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jueves, 11 de julio de 2024

Sherlock Holmes y la ciencia ficción: en Librería Vino a por Letras (Getafe, agosto de 2019)


10 de julio de 2024

El 30 de agosto de 2019, una parte importante de los miembros de la Tertulia Holmesiana o Sherlockiana de Madrid nos deplazamos hasta Getafe, a la maravillosa librería Vino a por Letras, que conduce Cristina: combinar libros y vinos de calidad es lo que yo considero "un buen maridaje".

El propósito era repetir la charla que ya habíamos realizado en Estudio en Escarlata (Madrid), el día 26 de julio, y de hecho, los ponentes éramos los mismos: Juan Carlos Monroy Gil, Andrés Peláez Paz, José Luis González Martín y servidor. Por supuesto, lo de "repetir" es una imposibilidad física en este tipo de conferencias y mesas redondas, pues no se trata de ensayos escritos e inamovibles, sino de pequeños esquemas con los que improvisamos. Esto se puede comprobar escuchando la charla en Estudio en Escarlata; o la versión posterior, realizada el mes de octubre de 2019 en Albacete. No es que me haya puesto a revisar estas grabaciones, pero el (gratísimo) recuerdo que tengo es que no pudieron ser más distintas. Y si repitiéramos mañana, por mucho que insistiéramos en Voronoff y sus trasplantes de genitales de mono en humanos, con total seguridad abordaríamos otras muchas cuestiones que, en su momento, quedaron en el tintero. (No se pierdan las disensiones con el doctor Peláez, pues no tienen desperdicio e ilustran muy bien la pasión sherlockiana).

Aquí tienen la charla, que pueden escuchar en línea o, creo, descargar. Y detrás, unas cuantas imágenes del evento: no sé a quién acreditar las fotografías, pero sea quien fuere, mi agradecimiento por inmortalizar aquel encuentro.

 

 
 

El carte de la charla, en la librería Vino a por Letras.


 
 

De izquierda a derecha: Andrés Peláez, José Luis González Martín, Alberto López Aroca y Juan Carlos Monroy Gil. Getafe, 2019.




 




 
 
 

jueves, 7 de diciembre de 2023

"Sobre 'The Creeping Man'" (16 de julio de 2017). Un pequeño documento privado, desclasificado

Los experimentos de S. Voronoff sobre el transplante de testículos de simio en personas fue el origen del relato de Conan Doyle "La aventura del hombre que reptaba".

6 de diciembre de 2023

El 15 de julio de 2017 se celebró la XLII Tertulia Sherlockiana (o Holmesiana) de Madrid, en el restaurante El Labrador, en la calle Altamirano. La tertulia estuvo dedicada al relato "The Creeping Man" de Arthur Conan Doyle, uno de los últimos cuentos de Sherlock Holmes canónicos. Servidor de ustedes fue el que eligió y expuso el relato, y recuerdo que la sesión se fue bastante de madre y hubo acaloramientos improcedentes por mi parte. En mi descargo, más allá de las discusiones extrictamente sherlockianas, supongo que estaba afectado por las malas noticias que recibíamos (o dejábamos de recibir) acerca del terrible estado de salud de nuestro querido amigo y contertulio, José Goás Jul, que falleció dos meses después.

Creo que fue pensando en José Goás, o más bien en su ausencia, que al día siguiente puse por escrito una respuesta a determinadas alegaciones que se expusieron en la tertulia, y la compartí en nuestro grupo privado. El amigo, contertulio y agente secreto Luis Míguez explicó muy bien en una respuesta al también camarada y defensor de los débiles, Miguel Ángel Wolfville, estos acaloramientos: "Bueno, hubo polémica, pero es que esto es una tertulia de verdad". Amén, querido Luis.

A continuación, reproduzco la introducción que publiqué en el grupo privado de la tertulia y, después, el texto con mis consideraciones.

Y un aviso: si no ha leído usted "La aventura del hombre que reptaba", vaya de inmediato a buscarla y léala, porque si no lo hace, aquí no se va enterar de nada.

