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sábado, 20 de julio de 2024

Monstruos en Baker Street, de Curtis Garland (2013)

El 10 de julio de 2013, publiqué la micro reseña nº50 de mi blog sobre novelas de a duro. En el texto, reseñé Monstruos en Baker Street de Curtis Garland, un texto tan improbable en una edición tan imposible con una cubierta tan fuera de lugar que, durante unos días, meses, años, se convirtió en una atracción turística y un quebradero de cabeza para los coleccionistas.

Por supuesto, esa novela de Juan Gallardo no había existido nunca... cosa que no impidió que algunos amigos aseguraran haberla leído o haberla tenido.

La recuperamos aquí, en modo festivo, íntegra. Y al final de la reseña original, añadimos la más extraordinara de las anécdotas al respecto.

***

La reseña original (20 de julio de 2013)

 


Monstruos en Baker Street, de Curtis Garland (Juan Gallardo Muñoz; Selección Terror, número especial de 196 páginas fuera de colección, Bruguera, marzo de 1976).


El narrador, el doctor John F. Weston, relata cómo el barón de Kronstedt, un noble transilvano, visita al detective londinense Shelby Hakes en 1879 para contratar sus servicios. El problema: se ha extraviado un envío procedente de Suiza, concretamente un cajón de notables dimensiones que contiene una reciente adquisición del barón.
Hakes se pone manos a la obra y, tras un par de rápidas deducciones y de encuentros con mozas turgentes (cantos de sirena a los que el detective hace caso omiso, no como el bueno del doctor Weston), da con el dichoso cajón que contiene nada menos que el cuerpo de una monstruosa mujer conformada con cadáveres de otras damas. (El envío, obviamente, estaba remitido por un tal barón Frankenstein).
A todo esto, Hakes y Weston pierden el cajón tras una cruenta pelea a balazos (de plata) con un hombre lobo, una criatura invisible, y un grupo de zombis recién salidos de alguna morgue. Weston tiene muy claro que Kronstedt no es trigo limpio, pero Shelby Hakes sabe la verdad, y es que esos monstruos en realidad trabajan para un adversario del caballero carpatiano, en concreto un monje ruso que responde al nombre de... Rasputín.



El ejemplar del amigo Efrén Comín (junto con otras novelas de a duro y los planos originales del submarino Bruce-Partington), adquirido durante la II Tertulia Sherlockiana de Madrid. 13 de julio de 2013.


Para acabar con esta ensalada de monstruos, el astuto Hakes recurre a la colaboración de un amiguete suyo, el señor Roger Hastings (y su fiel ayudante hindú, Rahma), que es un especialista en asuntos sobrenaturales, y también recoge por el camino al pistolero texano Drury Reno, que andaba por Londres como parte de un espectáculo del Far West. Y así, tenemos un precipitadísimo confrontamiento final (dos páginas y todo arreglado, amigos) de las tres partes en una mansión de Whitby, con el barón de Kronstedt (cuyo verdadero nombre es el de conde Drácula; revelación nada sorpresiva) haciéndose con un ejemplar de un grimorio llamado “El Negro Libro del Horror” y que le permitiría invocar a un buen puñado de demonios, el monje Rasputín y sus monstruitos repartiendo dentelladas y candela (ruedan cabezas, desaparecen brazos y piernas), y el súper grupo de Hakes armado hasta los dientes con estacas de madera, cruces, más balas de plata (ahora rociadas con agua bendita, por si las moscas), y algunos adminículos anti-zombi patentados por Roger Hastings.
¡Ah! Y al final, el doctor Weston se casa con una de las diversas damas de pechos generosos que aparecen en la narración. (No con la chica remendada de Frankenstein).
Este delirio maravilloso hace referencia a un buen puñado de novelitas curtisianas (como "El fantasma de Baker Street", que reseñaremos aquí oportunamente), y en él presenciamos un intrincado juego metaliterario, pues Curtis en persona nos asegura que está traduciendo una novela escrita por el norteamericano Shylo Harding, autor de novelas baratas...
En resumen, una novelita que no existió y que, sin embargo, podría y debería existir.
Muy, muy, muy divertido, y tan difícil de conseguir, o quizás más, que el poco conocido “Necrolatría” de O. Marshall (Selección Terror nº535, Bruguera, 1983).

(En la imagen de abajo, un artículo sobre “Necrolatría”)





Monstruos de Baker Street alcanza precios astronómicos entre los coleccionistas de bolsilibros.


