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lunes, 2 de septiembre de 2024

Noticias de ayer: "Dombón, Almirante de los Aires" (1858-1861)


 

Este es un momento tan bueno como cualquier otro para que recordemos la existencia de Bernabé Dombón y Oliveros, inventor español del siglo XIX y posible tunante (tenemos motivos para denominarlo así). Los tres recortes de prensa que ofrecemos a continuación no son más que la punta del iceberg para los investigadores que se interesen en este personaje real, que parece salido de las páginas de Verne, Poe o los hermanos Álvarez Quintero. Hemos recurrido a varios periódicos de la época, pero se puede rastrear a Dombón en otros muchos archivos.

Para abrir boca, eche el lector un vistazo a "Máquina para volar", nota que tomamos de El Clamor Público (Madrid), con fecha del 8 de mayo de 1858:

 


 

Este cachondeo con su invento volador provocó que el mismo Dombón saltara a la palestra con un comunicado, que tomamos del diario La Iberia (Madrid), del 12 de mayo de 1858:

 

 


 

Por último, daremos un salto en el tiempo hasta el día 8 de agosto de 1861, donde Dombón vuelve a aparecer en La Iberia, ya convertido en un científico loco, misterioso y casi mitológico:

 


 

Como resumen del estado de la cuestión del Dombón Volador, tomamos un par de páginas de un librito publicado en Madrid, en 1863: Globos y ascensiones aerostáticas. Apuntes curiosos, de M. J. Pascual:



 

Para los cotilleos (algunos en verdad morrocotudos), otras invenciones como una máquina hidráulica para elevar el agua (en 1847), acusaciones de estupro sobre su hija (en 1870), visitas de la reina Isabel II (en diciembre de 1858), explotaciones mineras, y otras curiosidades de Bernabé Dombón, recomendamos al lector que se convierta en investigador y pruebe suerte, pues estamos ante un fragmento de Historia Oculta, de siniestros aires, muy mal enterrada por los Nueve Desconocidos.

 

Una imagen de Robur el conquistador (1886), de Jules Verne.


martes, 30 de julio de 2024

Cuenta atrás (2001), de Gregg Hurwitz

Edición de bolsillo de febrero de 2005 (colección Byblos nº240, Ediciones B). Por desgracia, este es mi ejemplar, que tras la lectura se ha convertido en una baraja. Tendrá que pasar por talleres.

 

28 de julio de 2014

Fuerzas Especiales de los USA. Monstruos. El enigma de otro mundo (Who Goes There?, 1938) de John W. Campbell Jr. en Jurassic Park (1990) de Michael Crichton. Y, cosa rara, ni un solo tiro, cosa que marca una importante diferencia con la película Aliens (1986) de James Cameron.


 Introducción (o excurso inicial)

El estadounidense Gregg Hurwitz (1973) me acaba de demostrar que es alumno, seguidor o imitador (tanto da) de la escuela de Michael Crichton y, por tanto, pertenece a la dinastía de Arthur Conan Doyle y Julio Verne. (Recordemos que Crishton dedicó La amenaza de Andrómeda a Conan Doyle). A Hurwitz se le considera "escritor de novela negra"; estoy seguro de que lo es, y lo voy a comprobar en cuanto tenga ocasión. Pero es que el autor de El mundo perdido (1912) también fue el creador de Sherlock Holmes y de esa incursión temprana en la serie negra (un paso más allá del detectivismo) que es El valle del terror (1914), novela que sirve de prólogo a Cosecha Roja (1927) de Dashiell Hammett, es decir: la inauguración extraoficial del hardboiled. Verne, que escribió Viaje al centro de la Tierra (1864) y creó al profesor Otto Lidenbrock una noche en que soñó el futuro y entrevió las largas barbas de toro asirio del profesor George Edward Challenger (quien, a la sazón, nació en 1863, esto es, el año en que Verne estaba escribiendo la crónica del viaje subterráneo de Lidenbrock), también creó al inspector Fix de Scotland Yard, que siguió por todo el globo terráqueo la (errónea) pista de Phileas Fogg, quien supuestamente había desvalijado el Banco de Inglaterra (La vuelta al mundo en 80 días, 1872); a Karl Dragoch, coordinador de la policía fluvial del Danubio, que se infiltraría en el barco del pescador (y presunto pirata, asesino y ladrón) Ilia Brusch (El piloto del Danubio, póstuma, 1908), y a otros agentes de la ley que, en el fondo, son herederos directos del inspector Javert, el policía francés obsesionado con Jean Valjean (Los miserables, 1862). Verne anticipó el género del thriller judicial, explotado en el siglo XX por John Grisham, con Los hermanos Kipp (1902); e incluso el thriller convencional, al estilo de la saga cinematográfica de La jungla de cristal (Die Hard, cinco entregas desde 1988), con El faro del fin del mundo (redactada en 1901 y publicada en 1905).

