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12 de abril de 2024
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| Úrsula Aroca del Rey, enero de 2010. Fotografía de Alberto López Aroca. |
6 de noviembre de 2023
Esta mañana, de regreso a su casa desde el Centro de Salud donde le han hecho la cura de una heridilla, mi madre me ha dicho que estaba terminando de leer el último libro de Arturo Pérez-Reverte (El problema final; se lo regalé hace unos días por su 86 cumpleaños con la idea de leerlo yo cuando ella lo termine). Según me comenta acerca de la novela, "es como de Sherlock Holmes". Dice que le quedan pocas páginas para terminarlo, que ya han matado a no sé cuántos y aún no se sabe quién es el malo.
Definitivamente, creo que le está gustando. Ya me hará la crítica con spoilers este fin de semana, cuando vayamos a comer con ella. (Si yo fuera el compañero Pérez-Reverte, me taparía los oídos, por si le pitan el sábado. Mi madre no se corta un pelo en sus críticas como lectora y no respeta ni a su propia sangre. Si lo sabré yo, que de algunas de mis obras ha dicho que son "una mierdecica"...).
Esto me ha recordado que, hace años, escribí un pequeño texto sin destino, titulado "Mi madre y Sherlock Holmes", y ahora se me ha ocurrido airearlo por aquí. Así, por la cara. Tiene fecha del 16 de enero de 2012. Y lo tienen justo a continuación...
***
Lo peor de todo es que ella no tiene la culpa de este sindiós. Para eso está mi hermano Daniel, o bien mi padre, o ambos. O Conan Doyle, o Amando Lázaro Ros. Culpad a quien mejor os parezca. Y donde digo sindiós, digo “el hecho de que yo sea de Sherlock Holmes”.
Mi madre también es de Sherlock Holmes. Y no, no es sherlockiana practicante, del mismo modo en que no es ortografiana practicante. Yo creo que se ha leído todo el puñetero Canon (cincuenta y seis relatos y cuatro novelas), además de un montón de pastiches, entre ellos los que a mí más me gustan: Adiós, Sherlock Holmes (de Robert Lee Hall), Elemental, doctor Freud (de Nicholas Meyer), La sombra de Pan (de Sergio J. Monreal), y los míos, claro, que para eso soy su hijo. Y un montón más.
Porque mi madre es de Sherlock Holmes. Claro que sí.
A mi madre le gustan las películas de Sherlock Holmes.
Todas. Es una declaración exclusiva que esta mujer, nacida en 1937, ha
realizado para este artículo: “A mí es que las películas de Sherlock Holmes me
gustan todas”. Así, como suena.
Bien por ella.
Pero claro, es mi madre. Y pone matices allí donde los hay, y también donde no los hay.
Por ejemplo:
La serie de Granada (ella no la conoce como “la serie de Granada”) no le agrada. Yo creo que es por el doblaje, pero a mí tampoco me motiva demasiado Jeremy Brett. Quien, todo hay que decirlo, sin doblar tampoco mata de placer. A mí, al menos. Pero mi madre no ve pelis con subtítulos. Ya no puede. Necesitaría gafas telescópicas fabricadas por Reed Richards. Y de eso no dan en la Seguridad Social. (En breve tampoco darán analgésicos; y si no, tened paciencia).
Mi madre es de Basil Rathbone, claramente. “Esas son las mejores”, me cuenta cuando preparo una reposición casera de Sherlock Holmes y la garra escarlata. O cualquier otra de las catorce de Rathbone. En fin.
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| Basil Rathbone |
Las de Peter Cushing le parecen (perdón por la
expresión) de puta madre. Es el Holmes de toda la vida, el que a ella le
resulta familiar. Porque mi madre, ahí donde la veis (es un decir), es muy de
la Hammer. Mi madre vio en uno de los cines de Albacete un Drácula de
Christopher Lee, y un día deduje que se trataba de El poder de la sangre de Drácula, (¿la cuarta entrega de la serie?).
Durante una época, mi señora madre estuvo durmiendo con el crucifijo al cuello, y no sé si con ajos en la mesita de noche, para desesperación de mi padre.
