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jueves, 15 de agosto de 2024

Relato: "Dos versiones de Omelas" (2022), de Alberto López Aroca

 

Ursula K. Le Guin


Los lectores más avisados, sean o no aficionados a la literatura de imaginación, conocen perfectamente la página Cuentos para Algernon, de Marcheto, dedicada a la traducción al castellano de relatos fantásticos recientes, de autores vivos. Son ya diez años los que Marcheto (un ser humano brillante y dedicado a una labor de amor, que por humildad y discreción se disfraza tras ese nombre) lleva realizando su impecable trabajo de difusión de obras y autores, todo autorizado y perfectamente legal. Y encima, en línea y en descarga, disponible para cualquiera.

Por aquí, por muy amantes e incondicionales que seamos del papel impreso, no podemos más que quitarnos el sombrero ante Marcheto, e invito a cualquiera a que eche un vistazo a esos diez años de relatos mensuales.

Ayer, 14 de agosto, vi en Twitter que Marcheto había subido un relato brevísimo de la norteamericana Angela Sylvaine, "Crimson Clover" (2022), que Marcheto ha traducido como "Trébol carmesí". Lo leí, e inmediatamente pensé en el mítico cuento de Ursula K. Le Guin (se pronuncia "legüín", por cierto, tal y como me indicó mi amigo, el gran Mariano Martín Rodríguez, en conversación presencial y privada) que lleva por título "The Ones Who Walk Away From Omelas", de 1973, y que en español se ha traducido como "Los que se alejan de Omelas", "Los que se van de Omelas", "Los que abandonan Omelas", "Quienes se marchan de Omelas", etc., etc. Si usted no ha leído esta historia, corra a buscarla y luego regrese aquí, si le han quedado ganas...

El asunto es que "Trébol carmesí" de Sylvaine parece una revisitación, absolutamente inconsciente y no premeditada, del "Omelas" de Le Guin. No he leído "The Ones Who Stay and Fight" (2018) de N. K. Jemisin, que es un pastiche declarado del relato original (una "respuesta"), y lo mismo puedo decir del mucho más reciente "Why Don't We Just Kill the Kid In the Omelas Hole" de Isabel J. Kim, publicado el pasado mes de febrero de 2024 en Clarkesworld Magazine.

Posiblemente haya algún otro pastiche omeliano por ahí. Yo perpetré mi propia "respuesta" al cuento de Le Guin en julio de 2022, cuando leímos el "Omelas" original en la Tertulia de Albacete. Allá que llevé conmigo un puñado de ejemplares de "Dos versiones de Omelas" para repartir entre los contertulios; y en 2023, decidí incluirlo en la recopilación de historias Lugares peligrosos, que sigue dándome alegrías.

En el Matilda Briggs hemos aireado alguna de nuestras "noticias de ayer" que tenía macabras resonancias omelianas (ver "El horror de la momia viviente", de 1908). En cuanto a mis "Dos versiones de Omelas", he decidido compartirlo hoy aquí, para quien pueda interesar. Está completo para su lectura en línea, y también libero la versión original, maquetada para imprimir (está montada), en formato PDF, de lo que fue el nº64 de la colección Ephemera de la Tertulia Albaceteña (7 de julio de 2022). Se tiraron 20 ejemplares, que son idénticos a los que usted imprima por su cuenta. Siéntase libre, pues es un folio por las dos caras.

Y a continuación, la versión para leer en línea, extraída de la edición original.

***










 

© 2022, 2024, Alberto López Aroca


viernes, 2 de agosto de 2024

"Voces oscuras" (2022), de Alberto López Aroca: versión dramatizada por Fantasmas entre las sombras

El aviso de la dramatización: yo le habría añadido una triple X y me habría quedado más ancho que largo.


Desde México, el Narrador Fantasma recoge y dramatiza historias de miedo, y las pone a disposición del público en su canal de Youtube. Hace unos meses hizo lo propio con un antiguo relato de servidor, "La mercancía" (2002), tal y como recogimos aquí en su momento.

Ahora, el Narrador Fantasma tiene una nueva plataforma o canal, Fantasmas entre las sombras, y ahí está subiendo, por entregas, "Voces oscuras" (2022), un cuento que recogí en el volumen Lugares peligrosos (2023), y que en su adaptación radioteatral ha merecido el aviso de "¡NO APTO PARA SENSIBLES!", y requiere acceder con una cuenta de Google, o de Youtube, o de Gmail, o lo que sea, para verificar que se tienen más de 18 años. Así que, niños, al patio, que hay ropa tendida.

