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jueves, 29 de agosto de 2024

El intermediario (2005), de John Grisham

 

Cubierta de Alejandro Colucci (2005)

23 de agosto de 2024

Lo prometido es deuda: hemos vuelto con John Grisham —de quien hablábamos hace apenas unos días—, y con una novela que forma tándem con La Hermandad: El intermediario (The Broker, 2005) es, de nuevo, una obra que se salta el argumento favorito de Grisham para presentarnos una trama de espionaje internacional, ingenio, la CIA, la presidencia de los Estados Unidos de América, y un criminal tan simpático, tan cínico y tan bastardo que nos cae bien desde su primera aparición en la historia.

 

La primera edición de The Broker (2005), de John Grisham.


El criminal en cuestión es Joel Backman, de profesión, broker. En castellano, estamos familiarizados con este término cuando nos referimos a un agente o corredor de bolsa, pero también se utiliza en el sentido de intermediario (que se parece bastante a agente, pero no es lo mismo). En este caso, Backman es intermediario, en efecto, y de la peor calaña imaginable: es mediador político, económico, financiero... Para entendernos: Backman es un abogado de Washington que practica cualquier oficio menos la abogacía. Se dedica al tráfico de influencias, a la creación y manipulación de grupos de presión; a los grandes negocios, a las grandes transacciones de dinero, al "hoy por mí, mañana por ti", pero sin la parte de "mañana por ti". Backman es un individuo temido, odiado y necesitado tanto por políticos como por empresarios de todo el mundo: es el tipo al que recurrir si tienes un problema, si quieres financiación, si quieres mover cierta mercancía especial sin que nadie lo sepa y obtener el máximo de beneficio. Backman es un triunfador, un mujeriego, un mentiroso, un vendedor de humo, una criatura abominable que no sabe lo que es un arma de fuego pero maneja los hilos del poder como si fueran pistolas. A Backman no se le dice "no". A Backman hay que invitarlo a las cenas importantes, incluso en la Casa Blanca. Los diversos lobbies lo escuchan, lo toman en cuenta e incluso le obedecen.

Backman es un monstruo humano, y que me maten si Grisham no logra que estemos de su parte todo el tiempo.

Y es que Joel Backman está condenado a prisión, incomunicado y muy jodido. Se declaró culpable de un delito relacionado con espionaje y con planos y documentos del Pentágono, y lo hizo para salvarle el culo al resto de sus compañeros del bufette y a su hijo Neal, un recién llegado al mundo de los negocios extraordinarios. Sobre Backman pesa una condena de 20 años, de los cuales ha cumplido seis. Seis años de encierro que le han permitido seguir con vida, pues su última hazaña, la que lo llevó a la cárcel, estaba relacionada con un secreto militar y científico robado por un grupo de cerebritos informáticos de Pakistán (nada menos), mejorado por dichos cerebritos, y que Backman y un senador o congresista amigo suyo habían medio vendido a los israelíes, los árabes, los chinos, los rusos y los Estados Unidos. Mil milloncejos de dólares tenían la culpa. Millones que, o bien se han perdido para siempre jamás, o bien Backman tiene guardados bajo un colchón que está dentro de una cámara acorazada enterrada en el centro de algún planeta muy lejano. Todo es posible.

Nuestra historia da comienzo cuando el saliente presidente de los Estados Unidos y su vicepresidente, socio y amigo de toda la vida, andan dándole vueltas a la posibilidad de vender indultos. Así, como suena. Y no es que Bakman haya tenido la posibilidad de intentar comprar a un presidente; pero resulta que la CIA, encabezada por Teddy Maynard —al que conocimos en La Hermandad—, pide o casi ordena al hombre más poderoso del mundo (ejem, ejem) que indulte a Joel Backman. ¿Para qué? Ah, amigos: ese es el quid de la cuestión.

Con este planteamiento, viajaremos con un Backman bastante arrepentido de su pasado —por las consecuencias que ha tenido para él, no porque piense que haya actuado mal en ningún momento— hasta Italia, donde vivirá para aprender el idioma nacional a toda velocidad, bajo la estrecha vigilancia de sus únicos "amigos", y amenazado por la sombra del asesinato en cada esquina.

Y es que todos sus enemigos lo buscan para torturarlo y matarlo... y esto incluye a sus misteriosos benefactores.

