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lunes, 25 de mayo de 2026

Club de lectura de terror (y más): Final de la Tercera Temporada


 

 
Esta tarde tenemos la última sesión del Club de lectura de terror y otros géneros, en la Biblioteca Pública del Estado en Albacete. Esta tercera temporada, con 28 sesiones, ha sido generosa en cuanto a variedad: 35 autores de 14 países y un total de 46 historias, del relato breve a la novela corta. Hemos tenido el honor de contar con la presencia de autores como Armando Boix (en modo virtual, pero ahí estuvo) o Ana Colchero. Hemos leído horrores naturales, sobrenaturales y metafísicos; hemos viajado por medio mundo y nos hemos topado con ruinas siniestras en valles circulares, pozos mortales, estanques de aguas calmas, urbes en las que se oculta el misterio y pueblos en los que no hay esperanza. Hemos encontrado extrañas criaturas, vampiros jóvenes y no tanto, ghoules, bacterias parlantes y libros prohibidos. Hemos presenciado futuros inhumanos, bilocaciones, metamorfosis, conversaciones con arañas y ritos supersticiosos. Hemos aprendido mucho sobre los mundos secretos que se pierden tras la infancia, y hasta qué punto esos mundos pueden ser hermosos o terribles. Hemos visitado casas encantadas y conocido personalmente a unos cuantos fantasmas. Finalmente, esta tarde, nos despediremos por todo lo grande con nuestros loores a El Gran Dios Pan de Arthur Machen.

Y esto será todo hasta que inauguremos nuestra cuarta temporada el próximo mes de octubre. El período de inscripción se abrirá en septiembre.
Salud.


Calendario de la Tercera Temporada (2025-26)

 

6 de octubre — Presentación. “Materia gris”, de Stephen King y “Vinum Sabati” de Arthur Machen

13 de octubre — SESIÓN SUSPENDIDA POR OBRAS EN LA BIBLIOTECA

20 de octubre — “Sanguijuelas” y “Hermanita”, María Fernanda Ampuero (Ecuador)

27 de octubre — “La Erúntica”, de Stanislaw Lem (1973)

3 de noviembre — “El tratamiento del mono”, de George R. R. Martin (1981)

10 de noviembre — “El árbol” (1963), de Elena Garro

17 de noviembre— “Cuando Brasset se olvidó” (1915) de Harcourt Farmer, y “Whisky irlandés” (1923) de Jean Ray.

24 de noviembre— “La tarjeta misteriosa” de Cleveland Moffatt

1 de diciembre— “La tarjeta misteriosa, desvelada”.

8 de diciembre — FIESTA

15 de diciembre—“Hombres Salmonela en el planeta Porno”, de Yasutaka Tsutsui

22 de diciembre— FIESTA

29 de diciembre— FIESTA

5 de enero— FIESTA

12 de enero— Tres relatos de Iván Mur, de Armando Boix

19 de enero— Encuentro con Armando Boix: “Santitos”.

 

  

26 de enero— “Los gatos de Ulthar”, Lovecraft; “La mayor presa de Ming”, Highstmih.

2 de febrero— “Conversaciones en una lengua muerta”, Thomas Ligotti (1989)

9 de febrero—“El eco fantasmal de un Koto”, Natsume Soseki. (1906)

16 de febrero— “Las tres almas”, de Erckmann y Chatrian (1860)

23 de febrero— Manuel Mújica Laínez “El retrato” (1970). “Bienvenido a casa”, de Ana Colchero

2 de marzo— José de la Cuadra: “Merienda de perro”, “Galleros”, “Sangre expiatoria”

9 de marzo— “Las ruinas circulares” (1940) de Borges. “El valle circular” (1950) de Paul Bowles.

16 de marzo— “Caballos fantasmas” (1951), de Isak Dinesen.

23 de marzo—“El ídolo de las moscas” (1942), de Jane Rice. “SREDNI VASHTAR” (1910), de Saki

30 de marzo—“A través de otros ojos”, de Lafferty. "Los ojos de Davidson", de H. G. Wells.

