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sábado, 24 de agosto de 2024

Edición de muerte (Agente Federal nº241; 1971), de Donald Curtis: una especulación bien fundada

Edición de muerte (1971): ¿una aventura hasta ahora desconocida de Brian Kervin?


 

24 de agosto de 2024

La investigación de la obra de Juan Gallardo Muñoz no deja de depararnos nuevas informaciones y sorpresas, incluso cuando la realizamos de forma superficial.

Tomemos, como ejemplo, la cubierta que reproducimos arriba: la he visto por primera vez hace apenas una hora, en la web de ventas Todocoleccion.net, la he examinado mínimamente, y me he percatado al instante de la frase en inglés, entrecortada, que aparece en portada: "M-31 and the Monster from Prehistory". Especulemos:

Sospecho que ese era el título que Juan Gallardo propuso inicialmente para Edición de muerte (Agente Federal nº241; 1971; hay reedición FBI Selecciones nº642; Rollán, 1974): M-31 y el monstruo prehistórico.

Para empezar, estamos casi con total seguridad ante una historia de Brian Kervin, Agente M-31, que no figura en nuestros listados de aventuras del James Bond de Juan Gallardo, un personaje sobre el que escribió no menos de 22 historias, entre novelas largas, cortas y relatos. Su primera aparición tuvo lugar en la novela Dedos de plata (FBI Club nº1, Rollán, 1965) de Curtis Garland; la última documentada fue la tardía La isla de los espías (Servicio Secreto nº1754; Bruguera, abril de 1984), también de Curtis Garland. Tan tardía que no se puede descartar que este finale de Kervin no sea, en realidad, una reedición de alguna de las viejas aventuras de M-31.

 



 

Digo que "no se puede descartar" porque, en el "apartado M-31" de los estudios curtisianos, no tengo noticia fehaciente de nadie que se haya leído todas las aventuras conocidas de Brian Kervin. Yo no lo he hecho y, por supuesto, ni tengo ni he leído Edición de muerte, que habremos de sumar a la serie, repetimos, casi con total seguridad.

Los listados de la serie los van haciendo los aficionados curtisólogos a golpe de lectura, y la información pasa de unos a otros por vasos comunicantes virtuales. Ahora mismo, en línea, encontramos el listado que realizó Alberto Sánchez Chaves en abril de 2016, en La Memoria del Bolsilibro; y el de Carlos Díaz Maroto, en diciembre de 2016, en Universo Bolsilibro. (Al margen, están los títulos de la serie fichados en La Tercera Fundación, que toma como fuentes los listados anteriores y las aportaciones más actuales).

Emprender una reedición cronológica de las aventuras del súper agente Brian Kervin constituye un riesgo claro de no hacer un buen trabajo, de dejar algún título fuera de esta hipotética nueva edición.

Al margen, me había planteado al comenzar estas líneas la posibilidad de especular sobre el sugerente contenido de esta novela: M-31 y un monstruo prehistórico sugiere un Scooby Doo del tamaño de MechaGodzilla, pero también un viaje en el tiempo, experimentos nucleares en el fondo de los océanos, el Lago Ness, "La sirena del faro" de Ray Bradbury, o cualquier cosa imaginable. Pero finalmente, optaré por tener paciencia hasta que Edición de muerte (¿una trama sobre un libro maldito o prohibido... pero con monstruos prehistóricos? ¡Qué disparate tan maravilloso!) caiga en mis manos y pueda leerla y saber y opinar de primera mano.

Y un último pensamiento: James Bond, que yo sepa, nunca se enfrentó a un dinosaurio. Brian Kervin, al parecer, sí. Qué grande era Curtis, y cuántas alegrías nos da a sus lectores.

 

"La sirena del faro" de Ray Bradbury (1951).

miércoles, 19 de junio de 2024

Defecto de forma (1971), atribuido a Primo Levi

 

La edición de Alianza de 1989, con portada del gran Daniel Gil. ¿Qué diablos representa ese firloyo?


13 de mayo de 2024

¿Qué puedo decir, tras lo que opiné sobre las Historias naturales de Damiano Malabaila, de Defecto de forma de Primo Levi? Pues que el segundo es una clara expansión, continuación, más de lo mismo, que el primero. Casi se podría jurar que Malabaila y Levi son uno y el mismo, y no un pseudónimo y un escritor. O, bien pensado, quizá sea justo al revés: que Malabaila y Levi sean dos personas.