 

A la venta.

No me parece mal en absoluto, pues ciertamente, esta historia no es para todos los públicos y contiene violencia extrema, sexo explícito, lenguaje ofensivo a cualquier nivel imaginable, y todas esas cosas que tanto gustan cuanto más prohibidas estén. Bien.

 

La microedición original de "Voces oscuras", realizada para la Tertulia de Albacete en 2022.


 

Dejo por aquí las dos primeras entregas de la dramatización; imagino que falta al menos otra parte más, que compartiré con gusto en cuanto aparezca.

Felices escuchas. Y no olviden supervitaminarse y mineralizarse...






OTRO AUDIOS EN ESTE BLOG


lunes, 15 de julio de 2024

El hombre divergente (2008), de Marc R. Soto

 

Edición de marzo de 2008.


12 de julio de 2024

Que yo sepa o recuerde, nunca he coincidido en el espaciotiempo con el santanderino Marc R. Soto (la R. es de Rodríguez). Y eso es curioso, porque no sólo somos coetáneos (nació en 1976, como servidor), sino que también ha frecuentado muchas de las amistades que compartimos. Yo conocí su obra a través de la antología Aquelarre (2010), de la que ya hemos hablado aquí en otras ocasiones, y me pareció que su relato, "Gatomaquia", era uno de los mejores del volumen antológico que realizaron Pablo Mazo y Antonio Rómar para Salto de Página. Javier Vidiella, del Consejo de Redacción de Ulthar, siempre me ha hablado muy, muy bien de Soto, y esta curiosa antología publicada por AJEC en marzo de 2008, e hilvanada a la manera de lo que llaman fix-up a falta de una palabra equivalente en castellano (cuentos entrelazados por un hilo argumental, por débil que sea, a la manera de las antologías orientales clásicas, El Conde Lucanor, el Sendebar, Calila e Dimna, Cuentos de Canterbury, la Primera Parte de Don Quijote de la Mancha, El Decamerón, etc., etc.), me la he zampado enterita en un par de días. Es breve pero intensa, y recoge diez relatos y una novela corta, Mosquitos, que nos dan una idea de cómo estaba el panorama fantaterrorífico en España hace quince años, pues Soto me parece un autor realmente representativo de "tirador solitario" bastante apartado de asociaciones y agrupaciones. Pero esto último es una consideración personal; tampoco conozco tanto su trayectoria.

 

Aquelarre (2010), de nuevo por el Matilda Briggs.


Soto se ha ocupado de hacer que mi lectura quede obsoleta, pues en ediciones posteriores de El hombre divergente, ha ampliado con cinco cuentos más su volumen, y me temo que será capaz de repetir la jugada dentro de unos años.

En algún momento entre 2008 (año en que se publicó el volumen del que hablamos) y 2012, Soto decidió que su camino literario pasaría por la autogestión de su obra, sin intermediarios y, actualmente, sus nuevas publicaciones y las reediciones de obras antiguas pasan por Amazon. Sabia y más que respetable decisión la del autor, aunque es una pena que el mundo en que vivimos sea el que es, y Soto no haya tenido la oportunidad (todavía) de alcanzar la notoriedad que merece: estamos ante el autor que logró publicar dos historias (una de ellas fue "El hombre divergente") en la prestigiosa Ellery Queen's Mystery Magazine, y recabó sólo Cthulhu sabe cuantos premios durante la primera década del siglo XXI.

 

Este número doble, de 2010, contiene "The Divergent Man" de Marc R. Soto. (Atención a la compañía que tuvo Soto en este número: Bill Pronzini y Joyce Carol Oates, entre otros muchos autores).

 

***

Algunos de los relatos de Soto son piezas que encajan perfectamente en el concepto de "terror no sobrenatural", y se solapan sibilinamente con el "relato criminal", que está emparentado con la serie negra. Ahí entramos en el terreno del thriller, aunque ese término rara vez se aplica al cuento corto, pues parece que es más propio de la novela o del cine. En ese caso, estaríamos hablando de "suspense", es decir: el amplio abanico de las películas de Alfred Hitchcock y de las obras de Robert Bloch, pasando por el Pisuerga hasta las sutiles burradas grandguignolescas de Roald Dahl. "Gatomaquia" ronda por estos andurriales, igual que "Bella y tierna historia de amor", "Regreso al bosque" y "Sushi", un brevísimo relato casi costumbrista, psicológico y realista... hasta cierto punto. Estas cuatro historias son realmente buenas e inquietantes, y hay que leerlas como cuentos de terror criminal del mejor tipo.

