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miércoles, 29 de octubre de 2025

Presentación de LOS DEMONIOS DEL TECHO DEL MUNDO en Albacete


 

El próximo viernes, 14 de noviembre de 2025, tendrá lugar la presentación de la novela de terror LOS DEMONIOS DEL TECHO DEL MUNDO, de Alberto López Aroca. El acto se realizará en la Biblioteca Pública del Estado en Albacete (c/ San José de Calasanz, nº14), a las 19:30 horas, y ejercerá como maestro de ceremonias el ilustrador e historietista Sergio Bleda.

La nueva novela de Alberto López Aroca es una historia lovecraftiana, con elementos sherlockianos, que nos lleva a las cumbres de la cordillera del Himalaya, a finales del siglo XIX. Está protagonizada por el guerrero gurkha Ram Thapa y por un misterioso explorador noruego que se hace llamar Sigerson. En el Techo del Mundo, seguirán las huellas del padre de Thapa, que ha desaparecido tras establecer contacto con ciertas entidades venidas de allende las estrellas...

Toda la información de la novela puede consultarse en este enlace. Cuesta 20 euros, y se puede solicitar en cualquier librería o escribiendo directamente al autor, en el correo electrónico fabulasext@hotmail.com.

 

 

 


Alberto López Aroca, escribiendo.


jueves, 4 de julio de 2024

Dimiter (2010), de William Peter Blatty

 

Mosaico Ediciones (Norma), octubre de 2010.


28 de junio de 2024

El año pasado, en octubre de 2023, publiqué por aquí un pequeño artículo donde daba noticia de un hecho, para mí, sorprendente: existe una novela de Thomas Harris posterior a su serie de Hannibal Lecter. La novela se titula Cari Mora, y llegó a España en octubre de 2019. Lo curioso de este asunto es que Cari Mora y sus divertidas y aventurescas salvajadas pasó completamente desapercibida en nuestro país y también en el resto del mundo. (Salvo para John Connolly, que le hizo una crítica poco amable). Y yo me preguntaba qué sucedía cuando un autor como Thomas Harris, acostumbrado a vender millones de ejemplares, pasaba no a un segundo plano, sino al fondo del autobús, a la irrelevancia más absoluta, independientemente de la calidad de la obra.

Esta historia, y la pregunta, se repite ahora.

 


***

A finales de esta primavera, hablando con mi amigo Juan Antonio Martínez Sarrión (alias Mortimer, por el momento), descubrí que William Peter Blatty, un autor al que admiro, había dirigido una película titulada The Ninth Configuration (1980), basada en su novela homónima publicada en 1978, la cual a su vez era una versión, o reescritura, o quién sabe, de una novela anterior de Blatty: Twinkle, Twinkle, "Killer" Jane, de 1966. Según Juan Antonio, la película estaba vinculada de algún modo con las novelas (y películas) The Exorcist (1971) y Legion (1983, adaptada al cine como El exorcista III), y formaban una trilogía, o así lo consideraba Blatty en alguna entrevista o declaración pública.

Primera noticia para mí, para qué nos vamos a engañar. Grata nueva, en cualquier caso.

 

Una edición en rústica de la novela de 1966.

Edición de 1978 de la reescritura de Twinkle, Twinkle...


Al parecer, The Ninth Configuration trata sobre los internos de una especie de manicomio militar, que se alza como un castillo en algún lugar envuelto en nieblas. No voy a entrar en detalles porque no he leído el libro ni he visto la película, aunque me gustaría hacer ambas cosas. Lo que sí debo decir es que he descubierto que la novela tiene una versión en español, traducida por Alejandro Romero y publicada por Planeta México, directamente en rústica, en el año 2015. No conozco un solo ejemplar que haya llegado a España, ni rastro de algún intento de publicarla a este lado del Atlántico. Lo que sí he visto es que todavía se vende en versión virtual y, además, está pirateada. Es en uno de esos archivos infinitamente reproducibles donde he podido echar un ojo al texto y, como es lógico, el texto está castellano mexicano: los altavoces son bocinas, el whisky on the rocks es whisky en las rocas, está el inevitable insulto pendejo que equivale a tontaina o cualquier otra variante, Me encanta coger por Me encanta joder, etc., etc.

 



Todo esto de La novena configuración tiene su importancia, pues en España no hay muchos que sepan de su existencia (hablo de la traducción); pero lo que nos trae aquí es que, mientras indagaba sobre esta obra de Blatty, me he encontrado con que, en octubre de 2010, Editorial Mosaico (sello de Norma) publicaba, ahora sí, en España, Dimiter, otra novela de Blatty de la que jamás había oído hablar.

Es decir: un caso análogo al de Cari Mora de Thomas Harris. ¿Cómo es posible que, desde mi perfil de Facebook o en mis otras redes sociales, no me haya topado con Dimiter, ni siquiera con una mención casual? ¿Qué misterio rodea a esta novela?

La respuesta es: ninguno. Y también: lo de siempre.

En esta ocasión no hubo un John Connolly que defenestrara la obra de Blatty. Simplemente, salvo un par de reseñas en línea (en castellano), se diluyó como el humo de una cerilla que arrojas a un charco de gasolina y se apaga inmediatamente al contacto con el combustible, en contra de lo que te han enseñado las películas.

Además: mencionar en el blurb de portada El nombre de la rosa de Umberto Eco en lugar de El exorcista, no ayuda en nada, por mucho que la frase proceda del New York Times. Al contrario que sucedía con la magnífica (por llamativa y bien ejecutada en su sencillez) portada de Mala gente de Anthony Bruno, aquí no sabemos qué diablos (o ángeles, o santos) nos vamos a encontrar en el interior.

