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viernes, 14 de junio de 2024

Noticias de ayer: El hipnotismo y otros fenómenos, por J. C. y C. (1860).


 

El escepticismo de la ciencia positiva es un movimiento notable y antiguo, además de una postura filosófica correcta. En el siguiente artículo, casi bicentenario, se apunta a la necesidad de pruebas positivas para demostrar hipótesis que explican ciertos fenómenos, y al destierro de problemas que la ciencia considera absurdos.

De esto, repetimos, hace ya casi doscientos años. Y es que una cosa es hacer ficciones sobre el movimiento perpetuo, y otra muy distinta intentar llevarlo a cabo con éxito: una pérdida de tiempo... en teoría.

El caso de la hipnosis parece distinto: se supone que existe, pero ¿es como nos la venden? ¿Sirve para algo? Ha dado lugar a relatos tan brillantes como "Los hechos en el caso del señor Valdemar" de Edgar Allan Poe o "El hipnotizador" de Ambrose Bierce, que mencionábamos aquí hace nada de tiempo.

***

 

Artículo extraído del diario El Día (Madrid), 19 de mayo de 1860






 

lunes, 10 de junio de 2024

Crímenes bestiales (1975), de Patricia Highsmith

 

La edición, barata, encontrable y manejable, que yo he leído. La traducción, muy buena, es de A. B. V. (1985).


7 de junio de 2024

The Animal Lover's Book of Beastly Murder es una colección de trece relatos publicada originalmente en 1975, aunque alguno de los cuentos ya había aparecido, por ejempo, en Ellery Queen's Mystery Magazine. En España, cuando llegó (en marzo de 1984, según LTF), se tituló Crímenes bestiales, y es uno de los libros más publicados, editados y reeditados de Patricia Highsmith en castellano (y en otros idiomas). Habrá quien piense que esto se debe a que el título original anuncia que es una recopilación de relatos para amantes de los animales, que van a ver cómo los bichos hacen justicia frente a la odiosa raza humana.

Edición original, 1975.


 

Es una forma de verlo, y de hecho, comparto esta opinión. No obstante, la crudeza y crueldad (y realismo) con que Highsmith retrata la vidas de elefantes, camellos, ratas, monos, gatos, perros, cabras, hámsters, etc., tampoco invita al "amor incondicional por nuestros pequeños compañeros de planeta", ni chorradas de esas. Aquí, Highsmith entra en el terreno del gore sin ninguna clase de cortapisa, y nos recuerda, sobre todo, al Ambrose Bierce más desatado, ese que escribió los relatos "Aceite de perro" o "El hipnotizador" (ambos incluidos en El Club de los Parricidas y otros relatos) antes de irse a México para autopracticarse la eutanasia, por el sencillo método de ser gringo en una revolución mexicana. (Esto último, lo de la eutanasia, lo dijo Bierce; no es invención mía).

 

Los amantes de la literatura de terror splatterpunk tienen aquí al abuelo del género, en todo su horripilante esplendor. Los relatos que dan título a esta antología son cinco, todos escritos durante el siglo XIX, todos publicados originalmente en periódicos y alguna revista.


Así que, aquí tenemos a Patricia Highsmith en todo su esplendor, su sentido de la ironía, y su lenta y laboriosa labor de torturar y asesinar a toda la especie humana por medio de la escritura. Sinceramente, por lo que sé de la autora, debió de pasarlo en grande redactando estos relatos de animales, muchos de ellos maltratados, que acaban con sus maltratadores. En otros casos, en otros cuentos, los bichos simplemente actúan de acuerdo con su naturaleza e instinto, y no hacen nada de particular cuando acaban con vidas humanas: los hurones no son conocidos por su particular amor a nuestra especie, y sí por tener unos dientes afilados como agujas que se enganchan a la carne humana que da gusto. Y los hámsters... ¡ay, los hámsters...!  El relato "Los hámsters contra los Webster" es una pequeña joya por su protagonista, el pequeño Larry Webster, quien me recuerda al niño de ese otro prodigio de puto mal rollo que es "La cometa" (incluido en la antología La casa negra). Los razonamientos que expone Highsmith en el cuento de los roedores "domésticos" son lógicos y terroríficos; las acciones de los bichos son pefectamente comprensibles (y terribles); pero la interacción humana... ay, los humanos. Ay, las familias. Ay, papá y mamá...