***

El intermediario no es una novela de acción (aunque haberla, hayla) ni de misterio (aunque algún secreto sí que se nos desvela), ni tampoco un thriller vibrante. Es, simplemente, una buena historia bien escrita, a la que podemos poner los calificativos que nos dé la gana, aun sabiendo que no vamos a catalagarla correctamente: serie negra, espionaje... ¿aventuras? Yo me decantaría por este último género. Aventuras, sí, sin duda... pero muy, muy grishamianas.

(NOTA: Ya lo he hecho. Ya he escrito grishamiano. Ya no hay vuelta atrás. Ya he reconocido el estilo de este autor, que me va a resultar muy difícil comparar con otros. Mucho me temo que Grisham marcó un antes y un después. Quizá me equivoque, pues aún tengo mucho que leer de nuestro abogado escritor y de sus contemporáneos. Pero me da en la nariz que, a pesar de la antiquísima existencia del Perry Mason de Erle Stanley Gardner, Grisham creó escuela. Ya veremos...)

(NOTA 2: Hasta donde he podido averiguar, Teddy Maynard sólo aparece en las dos novelas mencionadas. Topármelo en la segunda, que es la que nos trae aquí, ha sido un sorpresón y una alegría. Me temo que Grisham decidió jubilar a este personaje. Ojalá me equivoque).

miércoles, 21 de agosto de 2024

Noticias de ayer: "Un viaje por Zululandia", por H. Rider Haggard (1917)


Henry Rider Haggard, en una instantánea que, según la posición y el lugar donde posa su mano izquierda, parece dedicada a todos sus críticos, presentes y futuros.


En el Matilda Briggs, solemos traer con nosotros como guía al escritor sir Henry Rider Haggard, uno de esos ingleses del siglo XIX que creía en la reencarnación, los poderes psíquicos y los espíritus, a pesar de (o quizás, gracia a) haber viajado bastante por los rincones más exóticos y peligrosos del globo terrestre.

Hoy traemos una vieja crónica de Haggard, publicada en la revista Alrededor del Mundo, el 6 de agosto de 1917. Se trata de una didáctica visión del País de los Zulúes, desde la perspectiva del colonialista blanco que, sin duda, admiraba a aquellos que denominaba "salvajes". Porque las cosas nunca fueron completamente blancas o negras...

 




jueves, 8 de agosto de 2024

La espada del samurai (Yuma nº2; mayo de 1943), por Rafael Molinero

Cubierta original de mi ejemplar, mayo de 1943.

 


29 de enero de 2024

La historia de la colección Hombres Audaces (HA, en adelante), de Editorial Molino, debería ser una vieja conocida de los lectores de esta bitácora. No es que aquí estemos todos los días refiriéndonos a ella, pero sí que lo hemos hecho en otros lugares, publicados en papel. En resumen muy sintetizado, HA fue la colección donde Molino agrupó el material de diversas series de revistas pulp de Estados Unidos, protagonizadas por algunos de los más célebres e influyentes personajes de la época: Doc Savage, La Sombra, el pistolero Pete Rice, el aviador Bill Barnes, El Vengador, y unos cuantos más. Debido a la Guerra Civil Española y al corte de comunicaciones con el exterior, Molino, por una parte, continuó su trabajo desde Argentina; por otra parte, en España, recurrió a sus traductores de plantilla para crear personajes y series propias que imitaran las novelas norteamericanas. A estos nuevos personajes se los englobó en la serie Hombres Audaces: Nuevos Héroes (en adelante, NH).

La serie de Yuma, justiciero al estilo de La Sombra, fue una de las nuevas sagas aventureras de cuño netamente español. Tengo entendido que existe cierto desbarajuste en la publicación de los textos originales de Rafael Molinero (pseudónimo del gran Guillermo López Hipkiss), que al parecer se debían a la sospecha de que Hipkiss, de ascendencia británica, estuviera pasando mensajes a los Aliados por medio de sus novelitas. La forma de que esos mensajes en clave, transmitidos de novela a novela, se confundiera, consistía publicar en desorden los títulos originales. Ea, cosas del régimen franquista, cosas de la II Guerra Mundial. Pues de esos años estamos hablando. (Nota: esta información la estoy citando de memoria, de manera que puede ser errónea. Imagino que leí sobre esto en la antiquísima Página de los Pulps, ya extinta, y que los datos provendrían, quizá, de mi buen amigo Javier Jiménez Barco).

