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viernes, 20 de octubre de 2023

Diez más uno (87th Precinct nº17), de Ed McBain



Otra entrega, esta de las muy buenas, de los Muchachos de la Comisaría 87 de Isola. En esta ocasión, toda la novela se centra en un único caso, y de los jodidos: el de un francotirador que bien podría actuar de forma arbitraria. Esto último es lo que no quieren ni pensar los detectives Carella y Meyer. Con lo bien que se les da buscar al individuo que tiene motivos y oportunidad para asesinar a alguien en concreto, y lo mal que lo llevan cuando el criminal mata por matar... En fin, un francotirador "deportivo" es la pesadilla de cualquier poli de la 87.

No voy a contar nada más del argumento, pues este es uno de esos libros en los que merece la pena adentrarse sin tener más información que una escueta pista, como la que indico más arriba.

Ten Plus One, publicada en 1963 como la novela nº17 de esta serie, muestra las limitaciones del procedimiento policial (de ahí la angustia de Carella y compañía), y McBain aprovecha para sacar un buen puñado de trapos sucios la nobilísima pasma: desde la importancia medida en porcentajes de las víctimas, en función de quién es la víctima, hasta la indudable existencia de la violencia policial gratuita, que puede pasar desapercibida y arrojar al arrollo (o a la cárcel) a un inocente sin que aquí se entere nadie.

Tenemos un par de capítulos memorables, como el del asesinato del ayudante del fiscal que, con su muerte, contribuye a que los encargados del caso del francotirador obtengan recursos para conducir su investigación; o el de la exhuberante y sensual actriz que visita la comisaría para goce y disfrute de patrulleros y detectives... escena que me ha recordado enormemente a los capítulos de Hill Street Blues en que apareció Jennifer Tilly como estrella invitada. Además, McBain describe a un personaje inusitado, ¡un guionista de humor gráfico!, de viñetas sueltas, y nos cuenta el modo de trabajo e incluso da algunos ejemplos (sin los dibujos, eso sí). Y también llama mi atención las menciones al presidente JFK y sus diversas políticas, justo en el año en que lo asesinarían. Qué pena que ese caso no cayera en manos de Carella...

Jennifer Tilly, estrella invitada en Hill Street Blues.

En el apartado puramente editorial, voy a subrayar que la traducción de Antonio Bonanno para la Biblioteca Ed McBain de Ediciones B es buena, que la tipografía tiene el tamaño correcto, que la portada es la misma en toda la colección (los disparos pintados por Chichoni), y que el prólogo de David C. Hall me lo he saltado, preventivamente, no fuera a destriparme la novela. Hubo edición de la mexicana Ed. Diana, en la colección Caimán, que curiosamente no es difícil de encontrar en España (este título, digo; la mayoría de los Ed McBain de Caimán son Arcas de la Alianza), y Círculo de Lectores también publicó la traducción de Bonanno. Todo en orden, todo bien. Pasamos a la siguiente.



miércoles, 11 de octubre de 2023

Ritual de la sangre (87th Precinct nº14), de Ed McBain

 


27 de septiembre de 2023

Sí: sigo leyendo a Ed McBain como si no hubiera un mañana. Y en total y absoluto desorden cronológico, pues recordemos: servidor es el tipo que empezó a leerse Watchmen, allá por el verano de 1987, por el número 6 (sí, el de Rorschach y el perro y el psiquíatra y "yo no estoy encerrado aquí con vosotros; vosotros estáis encerrados aquí conmigo").


Lady, Lady, I Did It es la novela número 14 de la Comisaría 87 de Isola, y se publicó en 1960. Si tenemos en cuenta que la primera de la serie (yo aún no la he leído, ¿ven lo que quería decir más arriba?) apareció en 1956, concluiremos que McBain era un tipo prolífico y que su idea de relatar el día a día de los dieciséis detectives y ciento ochenta y siete patrulleros del distrito no sólo estaba funcionando bien (hablando en términos comerciales), sino que él mismo se sentía cómodo mientras la escribía.