Una instantánea de aquella tertulia del 15 de julio de 2017. De derecha a izquierda: Alberto López Aroca, Luis Míguez y Javier Jiménez Barco, contemplando un ejemplar de la serie del Sherlock Holmes alemán.

 

***

Post publicado en el grupo privado de Facebook de la Tertulia Sherlockiana de Madrid, el 16 de julio de 2017

He preparado un pequeño artículo examinando las alegaciones que escuchamos ayer en la tertulia, acerca de la posible presencia de fragmentos xenófobos y/o chauvinistas pro británicos en "The Adventure of the Creeping Man", relato holmesiano basado en las actividades médicas de Serge Voronoff desde la segunda década del siglo XX.
Lo he escrito pensando en que no es un tema baladí, y que no se puede tratar a la ligera y a vuelapluma. Aquí está mi análisis, en archivo adjunto.
Abrazos para todos,
A.

 

Un breve de prensa sobre Voronoff.

Sobre “The Adventure of the Creeping Man” y las alegaciones de que se trata de un texto que posee connotaciones anti extranjeras (xenófobas) y pro británicas

por Alberto López Aroca

 

Entre estas alegaciones, se mencionan las siguientes:

1. El modo en que Trevor (Jack) Bennett se refiere a la caja de madera que el profesor Presbury trajo consigo de su viaje continental.

El texto original dice lo siguiente:

“It was the one thing which suggested a Continental tour, for it was one of those quaint carved things which one associates with Germany”.

La traducción de Lázaro Ros:

“Era la única cosa que hacía pensar en que él había viajado por el continente, porque es uno de esos curiosos trabajos tallados que uno asocia con la imagen de Alemania”.

 Una chapucera traducción online:

“Era la única cosa que sugería un paseo continental, porque era una de esas pintorescas y esculpidas cosas que uno asociaría con Alemania”.

Yo diría que el adjetivo “carved” (“tallado”, acaso “grabado”) no posee connotaciones negativas. El adjetivo “quaint” se puede traducir como “pintoresco”, “original”. Nos dice el diccionario que “quaint” significa “attractively unusual or old-fashioned”, esto es, “actractivamente inusual o pasado de moda”. Supongo que el problema está en llamar “cosa” a la caja…

Salvo que alguien pronuncie la frase y la entone con desprecio, en tono de chanza y con esa intención, yo dífícilmente puedo entender el texto como un enunciado despectivo y anti germánico. En todo caso, es descriptivo y señala que la caja procede de Alemania.

Por supuesto, y en última instancia, quien pronuncia la frase es Trevor Bennett (no el autor, ni tan siquiera Watson), y en el texto donde el fragmento se inserta no hay indicación alguna que nos lleve a pensar que Bennett tiene un tono despreciativo respecto a la caja (o hacia Alemania). O al menos, por mucho que lo busco, no lo encuentro.

 

El profesor Presbury y su perro, por F. Dorr Steele

2. Dorak

Sobre el “distribuidor” de Lowenstein en Londres, Holmes tiene que decir lo siguiente:

“Dorak—a curious name. Slavonic, I imagine.”.

Las traducciones citadas dicen, de forma idéntica (y fiel al original):

“Dorak… un nombre curioso. Eslavo, imagino”.

Cuando Mercer (agente de Holmes) envía su informe sobre Dorak, dice lo siguiente:

“Have visited the Commercial Road and seen Dorak. Suave person, Bohemian, elderly. Keeps large general store”.

Lázaro Ros dice:

“He visitado la Commercial Road y hablado con Dorak. Hombre bondadoso, de Bohemia, anciano. Tiene gran almacén de artículos varios”.

Y la otra traducción:

“He visitado la ruta comercial y he visto a Dorak. Persona afable, bohemia, anciana. Mantiene un gran almacén general”.

Me gustaría saber dónde está el punto xenófobo, pro británico, o crítico con los extranjeros, de estos fragmentos que hablan del comerciante almacenista, salvo en el hecho de que Dorak sea el distribuidor del “villano extranjero”…

 

Huelga decir que "H. Lowenstein, de Praga" está inspirado en el célebre (o infame) S. Voronoff.