 

Un policía francés: el inspector Javert.


 

Viaje al centro de la Tierra: ¿un tecnothriller del siglo XIX?

 

El mundo perdido: ¿otro tecnothriller?

 

Y podríamos seguir así hasta el infinito, pues los géneros de la ficción rara vez nacen puros y libres de influencias, sino que surgen como híbridos: son el fruto de una arquitectura erigida sobre edificaciones más antiguas, e intentar socavar los cimientos originales implicaría destruir la obra actual. En cuanto al hibridaje y las mutaciones (en genética y en literatura), son parte de la evolución: con suerte, tenemos montones de nuevos especímenes, de los cuales sobreviven solamente los más viables, que acaban por reproducirse. Los demás, como aberraciones que son, desaparecen sin dejar huella.

 Fin de la introducción

Una escena de El valle del miedo (1914), un equívoco caso de Sherlock Holmes por donde se desliza el tono hardboiled que estaba a la vuelta de la esquina.


Primera edición de la primera entrega de Cosecha Roja, de Dashiell Hammett.

***

Donde escribo thriller, el lector puede entender aventuras, si así lo desea. Yo lo prefiero, pero el término thriller es más reciente, y se parece mucho al suspense (que, como en Latinoamérica, quizá deberíamos traducir como "suspenso", por mal que suene en España): se supone que el thriller tiene elementos de misterio policíaco, detectivesco, negro, o puede que de espionaje; pero me parece que eso no acaba de definirlo. Me sigo quedando con "aventura", y lo de thriller, para cuando me dé la gana.

 

Edición original de Cuenta atrás (en inglés, por supuesto).

 

Cuenta atrás (Minutes to Burn, 2001), es novela de aventuras contemporánea; novela fantástica (de ciencia ficción), para más inri. Y futurista, pues la tiene lugar seis años después de que se publicara: en este 2007 (que para nosotros ya es una ucronía, ¡paradojas de las etiquetas literarias!), los movimientos de las placas tectónicas han convertido el continente sudamericano en un infierno, y el Ecuador en un lugar inestable política y geológicamente hablando, no demasiado apto para la vida humana, la cual requiere cantidades industriales de crema antisolar para evitar las quemaduras producidas por los imparables rayos ultravioleta. El Ejército de Estados Unidos anda ocupado en Colombia y en otros países adyacentes, en compañía de las fuerzas militares de las Naciones Unidas, y no tiene tiempo para tonterías, como por ejemplo, el pequeño proyecto de investigación científica que pretende colocar balizas GPS en la isla de Sangre de Dios (la más occidental de las Islas Galápagos) para detectar con antelación los continuos movimientos sísmicos. Los científicos tienen que pedir favores a los mandos castrentes de los USA, y lo que consiguen es un pequeño equipo de reservistas de las Fuerzas Especiales, incluido un chalado que sobrevivió a Vietnam y que responde al nombre de Savage.

En principio es una misión sencilla y sin peligro, pero el caso es que, en cuanto llegan a Guayaquil, los gángsters locales (qué pillastres tan rápidos) les roban la munición, que en esos momentos, por allí, es oro puro. Así que, sin armas, se marchan a Sangre de Dios para hacer de niñeras de los bebés científicos. Qué coñazo para las Fuerzas Especiales. Qué aburrimiento.