Y, ya de pleno en el mundo del terror fantástico, tenemos el resto del libro, incluido la mencionada Mosquitos, una curiosísima version de un tema clásico e inevitable de la ficción de horror (es la obra en la que más se nota la influencia de Stephen King en Soto), que pasaremos por alto para no destripar la historia. "El hombre divergente" es una narración pesadillesca de mundos alternativos que sirve de nexo para el resto de los cuentos. "Permutación", "37 arañas" y "Volverás" son relatos de apenas dos páginas cada uno, pequeños aguijonazos muy efectivos y malintencionados, pequeñas joyitas. Por último, hay dos cuentos de extensión media, "Ratas" y "Los muertos no caminan". "Ratas" es un osado ejercicio de estilo con un narrador que es segunda y primera persona a la vez, en presente: un diálogo interior de un hijo de puta consigo mismo; "Los muertos no caminan" es, quizá, el más "convencional" de los cuentos, y eso se debe al aire clásico que lo rodea y que lo distingue de sus compañeros de volumen: una historia de fantasmas, o de zombis, cuyo origen se remonta a la literatura de viajes exóticos y finaliza entre el barro.

***

En contra de lo que afirma la gran Elia Barceló en su prólogo al libro, y con permiso del lector, diré que Marc R. Soto no es un discípulo directo de Stephen King, sino el fruto de su tiempo: una generación que conoció el boom de la literatura de terror de los años 80, que se empeñó en trasplantar la acción y los monstruos a España (en eso sí incide Barceló, con acierto), y que sin duda ha bebido de otras muchas fuentes que no son las del Maestro del Terror de Maine. Sus cuentos brevísimos pertenecen a una estirpe distinta que recuerda más bien al realismo mágico de Latinoamérica (otra forma de definir el fantástico), y así sucede con el magnífico "37 arañas". Pero en realidad, son marca de fábrica de Soto.

La verdad, me encantaría publicar a Marc en Ulthar, aunque no creo que se deje. Todo es hablarlo, supongo.

Y a los aficionados al terror fantástico, les sugiero que se pasen por la página de Amazon del autor y empiecen a comprar y a leer por donde prefieran. Esta antología, sin duda, es un muy buen comienzo.

 

Contraportada (ed. de 2008).


martes, 9 de julio de 2024

Mágico, sombrío, impenetrable (2014), de Joyce Carol Oates

Edición de Alfaguara, 2015.

8 de julio de 2024

Es casi un delito que, hasta ahora, no me hubiera acercado a la obra de la estadounidense Joyce Carol Oates (nacida en 1938), veteranísima artesana de la narrativa que ha pasado por todos los géneros imaginables, al parecer, con gran éxito. La coletilla habitual es la de "firme candidata al Nobel", pero eso es cosa que a mí ni me compete, ni conozco, ni me afecta. Esto me recuerda al caso de Stephen King, para quien se reclama el Nobel de Literatura cada vez desde más redes sociales, pero sospecho que a la Academia (la sueca y las demás) le importa un bledo las votaciones populares. Bien, pues a fin de cuentas, el Nobel no es un premio a la popularidad —si así fuera, se haría una votación más o menos pública con los activistas de turno llevándose el gato al agua—, sino un reconocimiento político internacional en el que juega cada vez más la bajada de pantalones y ropa interior ante la demanda de tal o cual país cabizbajo, minorías y micromayorías, deudas históricas, y un montón de cosas que parecen concebidas en una reunión secreta de dones calabreses. Además, también es cierto que la concesión del Nobel de Literatura no parece que sea una garantía de inmortalidad: de los cinco españoles galardonados, dos han caído en el olvido editorial y de los lectores, José Echegaray y Jacinto Benavente; y los otros tres, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre y Camilo José Cela, con el tiempo probablemente sigan el camino de sus ilustres predecesores.

