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martes, 16 de abril de 2024

La banda de los horripilantes (Punto Rojo nº345), de Peter Debry


7 de marzo de 2024

Vamos a ver, vamos a ver... Esta novelita de a duro ¿es una obra maestra? ¿Es una obra que cualquier escritor que se precie de serlo, le gustaría firmar? ¿Es una extravagancia, un capricho? ¿Está premeditada, como un crimen perfecto? ¿Está escrita con brújula o con mapa? ¿A qué género pertenece? ¿Por qué uno sale de ella sintiéndose sudoroso y sucio, no como si hubiera estado trabajando limpiando un pozo, sino como si hubiera estado de copas en una pocilga durante demasiadas horas? ¿Por qué un autor español de novelas baratas pudo, en 1968, generarme la misma inquietud que los cineastas Jenet y Caro me provocaron con Delicatessen (1991)? ¿Por qué esta historia hace que los casos del comisario Maigret sean vulgares y corrientes? ¿Cómo es posible que el policía francés que aparece sea la viva imagen del actor italiano (pero consagrado en Francia) Lino Ventura? ¿Por qué tenemos la impresión de que estamos ante una feria de monstruos tabernarios? ¿Cómo es posible tanta sordidez en tan pocas páginas? ¿Por qué el crimen es lo que menos recuerdo tras la lectura? (¿Hubo crimen? No estoy seguro...)


Lino Ventura en 1975.

Y además, el individuo que escribió las series de Carlos Lezama (el Pirata Negro) y de Ricardo "Dick" Mendoza (el Aguilucho) ¿es de verdad el mismo que firma La banda los horripilantes? ¿Es esto posible?

 

 

Esta novela corta, publicada en diciembre de 1968, en el número 345 de Punto Rojo (Bruguera), es una rareza tanto en el mundo de los bolsilibros como, sospecho (no afirmo), en la producción de Pedro Víctor Debrigode Dugi (alias Peter Debry), y en la de cualquier otro autor. Tiene algo (o mucho) de existencialista (si consideramos "existencialista" una novela como El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad), pero no porque haya muchas reflexiones acerca de la condición humana (que las hay, pero más que reflexiones explícitas son exposiciones visuales), sino porque nos encontramos con un grupo de "infrahumanos" (así los llaman otros personajes del relato) que, por lo insólito de su inhumana naturaleza, destaca y sirve de contraste a la trama, digamos, "convencional", que queda en segundo plano. Lo importante es ese grupo tan heterogéneo como repulsivo de habituales del Bar Picnic, barriobajeros de Montmartre que deciden coger un tren a Niza porque sí, porque están borrachos, por son subhombres y submujeres, detritos sociales que no están sujetos a las normas más elementales de la civilización. No son psicópatas asesinos en serie ni miembros del crimen organizado, ni torturadores profesiones, ni gángsters de medio pelo... Son, sencillamente los Horripilantes.


Qué gracioso, ¿verdad?, que tengamos a esos seres subidos a bordo del expreso a la Costa Azul, mientras otros personajes intentan tener relaciones sexuales con una baronesa, o ligar con la protagonista, o...

En fin, me quedo sin palabras, y con buen motivo: a Debrigode-Debry le llevó unas 25.000 contarlo todo. A mí me habría costado, por lo menos, el doble. O más.

Si existiera algo parecido a la justicia en el mundo literario, esta novela estaría disponible en cualquier librería del mundo, en cualquier idioma.

Y, para terminar, diré que, al pensar en esta novela, pienso en cerdos todo el rato. Pienso en la gorrinera y la peste y la idea de cebar al animal para engordarlo y matarlo. Pienso en cerdos como si fueran personas, o en personas como si fueran cerdos (como hará Edward Prendick, el protagonista de La isla del doctor Moreau de H. G. Wells), y siento su hedor, y finalmente, me percato de que soy uno más en la piara.