 


 

El primer relato del libro, "La absolutamente última actuación e Corista", narrado en primera persona por un elefante, me parece el más fallido, pues presenta un caso que se me antojó lacrimógeno, y no la hiel y la bilis que uno espera hallar en Highsmith. Menos mal que continué, y menos mal que tan sólo otro de los relatos está contado en primera persona (concretamente, el de la cucaracha, que es un cuento poco dañino y muy simpático); no obstante, en prácticamente todos los textos, Highsmith utiliza la "inhumana" (guiño, guiño; codazo, codazo) perspectiva del animal. Salvo, claro, "El día del ajuste de cuentas", también conocido coo "el de la factoría de gallinas", que es escatológico, brutal, desalmado, irreverente, antipolítico y devastador. Y es que debe ser difícil ponerse en el lugar de un pollo hembra aprisionado y torturado durante toda su vida. Y más difícil todavía, ponerse en el lugar de cientos, miles de estas aves que consumimos a diario.

(Empiezo a intuir que la idea de "justicia poética" que manejaba Patricia Highsmith es semejante a la de "justicia a secas" del Dios del Antiguo Testamento).

Tenemos un estremecedor ejemplo de lealtad post-mortem en el cuento de perros "Ahí estaba yo, cargando con Bubsy", y salvajadas como "La muerte de la temporada de trufas" (cerdos) o la historia de cierre, "Paseo en chivo" (cabras), que quizá sea la más divertida... salvo por las partes en que Highsmith no nos ahorra el maltrato al animal. También, es impresionante que nuestra querida (aunque dé miedo) Patricia no incluyera la zoofilia en alguno de sus textos. Igual sí lo hizo, pero guardó el cuento en un cajón...

 



Para mí, está claro que la autora dio con un pequeño filón, una "máquina de hacer churros" que empleó de forma ejemplar, personal y utilísima: para fabricar un libro de cuentos que se vendería por todo el mundo en cantidades industriales, y todo eso sin hacer daño a ningún animal durante el proceso. Salvo, quizá, alguna mosca o mosquito que haya quedado estampada en las páginas de algún ejemplar. Cucarachas no, porque las cucarachas son más listas que el hambre.

En resumen: otra de esas lecturas obligatorias que había ido dejando pasar durante los años y que ya he resuelto. Qué bien lo he pasado, ¡qué mal lo he pasado!

 

Patricia Highsmith con su gato, planeando al alimón la destrucción de la especie humana. No con un gran "¡katapum!" definitivo, sino poquito a poco, golpe a golpe, mordisco a mordisco, gotita a gotita de sangre...


 

lunes, 9 de octubre de 2023

La chica del columpio, de Eloy M. Cebrián

 


8 de octubre de 2023

Eloy M. Cebrián (Albacete, 1963; en adelante: Eloy) demuestra una vez más que, en el año de su jubilación laboral como docente, sigue siendo una joven promesa. Y eso es bueno.

Me explico. El escritor (no Eloy, sino "el escritor", en general, como especie que se ha convertido en plaga planetaria) es una criatura vil, envidiosa y vanidosa; un chiquillo malcriado y respondón. Cuando pierde esos defectos porque ha comprendido de una vez por todas las verdades de la vida, el significado profundo del Bien y del Mal, y siente el memento mori del dolor de espalda diario, deja de ser escritor para convertirse en yo qué sé qué... ¿Alguna especie de quimera monstruosa, pero tranquila, paciente, de vida rutinaria y placentera? ¿Una estatua en cuyo pecho late un corazón débil que, o lo ha perdido todo, o lo ha ganado todo? ¿Un adorno en su propio salón? ¿Una persona que ha alcanzado el nirvana y ya no necesita compartir sus importantísimos, más íntimos pensamientos con el resto del universo y más allá? Quién sabe.