Fin de la reseña original
 
***

Un par de años después, concretamente el 14 de mayo de 2015, tuve la feliz idea de recordar a los amigos de Facebook la existencia de la reseña, y comenté algo que, para variar, era cierto: que estaba trabajando en Monstruos en Baker Street.

El post original decía así:

¿Alguien que se acuerde mi "micro reseña" de MONSTRUOS EN BAKER STREET, novela atribuida al gran Curtis Garland, y que publiqué el 10 de julio de 2013? En el enlace adjunto la tienen ustedes. Se trataba, obviamente, de un pequeño homenaje al maestro Juan Gallardo Muñoz y un guiño a todos los aficionados a la mitología creativa, la cultura popular, y los bolsilibros.
Pues bien: el "pequeño homenaje" ya no es tan pequeño, pues para ser un libro que no existía cuando hablé de él, empieza a tener cierto peso. Y eso es porque estoy dándole las últimas pinceladas (o teclazos, si lo prefieren los puristas) a MONSTRUOS DE BAKER STREET para que, de una vez por todas, exista.
Con permiso expreso de Mercedes Gallardo, hija de Juan Gallardo Muñoz (alias Curtis Garland, alias Donald Curtis, alias El Hombre Que Escribe), esta novelita es mi particular, personal e intransferible canto de amor y admiración al más mítico de los mitógrafos creativos españoles. A su recuerdo está dedicada esta modesta obrita que, me complace anunciarles, muy pronto saldrá a la luz.
No será el gran Curtis Garland, pero les juro que he intentado aproximarme. Palabra.
Por supuesto, quiero aprovechar para agradecerle a Mercedes su amabilidad al permitirne dedicarle este trabajo a un hombre que, a muchos, y a mí en particular, nos regaló tantas y tantas horas y páginas de disfrute y entretenimiento puro y duro.

 

Después de compartir la entrada en diversos grupos de Facebook, me encontré con la siguiente joya, que se ha convertido en uno de mis momentos favoritos de mi relación con las redes sociales. Reproduzco a continuación el post original del 15 de mayo de 2015, con la imagen adjunta al texto:

Esto, amigos. Esto sí que es nuevo: me acaban de ofrecer en digital una copia de un libro que todavía no he terminado de escribir (aunque le queda muy, muy, muy poquito). Se trata de MONSTRUOS DE BAKER STREET. Ayer posteé por aquí un avance/anuncio del tema, y lo compartí en diversos grupos, entre ellos, el dedicado a los Bolsilibros. De ahí procede el pantallazo...


*** 

Obviamente, y tras casi diez años, aún no he terminado de escribir este homenaje a Juan Gallardo, en clave mitográfico creativa, y sigue siendo una de mis asignaturas pendientes. En cualquier caso, alguna pista al respecto se puede encontrar en las "Apostillas a Doctores de lo Oculto de Curtis Garland (en siete partes)", incluidas en el volumen al que alude el artículo, volumen que, por supuesto, sigue a la venta.

 

En cuanto a Monstruos en Baker Street: todo se andará. No quiero dejar en la estacada a los lectores, y mucho menos al viajero temporal que, por desgracia, no ha podido facilitarme su copia, pues regresó a su negro futuro donde los libros que ahora nos parecen completamente inocuos e incluso recomendables, están prohibidos.

(Dejo aquí un pantallazo de un fragmento de esta novela, para que los amigos que llevan más de dos lustros PIDIÉNDOLA A GRITOS sepan que, antes o después, EXISTIRÁ).

 

Pantallazo de la primera página de Monstruos de Baker Street: un trabajo pendiente, un motivo para vivir. (Y mi agradecimiento a Mercedes Gallardo por permitirme trabajar con los personajes de su padre).

viernes, 21 de junio de 2024

Entradas de la Vieja Bitácora: "RANCHO DRÁCULA": un llamamiento (25 de marzo de 2010)



Un ejemplar completo de Rancho Drácula.

 

8 de junio de 2024

Recuperamos aquí un antiquísimo post, publicado originalmente el 25 de marzo de 2010 en el alojamiento original de nuestra Vieja Bitácora. Lo hemos rescatado gracias a la máquina del tiempo.

La historia que aquí se narra continuó y tuvo un final feliz, tal y como se desprende de los comentarios originales. De hecho, la novela fue reeditada por la extinta Darkland Ediciones, con un prólogo de servidor de ustedes. Y la cosa se fue expandiendo por el mundo, y se recuperaron otros weird westerns españoles, y se escribieron algunos nuevos, y se investigó y se catalogó, y...