Concretamente, el nº2 de Yuma (nº10 de NH) apareció en mayo de 1943, un momento delicado para España, ausente del conflicto internacional que estaba teniendo lugar en el mundo, por ser un país recién salido de su propia guerra, y por haberse convertido en un "aliado neutral" de las fuerzas totalitarias del Eje.

Aquella España medio destruida, sumida en la miseria, algo más que "reñida consigo misma", plagada de venganzas de posguerra y odios fraternos, íntimos, ¿estaba en situación de tener sus propios superhéroes que compitieran con los estadounidenses? ¡Cómo no! Hércules Elizondo, el ingeniero vasco, émulo de Doc Savage, era uno de ellos. Otro, el español de origen americano Ramón Trévelez, que era, de acuerdo con La espada del samurai,

"un hombre de treinta a cuarenta años de edad, negra cabellera, seco rostro, tostado cutis, nariz aguileña y ojos en el fondo de cuyas pupilas se adivinaba un fuego latente presto a estallar en llama. El rostro parecía tallado en piedra y tenía cierta semejanza con el de algunas esculturas halladas en los templos mayas del Yucatán. Decíase que sus antepasados eran oriundos del Nuevo Mundo, cosa a la que el conjunto de sus facciones daba ciertos visos de verosimilitud. Directos del Instituto de Inventores e Investigaciones Científicas de Barcelona, poseía una cuantiosa fortuna y dedicaba la vida al estudio y al fomento de las ciencias, siendo conocidísimo por sus descubrimientos, su inventiva y su privilegiada inteligencia".
A esto hay que añadir que, bajo el apodo de "Yuma", Trévelez era un justiciero internacional que contaba con una red de colaboradores y montones de adminículos que habrían dejado con la boca abierta a James Bond. Por tener, tenía hasta una capa de invisibilidad, muy parecida a la de Harry Potter o al mítico Anillo de Giges.
 
 

Una comedia de José de Cañizares dedicada al Anillo de Giges (siglo XVIII). Como todos sabemos, en España nunca hemos tenido literatura fantástica. (Guiño, guiño; codazo, codazo...)

 

Pero al contrario que Giges o que el malvado Griffin de H. G. Wells, Yuma utiliza su invisibilidad, su fortuna, su inteligencia y sus muchos agentes para resolver problemas desde el Tibidabo barcelonés, donde se encuentra el Intituto de Inventores y, debajo, la guarida secreta de Yuma, que está a caballo entre la Batcueva y las Fortalezas de la Soledad (las de Doc Savage y Superman, respectivamente). También como Doc Savage, Yuma contaba con un procedimiento para borrar la memoria a los malvados y reconvertirlos en personas honradas y útiles para la sociedad: esta idea, digna de Goebbels y que tiene sus contrapartidas en la realidad, quizá la aprendió Trévelez de sus antepasados precolombinos, que realizaban trepanaciones para curar a los enfermos de la presencia de espíritus malignos y maldiciones...

 

La Fortaleza de la Soledad de Doc Savage.

La Fortaleza de la Soledad de Superman.

  

La espada del samurai: el argumento

Como indica el título de esta novelita, la trama gira en torno a una antigua katana medieval que, en caracteres japoneses, reproduce unos versos que hablan de ¡una leyenda china!, cosa que nos desvela Ramón Trévelez, que no sólo sabe japonés, sino que conoce la historia nipona de cabo a rabo, como si fuera un moderno otaku.

La espada, que se encuentra en manos de un español, parece despertar diversos intereses en hombres misteriosos: intentos de robo, eruditos desaparecidos, profecías, guardianes sobrenaturales, viajes a través del mundo, piratas, secuestros... Ciertamente, tengo la impresión de haber leído una aventura de Indiana Jones en la que los malos no son los nazis, pues no aparecen por ninguna parte. a pesar de las fechas de redacción (y probablemente, por la germanofilia reinante en el Gobierno de España en 1943; recordemos que el Pacto de Hendaya se había firmado en octubre de 1940).

No pienso dar muchos más detalles sobre esta historia que es un carrusel de idas y venidas, golpes de mano, disfraces imposibles, y un toque fantástico que se refleja tanto en las habilidades tecnológicas de Yuma, como en los secretos que alberga la espada samurai.