EXCURSO

Un pseudónimo también es un escritor, pero suele ser un escritor distinto. A esto, habitualmente, se le llama heterónimo; pero la naturaleza vanidosa de los autores les impide en la mayor parte de los casos admitir que tal o cual obra, publicada con pseudónimo, en realidad le pertenece al que firma, y no a él. El pseudónimo y el autor tienen muchos puntos convergentes en sus obras y en sus vidas: por ejemplo, comparten un mismo cuerpo e incluso un mismo cerebro, y ambos disponen del mismo vocabulario. Sin embargo, es muy probable que pseudónimo y autor utilicen estructuras gramaticales distintas, expresiones distintas, e incluso tengan vicios literarios distintos. Quizá uno de ellos escribe "puta", donde el otro diría "prostituta", porque "puta" le parece una palabra malsonante. Al final, el autor acaba apropiándoselo todo y eliminando al pseudónimo como si jamás hubiera existido ese personaje. También hay casos inversos: el de autores que reconocen que lo escrito por el pseudónimo no es obra suya y renuncian a cualquier viso de autoría, e incluso prohiben la reimpresión de dichas obras pseudonominales. Dudo mucho que Curtis Garland y Donald Curtis sean realmente la misma persona, y una somera mirada a sus respectivas obras lo dejan bien claro. De hecho, no creo que ninguno de esos dos Curtis fueran realmente Juan Gallardo Muñoz, que fue un hombre del que no sabemos demasiado. Está claro que Richard Stark no era, en modo alguno, el guasón y fiestero Donald E. Westlake; y Andreu Martín estaría de acuerdo conmigo si digo que Ed McBain y Evan Hunter son entidades completamente distintas y casi opuestas. Todo esto me lleva a concluir que Vizio di forma es, en realidad, obra de Damiano Malabaila, y no de Primo Levi. De hecho, la carta que Levi incluye en la edición de 1987 del libro a modo de prólogo, apoya esta hipótesis, pues casi una disculpa. Como si Levi supiera que se había apropiado del trabajo de Malabaila y le pesara en la conciencia...

FIN DEL EXCURSO


Cubierta completa de la edición original italiana de 1971. Fíjese el lector en la atribución a Primo Levi, que se apropió de la obra de Damiano Malabaila sin ningún pudor.


 

En cualquier caso, tan grande es Vizio di forma (1971) como Storie naturali (1966).

Defecto de forma es otra recopilación de cuentos fantacientíficos y, en ocasiones, terroríficos, de Primo Levi. Lo que no hemos encontrado es información respecto a la posible publicación de estas historias antes de su compilación en formato de libro, como sí sucedía con los textos de Malabaila en Storie naturali. Me consta que otros libros de cuentos de Levi también son relatos que ya habían aparecido en prensa y revistas.

Hay algo grande en Levi-Malabaila cuando se atreve a crear disciplinas científicas como la criptozoología doméstica, cosa que hace en la vertiginosa "Vilmy", donde inventa al más adorable de los animales de compañía... cosa que tiene efectos en verdad terroríficos.

El volumen, que en la edición de El Aleph (la que yo he leído) reutiliza la traducción de 1989 de Ángel Sánchez Gijón y elimina el índice contenidos (si es que alguna vez lo tuvo), consta de veinte relatos, mucho más meritorios de lo que Levi deja entrever en su carta de 1987: que este libro no obtuviera grandes premios (cosa que lamenta Levi) no significa nada en absoluto. Existen muchos libros maravillosos, prodigiosos, que jamás han recibido galardón alguno. También existen libros repugnantes, tediosos, ilegibles, que han merecido premios. El tiempo, que es un juez arbitrario que no admite jurisprudencia ni legislación alguna, se encarga de resucitar libros y autores y de enterrar a otros, y lo hace mucho mejor que cualquier censor oficial, extraoficial o hipersensible. Y, como ya hemos insinuado en otras ocasiones, las historias parecen comportarse como una especie de virus o de entidad viviente que se replica a través del ser humano, ya sea por medio de nuevos autores o de nuevos editores. Las mejores historias, las más fuertes y poderosas, sobreviven y evolucionan (se adaptan), y resultan fértiles y tienen hijos que a veces son robustos y se valen por sí mismos y, en otras ocasiones, salen raquíticos y recorren un camino merecidamente breve.

Lo contrario de lo que acabo de afirmar quizá también sea cierto, y si es así, la culpa será de la inexorabilidad tiempo.

***

 

Edición de El Aleph Editores, 2010. En la imagen tenemos a un vilmy que, o mucho me equivoco, o es una especie que desciende de la famosa "cruza" que describió Kafka.