3. Lowenstein

Lo poco que sabemos de Lowenstein es lo que nos dice el cuento:

“…an obscure scientist who was striving some unknown way for the secret of rejuvenescence and the elixir of life. Lowenstein of Prague! Lowenstein with the wondrous strenght-living serum, tabooed by the profession because he refused to reveal its source”.

Lázaro Ros dice:

“…un oscuro hombre de ciencia que trabajaba para descubrir, por procedimientos desconocidos todavía, el secreto del rejuvenecimiento y el elixir de la vida, ¡Lowenstein, de Praga! Lowenstein, el del prodigioso suero vigorizador, al que la profesión médica había declarado tabú, porque se negaba a descubrir la fuente de que lo extraía”.

Otra traducción:

“…un oscuro científico que estaba esforzándose de una desconocida manera por el secreto del rejuvenecimiento y el elixir de la vida. ¡Lowenstein de Praga! Lowenstein con el admirable suero que da vitalidad, prohibido por la profesión porque rehusaba revelar su fuente”.

El adjetivo “obscure”, que los traductores vierten al castellano como “oscuro”, significa en inglés, según el diccionario, “not discovered or known about; uncertain”, esto es: “no descubierto ni conocido; incierto”. O sea, que estamos hablando de un “científico poco conocido”, y no necesariamente de un sujeto “oscuro” o “siniestro”: esta última lectura es errónea.

 Al margen de estas consideraciones (creemos que objetivas), también sabemos que el comportamiento de Lowenstein es, cuando menos, imprudente, y Holmes lo tilda de “criminal” (“criminally responsible for the poisons which he circulates”, dice Holmes, y con razón).

El hecho de que Lowenstein sea oriundo de Praga (acaso haya nacido en alguna otra parte, pero Watson lo llama así, “Lowenstein de Praga”) quizá pueda tener para alguien connotaciones racistas (el nombre Lowenstein puede ser judío, perfectamente) y xenófobas. Pero si fuera así, estaríamos ante un caso realmente curioso:

En las fechas en que transcurre CREE (sept. 1903), Praga, capital del reino de Bohemia (bien conocido por los estudiosos holmesianos) y parte del Imperio Austrohúngaro, ya tenía una minoría de germano hablantes, frente a un número muy superior de checos. De hecho, Praga era el centro del nacionalismo checo, abiertamente enfrentado a la ocupación austrohúngara.

En 1918, como consecuencia de la I Guerra Mundial, surgió Checoslovaquia como nación; por tanto, en las fechas en que Conan Doyle publicó el relato de Watson (marzo de 1923), Praga ya no formaba parte de las posibles animadversiones británicas contra los hunos.

Indudablemente, Lowenstein es el villano (un tanto endeble, pues sus intenciones no son criminales, aunque sus actividades sí resulten peligrosas) y es extranjero, esto es, no británico. Y esto lo diferencia de otros caballerescos villanos del Canon Holmesiano, como el profesor James Moriarty, el coronel Sebastian Moran, el doctor Grimesby Roylott, y una larguísima lista de criminales y asesinos despiadados que no tuvieron a bien nacer fuera de la Blanca Albión, que es lo que tendrían que haber hecho para poder empezar a acusar de extranjerofobia al autor de “The Five Orange Pips” (donde Sherlock Holmes se enfrenta al Ku Klux Klan), que también fue uno de los máximos difusores y denunciantes del genocidio que se llevó a cabo en el Congo Belga bajo los auspicios del Rey Leopoldo (aunque esta denuncia se realizó, por supuesto, para mayor gloria de la Reina Victoria, ¿verdad?).

 

4. Chauvinismo pro británico en la aparición de la señorita Edith Presbury


Edith Presbury ve a su padre acechar por la venta del piso superior de la casa, por F. Dorr Steele

 

Parece que la descripción que Watson hace de la señorita Presbury cuando irrumpe en las habitaciones del 221b de Baker Street, es profundamente chauvinista. Veamos la traducción de Lázaro Ros:

“Nuestra visitante, joven, hermosa y llena de vida, del tipo corriente de jóvenes inglesas, devolvió la sonrisa a Holmes, al sentarse cerca de Bennett”.