Así, la vida útil del escritor de narrativa (mientras sigue siendo escritor) se divide en dos fases, cuyas demarcaciones son tan difusas como un espejismo chino en el cielo o la foto de un OVNI de 1968: joven promesa y vieja gloria. No hay término medio.

Ambas fases son indistinguibles para el propio escritor, que pasa de la una a la otra sin percibir el más mínimo cambio en su realidad: sigue peleando, sigue maldiciendo, sigue buscando que lo lean y, sobre todo, sigue escribiendo como si aquello fuera lo más importante del mundo. Porque esas fases (que existen, si lo sabré yo) se encuentran en la mirada del observador, es decir, en el lector. Y es que los lectores tienen su lenguaje en clave, sus códigos, sus saludos secretos francmasónicos, carbonarios y rosacrucianos que no comparten con los autores. "He leído XXX de Fulato de Tal", dice un lector a otro. "¿Y qué tal?" "Tira que te va. Promete, habrá que ver cómo evoluciona..." "Ah, vale". Y también: "Uf, me he terminado YYY de Zutano de Cual". "¿Y qué, mantiene el nivel o ya está acabado?" "Uf. Uf. Uf. La verdad, tira que te va, porque se le ve el oficio hasta en la encuadernación. Pero no se puede comparar con lo que escribía hace 5X8IZ años. Se nota que se le han acabado las ideas y se ha acomodado". "Ah, vale".

Y así todo el rato.

Bueno, pues según este rollo mariano que acabo de soltar, Eloy es joven promesa, a pesar de que lleva ya, no sé, ¿veinticinco años? escribiendo y publicando y ganando premios y etc. Y sus lectores, me parece, siguen observando "a ver cómo evoluciona". O sea: "a ver qué se inventa ahora".

 

Lo que nuestro autor se ha sacado de la manga es una novela corta americana que casi cuadraría con la etiqueta de "gótico sureño" si no fuera porque está escrita por un tío de Albacete. Admito que La chica del columpio no llega a ser tan americana como las obras que publican los amigos y colegas de Dirty Works, porque eso ya sería pasarse de rosca y tendríamos que buscar a Eloy para eutanasiarlo, pero sí que suena tan americana como, pongamos, Stephen King o una hamburguesa del McDonald's o el Air Force One.

La chica del columpio es una historia de terror que, en la contraportada del libro, el mismo Eloy relaciona con Cormac McCarthy, con Donald Ray Pollock... y con James M. Cain. Servidor ve en esta novelita sobre todo al último, pues al igual que Eloy, Cain sabía puntuar los diálogos y utilizaba y reutilizaba un argumento archiconocido: el tipo que cae al abismo por culpa de una mujer fatal. (Cain escribió esta historia tres o cuatro veces, por lo menos). De este modo, que me disculpe Eloy, pero La chica del columpio es un clarísimo pastiche de Cain, ejecutado con la soltura, fiabilidad y legibilidad que caracterizan al autor, y con una enorme dosis de mala baba y semen desparramado o proyectado con potencia adolescente.

 

La "América profunda" de Eloy es genérica (el Medio Oeste) y no se moja con localizaciones reales, ni falta que le hace. La historia es intensa, un pasapáginas y, por extensión (e incluso por la estructura), es algo así como un bolsilibro moderno, con toda la incorrección política que era de esperar y de desear en Eloy. (También diré que, en realidad, la historia es políticamente incorrecta para los cánones actuales, pero hace diez años no habría tenido nada de particular en ese terreno, ni habría resultado provocadora, ni leches en vinagre. Es una historia negra, y punto).

¿Por qué el relato sobre un chaval que se tuerce y al que mandan a la granja de sus tíos (a ver si lo enderezan) resulta que es una narración terrorífica? Porque da mucho miedo. Porque suena a auténtica. Porque es prima hermana de los infames hechos reales sobre los que Jack Ketchum construyó su más famosa novela. Porque cosas así suceden con mucha frecuencia, y no obstante nos preguntamos, con Ambrose Bierce: Can Such Things Be? Es decir, ¿esto puede ser? (Nota: debería resultar obvio, pero lo voy a subrayar: "Bitter" Bierce es el abuelo incontestable de esta clase de crónicas oscuras americanas. Sin Bierce no tendríamos a Cain, ni a McCarthy, ni a Ketchum. Ni a Eloy M. Cebrián, me temo).