Para los lectores bien informados, diré que Defecto de forma es tan importante como Un valor imaginario y Vacío perfecto de Stanislaw Lem, tan maravilloso como Novecientas abuelas y Los seis dedos del tiempo de R. A. Lafferty. Estos libros y estos autores ya los mencioné al hilo de Historias naturales, pero no está de más que lo repita aquí. Es evidente que Primo Levi se encuentra en el mismo terreno, onda y categoría de Italo Calvino (Levi le dedica el relato "El forjador de sí mismo", un periplo de muchos miles de años en primera persona sobre la evolución de la vida en la Tierra); pero sus afinidades temáticas y estilísticas con el polaco Lem y con el estadounidense Lafferty son apabullantes y sorprendentes. "Sicofante" de Levi guarda enorme semejanza con "A través de otros ojos" de Lafferty. "Knall" (de Levi) habla de un invento -en realidad, de una moda- muy, muy parecido a los ingenios descritos en "Querida tragona" y "Terror de siete días" (de Lafferty). "Visto de lejos", homenaje a los viajes lunares, nos muestra la perspectiva selenita de la Tierra, y en mi opinión, lo podría haber firmado Stanislaw Lem. "Protección", acerca de la vida humana ante el peligro de la caída de micro meteoritos, "Lucecitas rojas" y la serie de relatos sobre "Recuenco", tienen el aire esotérico, apocalíptico, incomprensible (esa sensación de que te falta información, pero lo que hay te cautiva) de las novelas de Lem sobre "primeros contactos" con razas extraterrestres (Fiasco, Solaris, Edén..., aunque los alienígenas brillen por su ausencia en estos cuentos de Levi.

Al igual que Lem y Lafferty, Levi utiliza personajes recurrentes, como es el caso del escritor (que va de cabeza a nuestra Biblioteca de Babel) Antonio Casella, protagonista (¡metaprotagonista!) de "Trabajo creador" (el autor que se convierte en personaje) y "En el parque", dos cuentos que contienen un planteamiento idéntico (o casi) al de la serie de historias y novelas de John Kendrick Bangs (1862-1922) sobre las Associated Shades, el club del Hades para caballeros. Destaquemos estas líneas de "Trabajo creador":

"Pero ¿me creerá si le digo que Ofelia se cansó de la perplejidad de Hamlet y que lleva veinte años con Sandokán y que se llevan muy bien? ¿O que Lord Jim, apenas llegó, se enamoró inmediatamente de Electra y que viven juntos?"


A esto que hace Levi en estas historias se le llama "mitología creativa", término que al lector quizá no le resulte completamente desconocido...


Uno de los volúmenes de la serie de Associated Shades, de J. K. Bangs.


Igualmente sorprendente es "Amotinamiento", que replantea nuestra relación con el mundo vegetal (y que algo tiene que ver con un viejísimo y excelente relato de Edmond Hamilton, "Alien Earth", de 1949); la parábola "El siervo", sobre el mítico golem; "Escrito en la frente", un relato más o menos futurista que podría haber salido de la pluma de Ray Bradbury en sus horas oscuras... y más.


Este viejo volumen de Caralt contiene el cuento "Tierra extraña" de Edmond Hamilton, muy, muy recomendable.



Quizá, el más terrorífico (pues el pesimismo declarado de Levi convierte la mayoría de sus historias en cuentos de miedo) de los relatos de este volumen sea el titulado "Hacia occidente", historia en apariencia inofensiva e inocente, pero que plantea unas peligrosísimas preguntas: ¿Por qué el ser humano ha de querer vivir? ¿Qué le impide ser como los lemmings? Y esto, cuestionado, razonado y respondido por un escritor que, como sabemos, se arrojó por el hueco de la escalera para terminar con todo de una vez.

***

He perdido la cuenta del número de relatos que he mencionado. Hay más (repito: hasta veinte). Pero mejor será que los descubra el lector. Tengo la impresión de haber hablado demasiado, de haber desvelado un secreto o haber roto alguna norma...

Lo único que puedo añadir a lo antedicho: Primo Levi fue un excelente, imprescindible autor de cuentos fantásticos, de terror y de ciencia ficción. Esta faceta del autor no es demasiado conocida. Por favor, querido lector profesional, ocasional o especializado: hágase un favor y consiga estos libros antes de morir. Después ya no hay nada, diga lo que diga Levi en "Hombres de negocios" (incluido, claro, en Defecto de forma).

 




 

martes, 19 de septiembre de 2023

Patrulla 22 (Punto Rojo nº491, septiembre de 1971), de Curtis Garland

 


9 de septiembre de 2023
 
Patrulla 22 (Punto Rojo nº491, septiembre de 1971), de Curtis Garland.
 
He leído esta novelita de Juan Gallardo Muñoz para tomar un respiro de la inmensidad de Whirlwind de James Clavell, que son unas 1.400 páginas en inglés (o más bien, en diversos ingleses… el que haya leído a Clavell sin traducir, sabrá a lo que me refiero) sobre los primeros días de la revolución de Jomeini en Irán, allá por febrero de 1979.
Y he elegido Patrulla 22 porque es un título que, desde que lo conozco, me evocaba Hill Street Blues. Y por lo tanto, a Ed McBain y su serie del Precinto/Comisaría/Distrito 87.
No me he equivocado. No del todo.
 