Un mal trabajo de Mosaico, que en realidad heredó el blurb de la edición original norteamericana (debido a la pluma del efímero escritor de bestsellers Allan Folsom), la sosa ilustración de cubierta, y eliminó la referencia a la novela más famosa de Blatty.

Y aun así, esta explicación no me satisface.

 


***

 

William Peter Blatty (1928-2017)


Dimiter apareció publicada originalmente en inglés en marzo de 2010 por la editorial británica Forge Books. Según el mismo Blatty, la idea para esta obra se le ocurrió durante la producción de la película El Exorcista, en la oficina de William Friedkin (el director del filme), donde leyó un artículo sobre la ejecución de un sacerdote en Albania. Desde entonces, Blatty estuvo dándole vueltas a la novela. Son casi cuarenta años, entre pitos y flautas.

El argumento de la historia es tan extraño como su desarrollo, pues se trata de un thriller sobrenatural... o no. Porque en realidad es más bien una novela de espionaje y religión... o no. Porque es una novela detectives (un whodunnit, por más señas) de terror... o no. Bueno, a ver: es un procedimental exótico (¡la Policía de Jerusalén investiga un crimen!) con elementos fantásticos. O... (Por algún motivo, tengo la sensación de que fue una muy buena idea ponerme con esta novela novela de Blatty justo después de haber terminado Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino. En otro momento, quizá la hubiera disfrutado y juzgado de otro modo. Los listados de lecturas no avanzan ellos solitos, sino que los libros empujan o tiran unos de otros y hacia otros. Y lo más grave: se influencian unos a otros. Se contagian. Adquieren características de los demás. Y eso, sencillamente, por el orden de lectura que el lector lleve a cabo. Terrorífico, ¿verdad, amigos y compañeros autores?).

El argumento

La novela arranca en 1973, en la entonces República Popular Socialista de Albania, un estado totalitario extremo, sin apenas contacto con el mundo exterior. Un prisionero sin nombre sufre las torturas más inconcebibles de la policía política, encarnada en un Jefe Interrogador que es, después de todo, un hombre de familia... aunque su hijo mayor es también Interrogador, y de los que disfrutan con su trabajo. El prisionero tiene tras de sí una confusa historia en la que se entremezclan las identidades de varios montañeses, un lobo al que alguien le ha quebrado el cuello con las manos, una red de sacerdotes católicos que ejercen el culto ilegalmente, y otros elementos que desafían a la cruda realidad: el prisionero no siente dolor, el prisionero no habla, el prisionero habla bajo la presión química y cuenta varias versiones de su vida, supuestamente, todas ciertas...

Ni siquiera los duros hombres del régimen terminan de sentirse cómodos en la presencia de esta extraña criatura que, día a día, desafía a la naturaleza. Un procedimiento extremo del Interrogador Jefe conduce a la inexplicable, fantástica fuga del prisionero, al que ya se refieren como el "agente del Infierno". Y un nombre empieza a surgir por ahí, como por ensalmo, una leyenda: Dimiter.

Un año después, en Jerusalén, un médico empieza a ser testigo de varios fenómenos sobrenaturales en su hospital: curas milagrosas, apariciones fantasmagóricas... y desapariciones. Y se comete, al menos, un crimen. Y también hay, por supuesto, un policía dispuesto a dar con la solución, porque en su vida ya no le queda absolutamente nada, salvo su trabajo. Algo así le sucede al resto de personajes de esta historia reflexiva de acción.

Esta sería, a grandes rasgos y un poco de literatura, la sinopsis de la novela, que yo definiría como "El exorcista, pero al revés", es decir: la manifestación incontestable de una fuerza sobrenatural benigna, y cómo dicha manifestación influye en aquellos que se han relacionado con ella.

Y es que, como sabrán los lectores que estén remotamente familiarizados son la angelología, la "fuerzas benignas" pueden resultar tan terroríficas como las fuerzas malignas: las apariciones "angelinas" pueden ser tremendamente destructivas y no deseadas. (Nota al pie: En la Tertulia de Albacete, durante los últimos meses, hemos leído sendos cuentos que tratan el tema de los ángeles y su paso por la Tierra: uno es "El infierno es la ausencia de Dios" del norteamericano Ted Chiang, y otro "El ángel que se cayó a un agujero negro" del español César Mallorquí. En sendas historias, el poder de los ángeles es, obviamente, equiparable al de los demonios. El tema también se toca, de pasada, en el relato "Mariposa angelical" del italiano Primo levi). Que es, precisamente, lo que propone Blatty en esta historia parabólica donde, gracias al Cielo, el autor no sólo expone ciertos puntos de vista religiosos, sino que también nos da algún que otro punto de apoyo y sostén para que no caigamos de bruces sobre la beatitud y podamos salir de la novela con cierta sonrisa de suficiencia, aunque no tengamos demasiado claro si hemos asistido a actos humanos o divinos. O ambos.

En contra de lo que pensaba Blatty, yo no creo que este sea su mejor trabajo, ni mucho menos; pero la historia es competente y original, y mantiene el interés durante todas las páginas. Si nos ponemos tiquismiquis, podremos decir que la trama subyacente (la puramente humana) es demasiado compleja; pero no tema el lector, que al final todo se explica, se atan los cabos sueltos, y chimpún.

O casi todos lo cabos.