Peeeeeero... en Sangre de Dios está pasando algo muy feo y muy grande. Tiene que ver con los terremotos, y con cosas muy pequeñitas que han salido del subsuelo de los fondos marinos, y que afectan a otras cosas que llevan mucho tiempo viviendo en la isla: unas líneas más arriba, decía yo que "el hibridaje y las mutaciones son parte de la evolución". Pues eso mismo...

Así, tenemos un escenario cerrado en el que un grupo de personas experimentadas tendrán que hacer frente a una amenaza mortal con las manos desnudas, como en El faro del fin del mundo, como en La jungla de Cristal, como en El enigma de otro mundo.

¿Tengo que decir que me lo he pasado bomba con Cuenta atrás?

 

Sea sensato (no como yo) y busque esta edición en tapa dura de nuestra novela. No se le descuajaringará a las cincuenta páginas.

***

En una entrevista de 2019, Hurwitz decía: "‘There are two things you can’t do in a novel,’ says Hurwitz. ‘You can’t make a gun mistake and you can’t kill a cat, because the gun people and the cat people will come after you. I made a gun mistake 20 years ago and I still get emails about it!’" En román paladín: "Hay dos cosas que no puedes hacer en una novela. No puedes cometer un error con un arma de fuego y no puedes matar al gato, porque la gente de las armas y la gente de los gatos vendrán a por ti. Cometí un error con un arma hace 20 años y ¡todavía recibo correos electrónicos al respecto!"

Simplemente por este simpático comentario, y tras haberme zampado Cuenta atrás, me he convertido en lector continuista (que no necesariamente incondicional) del autor.

 

Gregg Hurwitz, en una imitación casera de la criatura de The Thing de John Carpenter, basada en la maravillosa novela corta de Campbell, Jr.

 

La traducción al castellano de Carolina Isern es competente, aunque le habría venido bien que un corrector serio se trabajase un pelín algunas repeticiones de palabras. Pero no es importante, ni afecta a la lectura.

La edición de bolsillo que he leído se me ha deshecho entre las manos: la goma de la encuadernación se ha secado y el libro, ahora, es una baraja. La ilustración de portada, por cierto, es de mi amigo Alejandro Colucci, en uno de los trabajos más antiguos que le conozco.

 

La goma de la encuadernación se ha quedado rígida y débil tras el paso de 19 años, con consecuencias nefastas para la lectura.

 

Un libro de bolsillo con 19 años de edad. Tengo libros con encuadernación fresada hace 70 años y se pueden leer sin que se quiebre la goma.

 

Y, para finalizar, algunas consideraciones sobre otras obras:

Mientras he estado leyendo Cuenta atrás, he tenido en mente todo el rato una novelita de Curtis Garland, El día de la mantis (La conquista del espacio nº192, abril de 1974), que me consta gustó a pocos, y que para mí es una diversión tan grande como la mantis gigante que aparece en la historia. No hice reseña en su día, y me ha sorprendido ver comentarios de amigos lectores que la ponen a caldo. A mí me parece una obrita maravillosa.



El día de la mantis (1974).

 

La otra novela con la que es imposible no comparar Cuenta atrás es la posterior Henders (Fragment, 2009) de Warren Fahy, que leí en 2015 tras ver la recomendación del gran escritor y amigo, Armando Boix. Henders tiene en común muchísimo con la novela de Hurwitz, pues tiene un planteamiento casi idéntico: militares que escoltan a un grupo de científicos que van a realizar un reality show (¡!) en una isla desconocida. Y lo que encuentran en la isla de Henders, igual que sucede con la isla de Sangre de Dios, tiene mucha hambre y ganas de reproducirse...

 

Henders, trad. de Gerardo di Masso (Planeta, 2010).

 

Fragment (2009), la versión original de Henders.

 

Por supuesto, también la recomiendo fervorosamente a los amantes de estas voluminosas virguerías palomiteras, que mantienen vivo el espíritu de Verne, de Conan Doyle, y del mismísmo King Kong, rey de la isla de la Calavera. 

Y es que, amigos, yo también soy pecador, y bebo de las mismas aguas que todos los demás pecadores, y me aupo a los hombros de los mismos gigantes... tal y como se puede comprobar en el volumen cuya portada reproduzco a continuación, a modo de cerrojazo.