Vivir para ver.
Esto, amigos, mola un montón. Es decir, que a mí me da envidia. Sana. Lo del crucifijo por si te atacan los vampiros. Eso es vivir la ficción y lo demás son tonterías.
Cushing es Holmes, igual que Rathbone. Lleva la gorrita a cuadros (el deerstalker) con una dignidad pasmosa. Y ha declarado en alguna ocasión (ya no, porque está muerto) que si hubiera podido interpretar a la vez a Holmes y a Van Helsing en un posible (aunque improbable) crossover, lo habría hecho. Bien por Peter. (Que a todo esto, hizo de Drácula en alguna ocasión... pero esa es otra historia).
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| Peter Cushing |
A mi madre le encanta ver Asesinato por decreto. Y reconoce a Christopher Plummer y a James Mason, y cuando vemos la peli juntos, me dice eso de “¿pero ese no era el Capitán Nemo?” Y mi madre, por arte de magia, se convierte en Philip JoséFarmer.
¿Mola o no mola?
Que a mi madre le parezcan bien Rathbone y Cushing y Plummer está dentro de lo normal. (Que no le parezca bien Brett... bueno, es cosa de familia). Lo marciano es que le guste el clásico Sherlock Holmes y el secreto de la pirámide (Young Sherlock Holmes, 1985), que también es una película fetiche de mi sobrino Dani. Vale, bien. Es una película bonita. Y la música de Bruce Broughton es una obra maestra. Y punto.
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| Christopher Plummer y James Mason |
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| James Mason como el Capitán Nemo |
Mi madre no le hace ascos a La vida privada de Sherlock Holmes, la de Billy Wilder. Y no me sorprende, aunque muchos sherlockianos se caguen en Wilder y en Diamond, el guionista. Ellos sabrán por qué. Quizá porque no tienen sentido del humor. Quizá porque esperan la versión de Garci, con el ministro (¡ministro!) Gallardón de por medio. ¿Yo qué coño sé?
Y resulta que cuando le pongo a mi madre Sherlock Holmes y el caso de la media de seda, esto es, a Rupert Everett haciendo del Maestro de Baker Street, se queda encandilada. Con razón. Porque es un peliculón (para la tele, sí, ¿y qué?), y debería ser más conocido. Lo mismo puedo decir de Estudio en terror, con el señor Neville encarnando al maestro, y a Morley haciendo de un Mycroft Holmes gordo que es una delicia. Como en el Canon.
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| John Neville como Sherlock Holmes. En el centro, Robert Morley como el primer Mycroft Holmes de la pantalla. |
Pero es que además, a esta buena mujer le gusta mucho el Sherlock Holmes encarnado por Robert Downey Jr., el de Guy Ritchie. ¿Hay que condenarla a la hoguera? ¿Es un problema suyo? ¿Es que a la gente nacida en 1937 no puede gustarle Ritchie (mi madre no le hace ascos a Snatch, por ejemplo)?
Y lo grave, o lo más grave: ¿puede a mi madre gustarle Robert Downey y también la nueva serie de la BBC, la que se titula implícitamente “Sherlock Holmes y los móviles”? ¡Sí! ¡Claro que sí! ¡Y a mí me sucede lo mismo!
(La opinión de mi padre acerca de “Sherlock y los móviles” se merece un artículo aparte. Tiempo al tiempo).
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| Benedict Cumberbatch como Sherlock Holmes |
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| Robert Downey Jr. como Sherlock Holmes |
Me encanta que mi madre viva ajena a las críticas cinematográficas de los medios de comunicación y de los blogs de Internet. Porque no le afectan una mierda. Y así es como hay que ver las películas (y leer los libros, ya puestos): sin opiniones previas y sin prejuicios.
Mi madre se ha visto en la tele las últimas encarnaciones de Holmes, y se ha sentido satisfecha con las dos. (Aún tiene que ver la producción de Asylum... y yo también). Las ha disfrutado. Se ha reído. Y lo más importante: ha reconocido a Holmes en ambas. (Y a Watson, por cierto).