Esto último lo pienso por la indiscutible calidad de las novelas y la cantidad de recursos que utiliza en ellas de forma impecable. No me refiero a las diversas tramas entrecruzadas y a la cercanía (y por tanto, realidad) de sus personajes, sino técnicas literarias más o menos caprichosas con las que McBain nos lleva de la mano adonde le sale de las narices, sin que le tiemble el pulso. Sí, hay informes policiales, periciales, fichas de delincuentes, notas de periódicos... pero la canónica narración en tercera persona y pasado se va a paseo de vez en cuando, y el autor le habla en segunda persona a USTED, el lector que, por ejemplo, de repente es un cadáver y, por tanto, NO TIENE DERECHOS. O cuando narra en presente los días o las horas o la estación del año en La Ciudad. O ese momento en que un personaje rememora mejores tiempos, y McBain se marca un corta y pega de alguna novela anterior, y nosotros lo leemos con total naturalidad y pensamos: "Es verdad, esto le sucedió así a Bert Kling, sin duda... ¿Es que lo habré leído en alguna parte?"


El título original de esta novela hace referencia a una especie de broma infantil que aparece en la novela, y que quizá aún sea popular en los Estados Unidos; por lo demás, el título en castellano de la edición que he leído, Ritual de la sangre, en traducción de 1989  del escritor argentino Elvio Gandolfo, también viene al caso y es uno de los temas o ideas o imágenes recurrentes de esta emocionante, trágica, tristísima obra, en la que tenemos pocas posibilidades de echarnos unas risas.

¿De qué va la novela? De un único caso: el de un asesinato en masa cometido en una librería. Cuatro cadáveres y un único criminal. Y por desgracia, una de las víctimas es la prometida de un detective de la 87. Lo cual significa, como bien explica McBain, que desde ese momento todos los agentes, hasta el último patrullero, siguen haciendo su trabajo con la efectividad de siempre, como en cualquier otro momento... pero en realidad, todos ellos lo hacen de forma automática, sin demasiado interés, porque en realidad están centrados en escuchar, olizquear, registrar, remover, y sacudir lo que haga falta para encontrar al culpable.

Todos.

Y los principales detectives encargados del caso tendrán que abrir muchos "armarios", como siempre hacen durante los casos de homicidio, y en esos "armarios" siempre hay esqueletos. Incluso en el "armario" de la joven e intachable novia de un poli, a la que conocemos desde hace ¿doce, trece novelas? Uf...


El escritor Miguel Agustí, el hombre que inventó la palabra "pitufos" para referirse a los "schtroumpfs" de Peyo, escribe un prólogo que, lo confieso, me he saltado para evitar que me destripe la historia. Hice lo mismo con los prólogos de Andreu Martín, y no iba a hacer menos con esta (más o menos) cuidada edición de B, en la colección Biblioteca Ed McBain, con cubierta de Chichoni. Agustí empieza el prólogo dándole una buena paliza a Hill Street Blues y a la televisión en general. Y por mi parte, a la tele le pueden prender fuego, pero por favor, no me toquen Hill Street, que me cabreo. Con todo mi cariño hacia Agustí, que me parece un profesional como la copa de un pino, y que merecería mayor reconocimiento del que tiene.

Qué tipografía enorme, maravillosa, se utilizó para esta edición, y qué birria minúscula que era, es y será siempre la tipografía utilizada por los responsables de la mexicana Editorial Diana, que publicó a McBain en castellano antes que nadie. Hoy, precisamente, me ha llegado por correo un ejemplar del nº232 de la colección Caimán de Diana, titulado Yo soy el culpable, y que es la primera traducción de Lady, Lady, I Did It, realizada en 1962 por René Cárdenas B.


Con todo y con eso, las portadas de Caimán le dan cien vueltas a las de las ediciones españolas, posiblemente por su proximidad en el tiempo con las ediciones originales: ilustraciones de cubierta pintadas a mano y con el aire de las célebres Gold Medal y otras colecciones de paperbacks (libros de bolsillo), herederas de los primitivos pulp magazines. Las prefiero un millón de veces a las cubiertas con una fotografía de agencia, o a ciertos disparates artificiales (y poco inteligentes) que se están perpetrando hoy.

Pero ese es otro jardín bien distinto, y lo dejaremos para otra ocasión. O para nunca. Es mejor no perder el tiempo.

martes, 3 de octubre de 2023

Pasma (87th Precinct nº22), de Ed McBain

 

22 de septiembre de 2023


Fuzz, la novela nº22 de la Comisaría, Demarcación, Distrito o Precinto 87 de la ciudad de Isola, se publicó orginalmente en inglés en 1968, y en castellano, en 1969, con el título de Polizontes en el número 450 de la colección Caimán de Diana Editorial (México).

 

A España tardaría un poco más en llegar, y eso por obra y gracia del escritor Andreu Martín, que o bien estuvo al cargo, o muy relacionado, con la Serie Policíaca de la colección Libro Amigo de Ediciones B (la sucesora-heredera de Editorial Bruguera). La traducción de 1987, titulada Pasma, se debe nada menos que a Carlos Pujol, escritor catalán de aires peruchianos y al que debemos unos cuantos pastiches de Sherlock Holmes, bastante valiosos.


 

La lectura de Pasma es una gozada, que arranca con la comisaría invadida por dos pintores que están dejando todo, todo, todo de color verde manzana. Creo que en la serie de televisión Hill Street Blues imitaron este asunto en alguno o algunos episodios, con la presencia de operarios de diversos tipos, desde los que tienen que arreglar la avería de los baños hasta, me parece recordar, varios albañiles, y también unos pintores. Dicho así, la cosa no tiene ni puñetera gracia, pero la omnipresencia de estos dos cabrones irrespetuosos, gruñones, marimandones y simpáticos, es una de las varias líneas argumentales de la obra, y tiene momentos brillantísimos, dignos de la mejor comedia realista... por absurda. Como la vida  misma, vamos.

Es grato el brevísimo prólogo de Martín, donde habla de su primer contacto con McBain, y de la abierta decepción que le supuso leer a Evan Hunter, y sus reflexiones al respecto de estos nombres y pseudónimos son para tener en cuenta.


 

En la contraportada de nuestra edición, la frase promocional afirma: "La primera novela en que los miembros de la Comisaría 87 se enfrentan al Sordo".

Error. Y no pequeño.

Las historias protagonizadas por Carella, Kling, Meyer Meyer, Brown, Parker, Willis y el resto de la plantilla de la Comisaría 87 suelen girar en torno a criminales comunes, vulgares y estúpidos, es decir: realistas. Eso sucedía también sucedía en Hill Street. Lo que no sucedía en el distrito de Furillo, Renko y familia, era que tuvieran que enfrentarse con frecuencia a algún "genio del crimen", cuya presencia fuera un engorro dramático. El Sordo es el Moriarty, o más bien el Fantomas, de la Comisaría 87. Para los que hayan leído alguna obra de McBain, esto sonará a coña marinera. Pero no lo es. Y eso, a pesar de que los mismos agentes de la 87 se lo tomen un poco a broma.

La dinámica que se plantea es la siguiente: los policías son tipos más o menos competentes que hace un trabajo que en unas ocasiones sale bien, y en otras sale regular, y en otras sale fatal. Los criminales son cretinos andantes, débiles mentales, pobres despojos sociales dignos de lástima, adictos, tontarras, y algún psicópata que tampoco se caracteriza por su inteligencia superior, sino todo lo contrario. Vamos: como en la vida real. El problema llega cuando aparece un tipo anónimo que, en efecto, es un puto genio del crimen, muy superior en todo a la pasma: siempre va un paso por delante de la ley, y sus planes son intrincados, exagerados, aparentemente inútiles y, finalmente, brillantes.


