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jueves, 18 de julio de 2024

La primera aventura del Coyote (El Coyote Extra nº2, 1945), de José Mallorquí

El Coyote nº11 (Favencia, 1973). Portada de Jano. Esta es mi edición, que en su día regalé a mi padre; la leyó el 15 de abril de 2005, tal y como dejó apuntado en la portadilla interior.


21 de enero de 2024

Esta es una de las historias fundamentales para llegar a comprender el alcance, la grandeza, de la más importante y duradera de las aportaciones del maestro José Mallorquí a la literatura española, tanto la popular como la otra (sea lo que sea "la otra", que imagino se puede llamar "alta literatura" como "literatura impopular", por oposición a la popular). Convengo, por supuesto, con otros muchos lectores, críticos y reseñistas en que la serie dedicada a Juanito "Jíbaro" Vargas es incluso de mayor calidad, pues se adentra en profundidades a las que no llegó don César de Echagüe, alias el Coyote; pero esto no es un demérito para la colección, tan extensa como 192 novelas que ya se han reeditado en un buen puñado de ocasiones. No conozco caso semejante en las letras españolas; y en las de otras nacionalidades habría que recurrir a personajes como Doc Savage, La Sombra o Tarzán para establecer parangones. Ni siquiera los clásicos del tebeo español (El Capitán Trueno, El Guerrero del Antifaz, Roberto Alcázar y Pedrín, por citar a los héroes más populares) resisten la comparación. (Si hablamos del terreno humorístico, podemos afirmar que Mortadelo y Filemón juegan en otra liga bien distinta, pues ya han alcanzado la inmortalidad, igualque su autor, el gran Francisco Ibáñez).

 


 
La primera aventura del Coyote es el segundo de los números EXTRA de la original colección de la Editorial Clíper, publicada en el famoso "formato pulp español" (esto es: un A-5 aproximadamente —sobre 15x21 cm— con cuadernillos cosidos o, a veces, grapados entre sí, y la portada rudimentariamente pegada al libro). Segundo número, sí, que es tercero, pues la primera entrega de la serie, que ya había publicado Molino en 1943, en la colección Novelas del Oeste nº9, firmada por "Carter Mulford" y con hiperrealista portada de Batllé, se volvió a editar como un número EXTRA... o eso me apuntan por ahí las bibliografías coyotianas. (Posiblemente este dato sea erróneo; ya habrá tiempo de rectificarlo).
 
 

El Coyote por Carter Mulford, 1943. Esta es la primera historia publicada del Coyote, que no su primera aventura, como averiguaríamos años más tarde.


Los números EXTRA se intercalan en la "serie regular" y, ciertamente, no he encontrado un quorum sobre dónde debe leerse La primera aventura del Coyote: asumo que debería ir después de la tetralogía de La banda de la Calavera, pero tampoco lo tengo demasiado claro, pues en las reediciones de Favencia, Bruguera, Cid, etc., ocupa lugares distintos en la numeración general de la serie.
 
***

No es mi intención aquí la de realizar una reseña o recensión del relato, cuya sinopsis es apasionante: narrado en dos tiempos, el presente de la década de 1860 y los flashbacks que nos llevan a 1846, esta historia nos remite a unos hacendados vecinos de la familia Echagüe que hubieron de huir de California y que perdieron su propiedad. Además, los fugitivos siempre creyeron que los Echagüe aprovecharon la circunstancia para apoderarse de dichos bienes. Esto, por supuesto, es un equívoco que llega hasta el presente y, de hecho, los expoliados jugaron un papel importantísimo en la creación de la figura del Coyote.

Hasta aquí, la sinopsis reducida a su mínima expresión. No obstante, veremos en esta obra un par de detalles maravillosos:

El primero es la devoción que el joven don César siente por la obra de Calderón de la Barca, uno de nuestros máximos dramaturgos del Siglo de Oro español; don César siempre ha hecho gala de una cultura vasta... propia del pisaverde cobarde por el que se hace pasar. Es un gran detalle de Mallorquí que el joven César optara por Calderón y recomendara su lectura a los conocidos.

El segundo detalle resulta en verdad impresionante: en el origen secreto del Coyote, recogido aquí por Mallorquí, se recurre a la mitología creativa y, al mismo tiempo, es una confesión del autor acerca de lo que ya era evidente para cualquier lector de ayer y hoy: que el Coyote está directamente inspirado en la figura del Zorro. Visto desde la perspectiva del lector, esto es una obviedad; lo que resulta mucho más interesante es que César de Echagüe menciona al Zorro y, por tanto, conocía las viejas hazañas del enmascarado californiano que actuaba bajo ese nombre. Y queda bastante claro que don César no tenía ni idea de que, por ejemplo, tras la máscara del Zorro se encontraba un rico hacendado como él, don Diego de la Vega. A fin de cuentas, César se convierte en el Coyote en 1846, y las hazañas literarias del Zorro, recogidas por el escritor norteamericano Johnston McCulley, no empezaron a publicarse hasta 1919, con la primera novela de la serie, The Curse of Capistrano.