Me alegro mucho de haber leído una vez más a Blatty, y lamento enormemente que falleciera en 2017. Nos legó, al menos, otra novela reciente, Crazy, también publicada en 2010 por Forge Books, y de la que no tenemos niguna información. Habrá que leerla en inglés, a ver qué tal. Tiene pinta de ser una obra simpática.

 


P. D.: No he mencionado la novela corta Elsewhere (1999), que sí tiene versión en castellano, porque no la he leído. Ya tocará.

miércoles, 26 de junio de 2024

Si una noche de invierno un viajero (1979), de Italo Calvino

Mi edición de la novela. Bruguera, septiembre de 1983.

(Esta reseña es para aquellos que han leído Si una noche de invierno un viajero. Los que no lo habéis hecho aún, podéis entrar libremente y por vuestra propia voluntad; pero no os garantizo que salgáis de aquí igual que habéis llegado).
 

24 de junio de 2024

...escribiste esta novela pensando en mí, aunque yo por entonces tuviera dos, tres años. (Disculpa que te tutee; me he tomado esta libertad por el mismo motivo que tú: por cercanía, por familiaridad, por crear un vínculo entre tú y yo a través del tiempo y el espacio. Te lo agradezco). Ya sabías que, pasado un tiempo, caería en mis manos y la leería exactamente como describes en el texto. He tardado lo mío en ponerme manos a la obra con ella, pues aunque la conocía de oídas, de comentarios, de rumores, nunca me había topado con un ejemplar. Contigo siempre es lo mismo: El barón rampante está en todas partes, Las ciudades invisibles están a la vista de cualquiera que sepa escarbar un poco en las librerías de segunda mano; pero esta novela...

La he llamado novela porque tú la llamaste novela, maestro, y yo no soy quien para discutirlo. Ahora bien: ya que la escribiste para mí, me pregunto qué habrán pensado los Otros Lectores que se hayan enfrentado a una obra autoproclamada novela y que en realidad es otra cosa un tanto distinta de lo habitual. Se nota a la legua que tenías miedo de no gustar, de que no te comprendieran, de que no comprendieran tu obra; pero también percibo que tenías una fe ciega en mí, pues me encuentro en cada párrafo y en cada uno de los personajes, donde pusiste algo tuyo para mí. Gracias otra vez, de todo corazón.

Probablemente muchos se hayan sentido estafados y hayan devuelto el libro para reclamar su dinero en la librería; habrá alguno que se haya enfadado tanto que no volverá a leer nada tuyo. Tú te lo has buscado al publicar un libro que está dirigido a Un Lector y no a Los Lectores. (Imagino que es un precio pequeño a pagar a cambio de la inmortalidad, ¿cierto? Tú estabas en el secreto desde el principio; sabes eso que saben los Nueve Desconocidos y algunos de sus agentes, y también la diosa terrenal Ayesha, y el no-muerto -y por qué no "no-vivo"- Conde Drácula, y Tyrannus el de la Llama Sagrada, y tantos otros... Si no fuera porque de vez en cuando visitamos cementerios, se diría que vivimos en un mundo en el que nadie muere, ¿verdad? Pero eso sería un error). Mi ejemplar es de segunda mano y, en su interior, lleva la firma de su anterior propietario (propietaria, en este caso). Además, he encontrado una minúscula chuletita escrita con lápiz sobre papel cuadriculado con tablas de notación musical a través de los tiempos. Te habría encantado ese papelito, auque esa persona que estudiaba musicología decidiera que tu libro no merecía estar en su biblioteca. Quizá es uno de esos lectores no releen porque tienen una memoria prodigiosa. O quizá la musicóloga lo prestó, y el volumen paseó por el mundo hasta llegar a la librería de viejo en donde yo lo he hallado.

Estoy seguro de que en muchas ocasiones encontraste ejemplares de tus libros en tiendas de segunda mano, y te imagino considerando lo curioso y contradictorio de la situación para el autor: los libros viajan, y esos es mágico; pero también es cierto que alguien descartó tu libro. En fin: al menos no lo tiró a la basura.

***


 

Reseña de Si una noche de invierno un viajero (Siruela, octubre de 2012)

Tras la dramática muerte de sus padres en un accidente de automóvil, que pudo o no haber sido provocado, Ludmilla entra como novicia en un convento situado en los Alpes suizos. Pero lo que prometía ser una vida consagrada a las almas de los difuntos, empieza oscurecerse cuando una de las monjas, Lotaria, empieza a sufrir estigmas en las palmas de las manos. La priora del convento intenta evitar cualquier publicidad, pero un periodista italiano logra introducirse una noche en la celda de Ludmilla con unos documentos que le mostrará a la joven: primero, uno de esos documentos demuestra, sin dejar lugar a dudas, que Lotaria y Ludmilla son hermanas de sangre. Otro de los documentos afirma que el accidente de sus padres fue un asesinato cometido por una sociedad secreta que rinde culto a los estigmas. Además, el periodista le muestra a Ludmilla el plano de unos subterráneos, bajo el convento, que conducen a un extraño lago, en un valle cercano, junto al cual vive una familia idéntica a la de Ludmilla...

Con este punto de partida (apenas el primer capítulo de la obra), Calvino entreteje una maraña de verdades y mentiras, dobles personas, gemelos separados al nacer y una cáustica atmósfera de omnipresente catolicismo que, por algún motivo, resuena en las páginas como si en realidad se tratara de algún tipo primitivo de paganismo satánico disfrazado de beatitud: hay algo decididamente lúbrico en esta obra, en la que el acto sexual es un imposible para sus personajes, pues siempre son interrumpidos en el momento de iniciar el coito.