Sea como fuere, Stephen King no necesita un Nobel para nada. Y Joyce Carol Oates tampoco. Puestos a pedir justicia, a cubrir necesidades y a echar una mano económica y un empujón de popularidad, yo lo necesito mucho más que esos dos.

Pero no estamos aquí para hablar de mí y del Nobel, sino de oscuridades internas y externas, y cómo escribirlas.


Joyce Carol Oates.

***

Oates se inventa a Roland Marks, un Nobel de Literatura (novelista) perteneciente a nuestra Biblioteca de Babel, en la novela corta Parricidio, que cierra el volumen. La historia está narrada por la sufrida hija de Marks; su padre es un insoportable, mujeriego y ególatra escritor. Parricidio es la última de las cuatro partes en que está dividido el volumen, y resulta una lectura interesante y, como el resto de las historias de Oates, es ambigua y bastante "impenetrable" (no diré "incomprensible", porque no se trata de eso). Con esto quiero decir que Parricidio es una exposición subjetiva de una serie de hechos que conducen a la muerte del autor (esto no es un spoiler, se cuenta en la primera página) y un poquito más allá. No es, en absoluto, un relato de género, sino una historia de relaciones humanas, de seducciones, de imposiciones, de sumisiones y, en última instancia, de masoquismo: una hija que se convierte en la sirvienta (poco menos que esclava) del padre, en pleno siglo XXI, en un contexto educado y civilizado. Y lo de "impenetrable" es porque uno puede pasarse meses dándole vueltas al "final" de la narración y no llegar a ninguna parte, o más bien, llegar a cincuenta conclusiones distintas. En mi opinión, esta novelita es ideal para un club de lectura que no esté interesado en la literatura de imaginación, sino en el realismo contemporáneo, en la psicología y en las personas con trastornos emocionales en general.

Primera edición en inglés, 2014.


Los otros bloques de este volumen están compuestos por relatos de extensión mediana, y la división entre unos y otros, creo, resulta un tanto caprichosa; no obstante, seguro que en la cabeza de Oates la cosa tiene sentido y los textos están relacionados de alguna forma que a mí se me escapa... salvo en lo que se refiere a la tercera parte. Y ni siquiera del todo.

El primer bloque está conformado por cinco relatos sobre asuntos más o menos cotidianos que se inclinan hacia lo extraño y lo siniestro de forma levísima, casi imperceptible: un muchacho que acompaña a su abuela al hospital ("Sexo con una camella", ¡menudo título!); un intento de pareja que, de paseo por el bosque, sufre el asalto de un perrazo ("Mastín"); las contradicciones de una mujer en todo lo que se refiere a su amante (este es bastante inquietante, y se hubiera podido titular "El que espera, desespera", en lugar de "Distancias"); otra pareja irregular o improvisada que se dirige a un estado de los USA donde se pueda abortar para hacer lo propio ("Un libro de mártires); las neurosis (en plural) de la esposa de un profesor de una pequeña universidad, provocadas por la quimioterapia (un cáncer secreto que la protagonista lleva a rastras con resignación y amargura) y el repentino fallecimiento de un prohombre de la institución ("Se ha muerto Stephanos")...

Sin duda, Oates debe conocer de primera mano el ambiente de esas "pequeñas universidades", pues la segunda parte del libro, con tres relatos, se abre de nuevo con esa misma ambientación: el viciado aire de las comunidades académicas en ciudades pequeñas. "El cazador" está narrado por V*** N*** (Violet), una poeta premiada con una estancia en una de esas universidades de medio pelo, justo cuando su padre está ingresado en un hospital, en cuidados paliativos, a la espera de una anunciada e inminente muerte. La historia gira en torno a los remordimientos frente a la responsabilidad por no estar con el padre, al tiempo que Violet comienza una relación improbable (por no decir imposible) con el cazador que da título al cuento: el presidente de la universidad, es decir, un depredador que genera falsas ilusiones en mujeres inocentes como la poeta. (Lo de las "falsas ilusiones" dice mucho más del personaje femenino que del masculino). "Desapariciones" vuelve al tema de la esposa que siente que su marido se le escapa entre los dedos y, de nuevo, tenemos cierta presencia hospitalaria e insinuaciones cancerígenas. "Cosas que quedan atrás, de camino hacia el olvido", título tomado de una fotografía de Paul Strand, está estructurado en capitulillos desordenados cronológicamente, en los cuales se recogen los hechos que llevan a la muerte de la joven Leanda, de veintisiete años, una asiática americana (o filipina americana, como descubrimos en el texto), hija adoptiva de un excéntrico y anciano fotógrafo de éxito, ninguneada por el resto de sus hermanos. Aquí tenemos la figura de la hija convertida en esclava de su padre, incapaz de escapar de él. Es decir: exactamente lo mismo que veremos en la cuarta parte del libro, en Parricidio. Aquí, además del padre, los hermanos y la madre también son responsables del delito de... bueno, de "no amar". (Confieso que, en mi lectura caótica, es el último de los textos que he leído, y a pesar de que Oates fluye bien, me ha costado cierta disciplina terminar de una vez con ese libro. Este relato, además, contiene el novedoso concepto de mirada masculina, según el cual, creo entender, las mujer viven subyugadas por el modo en que los hombres las miran, o bien, el modo en que pasan por encima de algunas de ellas —con la vista— como si no existieran: muy interesante e innovadora idea que bien puede ser como base para un relato distópico o para un cuento de terror de asesino psicópata).