 
Pienso que Patrulla 22 está inspirada en las lecturas que Curtis debió hacer de McBain, en esos casos truculentos, viscerales, realistas casos del detective Steve Carella y la extensa plantilla de la comisaría. No obstante, esta novela corta no es un “procedural”, sino más bien un “anti-procedural”. Lo que aquí hizo Juan Gallardo fue usar todos los tópicos de ese subgénero de la novela policíaca para subvertirlos, y convertir el relato del devenir de dos patrulleros de a pie en un whodunnit. Así, el argumento es el siguiente: el coche 22 de la Patrulla Volante de Manhattan ha volado por los aires con sus dos patrulleros. Es un atentado en toda regla, y la policía no termina de encontrar motivo o sospechoso alguno. Otros dos patrulleros (un veterano y un activísimo y brillante jovenzuelo) toman el relevo de la nueva Patrulla 22. La sospecha es que es asesinato de sus compañeros tenía que estar relacionado con algunos de los casos en que habían trabajado recientemente. Pero estos patrulleros no se pueden meter en el caso del secuestro de un niño, pues es cosa del FBI; y el problema del Murciélago, el ladrón incendiario, se ha convertido en cosa de la Brigada de Homicidios. Y el tercer caso, el de la Voz, que realiza llamadas obscenas, también está sobrepasando el límite de las amenazas a los hechos. Pero, claro está, eso no va a detener a la Patrulla 22, que tendrá que saltarse las reglas y puentear al capitán de la comisaría, al FBI, a los detectives de homicidios, para investigar por su cuenta… durante sus horas libres. (En ese sentido, el argumento se parece mucho a la segunda novela del Precinto 87, The Mugger, de 1956, que en España fue El atracador).
 
"El atracador", edición en castellano de 1962. ¿La leyó Curtis Garland?
 
Muy divertida vuelta de tuerca, como he dicho, a McBain. Confieso que no he encontrado otras novelas de Curtis protagonizadas por los muchachos del escalafón más bajo de la policía, los que van a pie… o en coche patrulla: casi siempre tenemos detectives privados, o bien de Homicidios, Narcóticos, etc., o bien, investigadores amateurs como periodistas, escritores o el tipo que pasaba por allí en el momento equivocado. Esto hace de Patrulla 22 una novela distinta. Satisfactoria y devorable en una o dos sentadas.

 

Para consultar opiniones sobre otros bolsilibros, puede visitar mi blog NOVELAS DE A DURO, con más de un centenar de micro reseñas.

sábado, 26 de agosto de 2023

El último lugar que Dios creó, de Jack Higgins


El último lugar que Dios creó (1971) es un tortuoso viaje por las rutas comerciales de la Amazonía en la década de 1930. También es una envidiable y violenta novela de aventuras con intrépidos aviadores que escupen al rostro de la Muerte cada día, de hombres y mujeres que no pueden caer más bajo, de malvados heróicos, de salvajes indios que son víctimas y verdugos (todo a la vez), de buscadores de diamantes, de condenados al presente, de criaturas humanas casi legendarias cuyo deslumbrante futuro inmediato se vislumbra en la Europa de 1939... pues eso será preferible al Infierno del día a día en los afluentes, las aldeas, las fortalezas militares, las misiones, que se esparcen por el río más caudaloso del mundo.


En The Last Place God Made, que sí, es un thriller, Jack Higgins actualiza al Julio Verne de La jangada y nos sirve un contradictorio (por humano) periplo vital y espiritual, crítico con todo y con todos, que no deja títere con cabeza ni da respuestas a las muchas cuestiones éticas que plantea. También tiene algo de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad (esto son palabras mayores, ¿verdad?), por mucho que la novela parezca revestida del aire de un Indiana Jones, o mejor, de los Cuentos del Mono de Oro.

 

Nada ni nadie se salva aquí, ni se rescata a las monjas secuestradas, ni se redime el espíritu de los sinvergüenzas sin escrúpulos que viven en un glorioso pasado, en el que se batían en duelo con el mismísimo Barón Rojo. Porque ser un tipo duro, valiente y experto sólo te puede servir, al final, para tener una muerte gloriosa. No vas a aparecer, maltrecho, de entre los cadáveres humeantes de tus enemigos con una sonrisa para regresar en la siguiente aventura, porque a fin de cuentas, sólo eres de carne y hueso, tipo duro.

Y si por un casual se produce el milagro y sales vivo, te espera la guerra.