Perto todo eso ya es Historia Antigua. No obstante, resulta hermoso rescatar la entrada del blog con la que empezó todo esto...

***

 

Mi "falso" ejemplar de Rancho Drácula, heredado de mi padre.


25 Marzo 2010

"RANCHO DRÁCULA": un llamamiento

En ocasiones, no queda más remedio que insistir: la Literatura Española ha dado tantos ejemplos de obras fantásticas, sobre todo en el terreno de la narrativa popular, que alguna vez obtendrá un reconocimiento mayor que el que se le concede a las (ya numerosas) antologías dedicadas al tema, concebidas mayormente como una mera anécdota en el marco de la literatura llamada, de forma errónea, realista.

Francisco González Ledesma es hoy un autor conocido y "serio", que publica sus obras en las mayores editoriales de España. Pero en el pasado, trabajaba a destajo, como tantos otros, y se había apuntado a la renovación del género del western que venía desde Italia -o quizá se anticipó a Sergio Leone, ¿no es posible?- escribiendo bajo el nombre de Silver Kane.

Lo que nos trae hoy aquí es una insólita novelita que mi padre consiguió hace muchos años en una papelería donde, además de vender prensa, revistas y chucherías, se cambiaban tebeos y novelas. Yo la encontré metida en un cajón, con un montón de ejemplares de Marcial Lafuente Estefanía y sus muchachos, y la cubierta y el título me cautivaron: Aquello se titulaba "RANCHO DRÁCULA", pertenecía a la colección Kansas (una de esos míticos de Bruguera, como Bisonte), y al pie de la portada se podía leer: "El fantasma llegó al desierto de Nevada"...

Y la ilustración... ponía los pelos de punta, como ya habéis visto.

En términos puramente sexuales y un tanto groseros, diré que en ese momento casi tuve una erección, pero en cuanto abrí la novela por la primera página, mis "emociones" se vinieron abajo... Porque aquel ejemplar, reconstruido con papel de celofán, sobado, cuarteado y casi
roído por los ratones, contenía una historia de Keith Luger (Miguel Oliveros Tovar) titulada Fuego en las venas.

 

La novela que hay en el interior de mi Rancho Drácula...

 

O sea, que alguien había dado el cambiazo, y yo no podía leer esa historia de Drácula en el Oeste.

Desde entonces (de esto hace ya años), he intentado dar con Rancho Drácula por los más diversos medios. Por ejemplo, utilicé mi contacto con el entonces responsable del ya desaparecido Lovecraft Magazine, Amadeu Leblanc, que llegó a hablar con el señor González Ledesma. La respuesta del autor fue tajante: "Que busque entre otros títulos; por aquel entonces cogíamos el mismo texto, le cambiábamos los nombres, y ya teníamos una novela nueva". O algo así dijo.

Juan García Rodenas, gran amigo y gran escritor, es también un amante del pulp y el bolsilibro, una de esas personas que si tuvieran una máquina del tiempo no viajarían atrás para conocer la verdad sobre la Pasión de Cristo, sino que intentaría llegar a esa época justamente posterior al hundimiento de Atlantis para conocer personalmente a Conan el Bárbaro. Cuando le hablé a Juan de Rancho Drácula, me quedó bastante claro que ya éramos dos los que habíamos caído en las garras de la Novela Perdida de Silver Kane. Incluso hemos proyectado redactar nuestras propias versiones de esta historia, de título tan sugerente...

Aunque habría que contrastar las fechas, es posible que el señor González Ledesma se inspirara en la película Drácula contra Billy el Niño, de la que nuestro llorado John Carradine -que interpretaba allí al viejo Vlad- dijo que era "la peor de todas mis películas". Quizá debamos poner en entredicho al difunto Carradine...

 

 

(Arriba: unos segundos de esta gloriosa película, cortesía de Youtube.com. Por cierto, ¿sabían ustedes que el bueno de Ed Wood tenía un proyecto titulado The Ghoul Goes West, que habría de protagonizar Bela Lugosi, y que sería otro ejemplo de "Drácula en el Oeste"?)

En cualquier caso, aprovecho el espacio de esta bitácora para hacer un llamamiento a los amigos y lectores holmesianos, a los aficionados a la mitología creativa, y a la novela popular en general: Si alguien está en posesión de una copia de Rancho Drácula, estoy seguro de que muchos seríamos felices de que la compartiera, aunque sólo fuera de un modo virtual. No sé si el relato será bueno o malo, pero cuando menos, será, sin duda, un ejemplo casi único de pastiche de nuestra Narrativa Popular. Un hito, amigos.