6 de abril—FESTIVO SEMANA SANTA

13 de abril—“Petey”, de T. E. D. Klein

20 de abril—“Criaturas de la noche”, de Gabriela Rábago Palafox. “La garrapata”, de Abelardo Castillo. “Gaspar Blondín” de Juan Montalvo.

27 de abril—Primo Levi: “Vilmy”, “Sicofante”, “Disfilaxis”

4 de mayo—“Ravissante”, de Robert Aickman

11 de mayo— “Luvina” de Juan Rulfo. “El Tsalal”, de Thomas Ligotti.

18 de mayo— “El miedo”, de Louis Hémon. “El estanque”, de Highsmith

25 de mayo— Machen: “El gran dios Pan”

  

 
 
 
 
 

martes, 14 de mayo de 2024

Thaddeus Mobley: un olvidado de la ciencia ficción (2017)

 


(De Facebook)

9 de mayo de 2017

Va haciendo falta edición en castellano de estos clásicos de la ciencia ficción.Thaddeus Mobley es uno de los grandes olvidados, junto a Kilgore Trout.

 


***

14 de mayo de 2024

De este comentario casual que publiqué en Facebook ya han pasado unos cuantos años, y Mobley sigue sin dar señales de vida. Quizá se deba a que era el pseudónimo de un viejo amargado que en otro tiempo fue un joven y prometedor autor que sufrió las inclemencias del mundo editorial.

Así, al menos, se recoge en la tempora 3 de la serie televisiva Fargo, basada en la película de los hermanos Cohen de 1994. Esta tercera temporada alcanzó el culmen de la perfección, y no he podido con sus continuaciones: la 4ª era un festival de mal gusto, vómitos y pedos, y la 5ª me ha pillado en plena renuncia voluntaria al género audiovisual (soy no televidente, ni piso un cine, ni uso internet para ver películas, desde poco antes de agosto de 2020, con un par de excepciones). Lo cual, dicho de paso, no significa que no esté informado de las novedades más populares, de la evolución política, económica y social de las películas y las series de televisión, de los nombres que más suenan, de las tendencias, etc. Esas informaciones me parecen prescindibles, frente a la posibilidad -que he descartado por mi propia voluntad- de disfrutar de estos productos. En cualquier caso, por el mero hecho de tener que trabajar con internet conectado a la computadora, y de mantener relaciones sociales, toda esa información me llega puntualmente y la digiero y proceso, la mayor parte de las veces con la intención de expulsarla en alguna visita al cuarto de baño. (Sin éxito, debo añadir).

La verdad es que prefiero dedicar mi tiempo a leer, que cada vez me parece una actividad más proscrita (tal y como insinuo en un reciente artículo) y peor vista, o más ninguneada, o más despreciada. Antes, se presuponía (erróneamente en demasiados casos) que alguien que leía mucho, tenía que saber mucho, por narices. Ahora, alguien que lee mucho es un freak.

No un friki. Un freak. En inglés. Como en aberration, abnormality, monster, etc. En inglés, el verbo to freak significa también "comportarse de un modo irracional y destructivo, normalmente por una emoción extrema o por el uso de drogas".

Ya me pueden recomendar la novísima maravilla cinematográfica de Villeneuve, que yo no voy más allá de las impecables, perfectas primeras temporadas de West World o de Vynil, ambas de 2016.

Ayer terminé de leer el libro de relatos Defecto de forma de Primo Levi (obra maestra, amigos), y releí "El pueblo blanco" de Arthur Machen para comentarlo en el Club de Lectura de Terror de la biblioteca de Albacete. Esta mañana he leído el cuento "Un hombre bueno es difícil de encontrar" de la escritora norteamericana Flannery O'Connor, en un volumen de sus prosas cortas completas (me ha puesto los pelos de punta). Y el retorcido y malvado Miguel Matesanz me crea una necesidad con su reciente reseña sobre los relatos de Eudora Welty. Paralelamente, sigo leyendo y corrigiendo textos para publicar de autores que no mencionaré aquí (esto es por la vertiente profesional de la lectura).