Con permiso, corro un tupido velo en torno a esta sección.

***

La tercera parte, definitivamente, es my cup of tea, con cuatro historias que se adentran en el terreno del horror sobrenatural, el Twilight Zone, y el misterio sin resolver. No los he leído en orden, porque tras zamparme las dos o tres primeras historias del primer bloque, decidí picotear adelante y hacia atrás para ver qué más tenía que ofrecernos Oates en este libro. Estos cuentos eran lo que yo estaba buscando; el resto, ciertamente, están muy bien escritos, pero su interés es, para mí, relativo: como diría Garth Ennis, esos relatos no tienen suficientes helicópteros de combate.

"Santuario al borde la carretera de Forked River, Jersey del Sur" es una revisitación del tópico de la historia del muerto contada por él mismo (más que un tópico, es un subgénero, o incluso una de esas entidades inorgánicas que se auto replican a través de nosotros, y que se empeñan en persistir desde tiempos remotos), aunque con cierto aire lírico que casi, casi, casi entronca con el paganismo y las ecoreligiones que pretenden reivindicar la "adoración de la naturaleza", o de la Madre Tierra, o lo que sea que crean esos visionarios.

 

The Virginia Quarterly Review, volumen 89, nº3, verano de 2013. Incluye el magnífico relato "The Jesters" ("Los payasos") de Joyce Carol Oates.

 

"Los payasos" ("The Jesters", publicado en The Virginia Quarterly Review en el número de verano de 2013) es, con mucho, mi cuento favorito de esta colección. No diré de esta historia más que cumple con varios requisitos, como por ejemplo, la de seguir el consejo de M. R. James de "dar al lector siempre un punto de agarre" que le permita dudar de la naturaleza (o sobrenaturaleza) de lo que te han contado; también es una historia de terror realista moderno, del tipo que Bioy Casares, en 1940, ya despreciaba por predecible en su prólogo a la célebre Antología de la literatura fantástica que perpetró junto a Borges y Silvina Ocampo: estamos hablando del retrato de vida normal en el que irrumpe, como diría Bioy, "el fantasma". (En el prólogo a la edición de 1965, Bioy afirmaba estar avergonzado por muchas de las afirmaciones que vertía en su  introducción previa. De sabios es rectificar; de astutos y ladinos decir que rectificas, pero no el qué exactamente). Esta fórmula, hallada en un libro con una mayoría de relatos sin componente fantástico, funciona aquí espléndidamente y produce el estupor deseado por la autora y, en mi caso, por el lector. (Añadiré que, por motivos personales y vivenciales, esta historia me afecta de un modo muy directo. El lector nunca es imparcial u objetivo, gracias, una vez más, a Paik-Bhutan, Cthulhu y Uly'qmoos).

"Traición" es mi segundo cuento favorito del libro. De nuevo, tenemos un retrato contemporáneo, en este caso, el de un joven y sus dificultades para encontrar trabajo después de los estudios. Pero... las cosas se ponen interesantes para el protagonista, para su familia (y por suerte, para el lector), gracias al interés del joven en los bonobos, esos humanos en miniatura que siguen siendo un tanto misteriosos y siniestros, sin duda por su cercanía con nuestra especie. (Lo último que me esperab encontrar en este libro es un cuento con monos. Todo un hallazgo que recomiendo fervorosamente).