¿Quiere usted vacaciones? Viaje a nuestras islas y disfrutará de una experiencia inolvidable...

 

Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra (2012). Sigue a la venta.

miércoles, 13 de diciembre de 2023

Sobre "Cinco semanas en globo" de Julio Verne, por Julio Nombela (1867). Una crítica de ayer

La novela original de Verne, de 1863.

Julio Nombela (1836-1919), secretario del general Ramón Cabrera -al que muchos recordamos por sus heróicas intervenciones en Las Historias Naturales y La guerra de la Cochinchina, ambas de Juan Perucho-, fue periodista, amigo de Gustavo Adolfo Bécquer, y autor de un buen puñado de novelas por entregas que la crítica califica como "de escaso valor literario". A saber lo que significa eso... No obstante, títulos como El coche del diablo (1863) despiertan nuestra curiosidad. Abajo, reproducimos una nota sobre la aparición del libro de Nombela, publiada en La Correspondencia de España (Madrid) del 2 de julio de 1864:

La Correspondencia de España, 1864,

 

Retrato de Julio Nombela.


El 15 de marzo de 1867, Nombela publicó en el diario La Época (Madrid) una columna literaria, de la cual entresacamos sus impresiones sobre la famosísima Cinco semanas en globo (1863) de Julio Verne, novela con la que dio comienzo su larga serie de los Viajes Extraordinarios. Resulta muy interesante, pues Nombela plantea la obra de Verne como un ejemplo a seguir por los literatos españoles, y en ningún momento lo considera materia propia de niños o jóvenes, sino un estilo que, en España, se debería imitar como un paso adelante en nuestra literatura.

La verdad es que me siento como si me hubiera topado con un fantasma...

(Y no me quiero morir sin decir, al hilo de que Nombela fue secretario del carlista general Cabrera, que Las Historias Naturales de Perucho, maravillosa obra vampírica del mitógrafo creativo catalán, si es deudora de algún autor, ese es Verne).

Y aquí tienen el texto de Nombela del que hablábamos.


 

***

 


 
Retrato de Samuel Ferguson, protagonista y sabio excéntrico de Cinco semanas en globo.


martes, 14 de noviembre de 2023

Doctora Jekyll (Selección Terror nº33), de Curtis Garland

 

Doctora Jekyll, de Curtis Garland. Ilustración de Alberto Pujolar.

Proseguimos con la recuperación de micro reseñas perdidas, correspondientes a títulos aparecidos en nuestro volumen Hammer Horror de Curtis Garland. Después de Drácula 75 y de La noche de la Momia, le toca a Doctora Jekyll, publicada en Selección Terror nº33 (octubre de 1973). Ofrecemos a continuación el texto de octubre de 2019 y, justo después, algunas consideraciones de hoy.

***

"Se vio. Se vio solamente el rostro. Un rostro insólito, increíble, estremecedor… Todo lo demás eran brumas, neblina rojiza, que invadía sus ojos como en un baño de glóbulos sanguíneos.
Y aquel rostro. Aquel alucinante rostro de mujer que el espejo le devolvía.
Era todo lo que persistía en su mente, mientras se hundía, como andando dentro de la niebla roja, hacia alguna parte de su delirante pesadilla".

 

En la vasta producción de Curtis Garland no podía faltar (ni, por supuesto, en Hammer Horror) la presencia de ese otro icono del terror, pariente cercano del Hombre Lobo, que es el Dr. Jekyll... y su doppelgänger malvado, el siniestro Mr. Hyde. Creado por el escocés Robert Louis Stevenson en 1886, este doble personaje, precursor del histórico Jack el Destripador, ha tenido una larguísima trayectoria cinematográfica, bien conocida por Juan Gallardo, que sin duda alguna se inspiró -una vez más: en el título, y poco más- en Dr. Jekyll & Sister Hyde (El Dr. Jekyll y su hermana Hyde, 1971), de la Hammer Films, dirigida por Roy Ward Baker. Pero, como es habitual en las aproximaciones pasticheras de Curtis Garland, en Doctora Jekyll prescindió de la premisa original del filme y se centró en, primero, "desvelar los verdaderos hechos tras la novela de Stevenson", y después, dar protagonismo absoluto nada menos que a ¡la hija del Dr. Jekyll! El resultado, como los afortunados lectores podrán imaginar, es excelente.