Para consultar opiniones sobre otros bolsilibros, puede visitar mi blog NOVELAS DE A DURO, con más de un centenar de micro reseñas.

domingo, 8 de octubre de 2023

Holocausto para las bellas (West Cameron, o Cameron West, nº2), de Donald Curtis

 

 

2 de abril de 2023

Holocausto para las bellas se publicó por primera vez en el nº87 de la colección Agente Federal de Rollán, calculo que hacia noviembre de 1968, o puede que incluso diciembre, pues la obra tiene ambientación más o menos navideña, y termina el día de Navidad. La edición que yo he leído es la segunda (y última, por el momento), aparecida en FBI nº340 de Editorial Andina (1984), con una portada reciclada, mutilada y encajada en el antiestético diseño de Bolsilibros EASA. La portada original de 1968 (¿de Prieto Muriana, quizás?) es infinitamente más hermosa, tal y como señala el compañero Alberto Sánchez Chaves en su entrada sobre Agente Federal en su blog La memoria del bolsilibro (16 de marzo de 2020).


Estructuralmente, esta novela es casi idéntica a la muy posterior Melodía asesina (que acabo de leer): West Cameron (o Cameron West, que nunca queda del todo claro), un agente del FBI duro, que parece que va por su cuenta, sale a la palestra a ayudar a su amigo, un sargento de Homicidios de la Policía de New York. Hay un psicópata asesino matando a mujeres esculturales a golpe de cincel… y la pasma neoyorquina no logra encontrarse el culo con las dos manos. Y aquí entra el experimentado Cameron, que como él mismo dice, no es más inteligente que otros, pero sí más terco. Y poco ortodoxo. Así que tendrá que pasar por los estudios de escultores de Greenwich Village, entrevistarse con las hermosísimas y exhuberantes modelos que pueden ser blanco de esta "especie de Jack el Destripador" (en palabras de Cameron), y con un montón de beatniks que, en 1968, ya estaban un poco trasnochados, pues los hippies les comían el terreno rápidamente con sus flores, sus pies negros, sus chicas promiscuas y la música de la Familia Manson, que por aquel entonces era un pacífico grupo de melenudos establecido en el Rancho Spahn, en Los Ángeles.

La historia es simpática y está bien escrita, como siempre sucede con Curtis, pero no tiene el altísimo nivel de otras obras suyas, anteriores y posteriores. Lo cual no quiere decir que servidor no se declare fan de West Cameron.

Una nota bastante curiosa es que, según aprendimos gracias al gran Juan Castillo y su mítico blog Bolsilibros: Novela popular de Kiosco, Cameron había aparecido previamente en Los alucinados (FBI de Rollán nº927, publicada también en 1968); de modo que este título y el que tratamos aquí forman un pequeño díptico, cosa escasa en la amplia obra de Juan Gallardo Muñoz. (Por supuesto, hay otros ejemplos, como las celebérrimas novelas La muerte elige y Cerco de sombras, ambas de 1953, y con las que Juan Gallardo Muñoz comenzó su periplo bolsilibresco; o las aventuras del justiciero enmascarado del Far West llamado "El Ángel", que aparece en Cuando cabalgan los muertos y ¿Quién es el Angel?, de 1984).

 

Para consultar opiniones sobre otros bolsilibros, puede visitar mi blog NOVELAS DE A DURO, con más de un centenar de micro reseñas.

martes, 3 de octubre de 2023

Pasma (87th Precinct nº22), de Ed McBain

 

22 de septiembre de 2023


Fuzz, la novela nº22 de la Comisaría, Demarcación, Distrito o Precinto 87 de la ciudad de Isola, se publicó orginalmente en inglés en 1968, y en castellano, en 1969, con el título de Polizontes en el número 450 de la colección Caimán de Diana Editorial (México).

 

A España tardaría un poco más en llegar, y eso por obra y gracia del escritor Andreu Martín, que o bien estuvo al cargo, o muy relacionado, con la Serie Policíaca de la colección Libro Amigo de Ediciones B (la sucesora-heredera de Editorial Bruguera). La traducción de 1987, titulada Pasma, se debe nada menos que a Carlos Pujol, escritor catalán de aires peruchianos y al que debemos unos cuantos pastiches de Sherlock Holmes, bastante valiosos.