Resulta desconcertante el constante cambio de narrador, que tan pronto es Ludmilla, como Lotaria, el periodista, la madre superiora, un perro guardián que vive a la entrada del covento, un investigador privado llamado Ermes Marana, e incluso Silas Flannery, un escritor de éxito vinculado a la familia de Ludmilla por cauces inconcebibles.

En fin, otra obra maestra de Calvino.

***

Me pregunto (te pregunto) si, cuando eras partisano de las Brigadas Garibaldi, en algún momento pensabas en el futuro desde el punto de vista la imaginación pura que puede devenir en literaria, o si por el contrario, estabas demasiado centrado en sobrevivir, en combatir y en mantener relaciones sexuales (tenías veinte años cuando aquello, ¿no? ¿En qué ibas a pensar, sino en cambiar el mundo y en tener sexo?). En 1943, Si una noche de invierno un viajero ya existía en potencia, porque tú estabas vivo, aunque faltaban más de treinta años para que lo arrancaras de alguna parte y lo trajeras contigo a este lado de la realidad. Que yo sepa, por entonces no habías escrito nada, y probablemente ya habrías olvidado casi por completo que naciste en Cuba, en un lugar donde tu padre realizaba experimentos científicos. ¿Sería aquello parecido a vivir con el doctor Victor Frankenstein? Lo comento porque, en mi opinión, Si una noche de invierno... está concebida y parida del mismo modo en que el doctor Frankenstein creó e insufló vida a su Monstruo: con pedazos de cadáveres cosidos con puntada gruesa y revividos por medio de una corriente eléctrica caída del cielo, indistinguible de la electricidad que circula por las neuronas y teje redes de enlaces químicos que traducimos en imágenes, palabras, recuerdos e ideas viejas y nuevas.

Quisiste emular a tu padre en el laboratorio, pero tu laboratorio es mucho mayor, pues disponías de instrumentos precisos y una materia prima inagotable: la página en blanco, el bolígrafo o la máquina de escribir, y todo lo que ha existido y lo que no ha existido, a lo que hay que sumar los contrarios de lo anterior (porque la anti existencia, para ti, es nombrable y, por tanto, asible). Y todo esto, dirigido a un único Lector. De nuevo, muchas gracias por tu esfuerzo.

***


 

Reseña de Si una noche de invierno un viajero (Siruela, ed. sin identificar)

La princesa Amaranta lee en una biblioteca que conforma un inextricable laberinto. El libro que lee es Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino. Todos los libros de la biblioteca son Si una noche de invierno un viajero; sin embargo, cada ejemplar contiene una obra distinta que narra una historia distinta. A veces hay personajes que se llaman de forma idéntica pero son, evidentemente, distintos. El joven Nacho Zamora ha leído sobre la princesa y la biblioteca laberíntica y el cautiverio conformado por las interminables versiones de Si una noche de invierno un viajero en una novela de Italo Calvino que se titula, precisamente, Si una noche de invierno un viajero. Nacho Zamora no es más que un lector que se reúne periódicamente en un café de París con otros lectores, como la académica Lotaria o el misterioso anciano japonés que responde al nombre falso de "señor Okeda", uno de esos individuos fáusticos que sólo existen en los libros, o eso piensa Nacho. Lotaria mantiene que la historia que cuenta Calvino en su libro es una simple mixtificación, un juego literario intrascendente, aunque ingenioso. No obstante, en un aparte, el señor Okeda sostiene una opinión distinta: la princesa Amaranta y su laberinto de libros de Calvino existen, y el héroe que ha de salvarla, del que nunca se menciona el nombre, no es otro que el mismo Nacho Zamora. Así, Calvino ha escrito algo que todavía no ha sucedido, pero que va a suceder. El señor Okeda se lleva a Nacho por los bulevares de París hasta la puerta de una vieja librería de la familia Kauderer, inmigrantes cimerios desde la Gran Guerra (la primera), y especialistas en libros raros. Tras la puerta de la librería hay una anciana acartonada que a Nacho le resulta vagamente familiar, como si guardara rasgos comunes con alguien a quien conoce bien; hay estantes repletos de volúmenes hasta un techo envuelto en la oscuridad que, por tanto, no se divisa; la estancia es enorme, y Nacho piensa que ese es el laberinto de la princesa, que quizá todos los libros que hay ahí son Si una noche de invierno un viajero en diversas ediciones y encuadernaciones. Pero el señor Okeda lo conduce hasta la trastienda, en donde hay otra puerta, entreabierta, y le dice a Nacho: "Es por ahí, el camino. Al otro lado".

Calvino demuestra su maestría en el arte de la prestidigitación literaria con esta ¿novela? -la llamaremos así por conveniencia- repleta de espejos y reflejos, de iluminaciones racionales e irracionales, filosofía y metafilosofía, y una entrañable reivindicación de la estructura esencial de las narraciones de aventuras... que subvierte para pasearse por el género erótico, el terrorífico, el policíaco, e incluso la ciencia ficción, en una fantasía a ratos onírica, a ratos indiscutiblemente realista. Imprescindible.

***

Tengo que hacerte una confesión: en realidad, no he leído Se una notte d'inverno un viaggiatore. Está fuera de mis posibilidades, y ni siquiera tengo un ejemplar. Podría hacerme con uno fácilmente, y es muy posible que el texto esté pirateado, convertido en código informático que a ti te revolvería las tripas, viajando eternamente por una vasta red de cables de fibra óptica y también en forma de ondas y microondas que rebotan entre satélites artificiales, repetidores, amplificadores y llegan a terminales electrónicas que te habrían hecho tirarte de los pelos y seguir el camino de tu amigo Primo Levi, abajo, por el hueco de la escalera.