 

La primera aparición del Sordo se remonta a The Heckler (novela nº12 de la serie, 1960), que en España nunca ha visto la luz, aunque sí se vertió al castellano en la citada colección Caimán de México, en el número 231 (1962), bajo el título de El torturador. De esta edición sólo hemos podido ver la portada. Así de difíciles de conseguir son estas ediciones en letra diminuta y un papel que el correr de los años ha chamuscado... pero las cubiertas son cautivadoras. En Pasma, no enteramos de que "hace unos años" el Sordo la lió muy gorda en Isola, puso bombas aquí y allá, tan sólo para atracar un banco. Pero la jugada le salió mal al genio por culpa de los muchachos de la 87.


 

Ahora, el Sordo ha vuelto con un nuevo plan magistral e incomprensible: pide 5.000 dólares a cambio de no asesinar a un concejal del Ayuntamiento. Aquello, claro, no cuadra, y el conejal muere. A continuación, pie 50.000 dólares o matará al teniente de alcalde de la ciudad. Y... bueno, nos vamos haciendo a la idea de por dónde podrían ir los tiros, ¿verdad? Al mismo tiempo, el detective Meyer Meyer está muy cabreado porque ha aparecido a la venta un libro (una novela) que se titula Meyer Meyer, y quiere poner una demanda contra el autor. También hay unos hijos de puta (en inglés los llaman "punks", en un sentido que no es el mismo que utilizamos hoy día) los cuales están quemando vivos a los vagabundos de la ciudad.

Y además, absolutamente todo lo que puede salir mal, sale mal. A todos. Menos al agente Genero, el incompetente policía de a pie que, por alguna loca razón, está en el lugar correcto en el momento correcto todo el puto rato. (A Genero, me parece, lo vemos convertido en detective en entregas de años posteriores. Y ahora entiendo por qué todos evitan a este inútil).

Me he reído MUCHO con esta novela, y algunas escenas me han puesto los pelos de punta. Y el final es tan osado que no me lo puedo creer. No me lo puedo creer. No me lo puedo creer.

Andreu Martín se saltó unas cuantas novelas de la serie para publicar la secuela, Let's Hear It for the Deaf Man (1973), traducida por Cristina Andreu como Ojo con el Sordo (1987, en Ediciones B). Al parecer, esta es la novela que enamoró al autor de Prótesis en una edición anterior, y con ella estoy ahora. (Con la de Ed. B, claro).

Tampoco me puedo creer que vaya a ser mejor que Pasma. Veremos.


P.D.: Si alguien me quiere vender o regalar o prestar El torturador de Ed McBain, estoy en el correo fabulasext@hotmail.com. Gracias.


martes, 19 de septiembre de 2023

Patrulla 22 (Punto Rojo nº491, septiembre de 1971), de Curtis Garland

 


9 de septiembre de 2023
 
Patrulla 22 (Punto Rojo nº491, septiembre de 1971), de Curtis Garland.
 
He leído esta novelita de Juan Gallardo Muñoz para tomar un respiro de la inmensidad de Whirlwind de James Clavell, que son unas 1.400 páginas en inglés (o más bien, en diversos ingleses… el que haya leído a Clavell sin traducir, sabrá a lo que me refiero) sobre los primeros días de la revolución de Jomeini en Irán, allá por febrero de 1979.
Y he elegido Patrulla 22 porque es un título que, desde que lo conozco, me evocaba Hill Street Blues. Y por lo tanto, a Ed McBain y su serie del Precinto/Comisaría/Distrito 87.
No me he equivocado. No del todo.
 