Lo más impresionante, aparte del disfrute intrínseco de la aventura por la aventura (por demás imposible, pues estamos en una Barcelona salida de alguna tierra alternativa en la que nunca tuvimos una guerra civil entre 1936 y 1939), son los enciclopédicos conocimientos del autor sobre geografía y costumbres japonesas, cosa insólita en la novela popular española, circunscrita normalmente a los ambientes anglosajones. (Pero claro: hay excepciones, y siempre proceden de autores excepcionales, como es el caso de Hipkiss, o como sucede con Pedro Víctor Debrigode, que hasta se permitió el lujo de escribir un haiku en su novela Huracán sobre Asia, protagonizada por El Fantasma, personaje que guarda muchas, muchísimas semejanzas con Yuma).

***

No hay necesidad de explayarse mucho más. Eso sí: recomiendo con fervor un artículo del siglo pasado, escrito por amigo y colega, Armando Boix, y publicado originalmente en el fanzine digital Ad Astra nº6 (1996). Se titula "Yuma, un superhéroe en la posguerra española", y se puede leer en línea. No me lo agradezcan a mí, sino a Armando.

martes, 30 de julio de 2024

Cuenta atrás (2001), de Gregg Hurwitz

Edición de bolsillo de febrero de 2005 (colección Byblos nº240, Ediciones B). Por desgracia, este es mi ejemplar, que tras la lectura se ha convertido en una baraja. Tendrá que pasar por talleres.

 

28 de julio de 2014

Fuerzas Especiales de los USA. Monstruos. El enigma de otro mundo (Who Goes There?, 1938) de John W. Campbell Jr. en Jurassic Park (1990) de Michael Crichton. Y, cosa rara, ni un solo tiro, cosa que marca una importante diferencia con la película Aliens (1986) de James Cameron.


 Introducción (o excurso inicial)

El estadounidense Gregg Hurwitz (1973) me acaba de demostrar que es alumno, seguidor o imitador (tanto da) de la escuela de Michael Crichton y, por tanto, pertenece a la dinastía de Arthur Conan Doyle y Julio Verne. (Recordemos que Crishton dedicó La amenaza de Andrómeda a Conan Doyle). A Hurwitz se le considera "escritor de novela negra"; estoy seguro de que lo es, y lo voy a comprobar en cuanto tenga ocasión. Pero es que el autor de El mundo perdido (1912) también fue el creador de Sherlock Holmes y de esa incursión temprana en la serie negra (un paso más allá del detectivismo) que es El valle del terror (1914), novela que sirve de prólogo a Cosecha Roja (1927) de Dashiell Hammett, es decir: la inauguración extraoficial del hardboiled. Verne, que escribió Viaje al centro de la Tierra (1864) y creó al profesor Otto Lidenbrock una noche en que soñó el futuro y entrevió las largas barbas de toro asirio del profesor George Edward Challenger (quien, a la sazón, nació en 1863, esto es, el año en que Verne estaba escribiendo la crónica del viaje subterráneo de Lidenbrock), también creó al inspector Fix de Scotland Yard, que siguió por todo el globo terráqueo la (errónea) pista de Phileas Fogg, quien supuestamente había desvalijado el Banco de Inglaterra (La vuelta al mundo en 80 días, 1872); a Karl Dragoch, coordinador de la policía fluvial del Danubio, que se infiltraría en el barco del pescador (y presunto pirata, asesino y ladrón) Ilia Brusch (El piloto del Danubio, póstuma, 1908), y a otros agentes de la ley que, en el fondo, son herederos directos del inspector Javert, el policía francés obsesionado con Jean Valjean (Los miserables, 1862). Verne anticipó el género del thriller judicial, explotado en el siglo XX por John Grisham, con Los hermanos Kipp (1902); e incluso el thriller convencional, al estilo de la saga cinematográfica de La jungla de cristal (Die Hard, cinco entregas desde 1988), con El faro del fin del mundo (redactada en 1901 y publicada en 1905).

 

Un policía francés: el inspector Javert.


 

Viaje al centro de la Tierra: ¿un tecnothriller del siglo XIX?

 

El mundo perdido: ¿otro tecnothriller?

 

Y podríamos seguir así hasta el infinito, pues los géneros de la ficción rara vez nacen puros y libres de influencias, sino que surgen como híbridos: son el fruto de una arquitectura erigida sobre edificaciones más antiguas, e intentar socavar los cimientos originales implicaría destruir la obra actual. En cuanto al hibridaje y las mutaciones (en genética y en literatura), son parte de la evolución: con suerte, tenemos montones de nuevos especímenes, de los cuales sobreviven solamente los más viables, que acaban por reproducirse. Los demás, como aberraciones que son, desaparecen sin dejar huella.

