lunes, 11 de abril de 2022

En torno a las tertulias literarias (Primera Parte)

Una típica tertulia española de literatura de fantasía, ciencia ficción y terror.

Si hay algún lugar, fuera de las páginas de los libros, donde el que esto firma ha terminado aprendiendo mucho de todo lo relacionado con la literatura y sus muchas facetas (escribir, leer, editar, distribuir, encuadernar, criticar, corregir, maquetar, coleccionar, investigar, aceptar, negarse, vender, venderse...), es en las tertulias.

Existen y han existido tantos tipos de tertulias literarias que el intentar clasificarlas sería un esfuerzo baldío. Las hay con nombre propio y reglas estrictas, y las hay informales y caóticas; las hay casuales y puramente circunstanciales, y las hay con fecha y cadencia fija; las hay públicas y abiertas, y las hay privadas y muy exclusivas. Las hay (dicen) pedantes, pero sobre todo las hay divertidas y enriquecedoras.

E.T.A. Hoffmann
Tienden a ser bastante alcohólicas, como es el caso de la tertulia de los Hermanos de San Serafín (más tarde, Hermanos de San Serapión), que estuvo en activo en Berlín entre 1814 y 1820, más o menos, y que estaba conformada por algunos de los más importantes escritores del Romanticismo alemán de la época, los mismos que sentaron las bases de la fantasía contemporánea, con E.T.A. Hoffmann a la cabeza. Y por supuesto, no todos los contertulios eran autores; también había algún médico iniciado en el mesmerismo y en el arte de cazar fantasmas, algún naturalista, y algún noble borracho -incapaz de competir con Hoffman en el tema de la bebida, según cuentan sus contemporáneos-. La idea de los amigos que se reúnen para hablar de escritos propios o ajenos y para contarse historias es antiquísima, y la afirmación de que el alcohol desata la lengua y el ingenio (y reduce la vergüenza escénica hasta la nada) es indiscutible para cualquiera que tenga la más mínima experiencia al respecto.

Los hermanos de San Serapión. Véanse las botellas sobre la mesa.

Personalmente, llevo asistiendo a este tipo de tertulias espirituoso-literarias desde la adolescencia, cuando en Albacete nos reuníamos, en los primeros años de la década de 1990, un nutrido y heteróclito grupo de fanzineros, cuyo nexo de unión era la literatura y los tebeos... eso, y que todos realizábamos publicaciones no profesionales de fotocopias, donde reproducíamos nuestros relatos y poemas, nuestras ilustraciones, nuestras historietas, nuestros trabajos. Estas reuniones, que en Albacete no denominábamos "tertulias", se realizaban los sábados a la hora del café en el bar del Ateneo Albacetense (luego, después de diversas y sucesivas expulsiones de los espacios elegidos, continuaron en otras cafeterías con Historia, más interesantes que el Ateneo), y podían prolongarse hasta altas horas de la madrugada a través de varios locales, desde salones de billar y futbolines hasta los bares de copas más inmundos, peligrosos y, al tiempo, encantadores. En aquellas multitudinarias tertulias llegábamos a amontonarnos representantes activos y colaboradores de hasta unas 16 o 17 publicaciones distintas que se publicaban simultáneamente, cifra yo diría que muy considerable para una ciudad del tamaño de Albacete, que por aquel entonces rondaría los 150.000 habitantes. Hasta donde sé, aquello fue un caso de fenómeno termodinámico, uno de los pocos que he vivido en mis propias carnes. Nadie impulsó aquello. Fue un caso de generación espontánea. Acudimos como los insectos a la luz de la candela en una noche de verano.

Todos nos abrasamos.

Aventis nº4 (Albacete, octubre de 1995). Portada de Pedro Jesús Tornero.