Lo cual puede llevar a pensar a alguien que, de acuerdo con Watson, el “tipo corriente de jóvenes inglesas”, o sea, todas la inglesas, son “jóvenes, hermosas y llenas de vida”. Pero veamos otra traducción:

“Nuestro nuevo visitante, una brillante y elegante muchacha de un tipo inglés convencional, sonrió a Holmes cuando se sentó al lado del Sr. Bennett”.

Esta traducción, sutilmente distinta, no indica ni significa exactamente lo mismo que la de Lázaro Ros. Más bien, entendemos que la muchacha, si bien es “brillante y elegante” (“brillante” en el sentido de “luminosa” o “llena de vida”), también es “de un tipo inglés convencional”, es decir, que es una muchacha normal tirando a vulgar, como cualquier otra o, como dirían en Estados Unidos: “the girl next door”.

Aquí está el texto original, para que el lector decida cuál de las dos traducciones y significados se aproxima más a lo que Doyle recogió:

“Our new visitor, a bright, handsome girl of a conventional English type, smiled back at Holmes as she seated herself beside Mr. Bennett”.

 

Madrid, 16 de julio de 2017

 ***

Tras la publicación del texto, que suscitó diversos comentarios entre los contertulios, José Luis González Martín añadió lo siguiente, quizá durante el mismo día 16 de julio:

"Una apostilla: Lowenstein (literalmente, león de piedra),es una ciudad y condado alemán, además de una de las familias de la alta nobleza germánica. Cuando se obligó a los judíos a tener apellido, con el fin de estar censados, pagar impuestos, etc, en el transcurso de la formación de los modernos estados-nación alemanes; algunos tomaron como apellido su lugar de origen."

 

Holmes y Watson vigilan al profesor Presbury, por F. Dorr Steele.
 

sábado, 11 de noviembre de 2023

viernes, 10 de noviembre de 2023

En torno a las tertulias literarias (Tercera parte)

Portada del I Anuario de la TSHM de Madrid (2014). Ilustración de Luis Miguez.

(Aquí pueden leer la Primera y la Segunda parte de mis divagaciones sobre las tertulias. Esta tercera entrega la redacté en abril de de 2022, pero quedó inédita hasta hoy).

Si en la Tertulia de LTF tuve el placer de codearme, conversar, cenar y beber con coleccionistas, fanzineros históricos como el gran  Juanjo Parera, y un montón de amigos que acumulan no sólo miles y miles de libros de nuestros negociados (terror, fantasía y ciencia ficción, entre otros), sino un exacerbado conocimiento bibliográfico de estos temas -conocimiento que aumenta día a día-, en la Tertulia Sherlockiana o Holmesiana de Madrid (en adelante, TSHM) llegamos a conformar una suerte hogar, tan cómodo como las pantuflas viejas, que al mismo tiempo era un paraíso de camaradería al más puro estilo de la vieja escuela decimonónica, donde los brindis extracanónicos y las conversaciones acaloradas (exabruptos, puñetazos en la mesa, indignaciones) no eran excepción... Y, sin embargo, también era un lugar en el que resultaba imposible enemistarse o, sencillamente, enfadarse. He conocido pocas reuniones o tertulias, literarias o no, más caballerosas y honorables.

Un micropastiche del doctor Efrén Comín
 
Un micropastiche de C. Smith (Carmen Herrero)

Quizá esto se deba a que los sherlockianos de cualquier latitud tienden a ser personas educadas, cabales, sensibles e inteligentes, que aprecian y respetan el valor de un buen discurso y una buena argumentación tanto como el silencio, que en muchas ocasiones, también puede ser muy, muy significativo: en las tertulias se aprende mucho más escuchando que hablando, y tan importante es lo que se dice como cuándo se dice.

Instantánea del día en que fundamos la TSHM. De izquierda a derecha: Jaime González García, el doctor Andrés Peláez Paz, servidor de ustedes, el señor Juan Carlos Monroy Gil, y Luis de Luis Otero. En esos momentos nos encontrábamos frente a la caseta de la librería Estudio en Escarlata de la Feria del Libro de Madrid, en la que había estado firmando ejemplares de mis libros, junto al escritor sherlockiano Javier Casis. Sábado, 15 de junio de 2013.