 
Pienso que Patrulla 22 está inspirada en las lecturas que Curtis debió hacer de McBain, en esos casos truculentos, viscerales, realistas casos del detective Steve Carella y la extensa plantilla de la comisaría. No obstante, esta novela corta no es un “procedural”, sino más bien un “anti-procedural”. Lo que aquí hizo Juan Gallardo fue usar todos los tópicos de ese subgénero de la novela policíaca para subvertirlos, y convertir el relato del devenir de dos patrulleros de a pie en un whodunnit. Así, el argumento es el siguiente: el coche 22 de la Patrulla Volante de Manhattan ha volado por los aires con sus dos patrulleros. Es un atentado en toda regla, y la policía no termina de encontrar motivo o sospechoso alguno. Otros dos patrulleros (un veterano y un activísimo y brillante jovenzuelo) toman el relevo de la nueva Patrulla 22. La sospecha es que es asesinato de sus compañeros tenía que estar relacionado con algunos de los casos en que habían trabajado recientemente. Pero estos patrulleros no se pueden meter en el caso del secuestro de un niño, pues es cosa del FBI; y el problema del Murciélago, el ladrón incendiario, se ha convertido en cosa de la Brigada de Homicidios. Y el tercer caso, el de la Voz, que realiza llamadas obscenas, también está sobrepasando el límite de las amenazas a los hechos. Pero, claro está, eso no va a detener a la Patrulla 22, que tendrá que saltarse las reglas y puentear al capitán de la comisaría, al FBI, a los detectives de homicidios, para investigar por su cuenta… durante sus horas libres. (En ese sentido, el argumento se parece mucho a la segunda novela del Precinto 87, The Mugger, de 1956, que en España fue El atracador).
 
"El atracador", edición en castellano de 1962. ¿La leyó Curtis Garland?
 
Muy divertida vuelta de tuerca, como he dicho, a McBain. Confieso que no he encontrado otras novelas de Curtis protagonizadas por los muchachos del escalafón más bajo de la policía, los que van a pie… o en coche patrulla: casi siempre tenemos detectives privados, o bien de Homicidios, Narcóticos, etc., o bien, investigadores amateurs como periodistas, escritores o el tipo que pasaba por allí en el momento equivocado. Esto hace de Patrulla 22 una novela distinta. Satisfactoria y devorable en una o dos sentadas.

 

Para consultar opiniones sobre otros bolsilibros, puede visitar mi blog NOVELAS DE A DURO, con más de un centenar de micro reseñas.

miércoles, 30 de agosto de 2023

El atracador (87th Precinct nº02), de Ed McBain


Qué extrañísima sensación produce leer un episodio de Canción Triste de Hill Street ambientado en los años 50. Es como si hubieran metido a Furillo, Renko, Belker y Larue (entre otros) en una máquina del tiempo y los hubieran soltado en un mundo distinto del suyo.



Distinto, sí; pero poco. En El atracador (The Mugger, 1956) de Ed McBain, segunda novela de la serie de la Comisaría 87 de Isola, los polis son los mismos que aparecerán 25 años después en la entrega nº35, Calor, que leí inmediatamente antes que ésta. Los años no han transcurrido como en la realidad, sino más bien como en los tebeos: aquí, Bert Kling en un policía de a pie, un simple número, y el detective Steve Carella brilla por su ausencia, pues al parecer anda de luna de miel. En Calor (1981), Carella y Kling son compañeros, pero Kling sigue siendo "uno de los detectives más jóvenes de la Comisaría 87". Los sueldos han subido (de unos 5.000 a 20.000 dólares anuales, más o menos), pero ellos siguen siendo los mismos y ni siquiera les han salido arrugas.

Y sin embargo, las tramas y los comportamientos, así como el entorno, los barrios ricos y los más pobres, los pandilleros, la diversidad de etnias, la inmensa estupidez y monstruosidad de los criminales, son las mismas. El detective Meyer Meyer (así se llama, gracias a un padre que se creía con sentido del humor) sigue un caso de la Comisaría 33 a través de la prensa, de principio a fin de la novela: el del tipo que entra en las casas para robar gatos. Los detectives Willis y Havilland (este último es una especie de Larue de Hill Street, pero más oscuro) andan detrás del pintoresco y brutal Clifford, atracador de mujeres que da título a la novela. Y el agente Bert Kling... bueno, tiene problemas propios que lo llevarán a hacer lo que no debe ni puede: investigar un asesinato por su cuenta y riesgo.