La trascendencia de estas publicaciones fuera de los límites geográficos albaceteños fue prácticamente nula (con alguna excepción), con lo que jamás se tuvo -ni se ha tenido en cuenta posteriormente- aquella ingente producción artística local, que si bien era irregular, también es cierto que dio muchos frutos de calidad, perfectamente reivindicables e incluibles en "lo mejor de...", y añádase la fecha que corresponda. Lo que sí ha tenido cierta repercusión es la obra posterior de un buen puñado de mis contertulios, cosa que me alegra y, confieso, también me enorgullece.


Desde el Infierno nº1 (septiembre de 1993). Portada de Sergio Bleda.


Habría muchos pormenores anecdóticos que contar acerca de aquella intensísima etapa tertuliana, como el intento de convertir las reuniones en una organización extraoficial a la que se bautizó con el pomposo nombre Coordinadora de Revistas Culturales de Albacete; las grandes peleas; las inútiles y prescindibles votaciones (como cualquier votación); los vaivenes, los "invitados especiales"... Para mí, fue una auténtica escuela de aprendizaje y formación, en sentido tanto profesional como personal, para bien y para mal.

Trazo Zero nº01 (que en realidad era el 2; 1993). Portada de Juan Antonio Martínez Sarrión "Mortimer"
 

Si en algún momento tengo tiempo, me tomaré la molestia de dar nombres y apellidos, así como un listado de títulos de publicaciones, procedentes de aquellos años en que la Red de Redes y los teléfonos móviles no existían ni le hacían falta a nadie. Sólo diré que algunos de mis mejores amigos proceden de aquella época, y que muchos de esos compañeros de aventuras fanzineras son mis maestros, o así los considero yo.

Fábulas Extrañas nº1 (15 de mayo de 1995). Portada de Alberto Martínez Ruiz.
 

De todo esto que menciono, tan sólo hay registro en las hemerotecas de papel (pruebe usted a buscar en Google... o mejor no. No hay nada). Y en la memoria de un buen puñado de personas que estuvimos allí, y luego nos convertimos en otros.

***

A principios de la década de los 2000 (qué feo suena, ¿verdad?), viví durante un tiempo en Madrid, y asistí un par de veces a la versión de aquel momento de la Tertulia Madrileña de Ciencia Ficción y Fantasía (TerMa), que en esos momentos se celebraba en el famoso Café Barbieri de Lavapiés, un local del siglo XVIII que hoy, creo, sigue en pie y en activo.  Estaba muy cerca de mi casa en la calle Casino, y me presenté allí sin más. Muy pronto me di cuenta de que ese no era el modo más correcto de unirse a una tertulia. Lo normal es acceder por medio de una invitación... aunque hay excepciones, claro. Pero no se lo recomiendo a nadie.

Interior del Barbieri.


No tengo muchos recuerdos de aquel par de visitas al Barbieri (que desembocaban en una cena en un restaurante chino; a las cenas no fui nunca), pero algunos veteranos de la TerMa, como Alfredo Lara o José Miguel Pallarés, me han relatado, años después, montones y montones de historias, unas más humorísticas que otras... Y es que las tertulias literarias, lejos de ser un tostón, tienden al apasionamiento y a la discusión acalorada (y, sobre todo, NO HAY QUE CONFUNDIRLAS con los recitales poéticos). De ahí no salen solamente grandes amigos, sino también enemigos irreconciliables. Y no creo que esto último sea necesariamente un punto negativo, pues un buen adversario puede ser mucho más valioso que un mal aliado. Al menos, un buen enemigo suele ser mucho más respetable (y el sentimiento tiende a ser recíproco) que un traidor.

 

  Documental sobre la TerMa (febrero de 2020)

(Continuará...)

 

***

Y si son tan amables, y están interesados en cosas como éstas que contamos arriba, no dejen de visitar (hasta el 19 de abril, pues cerraremos el plazo) la página dedicada a la suscripción de VAMPIROS DE CURTIS GARLAND, tal y como enlazamos aquí).


Y si por un casual de estos de la vida, lo que buscan son máquinas de asedio medievales y cachivaches de ese estilo, visiten PCTWOOD, de mi amigo Pascual Correa Toledo.


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario