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viernes, 10 de noviembre de 2023

En torno a las tertulias literarias (Tercera parte)

Portada del I Anuario de la TSHM de Madrid (2014). Ilustración de Luis Miguez.

(Aquí pueden leer la Primera y la Segunda parte de mis divagaciones sobre las tertulias. Esta tercera entrega la redacté en abril de de 2022, pero quedó inédita hasta hoy).

Si en la Tertulia de LTF tuve el placer de codearme, conversar, cenar y beber con coleccionistas, fanzineros históricos como el gran  Juanjo Parera, y un montón de amigos que acumulan no sólo miles y miles de libros de nuestros negociados (terror, fantasía y ciencia ficción, entre otros), sino un exacerbado conocimiento bibliográfico de estos temas -conocimiento que aumenta día a día-, en la Tertulia Sherlockiana o Holmesiana de Madrid (en adelante, TSHM) llegamos a conformar una suerte hogar, tan cómodo como las pantuflas viejas, que al mismo tiempo era un paraíso de camaradería al más puro estilo de la vieja escuela decimonónica, donde los brindis extracanónicos y las conversaciones acaloradas (exabruptos, puñetazos en la mesa, indignaciones) no eran excepción... Y, sin embargo, también era un lugar en el que resultaba imposible enemistarse o, sencillamente, enfadarse. He conocido pocas reuniones o tertulias, literarias o no, más caballerosas y honorables.

Un micropastiche del doctor Efrén Comín
 
Un micropastiche de C. Smith (Carmen Herrero)

Quizá esto se deba a que los sherlockianos de cualquier latitud tienden a ser personas educadas, cabales, sensibles e inteligentes, que aprecian y respetan el valor de un buen discurso y una buena argumentación tanto como el silencio, que en muchas ocasiones, también puede ser muy, muy significativo: en las tertulias se aprende mucho más escuchando que hablando, y tan importante es lo que se dice como cuándo se dice.

Instantánea del día en que fundamos la TSHM. De izquierda a derecha: Jaime González García, el doctor Andrés Peláez Paz, servidor de ustedes, el señor Juan Carlos Monroy Gil, y Luis de Luis Otero. En esos momentos nos encontrábamos frente a la caseta de la librería Estudio en Escarlata de la Feria del Libro de Madrid, en la que había estado firmando ejemplares de mis libros, junto al escritor sherlockiano Javier Casis. Sábado, 15 de junio de 2013.

 
Un micropastiche de Begoña Pérez Ruiz

Más de 60 reuniones mensuales (y algunas extraordinarias, fuera de cómputo) a lo largo de los años, a las que asistieron sherlockianos de toda España y alguno que otro de más allá del Atlántico, demuestran que aquel hábito tan cómodo de tertuliar se convirtió en una pequeña, discreta institución a la que acudían amigos desde muy lejos, realizando costosos e incómodos viajes hasta Madrid. Existen registros escritos, más o menos fiables, de buena parte de las tertulias, con los nombres de los asistentes y algún que otro detalle; pero, lógicamente, la TSHM se ha mantenido sobre todo gracias a un enorme "núcleo duro" de incondicionales. Ellos saben quiénes son, y el lector también, si echa un vistazo al listado de los nombres que aparecen junto a los múltiples micropastiches que realizamos, cada Navidad, como regalo para los compañeros. Hay médicos, gerentes de Telepizza, poetas y poetisas, dibujantes, editores, escritores, telefonistas, libreros, ex actrices, profesores, dependientes de comercios, agentes comerciales, funcionarios de Hacienda, ex empleados de banca, administrativos, bibliotecarios... todos interesados en Sherlock Holmes y su inabarcable mundo, canónico o pastichero. Hay incluso una sección malagueña bastante estable (un puente que tendieron los hermanos Javier y Miguel Ángel Wolfille), que venía a reunirse con nosotros cuando podía. Y por supuesto, allí recibimos las honorabilísimas visitas de grandes amigos como Manuel Berlanga (responsable del mítico fanzine Berserker) y el matemático Paco Mancera, ambos miembros de la facción Málaga; el maestro de la cifi española, ya desaparecido, Carlos Saiz Cidoncha; el enigmático Abuelito del Desván (Pedro Porcel Torrens); el terriblemente irónico Reginaldo Caviar (Gonzalo Laguno); Miguel Ojeda (junto a otros miembros destacados del Círculo Holmes de Barcelona, como Jaume Gabaldà); el escritor de bolsilibros Lem Ryan; o Juan Antonio Requena (uno de los pocos agentes visibles, de carne hueso, de la misteriosa y esquiva Amateur Mendicant Society de Madrid), por citar a algunos. Pero fueron muchos, muchos más.

Un pastiche (no micro) de José Luis González Martín

Un micropastiche de Alfonso Díez Taravilla

También hemos sufrido pérdidas. José Goás Jul, autor de pastiches sherlockianos y un maravilloso, entrañable amigo, excelente conversador y polemista, que se desplazaba desde Lugo a Madrid para asistir a las tertulias, falleció en septiembre de 2017, en circunstancias que parecían salidas de una relato de terror gótico. Manuel Aguilar García, escritor y crítico cinematográfico (y muchas cosas más), también nos dejó recientemente, en junio de 2021, sin posibilidad de que nos despidiéramos de él. Ambos eran parte del ya mencionado "núcleo duro", y sus respectivas desapariciones prematuras supusieron duros golpes para mí... y para la tertulia.

De izquierda a derecha: Manuel Aguilar García, Carlos Díaz Maroto, José Goás Jul, Luis Alboreca y servidor. Lugar: la entrada del restaurante El Labrador, en calle Altamirano (Madrid).


Un micropastiche de Javier Jiménez Barco

En los primeros días de marzo de 2020 tuvo lugar la última reunión oficial de la TSHM, y la siguiente hubo de aplazarse sine die por motivos que, hoy, en 2022, resultarán obvios para cualquier lector del planeta Tierra.

Para mí, es evidente que esta tertulia volverá a estar activa en algún momento, y nada me agradaría más que estar presente durante su resurrección.

(Continuará...)

sábado, 16 de abril de 2022

En torno a las tertulias literarias (Segunda Parte)

José Luis Serzo, ayer, hace veinte años, o en algún momento a mitad de camino.

(Continuación de En torno a las tertulias literarias 1ª parte)

Durante aquella estancia madrileña en el año dos mil y poco, en la que me permitieron convivir con ellos dos maravillosos amigos y artistas, Luis Escribano y Gabriel Molero, tuve el placer de compartir muchas horas y días y mañanas y tardes con José Luis Serzo, que no sé cómo diablos se autodefinirá ahora mismo, pero para mí siempre será un pintor de primera categoría, consagrado al arte por el arte.

Serzo me condujo a una suerte de tertulia inclasificable, pues no se reunía en un lugar fijo, sino que saltaba de aquí para allá, por entre los rieles de los metros y los trenes de cercanías de Madrid, y pasaba por las galerías de arte más en boga de aquellos días, los talleres de diversos pintores y, por suerte, tenía parada los domingos en el Museo del Prado. (Sobre esto último, sobre las visitas que Serzo y yo hicimos al Prado, hay alguna que otra aventura notable, como la del Misterio de la Cámara Acorazada o las Peripecias de los Pasillos Para Fumadores. Algunas de esas historias dan para escribir uno o dos cuentos, por lo menos: "Había una joya azul, muy grande, en el centro de la cámara, bajo un foco de luz, y tenía la forma de algo que he olvidado, porque ya quedó muy atrás en el tiempo. Y sin embargo, hoy..." Esto sería una cita de un relato no escrito, ni concebido, ni nada de nada).

El tesoro del Delfín en el Museo del Prado. Creo que eso es lo que vimos Serzo y yo hace eones, pero ¿quién sabe? A lo mejor allí también tienen algún marciano, como en el Área 51. Y joyas mágicas, azules, volátiles, inaprehensibles, clarkashtonianas...

José Luis me llevó a conocer a algunos de los más notables artistas del momento (y de ahora mismo), y me permitió ver en vivo y en directo no sólo sus creaciones y su método de trabajo, sino el de otros muchos caballeros del ramo, como el siempre inquietante y sorprendente Óscar Seco (con quien tuve la suerte de colaborar en un catálogo con un par de cuentos, uno lovecraftiano y otro de kaijus en la II Guerra Mundial), y el extrañísimo pero cercanísimo -qué misterio- Che Marchesi. El padre de Óscar había tenido una relación íntima con la elaboración de algunos de los más míticos álbumes de cromos de tiempos ancestrales; el de Marchesi había sido pintor de decorados para películas y para el teatro. A José Luis Serzo habría que echarle de comer aparte, como decimos por aquí: él también me permitió que dijera alguna cosa respecto a su obra en catálogos y panfletillos de exposiciones. La primera década de los dosmiles se prestaba todavía a esas cosas.

Óscar Seco, genio y figura y monstruos en mitad de la guerra.

 

Por Cthulhu, ¿qué estaba haciendo yo allí, entre esa gente magnífica e incomprensible? ¿Me estaban tomando el pelo? ¿Se lo estaba tomando yo?

Marchesi, hoy (o hace unos años), haciendo lo suyo por todo el mundo. Admirable, amigos.

 

Con Luis y con Gabi, que por fuera y por dentro son personas buenas y generosas, teníamos microtertulias diarias nocturnas, muy espirituosas, a las que asistían muchos de sus amigos: por ejemplo, Mariano Quillén-Oquendo. Las botellas de Four Roses, a las que los Hermanos de San Serapión nunca tuvieron acceso, se acumulaban, vacías, como por arte de magia. No faltaba de nada, jamás. Ni comida, ni bebida, ni visitas, ni conversación. Una noche, Mariano destruyó al personaje de Rafael Núñez, Cazador de Psicópatas, que yo había creado años antes. No me dejó salida. Ni siquiera me permitió llevarlo a un acantilado suizo para que muriera dignamente. Rendirse ante la lógica aplastante y la evidencia también es aprender. (Otra cosa es que yo sea capaz de aprender algo de alguien tan brillante como Mariano).

Hoy, Luis es uno de los dos responsables de Uno Editorial, y Gabi acaba de sacar un disco con su grupo, Los Inocentes, en el que colabora Karina.

***

Mi padre tuvo un cáncer de próstata, de modo que volví a Albacete para echar una mano y ver cómo se desarrollaba el asunto. Madrid no me había matado, pero tenía miedo de lo que le pudiera pasar a mi familia.

Esa es la verdad.

Mi padre, Miguel López García, fallecido en 2019. No lo mató el cáncer sino el Alzheimer. O una neumonía derivada del Alzheimer. O que ya estaba harto de no entender nada y ver fantasmas de perros, de personas. Quién sabe.


  ***

En 2012 regresé a Madrid, y entré en la Tertulia de la Tercera Fundación (LTF) de la mano de mi amigo Javier Vidiella, supongo que a finales de ese mismo año. Ahí, al menos, tuve la delicadeza (y la suerte) de esperar a que me invitaran. He estado asistiendo a las tertulias mensuales, el tercer jueves de cada mes, hasta el año 2020, en que ya saben ustedes lo que sucedió en el mundo. En la tertulia de LTF se intercambian libros, se compra y se vende y se regala, y llevan tantos años reuniéndose que las conversaciones literarias pasan a veces (muchas veces) a un segundo plano. Pero eso no importa. Lo que cuenta es la cerveza, los chopitos (y los chupitos de después), las tortillas de camarón... y los libros inencontrables que faltan en las colecciones de los miembros. Pues en este caso, estamos hablando de una tertulia de coleccionistas de fantasía, ciencia ficción y terror, que se consiguen unos a otros esos ejemplares malditos, y que además elaboran (elaboramos) la base de datos de género más importante de España, y la mejor, pienso yo, a nivel internacional.

Servidor, en un momento feliz, en la tertulia de LTF, hacia 2013. (Los suscriptores del crowdfunding de Los náufragos de Venus sin duda lo saben mejor que yo).

 

Durante aquel mismo período, un grupo de aficionados a la figura de Sherlock Holmes fundamos la Tertulia Sherlockiana (o Holmesiana) de Madrid, que hoy día está en proceso de recuperación, pues se detuvo en marzo de 2020 (y no hace falta que repitá el porqué). Ahí nos hemos estado reuniendo editores, autores, connoisseurs y, sobre todo, holmesianos. De esta tertulia han surgido diversas iniciativas, y la menos importante no es la ingente cantidad de relatos pasticheros que se han escrito y publicado, no sólo de Holmes, sino también de Harry Dickson (le Sherlock Holmes americaine), Tarzán, Jules de Grandin, etc., etc.


Un efecto enriquecedor de las tertulias: la creatividad en forma de micropastiches. Imagen tomada del natural, con minifanzines (o micropastiches) de la Tertulia Holmesiana (o Sherlockiana) de Madrid.


 (Continuará...)

 

***

Y si son tan amables, y están interesados en cosas como éstas que contamos arriba, no dejen de visitar (hasta el 19 de abril, pues cerraremos el plazo) la página dedicada a la suscripción de VAMPIROS DE CURTIS GARLAND, tal y como enlazamos aquí).


Y si por un casual de estos de la vida, lo que buscan son máquinas de asedio medievales y cachivaches de ese estilo, visiten PCTWOOD, de mi amigo Pascual Correa Toledo.