La primera novela del Zorro, publicada en 1919.


Esto significa que las aventuras del Coyote transcurren en el mismo plano de realidad (o universo) que las del Zorro. Por tanto, no habría sido imposible que presenciáramos un encuentro entre un maduro Diego de la Vega y el joven César de Echagüe.

Es evidente que José Mallorquí nunca tuvo la intención de propiciar tal encuentro, pero a los mitógrafos creativos teóricos no nos está vedado discurrir sobre esta posibilidad hasta convertirla en probabilidad. Para eso existe el amplio territorio de la mitología creativa y de la ficción: para encontrar el dato, la pista, la sugerencia que nos permita dar otra vuelta de tuerca a los avatares de nuestros arquetipos.

 

Edición de Los Libros de Barsoom, con las dos primeras novelas del Zorro (2022). Obviamente, la recomendamos fervorosamente.

jueves, 12 de octubre de 2023

Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy

 

10 de marzo de 2023

A la tercera va la vencida. Pues tres han sido los viajes, tomado de la manita por Cormac McCarthy, los que me han costado leer de una puñetera vez este libro que, hoy, se encuentra ya en el terreno de los clásicos meridianamente malditos (o de culto). La primera vez que lo intenté debió ser allá por 2008, año más o menos, pues me lo prestó mi gran amigo, el periodista y escritor Marcelo Ortega Picazo, con mucha ilusión; y Marcelo es un excelente lector y encima de Villalgordo (provincia de Albacete).

Por supuesto, no pude soportar durante mucho tiempo la ausencia de puntuación en los diálogos de McCarthy, y tuve que abandonarlo tras el magistral capítulo del vampiro, que se encuentra en las cincuenta primeras páginas o así. Porque una cosa es que la prosa sea realmente buena y la narración recoja acontecimientos de sumo interés para el lector y los personajes sean odiosamente apreciables; y otra cosa es que te pierdas cada dos o tres páginas por el capricho estilístico de un autor. Servidor, bregado en textos castellanos del siglo XV y XVI en sus versiones originales, no debería tirarme tanto de los pelos por esto, pero en pleno siglo XXI (o incluso en el siglo XX), pues mire usted... no lo veo claro. Vale que es la voluntad del escritor, de acuerdo, y que sin duda esto tiene un motivo artístico; pero me siento más cómodo con Jim Thompson, que es definitivamente mejor que McCarthy, juega en su misma liga (o en su mismo paradigma) y no se ríe de la ortografía, así, por sus santas narices. Tome el lector La sangre de los King (King Blood, 1973), una de las mejores y más violentas novelas jamás escritas, y luego hablamos.

Pero no quiero entrar en comparaciones, pues ese es un terreno deleznable e injusto en el que siempre, siempre, siempre sale perjudicado alguien. El primero, el opinador de turno. Corramos un tupido velo...

Volví al juego de "¿quién puede más, tú o yo, maldito McCarthy?" una década más tarde, con el mismo éxito (es decir: me quedé en el vampiro, o poco más adelante. Sigo pensando que esa secuencia del vampiro nocturno se la robó el autor a Goya, y nadie me va sacar de ahí). Y ahora, por fin, con sangre, sudor y lágrimas, lo he logrado. Me he leído de cabo a rabo Meridiano de sangre. Y el tortuoso viaje ha merecido la pena, claro que sí. Pero que no me inviten otra vez, por favor.


Han sido diez días de lectura discontinua y esforzada. La preparación previa consistió en la trepidante Al otro lado del río de Jack Ketchum y la gozosa, por su aparente sencillez, Mr. Paradise de Elmore Leonard. La primera, porque está relacionada temáticamente con Meridiano de sangre, y transcurre incluso en la misma época y casi en el mismo territorio; y la segunda, porque con Leonard uno se siente como en casa (eso, suponiendo que tu casa esté repleta de gentuza y de criminales gilipollas) y sus prodigiosos diálogos están muy, muy bien escritos... y puntuados. Sólo un traductor atroz, o un editor-rata (de los de publicar libros con tipografías ínfimas o con espaciado automático entre párrafos), pueden cargarse un libro de Leonard.