¿De verdad alguien cree que necesito ver tal o cual película o serie con todo lo que hay ahí, esperándome en las crecientes pilas de libros? Para sacarme de aquí, tendría que venir David Lynch en persona para decirme "hola, acabo de rodar un poco más de Twin Peaks". Maldición, ¡si yo quiero leer hasta las obras de Thaddeus Mobley, que ni siquiera existen en nuestro plano de realidad!

Flannery O'Connor

domingo, 3 de abril de 2022

La Venus, el hacha, e historias olvidadas

Lo breve, si breve, dos veces breve (que decía Borges):

 

Emilia Pardo Bazán y Alfonso Hernández Catá cuentan la misma historia de vampiros, la primera en 1901 y el segundo en 1907. (No es la misma historia de vampiros, pero sí muy, muy, muy semejante. Hasta el punto de que, el que esto suscribe, se dio cuenta y lo señaló por escrito, para la posteridad. Como Dios manda).

Alfonso Hernández Catá

Catá dice en su relato que escuchó el cuento en una tertulia "daurevillesca" (que es una de esas cosas que, con el Covid y las irreconciliables diferencias políticas, hay que desterrar, no vaya a ser que a alguien le dé por pensar algo que no haya visto en su teléfono móvil, sino escuchado por boca de un semejante, sin más pruebas que la fe en que quien está sentado enfrente no es un mentiroso o un imbécil o un político. Ítem más: el significado de "daurevillesco" lo explicamos en un libro, en nota al pie, y lo citamos más abajo. Pero sigan, no se interrumpan, tomen el atajo de la divina señora Todd de Stephen King y vayan al grano).

En la ¿ficticia? tertulia de Catá de inicios del siglo XX, se cuentan otras historias que el autor menciona, entre ellas

"el bello crimen perpetrado por un artista loco, quien, creyendo hallar gran semejanza entre la Venus de Milo y su amante, cercenó a ésta con un hacha los brazos, para dar al parecido exactitud".

(Hay otras historias en ese mismo pasaje del cuento. Algunas, en mi opinión, evocan al Arthur Machen de "The White People", que si USTED no ha leído, no sé muy bien qué está haciendo ahora mismo en este lugar. Corra, vuele; busque una versión en su idioma o en el original, lea la historia y regrese justo AQUÍ).

Venus mutilada. Originalmente no era así, claro. Nadie es tan mierda o hijo de puta.

Y en el curso de una pseudo-investigación sobre Jack el Destripador (seamos serios y sinceros: en el curso de escrutar algunos volúmenes de mi biblioteca que había que fichar en La Tercera Fundación), me encuentro con un cuádruple relato del desconocido "L. Urtubey" donde se recoge la anécdota que menciona Catá... aunque en una versión ligeramente distinta.

Esa es mi vida, o la parte que más me fascina (o que menos me fastidia): la de encontrar conexiones improbables a través del tiempo y el espacio.

L. Urtubey, presumiblemente. Daremos noticias detalladas en alguna otra parte, otro día, en otro momento. Pero están ustedes viendo la imagen de un nominado al Premio Nóbel de Medicina en 1937.

(Sobre quién es Urtubey, tendrán ustedes que esperar al artículo y a la recuperación de sus textos en la revista ULTHAR, que servidor perpetra con la inestimable ayuda de muchos amigos. Sobre la relación entre los textos de Bazán y Catán, tienen la información pertinente en el volumen VAMPIROS EN ESPAÑA, editado al cuidado de servidor de ustedes).

Y ahora, pongamos esta imagen, portada de un libro que contiene "4 casos de obsesión" de L. Urtubey, compendio de cuatro "club stories" -un género al que dedicaremos tiempo en breve- que no son ni aleatorias en su contexto, ni del todo fantásticas (algo de eso hay), pero sí terroríficas... y que tienen toda la pinta de ser casos reales como la vida misma. Incluido el de "El adorador de Afrodita", del que Catá ya hablaba en 1907, y que Urtubey recogió cuarenta años después, en un relato episódico que sirvió de complemento a un pastiche novelesco sobre un nuevo Jack el Destripador.

