Mostrando entradas con la etiqueta gigante. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gigante. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de julio de 2024

Noticias de ayer: La imaginaria isla de San Brandán (1865)


Es el siguiente un artículo absolutamente maravilloso e imprescindible, que trata un asunto que viene de antiguo: el de la mítica isla de San Brandán, el fantástico viaje que realizó el monje escocés, y los espectrales avistamientos de esta isla viajera. Atención a la figura del discípulo de Brandán, el monje Maclovio (o Malo, o Maló) y sus poderes para ¡resucitar a gigantes! Sobre este asunto y otros afines, descartados por la escuela bolandista jesuítica de hagiografía como apocrypha deliramenta, escribieron Washington Irving, Emilio Salgari e incluso servidor de ustedes, entre otros muchos.

El viaje original es digno de Ulises y Simbad y, hoy más que nunca, excita la imaginación y toca la sirena que llama al sentido de la maravilla. No se pierdan este texto anónimo, publicado originalmente en el diario El Pabellón Nacional (Madrid), el 13 de agosto de 1865.

 


 











martes, 4 de junio de 2024

Noticias de ayer: Una antigua raza de gigantes en México (1843), por L. E.

El abate Clavijero

 

Dedicado a Óscar Mariscal, que también gusta de auparse a hombros de gigantes.
 

Para una completa comprensión del siguiente artículo de L. E. (autor mexicano sin identificar, por ahora), es necesario conocer la figura del abate Clavijero, nacido en la Nueva España en 1731 y fallecido en Bolonia en 1787. Se trata de un personaje real que bien podría pasar a la ficción en un santiamén; de hecho, la dramaturga mexicana Román Calvo (Norma Román Calvo es su nombre completo; no la confunda el lector con el Sherlock Holmes chileno creado por Alberto Edwards, que sí es un personaje de ficción) lo convierte en uno de los protagonistas de su pieza teatral Más allá del mar (Missa brevis), estrenada en 2002. La obra trata sobre el momento, en 1767, en que los jesuitas fueron expulsados de América por orden del Rey de España; Clavijero, como ya hemos apuntado, recaló en Europa tras la expulsión.

Clavijero es un precursor del indigenismo (la defensa a ultranza de las costumbres de los originales nativos americanos y de sus costumbres), un estudioso de los idiomas precolombinos, un historiador polémico, y quizá el máximo exponente del movimiento de la Ilustración en América. Encontraremos a Clavijero citado en casi cualquier estudio de cierta extensión sobre la Historia de México, en cualquiera de sus aspectos, y su figura recibió toda la atención y reivindicación de políticos, investigadores y literatos mexicanos tras la independencia del país en 1810.

Personalmente, creo que el abate Clavijero fue un agente de los Nueve Desconocidos (o como mínimo, un delegado de un agente de los Nueve), que sólo recibió autorización de sus superiores (no en la Orden de Jesús, sino en la sociedad secreta de inmortales) para sacar a la luz algunos de sus muchos descubrimientos y observaciones. Lo de los gigantes en América, pienso, debió pasársele por alto a los Nueve, pues es un asunto que, con posterioridad, se ha descalificado y desmentido con, quizá, un interés excesivo. Como ya hemos comentado en alguna otra ocasión, hay veces en que la abrumadora ausencia de pruebas, lo que acaba demostrando es un ocultamiento intencionado. (Véase, por ejemplo, el relato "¿Cómo se llama esa ciudad?" de R. A. Lafferty).

***

 






 

lunes, 4 de diciembre de 2023

Relación de un pez gigante petrificado, 1789. (Una noticia de ayer)


Hubo un tiempo en que el legítimo asombro era posible. Una mañana de 1788 estás cazando plantas en Arequipa, en el Virreynato de Perú, y te topas con un pez gigante petrificado. Eso es lo que sucedió al autor de Método de extraer y acopiar la Corteza de Cascarrillas que se remite todos los años al Soberano para su Real Botica, de la Provincia de Loxa (1805), don Juan Tafalla Navascués, botánico nacido en Navarra en 1755 y fallecido en Lima en 1811, y a Francisco Pulgar, dibujante de campo que solicitó su retiro con alguna asignación en 1798.

La nota que hemos extraído de Memorial Literario (Madrid), correspondiente a noviembre de 1789, posee el tono impersonal, objetivo, directo, científico, insensible, que debe tener el redactor periodístico, ya sea en el siglo XVIII o el XXI. Y, sin embargo, por entre estas líneas impresas detectamos que el sentido de lo maravilloso se desborda, a pesar de cualquier esfuerzo por contenerlo. De la primera a la última línea, estamos ante el relato de una aventura y de un descubrimiento: "pasaron por una hoyada profunda"; "su cabeza, algo descompuesta y como trillada de pasajeros que por allí tenían senda para el mar, no ofrecía a la vista ni ojos ni fístulas respiratorias"; o este otro pasaje que dice

"Desde que el sol nace se hace insufrible su calor en la profundidad hasta el medio día; y en esta hora se mueve un viento tan fuerte y verticoso, que embarazando a los hombres casi la estabilidad, los ciega con la arena que agita en incesantes remolinos."

Ya quisiéramos, para el día de hoy, tener periodismo (científico, político, o de sucesos) que pudiera arrojar párrafos como el anterior. Hacernos sentir vivos, embriagados de curiosidad, creyentes a pies juntillas en el prodigio que sin duda es real y no superchería: eso logra el anónimo autor de la noticia, ateniéndose a los hechos de manera férrea, objetiva. Y al mismo tiempo, implanta en nuestros ojos la imagen imposible, mágica: dos hombres que contemplan un leviatán esculpido en roca, al fondo de un vallezuelo hostil del Nuevo Mundo.