Blood Meridian se publicó originalmente en 1985, y no he hecho un seguimiento de cómo le fue en Estados Unidos ni la repercusión que tuvo. Llegó a España en 2001, en edición de Debate, y es bastante probable que hacia 2002 o 2003, mi amigo Luis Escribano me hablara de esta novela, pues Luis siempre ha estado al día de los títulos y autores más interesantes, sobre todo de los norteamericanos. (Quiero recordar una conversación con Luis en el bar Triana de Albacete, en la que apareció McCarthy y su Meridiano de sangre, posiblemente porque estuviéramos hablando de Apocalypse Now, de Joseph Conrad, de la brutalidad en la literatura o de westerns. O de fanzines. O de... quién sabe).

Pero en realidad, empecé a tener conciencia de la existencia de McCarthy cuando, en 2007, se adaptó al cine No es país para viejos (No Country for Old Men, 2005), dirigida por los Cohen y con un papel oscarizado de Javier Bardem. Nunca he llegado a ver la película, aunque sí leí la novela por recomendación del inspector jefe de la Policía Nacional de Albacete, que por entonces era alumno de servidor en la Universidad Popular, en el curso de escritura creativa. Y, como ya he dicho, me pareció que era una historia que podría haber firmado Jim Thompson, pero sin puntuación en los diálogos (cosa muy poco útil en un curso de escritura donde, entre otras cosas, se enseñaba la importancia de la ortografía y la gramática para el escritor). Me gustó, pero también me molestó.
Por cierto: La carretera (The Road, 2006) no la he leído. Y tampoco he visto la peli.

En fin. El libro:

McCarthy conforma una novela larga sobre el infame Grupo Glanton, una banda de hijos de puta, algunos de ellos veteranos de la guerra de México y Estados Unidos, que se dedicaban a la caza de cabelleras de indios entre 1849 y 1850, a sueldo de los mexicanos. Al parecer, el negocio era bueno, pero Glanton y los suyos consideraron que era difícil distinguir la cabellera de un indio de la un mexicano: a más cabelleras, más oro.

Unos hijos de puta sádicos, como digo. Y por desgracia, reales como la vida misma, si no nos engañan las crónicas y diversos testimonios de la época.

Hay un personaje de dudosa historicidad, conocido como "el Juez Holden" según la autobiográfica My Confession de un tal Samuel Chamberlain, que formó parte del grupo. Chamberlain afirmaba que nadie sabía "quién o qué era Holden". Hay subrayar ese "qué", pues es el que le permite a McCarthy dar la vuelta al marcador del western para introducirnos en una historia no sólo de terror y salvajismo y crueldad y bellos paisajes y muerte y tortura y desesperación, sino también de horror sobrenatural fantástico. Pues el Juez Holden bien pudo existir, pero si era tal y como aparece en Meridiano de sangre, también podríamos rescatarlo como enemigo de la Patrulla X. Metidos a especular y a decir disparates, casi lo podríamos comparar con el Conde Drácula, epítome de los malvados sobrenaturales. Holden, en esta novela, tiene esa talla de villanía y monstruosidad, y ese aire outré, contra todo pronóstico creíble, que lo hace aún más grande. Sin duda, Holden es el logro definitivo de McCarthy. Porque es esta pieza, este personaje salido de otro mundo, de otro planeta o del puto infierno, el que hace que la ambientación y la sucesión de hechos, peripecias, masacres y barbarie encajen a la perfección, hasta el punto de que uno termina pensado aquello de "esto tuvo que ser así y no de otro modo", como nos sucede cuando leemos From Hell de Alan Moore.

¿La recomiendo? Sí, claro que sí, cómo no, faltaría más; y esto, a pesar de que McCarthy no nos ayude en absoluto con su falta de puntuación. Eso sí: vocabulario tiene como para aburrir.

En el terreno más o menos extraliterario, debo mencionar mis dudas de si la traducción al castellano es mala o regular. Espero no olvidarme nunca (y por eso escribo para mí estas reseñas) de que el traductor, Luis Murillo Fort, el mismo caballero que ha vertido al castellano con éxito casi todas las novelas de Barry Gifford, utilizó “venablo” como sinónimo de “jabalina” (la hembra del jabalí), para no repetir la palabra en el mismo párrafo. Me temo que ahí, el diccionario de sinónimos no estuvo a la altura de las circunstancias.

Oh, Cthulhu... me estoy dando cuenta de que, en algún momento de mi vida, tendré que leer la versión original en inglés de esta pesadilla. Joder, esta novela es como una maldición...