 Fin de la introducción

Una escena de El valle del miedo (1914), un equívoco caso de Sherlock Holmes por donde se desliza el tono hardboiled que estaba a la vuelta de la esquina.


Primera edición de la primera entrega de Cosecha Roja, de Dashiell Hammett.

***

Donde escribo thriller, el lector puede entender aventuras, si así lo desea. Yo lo prefiero, pero el término thriller es más reciente, y se parece mucho al suspense (que, como en Latinoamérica, quizá deberíamos traducir como "suspenso", por mal que suene en España): se supone que el thriller tiene elementos de misterio policíaco, detectivesco, negro, o puede que de espionaje; pero me parece que eso no acaba de definirlo. Me sigo quedando con "aventura", y lo de thriller, para cuando me dé la gana.

 

Edición original de Cuenta atrás (en inglés, por supuesto).

 

Cuenta atrás (Minutes to Burn, 2001), es novela de aventuras contemporánea; novela fantástica (de ciencia ficción), para más inri. Y futurista, pues la tiene lugar seis años después de que se publicara: en este 2007 (que para nosotros ya es una ucronía, ¡paradojas de las etiquetas literarias!), los movimientos de las placas tectónicas han convertido el continente sudamericano en un infierno, y el Ecuador en un lugar inestable política y geológicamente hablando, no demasiado apto para la vida humana, la cual requiere cantidades industriales de crema antisolar para evitar las quemaduras producidas por los imparables rayos ultravioleta. El Ejército de Estados Unidos anda ocupado en Colombia y en otros países adyacentes, en compañía de las fuerzas militares de las Naciones Unidas, y no tiene tiempo para tonterías, como por ejemplo, el pequeño proyecto de investigación científica que pretende colocar balizas GPS en la isla de Sangre de Dios (la más occidental de las Islas Galápagos) para detectar con antelación los continuos movimientos sísmicos. Los científicos tienen que pedir favores a los mandos castrentes de los USA, y lo que consiguen es un pequeño equipo de reservistas de las Fuerzas Especiales, incluido un chalado que sobrevivió a Vietnam y que responde al nombre de Savage.

En principio es una misión sencilla y sin peligro, pero el caso es que, en cuanto llegan a Guayaquil, los gángsters locales (qué pillastres tan rápidos) les roban la munición, que en esos momentos, por allí, es oro puro. Así que, sin armas, se marchan a Sangre de Dios para hacer de niñeras de los bebés científicos. Qué coñazo para las Fuerzas Especiales. Qué aburrimiento.

Peeeeeero... en Sangre de Dios está pasando algo muy feo y muy grande. Tiene que ver con los terremotos, y con cosas muy pequeñitas que han salido del subsuelo de los fondos marinos, y que afectan a otras cosas que llevan mucho tiempo viviendo en la isla: unas líneas más arriba, decía yo que "el hibridaje y las mutaciones son parte de la evolución". Pues eso mismo...

Así, tenemos un escenario cerrado en el que un grupo de personas experimentadas tendrán que hacer frente a una amenaza mortal con las manos desnudas, como en El faro del fin del mundo, como en La jungla de Cristal, como en El enigma de otro mundo.

¿Tengo que decir que me lo he pasado bomba con Cuenta atrás?

 

Sea sensato (no como yo) y busque esta edición en tapa dura de nuestra novela. No se le descuajaringará a las cincuenta páginas.

***

En una entrevista de 2019, Hurwitz decía: "‘There are two things you can’t do in a novel,’ says Hurwitz. ‘You can’t make a gun mistake and you can’t kill a cat, because the gun people and the cat people will come after you. I made a gun mistake 20 years ago and I still get emails about it!’" En román paladín: "Hay dos cosas que no puedes hacer en una novela. No puedes cometer un error con un arma de fuego y no puedes matar al gato, porque la gente de las armas y la gente de los gatos vendrán a por ti. Cometí un error con un arma hace 20 años y ¡todavía recibo correos electrónicos al respecto!"

Simplemente por este simpático comentario, y tras haberme zampado Cuenta atrás, me he convertido en lector continuista (que no necesariamente incondicional) del autor.

 

Gregg Hurwitz, en una imitación casera de la criatura de The Thing de John Carpenter, basada en la maravillosa novela corta de Campbell, Jr.

 

La traducción al castellano de Carolina Isern es competente, aunque le habría venido bien que un corrector serio se trabajase un pelín algunas repeticiones de palabras. Pero no es importante, ni afecta a la lectura.

La edición de bolsillo que he leído se me ha deshecho entre las manos: la goma de la encuadernación se ha secado y el libro, ahora, es una baraja. La ilustración de portada, por cierto, es de mi amigo Alejandro Colucci, en uno de los trabajos más antiguos que le conozco.

 

La goma de la encuadernación se ha quedado rígida y débil tras el paso de 19 años, con consecuencias nefastas para la lectura.

 

Un libro de bolsillo con 19 años de edad. Tengo libros con encuadernación fresada hace 70 años y se pueden leer sin que se quiebre la goma.

 

Y, para finalizar, algunas consideraciones sobre otras obras:

Mientras he estado leyendo Cuenta atrás, he tenido en mente todo el rato una novelita de Curtis Garland, El día de la mantis (La conquista del espacio nº192, abril de 1974), que me consta gustó a pocos, y que para mí es una diversión tan grande como la mantis gigante que aparece en la historia. No hice reseña en su día, y me ha sorprendido ver comentarios de amigos lectores que la ponen a caldo. A mí me parece una obrita maravillosa.



El día de la mantis (1974).

 

La otra novela con la que es imposible no comparar Cuenta atrás es la posterior Henders (Fragment, 2009) de Warren Fahy, que leí en 2015 tras ver la recomendación del gran escritor y amigo, Armando Boix. Henders tiene en común muchísimo con la novela de Hurwitz, pues tiene un planteamiento casi idéntico: militares que escoltan a un grupo de científicos que van a realizar un reality show (¡!) en una isla desconocida. Y lo que encuentran en la isla de Henders, igual que sucede con la isla de Sangre de Dios, tiene mucha hambre y ganas de reproducirse...

 

Henders, trad. de Gerardo di Masso (Planeta, 2010).

 

Fragment (2009), la versión original de Henders.

 

Por supuesto, también la recomiendo fervorosamente a los amantes de estas voluminosas virguerías palomiteras, que mantienen vivo el espíritu de Verne, de Conan Doyle, y del mismísmo King Kong, rey de la isla de la Calavera. 

Y es que, amigos, yo también soy pecador, y bebo de las mismas aguas que todos los demás pecadores, y me aupo a los hombros de los mismos gigantes... tal y como se puede comprobar en el volumen cuya portada reproduzco a continuación, a modo de cerrojazo.

¿Quiere usted vacaciones? Viaje a nuestras islas y disfrutará de una experiencia inolvidable...

 

Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra (2012). Sigue a la venta.

jueves, 18 de julio de 2024

La primera aventura del Coyote (El Coyote Extra nº2, 1945), de José Mallorquí

El Coyote nº11 (Favencia, 1973). Portada de Jano. Esta es mi edición, que en su día regalé a mi padre; la leyó el 15 de abril de 2005, tal y como dejó apuntado en la portadilla interior.


21 de enero de 2024

Esta es una de las historias fundamentales para llegar a comprender el alcance, la grandeza, de la más importante y duradera de las aportaciones del maestro José Mallorquí a la literatura española, tanto la popular como la otra (sea lo que sea "la otra", que imagino se puede llamar "alta literatura" como "literatura impopular", por oposición a la popular). Convengo, por supuesto, con otros muchos lectores, críticos y reseñistas en que la serie dedicada a Juanito "Jíbaro" Vargas es incluso de mayor calidad, pues se adentra en profundidades a las que no llegó don César de Echagüe, alias el Coyote; pero esto no es un demérito para la colección, tan extensa como 192 novelas que ya se han reeditado en un buen puñado de ocasiones. No conozco caso semejante en las letras españolas; y en las de otras nacionalidades habría que recurrir a personajes como Doc Savage, La Sombra o Tarzán para establecer parangones. Ni siquiera los clásicos del tebeo español (El Capitán Trueno, El Guerrero del Antifaz, Roberto Alcázar y Pedrín, por citar a los héroes más populares) resisten la comparación. (Si hablamos del terreno humorístico, podemos afirmar que Mortadelo y Filemón juegan en otra liga bien distinta, pues ya han alcanzado la inmortalidad, igualque su autor, el gran Francisco Ibáñez).