Y terminemos por hoy.

 

(Si servidor fuera Juan Perucho, acabaría este texto con un hecho real -para Perucho-: diría que acabo de escuchar el inaudible canto de la avutarda géminis al otro lado de la ventana, quizá en los tejados de Albacete, sobre la antigua antena del edificio de la Telefónica, o más lejos, acaso en la Fiesta del Árbol, junto al icónico depósito de agua que, hoy, es parte del skyline albaceteño. Pero no soy Juan Perucho. Lo que oigo al otro lado de la ventana es el zumbido vacío de la circulación vehicular nocturna y, gracias al Cielo, ya no se escucha el llanto del gato que lleva maullando todo el fin de semana, el pobre, desde algún lugar desconocido para mí, pero demasiado cercano. Cada día más, aprecio ese silencio de domingo en la madrugada que se parece sospechosamente a la ausencia de dolor.).

***

Y si son tan amables, y están interesados en cosas como éstas que contamos arriba, no dejen de visitar (hasta el 19 de abril, pues cerraremos el plazo) la página dedicada a la suscripción de VAMPIROS DE CURTIS GARLAND, tal y como enlazamos aquí).


Y si por un casual de estos de la vida, lo que buscan son máquinas de asedio medievales y cachivaches de ese estilo, visiten PCTWOOD, de mi amigo Pascual Correa Toledo.


 


lunes, 5 de diciembre de 2016

"Los tres impostores" de Arthur Machen (2011, y un epílogo de 2016)



(2011)