El atracador es una gozada en muchos aspectos, y confirma una vez más la inmensa influencia de la serie de McBain sobre los futuros shows televisivos de procedimiento policial. Aunque no llega al nivel de Calor, que me pareció excelente, esta novela corta (no llega a 200 páginas) tiene peso real.



Probablemente, también sea la novela de la Comisaría 87 con más ediciones en castellano, pues se incluyó en un par de colecciones que fueron muy populares en su día: Club del Crimen (en formato revista) y Bestsellers Serie Negra de Planeta, por ejemplo, y en los Jet de Plaza & Janés, como El atracador de mujeres. Hay también ediciones más recientes.

En fin: parece que el título es un clásico en sí mismo, vista su difusión.

Y nada, yo me voy a buscar más historias de la Comisaría 87. Y si se me acumulan en la pila de libros pendientes, mejor que mejor. Ya les llegará su hora...


 

lunes, 28 de agosto de 2023

Calor (87th Precinct nº35), de Ed McBain

(De Facebook)

23 de agosto de 2023

Bien, pues ya estamos como con Daphne du Maurier: me he ganado otra paliza, de esas que no te matan pero te llevan al hospital para que te remienden un poco.
La paliza me la merezco porque, hasta ahora, y a pesar de los consejos de amigos como Javier Vidiella, no había leído nada de Ed McBain (pseudónimo de Evan Hunter, que es el nombre legal que adoptó en 1952 Salvatore Lombino), autor todoterreno, pero recordado hoy, sobre todo, por su larga serie de historias sobre la Comisaría 87 de Isola, una ciudad ficticia en los Estados Unidos, pero presumiblemente basada en la isla de Manhattan.
 
 
 

Calor (Heat, 1981) es la novela número 35 del 87th Precinct, y apareció justo cuando se estrenó la maravillosa serie televisiva Hill Street Blues (en España, Canción Triste de Hill Street). En verdad, McBain tenía motivos para mosquearse ante la clarísima inspiración de Hill Street (de Steven Bochco) en sus propias novelas, que se remontaban a 1956. Sobre este tema, supongo que habrá mucho que indagar, opinar y especular, pero lo cierto es que, a estas alturas, da lo mismo: resulta que sí, que al menos Calor se puede leer como un episodio de Hill Street (o más bien, como un pedacito de NYPD Blues, aquí, Policías de New York), y a mí me ha parecido una pequeña obra maestra, una joyita de goce y disfrute, donde dos o tres tramas (que no todas son casos policiales) se desarrollan y entrecruzan en esta novela, protagonizada por los detectives Steve Carella y Bert Kling.
 
 

 
El título no está puesto al azar: estamos en el mes de agosto, en plena ola de calor, y la humedad del ambiente y las continuas averías de los aires acondicionados hacen que el trabajo policial y la vida en general sea poco menos que insoportable. De hecho, el Caso nº1 está relacionado con un suicida que no encendió el aire en su casa, lo cual resulta harto sospechoso...
No voy a dar más explicaciones ni pistas; tan sólo me limitaré a decir que, desde ahora mismo, uno de mis motivos para seguir viviendo será conseguir más novelas de la Comisaría 87 y leerlas, aunque tengan portadas tan anodinas coo la de la edición de Destino, bien traducida por Salvador Vives Pérez en 1986. (Y ya puestos, habrá que echar un vistazo a las tempranas historias de ciencia ficción que Hunter escribió con su/s nombre/s o con diversos pseudónimos).
Si el resto de la serie está a la altura de Calor, me esperan años de goce y disfrute.
 
P.D.: Evan Hunter escribió el guión de The Birds de Alfred Hitchcock, basado en la novela corta de Daphne du Maurier. Círculos e intersecciones literarias.