Lo demás, amigos, son pamplinas.
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| Sherlock Holmes, de la productora Asylum. Ni mi madre ni yo la hemos visto todavía... |
Es ésta una curiosa incursión del creador de Rambo en la literatura de terror. Y no es la primera vez, ni mucho menos, pues David Morrell ha dado unos cuantos títulos breves, y algunos largos, al género. Uno de estos últimos es The Totem (1979), que nunca apareció en España, pero sí que se publicó en castellano, en Argentina, con traducción de Alicia Steimberg, en Editorial Sudamericana. Ni siquiera se planteó ningún editor español publicarla cuando Morrell "remasterizó" su novela en 1994 ("edición completa y sin alterar", pues al parecer, la primera versión sufrió los recortes de un riguroso editor). Una pena, la verdad, pues el argumento de la novela tiene muy buena pinta: en un pequeño pueblo de Wyoming, se produce una serie de eventos violentos e inexplicables, que podrían estar relacionados con la aparición de un nuevo virus derivado de la rabia. En mitad del meollo se encuentra el sheriff Slaughter de Potter's Field. (Sí, quizá suene a cosa conocida. Pero si pensamos "Rambo vs. Zombis", la cosa empieza a tener su retorcido encanto...).
De Morrell, en territorio horripilante, tenemos en España algún que otro cuento y la novela corta Naranja de agustia, azul de locura, que se incluyó en el volumen antológico Pesadilla (1989) de Grijalbo. Creo que en alguna otra parte ya he mencionado esta historia, que me pareció magnífica y, por tanto, justa ganadora del Premio Bram Stoker de Novela Corta 1988.
Excursos aparte, y volviendo a la novela, la traducción de Ana María Nieda es correcta, me parece, y eso es de agradecer. Como en otras obras de Morrell, la narración es fluida (un pasapáginas), y lo que en principio pueden parecer (por ejemplo, que nos peguemos media nvela sin saber nada de los personajes), resulta que son trampas de escritor que Morrell resuelve paulatina y justificadamente, en favor de la obra y del lector.
El argumento es atractivo: un periodista se reúne con un grupo de "espeleólogos urbanos", individuos que visitan edificios abandonados para "cartografiarlos" y "por su interés histórico". Sí, y unos cojones. Unos cojones, porque en verdad, la cuestión de entrar en casas abandonadas es realmente adrenalínica, tal y como cualquiera que haya tenido infancia y adolescencia podrá atestiguar. Es el subidón de lo explícitamente prohibido, lo indudablemente peligroso, al alcance de la mano de los niños. Y de adultos a los que les va la marcha, pero tienen que buscarse una coartada. (Esa es mi opinión, ojo, no lo que cuenta Morrell. O sí. No sé. No importa).
El edificio en cuestión es un hotel construido en 1901 y abandonado a finales de la década de 1960. Y como es lógico, lo que nuestros creepers se van a encontrar en el interior es bastante más adrenalínico de lo que esperaban...
Uno de los problemas de la novela, para servidor, es el de la espectativa que tenía, frente a lo que me he encontrado. No diré nada más al respecto. También, que es una de las obras del subgénero que mi hermano Daniel más odia: el de "gente metida en un túnel y que se pega todo el libro dando vueltas". Pues sí, Allanadores es de ésas, por suerte o por desgracia. Y se ve venir desde el principio. Pero el caso es que funciona y no es un coñazo para nada.
Por lo demás, resulta una experiencia grata y entretenida, como una peli de serie B de la que no esperas nada y resulta que está muy bien. (Que es lo que yo tendría que haber esperado desde el principio, y entonces no me habría quedado con cara de "pues yo pensaba que iba a ser otra cosa").
Existe una segunda novela protagonizada por Frank Balanger, el tipo que se cuela con los allanadores el Hotel Paragon y que, por supuesto, es el personaje principal de la historia. Y cuando caiga en mis manos Juego Mortal (Scavengers, 2007), la leeré con ganas y con las espectativas correctas: serie B, sustos, hostias como panes. Y me gustará.
Y es que, en el fondo, soy muy facilón...