Si tengo que recomendarte un libro ahora mismo, te diré que leas Los tres impostores, de Arthur Machen. Podría hablarte de otras obras a las que he colocado en sus respectivos pedestales, y hace unos años, mis amigos de la librería madrileña Estudio en Escarlata me pidieron que escribiera mi propia “lista de los 7” (una lista en la que incluí hasta ocho títulos, si no recuerdo mal). Y no estoy hablando de un ránking, porque ¿cómo diablos voy a decidir si me gusta más La sangre de los King de Jim Thompson o Las historias naturales de Juan Perucho? O sea, ¿a quién quieres más, a tu padre o a tu madre?
Los tres impostores está en esa lista, sin duda. Y quiero recomendártelo porque yo lo he leído varias veces (ahora mismo, es el libro que tengo en la cabecera de la cama), y sigo disfrutándolo tanto o más que el primer día. Igual tú lo lees y consideras que es “uno más”, pero yo no lo veo así.
Hasta donde llego, Borges tampoco lo veía así, porque lo incluyó en su “biblioteca”, y supongo que escribiría un prologuito o algo. Bien por él, si le gustaba la mitad que a mí.
Machen es un autor decimonónico, un londinense adoptado que callejeó y observó y se emborrachó y podríamos decir que incluso alucinó. Literalmente, según cuenta Alan Moore en Serpientes y escaleras —una de esas adaptaciones de las performances del Maestro de Northampton, realizada por el australiano Eddie Campbell (sin parentesco conocido con John Ramsey)—. Machen (pronúnciese “macken”, dicen, aunque yo no lo hago nunca) anduvo tonteando con esa gentecilla excéntrica de la primera Golden Dawn, los pseudobrujos que derrocharon imaginación y generaron una mitología propia, contradictoria en mi opinión, y que ha llegado hasta nuestros días. Y si no, pregúntenle al espíritu de Aleister Crowley.
Los tres impostores (The Three Impostors or The Transmutations) se publicó en Londres en 1895 (yo lo leí por primera vez en 1995), y confieso que nunca me he detenido a comprobar si causó alguna impresión en sus lectores. Quizá lo haga ahora, cuando tenga un ratito libre.
Estoy convencido de que Conan Doyle lo leyó, del mismo modo en que estoy seguro (pero menos) de que Machen leyó el relato “The Final Problem” (“El problema final”) o bien en el número de diciembre de 1893 de The Strand, o en la primera edición de The Memoirs of Sherlock Holmes, la de George Newnes de 1894.
Las dos obras citadas (la de Machen y el relato de Doyle) contienen referencias a un oscuro poder organizador que opera en las sombras de Londres, y ambos poderes tienen como cabeza visible —o más bien invisible— a dos respetables hombres de ciencia, un profesor y un doctor. (El profesor, estamos seguros, también era doctor... en Matemáticas, concretamente).
No quiero que creas que te recomiendo este libro porque pueda contener referencias sherlockianas; nada más lejos de mi intención. Ya sé que no eres tan de Sherlock Holmes, pero en fin... intentaré no volver sobre ese tema.
También te diré que se ha dicho de Los tres impostores que es algo así como un remedo de Las nuevas noches árabes de Robert Louis Stevenson, y mira, algo de verdad hay en ello a nivel estructural y también en el escenario, que es el Londres nocturno de las luces de gas donde siempre (o al menos en la novela de Machen) siempre es 1895... Las nuevas noches árabes también es una lectura deliciosa (y con referencias sherlockianas, aunque sean retroactivas... ¿te suena lo de “la presencia de un poder organizador”...? Vale, vale, ya lo dejo), y al igual que Los tres impostores, está compuesto por una serie de andanzas bizarras, un conjunto de relatos entretejidos como un bello tapiz de... bueno, sí, de arabescos.
Y sin embargo, la obra de Machen posee el don de respirar un aire siniestro, combinado con lo que podríamos denominar “sentido de la maravilla” —que en este caso es más un “sentido de lo siniestro en la cotidianeidad urbana”—, un sentido del que se intentó apropiar (o al menos, intentó imitar) el señor Howard Phillips Lovecraft. Si el Maestro del Terror de Providence tuvo a su vez un verdadero maestro, ese fue Machen. (Sí, vale, y también Dunsany y Hodgson. ¿Te quedas más tranquilo así? Pero que sepas que uno de los protagonistas de Los tres impostores es un caballero llamado Phillips).
Sigo dándole vueltas al hecho de que la traducción al castellano de que dispongo, la única que conozco (obra de Luis Loayza), es extraña. Extraña porque la puntuación que utiliza el traductor no es la del castellano, sino la del inglés: Utiliza las comillas en lugar de los guiones tipográficos a los que estamos acostumbrados los lectores de novelas de Stephen King. (Los lectores de novelas de Cormac McCarthy no están tan acostumbrados a esos guiones... ni a las comillas, ni a nada que se le parezca). Es extraña porque tiene un punto lírico (y no me entiendas mal; no rima ni nada de eso) que probablemente se encuentre en el original. Y por eso, pienso que debe de ser una buena traducción.
Y luego está esa cursiva que me sigue fascinando, esa línea (¿ese verso?) que aparece en dos ocasiones. ¿Es una cita? Creo que sí, pero ¿de quién?
Dice así (encajado en ambas ocasiones dentro de fragmentos más largos):

“El viejo marco incendia el mirador”.


***

Ahora que hecho un vistazo al volumen, no encuentro la segunda vez en que se menciona la cita. Si es que es una cita...
La memoria es juguetona, y de vez en cuando te lleva a estas trampas. Ahora es el momento de decidir si borro el fragmento anterior o no.
Pero tú ya sabes cuál ha sido mi decisión, ¿verdad?




(Epílogo del 2 de diciembre de 2016)

La cita ("The grimy sash an oriel burns") es del poema All-Saints (o bien All-Saints Day) de James Russell Lowell (1819-1891), poeta estadounidense nacido en Cambridge (Massachusetts), que fue embajador en España entre 1877 y 1879, periodo durante el cual fue nombrado miembro correspondiente de la RAE: Lowell estaba muy interesado en la literatura española.
El poema original dice así:



Y en algún otro momento tendremos que hablar del tratado De Tribus Impostoribus, que es otro asunto distinto.




***

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