 


***

11 de noviembre de 2023

Como ya he contado en otra parte, sin empacho ni vergüenza alguna, no sólo fui escritor precoz, sino que también, con toda la lógica del mundo, fui lector precoz. Entre aquellas primeras lecturas de la infancia, inauguradas con Viaje al centro de la Tierra de Jules Verne en 1982, se encuentra El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Para que nos hagamos una idea de lo que es tener seis, siete u ocho años: tengo grabada la imagen de llevarme mi edición de la novelita de Stevenson (la de Alianza) a la cama de mis padres un domingo por la mañana, y de terminar de leerla allí, primero entre mis dos progenitores y luego, cuando me dejaron a solas, a gusto entre las sábanas, la luz de la mañana entrando por la ventana. Mi comprensión lectora de entonces no era como para tirar cohetes, los años no pasan en balde, y la memoria lo que acaba reteniendo son impresiones, no largos pasajes. De modo que, si leí esa historia a tan tierna edad, también es cierto que he pensado en ella muchas más veces que en los títulos que me zampé la semana pasada o hace un año.

Esto significa que, desde entonces, tengo muy presentes a Jekyll, Hyde y Stevenson.


Mi edición de la novela de Stevenson. Me llevó AÑOS descifrar el montaje realizado por Daniel Gil para la cubierta: mitad hombre, mitad facóquero.

La impresión que recuerdo de la lectura es de que lo pasé bien, y que debía ir preparándome para leer Frankenstein de Mary Shelley y Drácula de Bram Stoker, que eran mucho más gordos. Por entonces, me preguntaba si existiría alguna novela del Hombre Lobo que fuera lo que hoy denominaríamos fundacional, seminal, la primera o la más importante. Alguno de mis hermanos me regaló El ciclo del hombre lobo de Stephen King, cuyas páginas (con ilustraciones de Bernie Wrightson) volaron, y de corrido cayó El misterio de Salem's Lot, que fue un regalo de reyes. (Y, claro, por entonces también leí El libro de las extrañas criaturas de John A. Keel).

 

Perdí mi ejemplar de esta joyita, que pasó por muchas, muchas manos antes de desaparecer.

De Jekyll y Hyde se me quedaron grabados a fuego los nombres de Utterson y Lanyon, y la sensación de que me habían contado mucho en muy poco espacio. Estoy seguro de que esa fue una de las cosas que me animaron a escribir, pues como cualquier niño, yo era impaciente y me interesaba hacer lo que tuviera que hacer lo más rápido posible. De esta lectura, y de otras varias (entre ellas, El sabueso de los Baskerville de Conan Doyle, en edición de Molino y traducción, claro, de Amando Lázaro Ros), surgió un relato "largo", manuscrito, que llevó por título "Mr. James contra el Castillo del Miedo". En la primera versión del texto (y única, pues lo que tiene son tachones y rectificaciones con lápiz), "Mr. James" era "Mr. Jeims", y el castillo no era del Miedo, sino del Terror: realicé la primera corrección por consejo de mi hermano Daniel, con quien empecé a aprender inglés no mucho tiempo después; la segunda, la del castillo, fue fruto de que llegó a mis manos Misterio en el Castillo del Terror, la primera novela de la serie Alfred Hitchcock y Los Tres Investigadores, obra del gran Robert Arthur. Me pareció intolerable que mi cuento se titulara casi igual que algo que ya existía. Así que, fue Castillo del Miedo. Y ya está.

 

El nº1 de la colección Alfred Hitchcock y los Tres Investigadores, escrito por Robert Arthur. La ilustración de cubierta es de Ángel Badía Camps.

