualquier estudio de cierta extensión sobre la Historia de México, en cualquiera de sus aspectos, y su figura recibió toda la atención y reivindicación de políticos, investigadores y literatos mexicanos tras la independencia del país en 1810.
Personalmente, creo que el abate Clavijero fue un agente de los Nueve Desconocidos (o como mínimo, un delegado de un agente de los Nueve), que sólo recibió autorización de sus superiores (no en la Orden de Jesús, sino en la sociedad secreta de inmortales) para sacar a la luz algunos de sus muchos descubrimientos y observaciones. Lo de los gigantes en América, pienso, debió pasársele por alto a los Nueve, pues es un asunto que, con posterioridad, se ha descalificado y desmentido con, quizá, un interés excesivo. Como ya hemos comentado en alguna otra ocasión, hay veces en que la abrumadora ausencia de pruebas, lo que acaba demostrando es un ocultamiento intencionado. (Véase, por ejemplo, el relato "¿Cómo se llama esa ciudad?" de R. A. Lafferty).
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El Museo mexicano, o Miscelánea de amenidades curiosas e instructivas (1843-46) es un auténtico portento para los buscadores de noticias y artículos extraordinarios. No se conservan los pliegos sueltos originales (revistas), sino tomos encuadernados y numerados, que comprenden seis meses del semanario por volumen.
El siguiente artículo está firmado por Juan Nepomuceno Bolaños, Catedrático de Fisiología en el Instituto de Ciencias y artes del Departamento de Oajaca [hoy, Oaxaca], de quien nos consta que tiene impreso en papel un Discurso pronunciado en la Plaza de Armas de Oajaca el día 16 de setiembre de 1838 por el aniversario del Grito de Independencia de 1810 y una Exposición relativa al Cholera Morbus que atacó Oaxaca en los años de 1833-34. Nepomuceno Bolaños dirigía el periódico local El Día. Aparece como personaje en la novela Fuertes y débiles (1919) de José López-Portillo y Rojas (1850-1923). De esta obra extraemos la siguiente descripción de Bolaños:
Y aquí tenemos un artículo de esta suerte de profesor George Edward Challenger mexicano, extraído del Museo mexicano (marzo de 1843).
Monstruo marino en la isla de Rosemary
Un misterio de Los misterios de París
Extraídos de La Gaceta de Madrid, 12 de junio de 1844.
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La célebre obra de Eugenio Sue tuvo sus detractores en Francia y, sobre todo, en España, incluso antes de que comenzara a publicarse, tal y como puede leerse en el siguiente fragmento de un artículo publicado en El Católico (Madrid), el 20 de marzo de 1843, donde se pretendía poco menos que censurar, prohibir (o, como se dice en el siglo XXI, "cancelar") esta novela:
Los misterios de París de Eugenio Sue es hoy una obra conocida y reconocida universalmente por sus muchos méritos literarios y por el retrato que hace de la época, comprometido con las ideas del autor.
La última edición publicada en España es de 1986, y corresponde a la traducción de Juan Cortada, la cual se remonta a 1844.
Hoy día, ya nadie lee esta novela, ni El judío errante, ni Los siete pecados capitales, ni las otras muchas obras de Sue, completamente olvidadas, como Kernok, el corsario, Venganza africana, o ¿Es un ángel o un diablo?