 
Un micropastiche de Begoña Pérez Ruiz

Más de 60 reuniones mensuales (y algunas extraordinarias, fuera de cómputo) a lo largo de los años, a las que asistieron sherlockianos de toda España y alguno que otro de más allá del Atlántico, demuestran que aquel hábito tan cómodo de tertuliar se convirtió en una pequeña, discreta institución a la que acudían amigos desde muy lejos, realizando costosos e incómodos viajes hasta Madrid. Existen registros escritos, más o menos fiables, de buena parte de las tertulias, con los nombres de los asistentes y algún que otro detalle; pero, lógicamente, la TSHM se ha mantenido sobre todo gracias a un enorme "núcleo duro" de incondicionales. Ellos saben quiénes son, y el lector también, si echa un vistazo al listado de los nombres que aparecen junto a los múltiples micropastiches que realizamos, cada Navidad, como regalo para los compañeros. Hay médicos, gerentes de Telepizza, poetas y poetisas, dibujantes, editores, escritores, telefonistas, libreros, ex actrices, profesores, dependientes de comercios, agentes comerciales, funcionarios de Hacienda, ex empleados de banca, administrativos, bibliotecarios... todos interesados en Sherlock Holmes y su inabarcable mundo, canónico o pastichero. Hay incluso una sección malagueña bastante estable (un puente que tendieron los hermanos Javier y Miguel Ángel Wolfille), que venía a reunirse con nosotros cuando podía. Y por supuesto, allí recibimos las honorabilísimas visitas de grandes amigos como Manuel Berlanga (responsable del mítico fanzine Berserker) y el matemático Paco Mancera, ambos miembros de la facción Málaga; el maestro de la cifi española, ya desaparecido, Carlos Saiz Cidoncha; el enigmático Abuelito del Desván (Pedro Porcel Torrens); el terriblemente irónico Reginaldo Caviar (Gonzalo Laguno); Miguel Ojeda (junto a otros miembros destacados del Círculo Holmes de Barcelona, como Jaume Gabaldà); el escritor de bolsilibros Lem Ryan; o Juan Antonio Requena (uno de los pocos agentes visibles, de carne hueso, de la misteriosa y esquiva Amateur Mendicant Society de Madrid), por citar a algunos. Pero fueron muchos, muchos más.

Un pastiche (no micro) de José Luis González Martín

Un micropastiche de Alfonso Díez Taravilla

También hemos sufrido pérdidas. José Goás Jul, autor de pastiches sherlockianos y un maravilloso, entrañable amigo, excelente conversador y polemista, que se desplazaba desde Lugo a Madrid para asistir a las tertulias, falleció en septiembre de 2017, en circunstancias que parecían salidas de una relato de terror gótico. Manuel Aguilar García, escritor y crítico cinematográfico (y muchas cosas más), también nos dejó recientemente, en junio de 2021, sin posibilidad de que nos despidiéramos de él. Ambos eran parte del ya mencionado "núcleo duro", y sus respectivas desapariciones prematuras supusieron duros golpes para mí... y para la tertulia.

De izquierda a derecha: Manuel Aguilar García, Carlos Díaz Maroto, José Goás Jul, Luis Alboreca y servidor. Lugar: la entrada del restaurante El Labrador, en calle Altamirano (Madrid).


Un micropastiche de Javier Jiménez Barco

En los primeros días de marzo de 2020 tuvo lugar la última reunión oficial de la TSHM, y la siguiente hubo de aplazarse sine die por motivos que, hoy, en 2022, resultarán obvios para cualquier lector del planeta Tierra.

Para mí, es evidente que esta tertulia volverá a estar activa en algún momento, y nada me agradaría más que estar presente durante su resurrección.

(Continuará...)

sábado, 28 de octubre de 2023

Sherlock Holmes y la Ciencia Ficción: en Estudio en Escarlata (2019)

Por fin, disponible el audio de la charla sobre "Sherlock Holmes y la Ciencia Ficción", celebrada en la librería Estudio en Escarlata (Madrid), el 26 de julio de 2019. Con la presencia de José Luis González Martín, Andrés P. Paz y Juan Carlos Monroy Gil.