***

Post Scriptum: Le he dicho a Marcelo que ya le puedo devolver el libro. Marcelo dice que ya se lo devolví hace años. Que tiene su ejemplar en Villalgordo. Yo SÉ que no se lo devolví nunca, y que jamás he comprado un ejemplar de Meridiano de sangre. ¿Qué cojones pasa con este libro? ¿Está de verdad maldito, o qué?


martes, 10 de octubre de 2023

Al otro lado del río, de Jack Ketchum


 

25 de febrero de 2023

Mi amigo Javier Vidiella, sabio y coleccionista (dos conceptos que no siempre van aunados y que, en realidad, quedan un poco raros en la misma frase) me regaló hace años una copia de la edición no venal de Al otro lado del río de Jack Ketchum, publicada por Horizonte Ediciones, en buena traducción de Guillermo Daniel Galli, con una tirada de 15.000 ejemplares (el dato lo he encontrado por ahí, en algún lugar recóndito de Internet). Supongo que el librito debió "regalarse" con alguna revista u otra publicación periódica, no tengo ni idea. Tampoco me importa demasiado.

Tengo la suerte de que los gustos de Javier y los míos corran en paralelo, de manera que, para mí, el señor Vidiella es un gran recomendador. (No se me olvida que fue él quien me habló bien de Ed McBain). Por qué he tardado tantos años en leer Al otro lado del río tiene relación con dos cosas, primera: con la fama de brutalidad explícita en la literatura de Ketchum; y segunda, con cierta fase personal de servidor en que me he mantenido lejos de productos culturales que pudieran zaherir mi sensibilidad. (Sí, esa misma sensibilidad que ha escrito sombre gángsters zombis, torturadores, niños asesinados, psicópatas, sádicos, masoquistas, etc., etc. La sensibilidad del ser humano varía con el tiempo, y aumenta o disminuye de grado en función de las circunstancias. Fin de esta subtrama que los guionistas se podrían haber ahorrado).


The Crossings (2003), que es el título original de esta novelita de 124 páginas, prácticamente un bolsilibro, es un excelente western de terror ambientado en 1848, tras el final de la guerra entre México y Estados Unidos. Estamos en Arizona, y por ahí quedan muchos veteranos que se han quedado sin trabajo y se dedican a hacer lo que hacen los guerreros en tiempo de paz: el Mal. Emborracharse. Pelearse. Buscar problemas. Dar problemas. Convertirse en vaqueros. Etcétera. Y también tenemos a la población mexicana civil que ha sufrido la guerra y, ahora, la posguerra, haciendo lo que mejor saben hacer las poblaciones civiles: ser víctimas.


 

Y tenemos a una chica mexicana secuestrada por un siniestro grupo de delincuentes, y a la hermana de la muchacha, y a nuestros veteranos no integrados (y no será que no lo intentan). Y una pesadilla que bordea lo sobrenatural, enclavada en un rincón perdido, en una especie de castillo de Drácula pero con el sabor del altar de sacrificio azteca, y unas ancianas monstruosas, y un aparente negocio de esclavismo sexual que, si esto es posible, resulta que es algo aún peor.

En fin: a tiros con el Mal. Sin bromas. Y con mucha, muchísima sangre.

Excelente.

(Hay edición también de 2008, en tapa dura, creo, de El Andén).


miércoles, 13 de septiembre de 2023

El Paso: Tierra Violenta (Jíbaro Vargas nº2), de José Mallorquí

 


16 de mayo de 2023

Publicado en Pueblos del Oeste nº4 (marzo de 1949).

Saltamos atrás en el tiempo para conocer al niño Juan Vargas y la atribulada y dramática historia de su padre. Estamos en 1846, en los albores de la guerra de México contra los Estados Unidos, y la convivencia entre mexicanos, españoles y tejanos es, sencillamente, imposible.


 

Voy a destacar, por puro capricho estético, la discretísima presencia del droguero armenio Iskuhí Chatakhian, mentiroso chamarilero, perfumista y contador de historias y exóticas aventuras con las que hace volar la imaginación de Juanito Vargas. Por lo que he visto, Chatakhian vuelve a aparecer más adelante.

En esta serie, tienen importancia las leyendas populares, las consejas y las máximas: en el volumen anterior, se narraba la leyenda de cómo el coyote (el animal) se convirtió en un “jíbaro”, esto es, un animal de natural manso, que se asalvaja. A todo esto, las relaciones entre personajes son lo suficientemente complejas como para que resulten bastante impredecibles sus acciones y decisiones. Un dramón. (Al parecer, la costumbre de encerrar a la gente en sus casas y quemarla viva la aprendieron los tejanos de los mexicanos, de los tiempos de El Álamo. O eso cuenta Mallorquí en esta historia).

Una burrada maravillosa. No sé qué hago que no estoy leyendo YA la tercera entrega de Jíbaro.