 

La lectura de Pasma es una gozada, que arranca con la comisaría invadida por dos pintores que están dejando todo, todo, todo de color verde manzana. Creo que en la serie de televisión Hill Street Blues imitaron este asunto en alguno o algunos episodios, con la presencia de operarios de diversos tipos, desde los que tienen que arreglar la avería de los baños hasta, me parece recordar, varios albañiles, y también unos pintores. Dicho así, la cosa no tiene ni puñetera gracia, pero la omnipresencia de estos dos cabrones irrespetuosos, gruñones, marimandones y simpáticos, es una de las varias líneas argumentales de la obra, y tiene momentos brillantísimos, dignos de la mejor comedia realista... por absurda. Como la vida  misma, vamos.

Es grato el brevísimo prólogo de Martín, donde habla de su primer contacto con McBain, y de la abierta decepción que le supuso leer a Evan Hunter, y sus reflexiones al respecto de estos nombres y pseudónimos son para tener en cuenta.


 

En la contraportada de nuestra edición, la frase promocional afirma: "La primera novela en que los miembros de la Comisaría 87 se enfrentan al Sordo".

Error. Y no pequeño.

Las historias protagonizadas por Carella, Kling, Meyer Meyer, Brown, Parker, Willis y el resto de la plantilla de la Comisaría 87 suelen girar en torno a criminales comunes, vulgares y estúpidos, es decir: realistas. Eso sucedía también sucedía en Hill Street. Lo que no sucedía en el distrito de Furillo, Renko y familia, era que tuvieran que enfrentarse con frecuencia a algún "genio del crimen", cuya presencia fuera un engorro dramático. El Sordo es el Moriarty, o más bien el Fantomas, de la Comisaría 87. Para los que hayan leído alguna obra de McBain, esto sonará a coña marinera. Pero no lo es. Y eso, a pesar de que los mismos agentes de la 87 se lo tomen un poco a broma.

La dinámica que se plantea es la siguiente: los policías son tipos más o menos competentes que hace un trabajo que en unas ocasiones sale bien, y en otras sale regular, y en otras sale fatal. Los criminales son cretinos andantes, débiles mentales, pobres despojos sociales dignos de lástima, adictos, tontarras, y algún psicópata que tampoco se caracteriza por su inteligencia superior, sino todo lo contrario. Vamos: como en la vida real. El problema llega cuando aparece un tipo anónimo que, en efecto, es un puto genio del crimen, muy superior en todo a la pasma: siempre va un paso por delante de la ley, y sus planes son intrincados, exagerados, aparentemente inútiles y, finalmente, brillantes.


 

La primera aparición del Sordo se remonta a The Heckler (novela nº12 de la serie, 1960), que en España nunca ha visto la luz, aunque sí se vertió al castellano en la citada colección Caimán de México, en el número 231 (1962), bajo el título de El torturador. De esta edición sólo hemos podido ver la portada. Así de difíciles de conseguir son estas ediciones en letra diminuta y un papel que el correr de los años ha chamuscado... pero las cubiertas son cautivadoras. En Pasma, no enteramos de que "hace unos años" el Sordo la lió muy gorda en Isola, puso bombas aquí y allá, tan sólo para atracar un banco. Pero la jugada le salió mal al genio por culpa de los muchachos de la 87.


 

Ahora, el Sordo ha vuelto con un nuevo plan magistral e incomprensible: pide 5.000 dólares a cambio de no asesinar a un concejal del Ayuntamiento. Aquello, claro, no cuadra, y el conejal muere. A continuación, pie 50.000 dólares o matará al teniente de alcalde de la ciudad. Y... bueno, nos vamos haciendo a la idea de por dónde podrían ir los tiros, ¿verdad? Al mismo tiempo, el detective Meyer Meyer está muy cabreado porque ha aparecido a la venta un libro (una novela) que se titula Meyer Meyer, y quiere poner una demanda contra el autor. También hay unos hijos de puta (en inglés los llaman "punks", en un sentido que no es el mismo que utilizamos hoy día) los cuales están quemando vivos a los vagabundos de la ciudad.