 





lunes, 7 de agosto de 2023

Las recomendaciones de los amigos


 

 (De Facebook)

11 de julio de 2023

A día de hoy, lo que más me interesa de FB son los posts con los libros que estais leyendo, con su pequeño comentario, las recomendaciones, las críticas, las micro reseñas... Por supuesto, prefiero esa clase de intercambios de información en persona (estoy pensando en aquella vez en que Alfonso Díez Taravilla, en la Tertulia Holmesiana de Madrid, me recomendó las primeras novelas de John Verdon, y cómo servidor, en el último año, ha picado y ha disfrutado esos bestselleracos que parecen salidos de los años 70).
Y nada, pues eso.

sábado, 16 de abril de 2022

En torno a las tertulias literarias (Segunda Parte)

José Luis Serzo, ayer, hace veinte años, o en algún momento a mitad de camino.

(Continuación de En torno a las tertulias literarias 1ª parte)

Durante aquella estancia madrileña en el año dos mil y poco, en la que me permitieron convivir con ellos dos maravillosos amigos y artistas, Luis Escribano y Gabriel Molero, tuve el placer de compartir muchas horas y días y mañanas y tardes con José Luis Serzo, que no sé cómo diablos se autodefinirá ahora mismo, pero para mí siempre será un pintor de primera categoría, consagrado al arte por el arte.

Serzo me condujo a una suerte de tertulia inclasificable, pues no se reunía en un lugar fijo, sino que saltaba de aquí para allá, por entre los rieles de los metros y los trenes de cercanías de Madrid, y pasaba por las galerías de arte más en boga de aquellos días, los talleres de diversos pintores y, por suerte, tenía parada los domingos en el Museo del Prado. (Sobre esto último, sobre las visitas que Serzo y yo hicimos al Prado, hay alguna que otra aventura notable, como la del Misterio de la Cámara Acorazada o las Peripecias de los Pasillos Para Fumadores. Algunas de esas historias dan para escribir uno o dos cuentos, por lo menos: "Había una joya azul, muy grande, en el centro de la cámara, bajo un foco de luz, y tenía la forma de algo que he olvidado, porque ya quedó muy atrás en el tiempo. Y sin embargo, hoy..." Esto sería una cita de un relato no escrito, ni concebido, ni nada de nada).

El tesoro del Delfín en el Museo del Prado. Creo que eso es lo que vimos Serzo y yo hace eones, pero ¿quién sabe? A lo mejor allí también tienen algún marciano, como en el Área 51. Y joyas mágicas, azules, volátiles, inaprehensibles, clarkashtonianas...

José Luis me llevó a conocer a algunos de los más notables artistas del momento (y de ahora mismo), y me permitió ver en vivo y en directo no sólo sus creaciones y su método de trabajo, sino el de otros muchos caballeros del ramo, como el siempre inquietante y sorprendente Óscar Seco (con quien tuve la suerte de colaborar en un catálogo con un par de cuentos, uno lovecraftiano y otro de kaijus en la II Guerra Mundial), y el extrañísimo pero cercanísimo -qué misterio- Che Marchesi. El padre de Óscar había tenido una relación íntima con la elaboración de algunos de los más míticos álbumes de cromos de tiempos ancestrales; el de Marchesi había sido pintor de decorados para películas y para el teatro. A José Luis Serzo habría que echarle de comer aparte, como decimos por aquí: él también me permitió que dijera alguna cosa respecto a su obra en catálogos y panfletillos de exposiciones. La primera década de los dosmiles se prestaba todavía a esas cosas.

Óscar Seco, genio y figura y monstruos en mitad de la guerra.

 

Por Cthulhu, ¿qué estaba haciendo yo allí, entre esa gente magnífica e incomprensible? ¿Me estaban tomando el pelo? ¿Se lo estaba tomando yo?

Marchesi, hoy (o hace unos años), haciendo lo suyo por todo el mundo. Admirable, amigos.