Conservo el manuscrito, pero no lo tengo a la vista. Mr. James era un sosias de Sherlock Holmes sin paliativos, y creo que tenía algún ayudante (que no cronista). En el dichoso Castillo del Miedo había un hombre lobo, un monstruo creado por una tal "profesor Abraham" (mi doctor Frankenstein que, en mi mente, era igualito al Padre Abraham, el de los Pitufos), y un vampiro muy curioso, con un ojo de oro. Juraría que el chupasangres, auténtico villano de acción y puñetazos, se llamaba Mortimer, como el doctor James Mortimer que acompañó a sir Charles Baskerville a Baker Street. También había un lago y una quimera acuática o pantanosa, remotamente humanoide (porque era en parte pulpo, en parte lobo, en parte...), que dibujé y coloreé con todas las ceras Plastidecor que tenía a mi alcance, de manera que el monstruo parecía más bien una drag queen en un momento eufórico. Y estoy bastante seguro de que, si no saqué una versión de Jekyll y Hyde, fue porque no quería imitar la novela que acababa de leer.

Menudo pastichero chapuzas que estaba hecho...

***

La adaptación al cómic de Néstor Redondo, según Ediprint (1982).

Pero estaba hablando de la novela original de Stevenson. Según mi memoria, entre la infancia y la adolescencia vi aproximadamente un millón de adaptaciones cinematográficas, y otras tantas versiones en tebeos. De las primeras, recuerdo una con Anthony Perkins, nada menos, que quizá fuera una producción televisiva (o no), como el Drácula encarnado por Jack Palance (que también hizo de Jekyll, me parece). Recuerdo haber grabado una versión en blanco y negro que no era la de Spencer Tracy. Recuerdo una tarde de verano en que la tele anunciaba para esa noche la ya mencionada El doctor Jekyll y su hermana Hyde; me quiere sonar que allí salían tetas y logré entrever alguna. Bien por mí. En el terreno tebeístico, propablemente me topé con alguna adaptación en cabeceras como Dossier Negro, Vampus, Rufus, y recuerdo y conservo el Vértice de Thor (volumen 2, número 4, creo), que contenía una versión realizada por Ron Goulart y dibujada por Win Mortimer. Me impresionó la versión de Néstor Redondo en la pequeña colección Libros Gráficos nº8, de Ediprint, publicada en 1982 y rápidamente saldada. Yo la conseguí en la Feria de Albacete, en el puesto de tebeos que ponía Ángel Vico "El Joven", padre del actual "Joven", que sigue en activo, pero ya no hace ferias de ningún tipo. (Curiosamente, el Jekyll de Redondo aparecería nuevamente en Estados Unidos, otra vez bajo el sello de Marvel).

La versión de Néstor Redondo, publicada por Marvel con portada de Gil Kane.

La otra versión de Marvel, la que apareció en blanco y negro en Ediciones Vértice, en su versión original, con portada, creo, de John Romita Sr.

***

Doctora Jekyll es un pastiche de la obra de Stevenson. El personaje dual de Jekyll/Hyde, inspirador directo de La Masa (The Incredible Hulk, que es uno de mis fetiches favoritos) y de otros muchos monstruos de ficción, no ha dado tantos pastiches explícitos como Drácula o Sherlock Holmes, que se llevan la palma en el territorio de las "nuevas historias", "expansiones del original", y otras formas de mitología creativa. Existe un relato más o menos largo, bastante cercano en el tiempo a la novela de 1886, que lleva por título The Untold Sequel of the Strange Case of Dr. Jekyll & Mr. Hyde, firmado por un tal Frank H. Little y publicado en 1890, que el señor Miguel Ángel Wolfville tradujo al castellano para la revista Ulthar nº18, hace menos de un año. Y obviamente, todo el mundo recordará la película Mary Reilly, servidora del Dr. Jekyll (1996, con John Malkovich y Julia Roberts) que estaba basada en la novela homónima de Valerie Martin (1990); así como la miniserie televisiva británica Jekyll (2007), que contaba los avatares de un descendiente del doctor. Más reciente es la novela Hyde (2021), del escritor escocés de thrillers fantásticos y de serie negra Craig Russell, que no hemos tenido oportunidad de leer aún, pero que tiene muy buena pinta.

The Incredible Hulk nº1, por Stan Lee y Jack Kirby (mayo de 1962).


Una edición en castellano de la novela Mary Reilly, de Valerie Martin.

 

Hyde, de Craig Russell. Le hincaremos el diente...