***

Si el tiempo lo permite, la próxima semana os serviremos un nuevo micropastiche, con el leit motiv de "Sherlock Holmes en el Rancho Drácula". Si alguno de los amigos ilustradores se anima a echarle imaginación y realizar alguna bella imagen al respecto, que no se corte y nos la envíe por los cauces habituales.

Saludos y disparates para todos.

 

La edición de Darkland (2012), descatalogada, y con prólogo del que suscribe.



COMENTARIOS ORIGINALES

14 comentarios · Escribe aquí tu comentario


sherlockholmes dijo

A ver, todo lo dicho aquí va en serio: si alguien puede proporcionar la novela de algún modo, que no se corte. Y a los amigos ilustradores y demás, repito, no os cortéis un pelo si os apetece un Holmes contra Drácula en el Oeste. A vuestro aire.

Abrazos a todos,
Alberto

25 Marzo 2010 | 05:21 PM


Juan dijo

Sí, la queremos!!
Y por cierto, holmesianos, vuelvan a mirar y remirar la ilustración de portada de RANCHO DRÁCULA y díganme a quién les recuerda el perfil de la silueta de nuestro querido conde transilvano...

25 Marzo 2010 | 06:22 PM


WOLFVILLE dijo

¡No sabía que también habíamos tenido un Drácula en plan western en nuestro pais! El universo de los bolsilibros es uno de los que menos controlo en esto de las pulperías -solo tengo la colección de "El Coyote", y eso gracias a mi padre-, así que esperaré ansioso la posible aparición (resurrección) de título que nos ocupa.

En cuanto al perfil del conde... ¡es netamente holmesiano! Lo cual tampoco es tan raro ya que ambos comparten rasgos físicos muy parecidos. De hecho ha habido algunos actores que han interpretado a Sherlock y que han sido también Condes Dráculas: Jeremy Brett, Christopher Lee, Frank Langella... y seguro que se me olvidan algunos más.

Un saludo cordial.

P.D: Hablando de Drácula y Holmes... ya tengo en mi poder el ensayo de Sherlock y lo "outre", vía una visita relámpago a Madrid el sabado pasado -y yo que no conocía las bondades de esa gloria llamada Estudio en Escarlata-. Una gran adquisición entre otras que detallo por encima en mi última entrada.

25 Marzo 2010 | 08:08 PM


sherlockholmes dijo

Ya decía Fred Saberhagen en su Sherlock Holmes-Dracula: El encuentro que estos dos eran parientes... Y es verdad, Juan, la silueta de Drácula es netamente holmesiana. Hmmmmmmm....

Señor Wolfville, el señor Juan García Rodenas podría hablarle largo y tendido de otra pulpería española, Jíbaro Vargas, debida a la pluma de Mallorquí, igual que el gran Duke. Hay mucho, mucho pulp hispano.
Por cierto, recuerde recomendar a sus amistades la lectura de "Sherlock Holmes y lo Outré"; ¡que gran adquisición ha hecho usted!

Saludos a todos.

26 Marzo 2010 | 05:09 PM


sherlockholmes dijo

Veo en la bibliografía de Francisco González Ledesma (14 de abril de 2008), realizada por Jesús Cuadrado, que "Rancho Drácula" es de 1960:

http://encontretuslibros.blogspot.com/2008/04/bibliografia-de-gon...

26 Marzo 2010 | 05:28 PM


Luis Miguez dijo

Yo me animo si sé lo que tengo que ilustrar primero... ¿O la gracia es lanzarse así, a la aventura?

26 Marzo 2010 | 05:45 PM


sherlockholmes dijo

Pues ese era el rollo, sí... Más que nada, porque no lo he escrito aún...

26 Marzo 2010 | 05:59 PM


Birdy Edwards dijo

Pues este mismo mes vuelve de nuevo el maestro Silver Kane, con nueva novela en planeta, "La dama y el recuerdo", una del oeste y nuevecita, de Don Francisco Gonzalez Ledesma.