Y además, absolutamente todo lo que puede salir mal, sale mal. A todos. Menos al agente Genero, el incompetente policía de a pie que, por alguna loca razón, está en el lugar correcto en el momento correcto todo el puto rato. (A Genero, me parece, lo vemos convertido en detective en entregas de años posteriores. Y ahora entiendo por qué todos evitan a este inútil).

Me he reído MUCHO con esta novela, y algunas escenas me han puesto los pelos de punta. Y el final es tan osado que no me lo puedo creer. No me lo puedo creer. No me lo puedo creer.

Andreu Martín se saltó unas cuantas novelas de la serie para publicar la secuela, Let's Hear It for the Deaf Man (1973), traducida por Cristina Andreu como Ojo con el Sordo (1987, en Ediciones B). Al parecer, esta es la novela que enamoró al autor de Prótesis en una edición anterior, y con ella estoy ahora. (Con la de Ed. B, claro).

Tampoco me puedo creer que vaya a ser mejor que Pasma. Veremos.


P.D.: Si alguien me quiere vender o regalar o prestar El torturador de Ed McBain, estoy en el correo fabulasext@hotmail.com. Gracias.


jueves, 24 de agosto de 2023

Al este de la desolación, de Jack Higgins


"Vaya una forma de ocurrir las cosas. Auténtica serie B: no queremos algo bueno, queremos algo para el próximo lunes".

Jack Desforge (actor de capa caída), en Al este de la desolación

 

Si hace unos días hablaba de una novela prácticamente bolsilibresca de Higgins (brevísima, repleta de topicazos, muy entretenida), hoy entro con lo que a mí me ha parecido una rareza, titulada Al este de la desolación (East of Desolation, 1968).

Confieso que esperaba uno de esos tour de force a los que el autor me tiene acostumbrado (Ha llegado el águila, El confesionario, La noche del zorro, Exocet, Temporada en el infierno...), e incluso el texto de la contraportada parecía indicarlo: gran aventura entre los hielos de Groenlandia, un avión siniestrado, acción, un aviador llamado Joe Martin como protagonista, mujeres fatales... Y el caso es que sí, que todo eso está ahí. Pero no se encuentra hasta pasadas las 100 primeras páginas de las 250 que componen esta novela. Esas primeras 100 páginas podrían ser puro relleno, sí, pero... me las leí del tirón. Al principio, nos encontramos con una extraña pesadilla recurrente del protagonista, y luego conocemos a un actor veterano en horas bajas que anda jugando al cazador de osos por el Círculo Ártico, a otro aviador (un jovencito que vive para meterse en la cama con cualquier cosa que lleve faldas), y mucha ambientación, presentación de personajes que hacen cosas normales (beber; trabajar; emborracharse; beber; hablar del tiempo todo el rato, pues el tiempo es muy importante en esas latitudes; intentar meter a alguien en la cama), y nada que nos lleve a pensar que "cuando menos te lo esperes, se va a desencadenar la de Dios es Madre".


Y la verdad es que eso no llega a suceder en ningún momento, ni siquiera en la parte final, donde salen a la luz todos los misterios y secretos que guardan los personajes; ni siquiera se lía demasiado parda cuando el ex-Raf con cara de sádico empieza a mostrarse como lo que es (un asesino profesional), ni con la pelea de bar contra los marinos portugueses encabezados por un hombre monstruoso llamado Da Gama, ni con la visita al viejo chalado que se cree vikingo, ni con la presencia de la viuda del aviador muerto en un misterioso siniestro...

En serio, me ha parecido una historia muy extraña, con una construcción curiosa (sí, es lineal, pero...) y bastante atípica para lo que suele ser Jack Higgins. Está claro que, en el terreno literario, siempre se pisa terreno resbaladizo y no hay que dar nada por sentado.

Muy recomendable, no para los fanes habituales de Jack Higgins (que ya se la sabrán de memoria), sino para los que busquen un mecanismo de relojería que, en apariencia, no funciona... pero el caso es que sí.


(Tanto me gusta Jack Higgins, tan buen escritor me parece, tanto me entretiene y tanto se lo agradezco, que ahora estoy con otra de sus viejas novelas de aviadores: The Last Place God Made, de 1971. Esta sí que va al grano).