 

Pero en realidad, Jekyll y Hyde han acabado por convertirse en comparsas o invitados especiales en crossovers, algunos de ellos tan multitudinarios como el cómic The League of Extraordinary Gentlemen de Alan Moore y Kevin O'Neil o la novela (inédita en castellano) A Night in the Lonesome October de Roger Zelazny. Y también aparece como principal adversario en algunos pastiches sherlockianos, claro; pero esto último carece de mérito, habida cuenta que Sherlock Holmes se ha enfrentado cara a cara con cualquier personaje de ficción imaginable salvo, de momento, el Pequeño Pony y, quizá, los Osos Amorosos. (Si alguien no cree esta afirmación, le recomiendo que eche un vistazo a Sherlock Holmes en España, por citar un volumen al azar). Incluso Waldemar Daninsky, el hombre lobo encarnado por Jacinto Molina, nuestro querido Paul Naschy, se las vio con Jekyll y Hyde en 1971.


La novela de Zelazny y la grandiosa portada de James Warhola. Por ahí está Jekyll...

Mr. Edward Hyde en The League of Extraordinary Gentlemen.

Un pastiche de Holmes y Jekyll, por Loren D. Estleman.

Waldemar Daninsky contra el Dr. Jekyll, bajo la dirección de León Klimovski (1971).
 

Curtis Garland realizó un muy gratificante trabajo con su Doctora Jekyll (en estos momentos no recuerdo otro pastiche abiertamente jekylliano que apareciese en formato bolsilibro), muy superior a la película de Roy Ward Baker, que supongo le sugirió la idea de feminizar a Hyde, pero el proceso físico del cambio de sexo. (En ese sentido, el concepto de la película resulta brillante, pues aúna el concepto de transexualidad con el de un desdoblamiento de personalidad, que es un tipo de trastorno psiquíatrico sobre el que aún nos queda mucho por conocer).

De manera que esta novelita tenemos a la joven Ivy Fletcher, en el Londres de los últimos años de la Era Victoriana, quien descubre que posee una herencia increíble: ¡es la hija del infame doctor Jekyll, cuyo nombre conoce todo el mundo por culpa de la novela de Stevenson! Y de forma simultánea, Ivy se ve envuelta en un trama de horribles asesinatos, que tienen la inconfundible huella del difunto Mr. Hyde... o ¿no será en este caso Mrs. Hyde?

Curtis se las ingenia para atraparnos desde la primera página con su sucia descripción de la Inglaterra decimonónica y las partes más oscuras de Londres y sus personajes más perversamente realistas, como sucede en sus novelas sobre el Destripador de Whitechapel, y nos lleva adonde le da la gana, nos siembra tantas dudas como certezas, y nos conduce a una de esas magníficas conclusiones, con redoble de tambores, una gran sorpresa y una explicación que, como en toda buena historia policíaca, es la última pieza del puzle.

Imprescindible.

Hammer Horror contiene Doctora Jekyll y otras seis novelas de Curtis Garland. Cuesta 28 euros.

 

lunes, 30 de octubre de 2023

Noticias de ayer. Viudas de Bengala.

Una noticia dedicada a los lectores de La vuelta al mundo en 80 días (1872), de Jules Verne.




Extraído de El Correo (Madrid), 25 de noviembre de 1831.

 


jueves, 5 de octubre de 2023

Noticias de ayer. "Loa y triunfo de la novela de aventuras", por Luis Ardila

 

Luis Ardila

Este interesantísimo (y un tanto extenso) artículo de Luis Ardila, bibliotecario de la Asociación de Prensa de Madrid, apareció publicado en en el diario La Época (Madrid) el 25 de julio de 1931. Contiene una jugosísima reflexión sobre la ausencia de autores españoles que escribieran novela de aventuras, y menciona las pocas excepciones que existían por aquel tiempo. No es exhaustivo en absoluto, ni podemos comparar los datos que Ardila maneja con la información de que disponemos actualmente; pero resulta muy curioso encontrar a un defensor de la literatura popular en las páginas de la prensa de España, allá por los albores de la II República.

 

 


La Atlántida, de Pierre Benoit

 


André Armandy