Puaf, vaya si no. Esto, amigos, es todo lo contrario del realismo mágico, en que los hechos anormales, fantásticos, improbables, se presentan y aprecian en un contexto más o menos real como habituales y perfectamente aceptables en el orden de las cosas. La chica del columpio de Eloy M. Cebrián, como las obras de la rama realista del terror, ofrece una serie de hechos factibles, que no son tan extraordinarios; de hecho, se diría que son hasta comunes, dentro su aparente extrañeza. Pero no nos parecen aceptables y cada vez que nos los cuentan, nos echamos las manos a la cabeza en plan grito de Munch y decimos lo de Bierce: "Joder, ¿cómo pueden pasar estas cosas?"

***

Más información: Ayer, 7 de octubre, Eloy me dio un ejemplar firmado de la edición no venal de treinta ejemplares  (se equivocó en la fecha de la firma y puso el 6; necesita un corrector, este muchacho), y lo he terminado de leer esta tarde, después de la siesta. Vamos, que ha caído en dos sentadas. O tumbadas

Por mi parte, Eloy puede seguir siendo una joven promesa hasta el día en que cumpla 100 años o más, siempre y cuando me dé más guarradas y cabronadas de éstas. Me importa un carajo cómo evolucione. Y a ver si escribe un weird western de una puta vez; seguro que lo borda.

 

viernes, 22 de septiembre de 2023

Ya a la venta el número 19 de ULTHAR

Ya está a la venta el nuevo número de ULTHAR, revista de fantasía, ciencia ficción y terror. Echen aquí abajo un vistazo a los contenidos y no dejen de solicitarla por correo, o bien, en su librería de confianza.

 

ULTHAR nº19
Revista de fantasía, ciencia ficción y terror
Varios Autores
Ilustración de Cubierta de Sergio Bleda

Tamaño: 15x23 cm
Cubierta a color, con solapas
Interior: B/N
Alberto López Aroca, Editor; septiembre de 2023
Número de páginas:148


Precio: 14 euros
(gastos de envío incluidos para España)

 
Estos son los contenidos del número 19 de
(ATENCIÓN: algunos de los contenidos podrían cambiar antes de que este número entre en imprenta).

La momia viene a por USTED
por El Editor
 
La mujer-orquídea del lago de Texcoco (novela corta)

La calavera (Más Vampiros en España)
por el Vizconde de Arlincourt

Las primeras nieves
(un caso de Meyer, el fisonomista)  
Un aparecido (relato corto)

Nova Methodus (relato)  
por Ana Colchero

 La cabeza voladora (relato)
Trad. del inglés de Óscar Mariscal

La cabeza voladora (relato corto)
por Fausto Burgos

La bestia escondida (relato corto)
(Trad. del inglés de Adrián Plaza de la Fuente)
 
Terror rural español (artículo)
Incluye: Las beatas de Alcocer
 
(pliego de cordel anónimo, siglo XIX)
 
 Laureles
 (un caso del Detective Solo)
 
Los Santitos (relato)
por Armando Boix
 
El francmasón, los Mendoza y el abandono
de Fresno de Torote (relato)
por Rafael García González

El Fuego de Todos los Santos (relato)
 
La canción del pinar (relato corto)

El tigre del mayor Atkinson (relato)
 
El demonio desconcertado (relato)
(Trad. del inglés de Alberto López Aroca)
 
   Ilustración de portada:


 

sábado, 5 de agosto de 2023

Un breve comunicado de Ambrose Bierce

 

(De Facebook)

1 de julio de 2023

Un breve comunicado de Ambrose Bierce, abuelo del splatterpunk y de los Mitos de Cthulhu, al que debemos nuestra incansable búsqueda de "Marvells of Science" de Morryster.