Esta idea, la del texto sin un soporte físico, te habría fascinado en un principio, y te habría parecido un concepto maravilloso de infinitas posibilidades. Y cuando hubieras visto el modo en que se utiliza semejante tecnología (la única forma en que se puede utilizar), habrías caído en una depresión y quizá hasta hubieras decidido no volver a escribir una palabra, no volver a hablar, no volver a contemplar una imagen que no saliera de tu propia imaginación y, de forma egoísta, te la habrías apropiado y nadie, nadie, nadie habría conocido esas nuevas obras potenciales porque sabes que jamás se habrían materializado, o peor, sí se habrían materializado, pero sólo para convertirse de nuevo en una serie de impulsos eléctricos binarios, idénticos a los que se habrían producido previamente en tu cerebro. ¿Para qué, entonces, extraerlos de la cabeza, si finalmente habrían de terminar en el mismo lugar de donde salieron? También habrías pensado en Borges y su infinita biblioteca, su libro que contiene todos los libros, y al darte cuenta de que la idea se ha materializado en el éter, te darías cuenta de la inutilidad de elegir ciertas combinaciones de palabras, ciertos nombres de personajes, ciertos sentimientos convertidos en frases, y sabrías que hay máquinas que lo harán mejor que tú mismo, porque después de todo, la paradoja de los monos y las máquinas de escribir y las obras completas de Shakespeare es cierta, sólo cuestión de tiempo, sólo cuestión de monos con máquinas de escribir, como tú, como yo.

El concepto de la infinita reproducibilidad te daría arcadas, y te haría replantearte tus ideas de joven revolucionario y repensar las asociaciones que intersecan la sociedad y el arte, y llegarías a conclusiones en verdad infernales.

Lo que he leído, querido maestro, es un libro que se titula Si una noche de invierno un viajero, escrito por Esther Benítez en 1980, y se supone que es una traducción al castellano de Se una notte d'inverno un viaggiatore. No tengo forma de saberlo con certeza. Lo siento. Lo único seguro es que no es el mismo libro que escribiste para mí. Era casi imposible que llegara hasta mí tal cual lo concebiste; necesitaba un intermediario físico y psíquico que en este caso es Esther Benítez (1937-2001), gallega ya fallecida.

Creo que llegaste a conocer a Esther.

***



Reseña de Si una noche de invierno un viajero
(versión castellana de Esther Benítez, Bruguera, marzo de 1980)

Italo Calvino decide comenzar a escribir una metanovela que, de acuerdo con él, quizá debería abrirse con el punto final. Reflexiona acerca del acto de escribir y el de leer para, finalmente, confesar que siempre ha sido un farsante y que, en esta ocasión, quiere cometer la falacia definitiva: componer la obra con fragmentos inconclusos que ya tenía escritos desde hacía tiempo. De hecho, lo que necesita es un hilo conductor, y considera que la primera persona y presentarse a sí mismo como personaje de ficción es una buena idea. En ese momento debe interrumpir la escritura, pues llaman a la puerta de su casa. Se trata de individuo al que no conoce: el hombre, de mediana edad, dice ser un escritor llamado Bazakval y asegura que ha llegado a Italia en busca de refugio, pues lo persigue la policía política de su país (que nunca menciona). Calvino decide dejarlo entrar y ponerlo en contacto con las autoridades, de modo que le sirve algo de comida y le prepara la habitación de invitados. No obstante, Italo recuerda que el nombre de Bazakval le resulta familiar y, en su biblioteca, encuentra una obra traducida al italiano de ese escritor. En la solapa del libro, que se titula Si una noche de invierno un viajero, aparece la fotografía del autor y, para sorpresa de Calvino, no guarda el menor parecido con el hombre que, en esos momentos, lo aguarda, tembloroso, en el salón. ¿Se trata de un impostor? Y si es así, ¿qué lo ha llevado en busca de Calvino? Y si Calvino lo enfrenta a la impostura mostrándole su ejemplar de Si una noche de invierno un viajero, ¿no se estará poniendo en peligro? ¿Debería llamar a la policía?

Así arranca la más extravagante e inteligente de las obras de Italo Calvino, en la que se suceden la exposición de identidades falsas con historias improbables que se truncan con cada contradicción. Pero, en lugar de caer en la trampa de conformar un laberinto de espejos, que habría sido lo más sencillo, Calvino asume desde el principio la responsabilidad de su obra (y la impostura que la misma novela representa) para aclarar todos y cada uno de los puntos oscuros de la trama, en la que podremos ver trucos de travestismo, violencia, referencias a Las Mil y Una Noches, e incluso la presencia de un posible extraterrestre.

El lector no puede escapar a la deshonesta sinceridad con que el autor le toma el pelo página tras páginas mientras, en la realidad, Calvino sigue tecleando su máquina de escribir "como si fuera un chimpancé entrenado para producir material con el que rellenar anaqueles infinitos de infinitas librerías e infinitas bibliotecas que nunca visita ni un solo lector".

Una obra perfecta en su ejecución, con el final más adecuado que jamás se haya escrito.