 


 
La primera aventura del Coyote es el segundo de los números EXTRA de la original colección de la Editorial Clíper, publicada en el famoso "formato pulp español" (esto es: un A-5 aproximadamente —sobre 15x21 cm— con cuadernillos cosidos o, a veces, grapados entre sí, y la portada rudimentariamente pegada al libro). Segundo número, sí, que es tercero, pues la primera entrega de la serie, que ya había publicado Molino en 1943, en la colección Novelas del Oeste nº9, firmada por "Carter Mulford" y con hiperrealista portada de Batllé, se volvió a editar como un número EXTRA... o eso me apuntan por ahí las bibliografías coyotianas. (Posiblemente este dato sea erróneo; ya habrá tiempo de rectificarlo).
 
 

El Coyote por Carter Mulford, 1943. Esta es la primera historia publicada del Coyote, que no su primera aventura, como averiguaríamos años más tarde.


Los números EXTRA se intercalan en la "serie regular" y, ciertamente, no he encontrado un quorum sobre dónde debe leerse La primera aventura del Coyote: asumo que debería ir después de la tetralogía de La banda de la Calavera, pero tampoco lo tengo demasiado claro, pues en las reediciones de Favencia, Bruguera, Cid, etc., ocupa lugares distintos en la numeración general de la serie.
 
***

No es mi intención aquí la de realizar una reseña o recensión del relato, cuya sinopsis es apasionante: narrado en dos tiempos, el presente de la década de 1860 y los flashbacks que nos llevan a 1846, esta historia nos remite a unos hacendados vecinos de la familia Echagüe que hubieron de huir de California y que perdieron su propiedad. Además, los fugitivos siempre creyeron que los Echagüe aprovecharon la circunstancia para apoderarse de dichos bienes. Esto, por supuesto, es un equívoco que llega hasta el presente y, de hecho, los expoliados jugaron un papel importantísimo en la creación de la figura del Coyote.

Hasta aquí, la sinopsis reducida a su mínima expresión. No obstante, veremos en esta obra un par de detalles maravillosos:

El primero es la devoción que el joven don César siente por la obra de Calderón de la Barca, uno de nuestros máximos dramaturgos del Siglo de Oro español; don César siempre ha hecho gala de una cultura vasta... propia del pisaverde cobarde por el que se hace pasar. Es un gran detalle de Mallorquí que el joven César optara por Calderón y recomendara su lectura a los conocidos.

El segundo detalle resulta en verdad impresionante: en el origen secreto del Coyote, recogido aquí por Mallorquí, se recurre a la mitología creativa y, al mismo tiempo, es una confesión del autor acerca de lo que ya era evidente para cualquier lector de ayer y hoy: que el Coyote está directamente inspirado en la figura del Zorro. Visto desde la perspectiva del lector, esto es una obviedad; lo que resulta mucho más interesante es que César de Echagüe menciona al Zorro y, por tanto, conocía las viejas hazañas del enmascarado californiano que actuaba bajo ese nombre. Y queda bastante claro que don César no tenía ni idea de que, por ejemplo, tras la máscara del Zorro se encontraba un rico hacendado como él, don Diego de la Vega. A fin de cuentas, César se convierte en el Coyote en 1846, y las hazañas literarias del Zorro, recogidas por el escritor norteamericano Johnston McCulley, no empezaron a publicarse hasta 1919, con la primera novela de la serie, The Curse of Capistrano.


La primera novela del Zorro, publicada en 1919.


Esto significa que las aventuras del Coyote transcurren en el mismo plano de realidad (o universo) que las del Zorro. Por tanto, no habría sido imposible que presenciáramos un encuentro entre un maduro Diego de la Vega y el joven César de Echagüe.

Es evidente que José Mallorquí nunca tuvo la intención de propiciar tal encuentro, pero a los mitógrafos creativos teóricos no nos está vedado discurrir sobre esta posibilidad hasta convertirla en probabilidad. Para eso existe el amplio territorio de la mitología creativa y de la ficción: para encontrar el dato, la pista, la sugerencia que nos permita dar otra vuelta de tuerca a los avatares de nuestros arquetipos.

 

Edición de Los Libros de Barsoom, con las dos primeras novelas del Zorro (2022). Obviamente, la recomendamos fervorosamente.