 

Número de Harper's Magazine donde apareció el relato "Lovely, Dark, Deep".

 

El último relato de este bloque es el que da título a la antología: "Magico, sombrío, impenetrable", traducción de José Luis López Muñoz de "Lovely, Dark, Deep", publicado originalmente en el número de noviembre de 2013 de Harper's Magazine. El título es parte del verso de un poema de 1923 de Robert Frost (1874-1963), "Stopping by Woods on a Snowy Evening", y el poeta es personaje y objeto absoluto de la mirada crítica, cáustica, destructiva de Oates. A través de la entrevista de una jovencita al veteranísimo poeta en 1951, la autora machaca la figura del poeta por medio de una serie de preguntas comprometidas de una entrevistadora que, vista con la perspectiva adecuada, es una especie de entidad sobrenatural que posee conocimientos imposibles de la vida íntima de Frost: un poco como si el Diablo que te acusa de soberbia, además, rebusca en la basura y encuentra un buen puñado de nuevos cargos con los que mandarte al Infierno.

Es un cuento muy interesante, sobre todo para los aficionados a la poesía norteamericana; pero mucho me temo que, en España, nos trae al pairo la fama de Robert Frost y sus versos, que sin duda son excelentes. Con la publicación de este relato, Oates se ganó un montón de enemigos, entre ellos los herederos del poeta, y le tiraron piedras por todas partes, por mucho que Oates avisara que "este es un trabajo de ficción basado en investigaciones biográficas y bla bla bla". La verdad es que me importan un bledo todas las acusaciones de racismo, machismo, violencia, etc., que recaen sobre Frost en esta historia, porque a Frost no lo he leído ni lo tengo puesto en ningún altar, ni he puesto su retrato en una diana. Lo que sí destaca con claridad es la inquina que siente Oates por el ilustre poeta, y ella sabrá si hace bien en meterle una paliza a una vaca sagrada literaria de su país. A mí, personalmente, esa parte me resbala; el relato en sí es correcto y me agrada su mala leche. Creo que, en sentido estrictamente de calidad literaria, no habría cambiado nada —salvo la notoriedad del cuento debida a la polémica que generó— si hubiera puesto "Richard Warm" en lugar de "Robert Frost".

 

El poeta norteamericano Robert Frost.



Y, claro: el cuento sobre Frost sirve como enlace para el cuarto y último bloque del volumen, la novela corta Parricidio, sobre el Nobel ficticio Roland Marks, que es una especie de versión ligera del Frost dibujado por Oates: todos malos padres, malos maridos, malos amantes, malos hombres que no roban ni matan.

***

Mi impresión general es que Joyce Carol Oates es una autora que conoce su oficio y, a estas alturas de la vida, se puede permitir el lujo de escribir sobre o contra quien le dé la gana; por ejemplo, contra los poderosos intelectuales varones de la sociedad estadounidense. Siento curiosidad por saber si, en sus novelas, es tan poco sutil a la hora de mostrar sus fobias como aquí. En cualquier caso, me quedo con sus relatos que se aproximan al terror y a la fantasía, pues me parecen más efectivos, mejor acabados, menos ambiguos (y eso que Oates parece tener una fijación con los finales abiertos) y, sencillamente, más de mi gusto. Desapruebo las "venganzas personales" en literatura, aunque seguro que no estoy autorizado moralmente para arrojar esa pedrada ética. Es sorprendente lo infantiles (en el peor sentido de la palabra) podemos llegar a ser las personas, y eso incluye a los escritores. Y es curioso que los éxitos puedan generar tanta o más mezquindad que los fracasos. Está claro que la humildad no es un don característico de los Premios Nobel de Literatura... pero tampoco de los eternos candidatos al premio.

En fin: demasiadas oscuridades con demasiado trasfondo ideológico (sin rozar lo panfletario, creo) para tan poco sentido del humor. Todo lo demás me da igual, en el fondo; pero esto último, la carencia de  humor, es lo que, personalmente, rara vez perdono en literatura. Si Primo Levi es capaz de arrancarme una sonrisa, no sé muy bien qué hace nadie contándome el infierno en vida que es el mundo académico o los hipócritas, mediocres, infinitesimales dramas de las familias de clase media alta.