***

Lo más admirable quizá sea tu dominio de los tópicos, de los esquemas reducidos a unas cuantas palabras, quizá sólo a una: "amor", "terror", "pornografía", "guerra", "misterio"... Te has alzado a hombros de gigantes, como intentamos hacer todos los hombres pequeños cuando miramos hacia atrás en el tiempo y contemplamos a nuestros predecesores. Jamás se me hubiera ocurrido que tú, precisamente tú, te atrevieras a escribir una obra de referencia universal utilizando las argucias propias de un autor de novelas de a duro: quizá eso sea lo que me ha enamorado de Si una noche de invierno un viajero, el reconocimiento implícito, el homenaje a todos los autores que en la vida han sido, sin distinción de clases, títulos, temas o prestigio. Has hecho una novela a mi medida; escribiste esta novela pensando en mí, aunque yo por entonces tuviera dos, tres años. (Disculpa que te tutee, me he tomado esta libertad por el mismo motivo que tú: por cercanía, por familiaridad, por crear un vínculo entre tú y yo...

(Vuelva al principio y reléalo cuantas veces quiera)

 


lunes, 24 de junio de 2024

La niña de las tinieblas (1974), de Laird Koenig

Ilustración de Farré Huguet para la edición de Círculo de Lectores (1975), que es la que yo he leído y que se puede encontrar por precios cercanos al euro. (Esto, sin desestimar la edición reciente de Impedimenta, con trad. de Jon Bilbao).


Hacia el 15 de enero de 2024

Un buen acicate para los que disfrutamos comentando en público lo que nos ha parecido tal o cual lectura es encontrarte con la crítica negativa de una obra que a ti te ha parecido, al menos, bien.

Esto me ha sucedido con The Little Girl Who Lives Down the Lane (1974) de Laird Koenig (1927-2023), pues tras leerla, he dado con una micro reseña fechada en 2004, y recogida en la ficha del libro en La Tercera Fundación, donde un lector se despacha con saña contra la obra de Koenig, y por pedir, pide incluso que el autor sea Patricia Highsmith, cosa que, me parece, no era la intención de nuestro escritor. E hizo muy bien Koenig, pues Highsmith sólo hay una, y nos odia a todos. Koenig, por su lado, no creo que odiara al género humano, aunque es posible que nos considerase unos payasejos, o quizá unos imbéciles. Los escritores suelen ser bastante escépticos, cuando no apocalípticos, en cuanto a la humanidad se refiere. Los autores que "nos dan esperanza" son los que se dedican a la autoayuda, una disciplina literaria muy poco literaria, y que se fundamenta, sobre todo, en el pensamiento mágico y en la mentira (que no en la ficción). La autoayuda es peligrosa, como es peligroso creer en mentiras. Creer que "sólo basta con quererlo" o que "la fe mueve montañas" se parece, por ejemplo, a creer en brujas y a quemarlas en hogueras. Pero basta de esto. Volvamos a Koenig.

 

Laird Koenig, hace muchos años.


Aunque aquel primigenio lector de 2004 no realiza lo que se dice "una gran argumentación" (pues se limita a hacer afirmaciones sobre los puntos que considera negativos en la novela: "Los personajes son irreales, la protagonista tiene unas reacciones inverosímiles, y la exageración siempre acaba en caricatura, lo que sucede con los malos de la novela, que de puro malos resultan ridículos"), se expresa lo bastante bien como para resultar perfectamente respetable... al menos, como persona que tiene una opinión y sabe expresarla. No obstante, también sospecho que no debió leer la novela en circunstancias óptimas, sino todo lo contrario, pues entre su opinión y la mía van el día y la noche, que nunca se juntan, aunque un par de veces se rozan cada veinticuatro horas. No digo que sea imposible que te disguste La niña de las tinieblas (así se tituló en la versión traducida al alimon por, atención, Sebastián Martínez y ¡Luis Vigil! en 1974), pero lo cierto es que una novela relativamente breve (a ojo le calculo unas 45.000 palabras), que está escrita con gran soltura, posee dosis de humor y de ternura y, al mismo tiempo, esa proverbial mala leche propia de (ah, ahora sí) Patricia Highsmith o Ana Colchero o Daphne du Maurier, o bien, la mala sombra de los más oscuros capítulos de Alfred Hitchcock presenta. Yo diría que esta obra es, con todo el derecho del mundo, un clásico de la literatura de terror norteamericana de la década de 1970, como pueden serlo El exorcista y Carrie, por citar un par. (Y como esas dos, nuestra novela también tuvo adaptación cinematográfica).

 


 

Casi, casi, casi estamos en el caminito que conduce al cinismo mágico de Roald Dahl, pasando por un poco de costumbrismo estadounidense (a la manera del gótico sureño, en algunos detalles), y un ritmo impecable que logra evitar distracciones y nos conduce por donde quiere Koenig: sobre todo por el camino de la duda, pero también por el camino del "porqué" y, por ahí hasta el plato de golosinas que es el final de la novela.

 

Una vieja edición de Bantam, en rústica, de nuestra novela.


Quizá esté siendo demasiado críptico y un tanto tripodológo felino (este campo de investigación, la Tripodología Felina, lo inventó Umberto Eco en El pendulo de Foucault), cuando debería haber ido directamente al argumento: Rynn acaba de cumplir catorce años y vive con su padre, escritor inglés, en una casa alejada de un pueblo en una isla, cerca de New York. Rynn se ha criado en Inglaterra y los usos y costumbres de los yanquis le resultan ajenos y groseros. Además, su padre parece que brilla por su ausencia en la casa. Siempre está fuera, de viaje, o demasiado ocupado para atender a los vecinos. Hmmm...

 


 

Rynn recibe visitas no deseadas de distintas personas: unas, la quieren bien; otras, no. Por ejemplo, hay chico poco mayor que Rynn que sabe hacer trucos de magia y, sin duda, la quiere bien (y mucho). Por ejemplo, hay un hombre que es el hijo de la dueña de la casa, que quiere a Rynn de una forma ilegal e inmoral, y ese individuo posee un historial que lo demuestra. Hay un policía local que la quiere bien. La casera la quiere mal, y es una vieja bruja malvada que no sabe nada de hechicerías.

Por otra parte, Rynn... bueno, Rynn tiene secretos. Por ejemplo, ella sabe qué sucede con su padre. Y es muy inteligenteb. También es un poco paranoica, pero eso no quiere decir que ellos no la estén vigilando.

Y... creo que ya he dicho suficiente.

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En mayo de 2023, la Editorial Impedimenta, conocida por lo primoroso y cuidado de sus ediciones, dio rienda suelta a una nueva traducción de nuestra novela, esta vez vertida a castellano por el escritor Jon Bilbao, y bajo el título La chica que vive al final del camino. Acertada, la idea de sacar esta novela del olvido y reintegrarla a las estanterías de las librerías de fondo.

Koenig escribió ocho o nueve novelas más, todas inéditas en español, con la excepción de su primera incursión literaria: The Children Are Watching (1970), escrita en colaboración con su amigo Peter L. Dixon. Los niños vigilan, en versión de Enrique de Obregón, se publicó como número 32 de la colección Esfinge de Noguer (1974), famosa por el muy reconocible diseño de cubierta realizado por Manfred Sommer, y en la que se puede encontrar todo tipo de series negras de gran calidad, firmadas por muchos clásicos de la época: la inevitable Highsmith, Giorgio Scerbanenco, John Le Carré, Trevanian y muchos otros.

En cuanto tenga ganas de leer una relato de niños que me incomode, me pondré con esta otra novela. (Creo que no va a pasar mucho tiempo hasta que le hinque el diente, pues la tengo por aquí, demasiado a mano...)

 

Los niños vigilan (1970), la otra novela de Koenig en castellano.

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Una nota del 22 de junio de 2024

Me entero por un post de mis amigos de Librería Estudio en Escarlata dedicado a las novedades aparecidas durante la pasada Feria del Libro de Madrid, que entre dichas novedades se encuentra Los niños están mirando (junio de 2024), nueva traducción de la novela de 1970, esta vez a cargo de Alicia Frieyro.

 

 

¿Significará esto que, en 2025, tendremos edición española de alguna novela inédita de Koenig? Por ejemplo... ¿The Disciple (1983), por mencionar una al azar?

Bueno, ya veremos...



 

lunes, 17 de junio de 2024

No digas nada (1991), de Andrew Klavan


(Nota de junio de 2024: esta fue mi última lectura de 2023, que alterné junto con Los náufragos del Spitzberg de Emilio Salgari, mi primera lectura de 2024. Ya subiré la reseña correspondiente, pues me pareció una obra tan notable que incluí algunas referencias a la novela en Los papeles póstumos, ese juguete que realizamos juntos Juan Carlos Monroy y servidor).

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31 de diciembre de 2023

Érase una vez, que se era, un escritor norteamericano de bestsellers thrillerescos (o thrillers bestsellerescos), el cual utilizaba diversos pseudónimos y recibía nominaciones y ganaba premios Edgar (con su nombre real y con los otros), y con el paso del tiempo, en castellano vieron la luz tres novelas suyas, de las muchas que ha escrito y sigue escribiendo, y 

colorín, colorado, 
este cuento se ha acabado.

Andrew Klavan.


Ese es Andrew Klavan, un autor políticamene activo y polémico, me ha parecido entender después de echar un vistazo a su biografía: nacido en 1954 de familia judía, se convirtió al cristianismo y pasó por las iglesias episcopal y anglicana; defiende por igual y con la misma ferocidad el derecho a la tenencia de armas, el matrimonio homosexual y la libertad de expresión. Menudo cacao, el de Klavan, que se hizo conservador en la Era Reagan. Tiene un hermano dramaturgo, Laurence, con el que escribió la premiada novela Mrs. White (premio Edgar a mejor novela publicada en rústica en 1984), firmada por "Margaret Tracy", que se adaptó al cine una o dos veces, y que no existe en español, que yo sepa. Klavan ha estado metido en el mundo del cine, ha escrito varios guiones originales, y su novela True Crime (1995; Ensayo de una ejecución en Grijalbo, Ejecución inminente en ediciones posteriores) se convirtió en una divertida película de Clint Eastwood haciendo de un periodista que se insultaba todo el rato con el director de su periódico, interpretado por James Woods. (Es lo mejor de la peli, que no estaba mal). Klavan ha escrito al menos cinco novelas con el pseudónimo de "Keith Peterson" (nada en castellano, me temo), y tiene títulos que suenan a bizarría pura, como Werewolf Cop (2016) que, de acuerdo con la sinopsis, da lo que promete.

 

La novela de 1984 de los hermanos Klavan, inédita en castellano.


 

Imagino que, si se tradujese al castellano, alguien la titularía Lobocop...


 

Don't Say a Word (1991) la tradujo Víctor Pozanco para Ediciones B de forma bastante competente como No digas nada (creo que hay otra edición distinta, con el título de Ni una palabra), y es una de esas buenas lecturas enganchosas y, como ya hemos dicho mil veces, en apariencia sencillas de ejecutar, cuando lo que son en realidad es sencillas de leer. Que no es lo mismo llamar que salir a abrir. Pruebe usted, valiente autor, a escribir una novela que sea "fácil de leer" y "enganchosa"; a ver si sale airoso...

En mi opinión, lo peor de esta obra es la publicidad comparativa que se le dio en España: en la portada se cita El silencio de los corderos de Thomas Harris, y bueno, pues vale; pero es que en la contraportada, el blurb atribuido al Washington Post dice lo siguiente: "En la línea de Hannibal Lecter, Klavan nos presenta un personaje fascinante y terrorífico: el psiquíatra Nathan Conrad".

¿Qué pensaría usted ante semejante comentario? Algo como, por ejemplo: "Vaya, un listillo que se ha hecho un copia de Hannibal el Caníbal, en plan chapuza y para aprovechar el tirón. A tomar por saco". Pero resulta que el comentario del Washington Post lo debió escribir alguien que no se había leído la novela (y sin duda se había limitado a cobrar por decir algo "llamativo" sobre ella), pues Nathan Conrad es psiquíatra, sí; pero ahí acaba la semejanza con el doctor Lecter. Ni es un tío con súper poderes, ni es un psicópata, ni mierdas. De hecho, Conrad es la víctima de una compleja y misteriosa conspiración de criminales (ahora sí) psicopáticos ultraviolentos, tiene una familia normal, migrañas de las jodidas, y podemos decir que es justamente lo contrario de Hannibal Lecter, del mismo modo en que es lo opuesto a John Die Hard McClane... y sin embargo, la trama de Klavan lo sitúa precisamente en la situación de este último.

 

Primera edición, autografiada por Klavan.


 

El escritor arma una historia con un misterio por resolver, salvajadas explícitas (a lo Thomas Harris, esta vez sí, cuando se pone muy burro), una situación improbable, unos buenos que dan pena, y unos malos que dan verdadero miedo. El argumento es un tanto complejo, y merece la pena guardarlo en secreto: baste con saber que Conrad recibe la petición de un colega, director de un manicomio, de que trate a una paciente (una criminal peligrosa); y casi al mismo tiempo, aparece en la vida de la familia un hijo de puta que previene a los Conrad con pruebas materiales: los está vigilando, hagan lo que hagan y estén donde estén. ¿Qué tienen que ver estos dos hechos? ¿Por qué alguien está metiendo a Nathan y su familia en un enredo que parece ser una leyenda de prisiones y convictos de hace ya treinta o cuarenta años?

Y dicho todo esto, voy a ser muy claro: No digas nada es encontrable por precios más que razonables (por no decir ridículos) en el mercado de segunda mano. Y, sin ser una "obra maestra inconmensurable", es una de esas novelas que, estoy seguro, no voy a olvidar fácilmente. No porque me haya marcado su extrema violencia o los increíbles padecimientos del protagonista, sino porque la he disfrutado como en "los buenos viejos tiempos". Y esto último, hoy día, no es fácil de encontrar. Palabra de honor.

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Una cosa más: la otra obra de Klavan publicada en español es The Animal Hour (1992, traducida como La hora animal). Ni siquiera me he molestado en comprarla, igual que no me he molestado en ver la adaptación cinematográfica de No digas nada con Michael Douglas. Me haré con La hora animal (me da igual si va de tiros, de la recogida de la cereza, de pescadores con sinusitis...) en algún momento de bajón en que necesite leer a un autor de esos que no te piden nada más que sentarte y leer, sin mayor esfuerzo. Porque él ya ha hecho el trabajo duro por ti. Y esa deferencia no la tienen todos los escritores.

Me pregunto por qué no ha tenido más éxito Klavan en nuestro país, sobre todo frente a todos los autores de pseudo-bestsellers que, hoy, escriben y publican sus novelas thrillerescas en presente, como si estuvieran concebidas para facilitar su posible adaptación cinematográfica...

 



sábado, 11 de mayo de 2024

Noticias de ayer: James Oliver Curwood, por A. G. - Manhattan Transfer, por J. Robles Pazos (1927)

Hoy traemos una semblanza y una reseña, rescatadas del año 1927. De James Oliver Curwood todo el mundo (es un decir) tiene algún ejemplar de algún título, pero es improbable que lo haya leído, pues sus fieles lectores ya han fallecido sin relevo. Confieso que yo mismo no me he aproximado a Curwood, a pesar de que obra en mi poder un puñado de novelas suyas, unas heredadas, otras surgidas espontáneamente en mis estantes. La semblanza que viene a continuación, que lo describe como un aventurero a la antigua usanza, me ha animado a leerlo. Eso, y las opiniones de Curwood sobre los animales y la creencia en un ánima: "Los animales, como los hombres, tienen rencores y venganzas". Simplemente por esta frase, creo que merecerá la pena.

El otro recorte de prensa corresponde a una temprana reseña de Manhattan Transfer (1925) de John Dos Passos, realizada en 1927 desde New York por su traductor al castellano, José Robles Pazos, que tuvo una vida corta y apasionante, por lo que hemos podido averiguar.

Como se puede comprobar, a bordo del Matilda Briggs somos omnívoros, y tenemos altares de idéntica altura para los Homeros y los Curtis Garland. Pues inmortalidad no hay más que una, y mide lo mismo.

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 Extraídos de La Gaceta Literaria (Madrid), 15 de abril de 1927

 




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John Dos Passos


Primera ed. norteamericana de Manhattan Transfer (1925).

Portada de la 2ª edición en español, 1930