 

Con Luis y con Gabi, que por fuera y por dentro son personas buenas y generosas, teníamos microtertulias diarias nocturnas, muy espirituosas, a las que asistían muchos de sus amigos: por ejemplo, Mariano Quillén-Oquendo. Las botellas de Four Roses, a las que los Hermanos de San Serapión nunca tuvieron acceso, se acumulaban, vacías, como por arte de magia. No faltaba de nada, jamás. Ni comida, ni bebida, ni visitas, ni conversación. Una noche, Mariano destruyó al personaje de Rafael Núñez, Cazador de Psicópatas, que yo había creado años antes. No me dejó salida. Ni siquiera me permitió llevarlo a un acantilado suizo para que muriera dignamente. Rendirse ante la lógica aplastante y la evidencia también es aprender. (Otra cosa es que yo sea capaz de aprender algo de alguien tan brillante como Mariano).

Hoy, Luis es uno de los dos responsables de Uno Editorial, y Gabi acaba de sacar un disco con su grupo, Los Inocentes, en el que colabora Karina.

***

Mi padre tuvo un cáncer de próstata, de modo que volví a Albacete para echar una mano y ver cómo se desarrollaba el asunto. Madrid no me había matado, pero tenía miedo de lo que le pudiera pasar a mi familia.

Esa es la verdad.

Mi padre, Miguel López García, fallecido en 2019. No lo mató el cáncer sino el Alzheimer. O una neumonía derivada del Alzheimer. O que ya estaba harto de no entender nada y ver fantasmas de perros, de personas. Quién sabe.


  ***

En 2012 regresé a Madrid, y entré en la Tertulia de la Tercera Fundación (LTF) de la mano de mi amigo Javier Vidiella, supongo que a finales de ese mismo año. Ahí, al menos, tuve la delicadeza (y la suerte) de esperar a que me invitaran. He estado asistiendo a las tertulias mensuales, el tercer jueves de cada mes, hasta el año 2020, en que ya saben ustedes lo que sucedió en el mundo. En la tertulia de LTF se intercambian libros, se compra y se vende y se regala, y llevan tantos años reuniéndose que las conversaciones literarias pasan a veces (muchas veces) a un segundo plano. Pero eso no importa. Lo que cuenta es la cerveza, los chopitos (y los chupitos de después), las tortillas de camarón... y los libros inencontrables que faltan en las colecciones de los miembros. Pues en este caso, estamos hablando de una tertulia de coleccionistas de fantasía, ciencia ficción y terror, que se consiguen unos a otros esos ejemplares malditos, y que además elaboran (elaboramos) la base de datos de género más importante de España, y la mejor, pienso yo, a nivel internacional.

Servidor, en un momento feliz, en la tertulia de LTF, hacia 2013. (Los suscriptores del crowdfunding de Los náufragos de Venus sin duda lo saben mejor que yo).

 

Durante aquel mismo período, un grupo de aficionados a la figura de Sherlock Holmes fundamos la Tertulia Sherlockiana (o Holmesiana) de Madrid, que hoy día está en proceso de recuperación, pues se detuvo en marzo de 2020 (y no hace falta que repitá el porqué). Ahí nos hemos estado reuniendo editores, autores, connoisseurs y, sobre todo, holmesianos. De esta tertulia han surgido diversas iniciativas, y la menos importante no es la ingente cantidad de relatos pasticheros que se han escrito y publicado, no sólo de Holmes, sino también de Harry Dickson (le Sherlock Holmes americaine), Tarzán, Jules de Grandin, etc., etc.


Un efecto enriquecedor de las tertulias: la creatividad en forma de micropastiches. Imagen tomada del natural, con minifanzines (o micropastiches) de la Tertulia Holmesiana (o Sherlockiana) de Madrid.


 (Continuará...)

 

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Y si son tan amables, y están interesados en cosas como éstas que contamos arriba, no dejen de visitar (hasta el 19 de abril, pues cerraremos el plazo) la página dedicada a la suscripción de VAMPIROS DE CURTIS GARLAND, tal y como enlazamos aquí).


Y si por un casual de estos de la vida, lo que buscan son máquinas de asedio medievales y cachivaches de ese estilo, visiten PCTWOOD, de mi amigo Pascual Correa Toledo.