27 Marzo 2010 | 02:03 PM


José Luís González dijo

Estaré ojo avizor durante mis vagabundeos por El Rastro y similares, a la vez que esperamos su nueva aportación pastichera. Sobre la relación de Drácula y el western recuerdo un episodio de "Dracula Lives", creo que dibujado por Tony de Zuñiga, donde un ex-sheriff era contratado para eliminar al vampiro, al que perseguía desde ¿Texas? hasta Transilvania. También Zagor, personaje de la casa Bonelli, se enfrentó al barón Bela Rakosi en los primeros números publicados por Ed. Zinco. Y qué era, si no un western, "Vampiros" de John Carpenter.

28 Marzo 2010 | 09:43 PM


sherlockholmes dijo

Amigo Pajarraco:
¿La nueva novela de Don Paco está firmada como Silver Kane?

Amigo José Luis:

Recuerdo los tebeos que mencionas (debería ir pensado en el crossover Zagor-Holmes...)
"Vampiros" de Carpenter es una de esas películas que ha recibido muy mala prensa, aunque a mí me parece una dignísima macarrada carpenteriana... no en vano, John Carpenter es El Mejor de los Directores Malos (no hay más que ver "La Cosa"), con permiso del Maestro Corman... vamos, digo yo...

Abrazos,
Alberto

29 Marzo 2010 | 04:36 PM


Birdy Edwards dijo

Pues si viene firmada como Silver Kane, en el Que Leer de este mes hablaban de ella y salia incluso la portada. Imagino que en breve andará por los puestos de intercambio jejejejeje

29 Marzo 2010 | 04:53 PM


El Abuelito dijo

Veo que consiguió la novela; perdone que no le dijese nada, se me fue del perol; de bolsilibros tengo muy poco, no obstante pregunté al amigo que hace Pulpnivoria (gran coleccionista) y no la conocía, pese a apreciar mucho la narrativa de Silver Kane... En fin, ruego disculpe, acahcándola a mi edad, mi descortesía...

1 Abril 2010 | 06:47 AM


sherlockholmes dijo

Querido Abuelito:

Nada que disculpar, que a mí, que soy más joven, también me fallan los mementos, como podrán atestiguar muchos de los amigos de este blog...

Me temo que no he tenido tanta suerte, pues la novela no aparece por ningún sitio... La imagen que ve usted por allá arriba es la de la cubierta, que es lo único que tengo de este dichoso "Rancho Drácula". ¿Será posible que ni entre los mayores expertos en naderías de estas vayamos a conseguir una copia, un ejemplar, un pdf, un escaneado, un loquesea, de la novelita?

1 Abril 2010 | 04:24 PM


Homo libris dijo

Muy buenas.

Yo también quedé prendado por la historia de esta novela perdida de Silver Kane. Además de mi blog sobre libros mantengo otro "paralelo" dedicado al mundo de los bolsilibros y, entre los blogs "hermanos" hay uno que está publicando escaneada esta novela. Os dejo un enlace donde podéis consultarlo:

http://bolsilibrosblog.blogspot.com/search/label/Rancho%20Dr%C3%A...

Saludos.

18 Diciembre 2010 | 12:34 PM

 ***

martes, 21 de mayo de 2024

Un hombre bueno es difícil de encontrar (1955), de Flannery O'Connor

Ed. Lumen, 1973. Traducción de Marcelo Covián.

Empecemos por las artimañas de lector: sí, me he leído el libro que aparece en la fotografía de arriba, que es un ejemplar de la vieja edición de Lumen de 1973. Pero no lo he leído en esa edición ni sé si existe otra traducción en castellano. Tampoco me lo he bajado de internet para leerlo en modo Long John Silver, el capitán Carlos Lezama o Sandokán. ¿Qué significa este pequeño galimatías?

Solución: me compré un ejemplar de los cuentos completos de Flannery O'Connor (más de 800 páginas en formato bolsillo, con buena letra y buen interlineado), y he leído los textos que corresponden al volumen original Un hombre bueno es difícil de encontrar (A Good Man is Hard to Find, publicado en tapa dura en 1955), y además lo he hecho en el orden en que aparecen en el libro original.

¡Tachaaaaaaán!

La edición original de 1955.

 

***

Hay algo en las antologías de cuentos de autor que sugiere un orden implícito que no es necesariamente el de la escritura o publicación original cronológica (pues estos cuentos aparecieron antes en revistas o en antologías de varios autores). Sé que, en la mayoría de los casos, el orden de cualquier antología (de un autor o de muchos) procede de imperativos o caprichos del editor, ya que al autor, en fin, le suele dar un poco igual. (A mí me pasa: salvo en casos raros como cuentos que van por parejas, tienen secuelas o están relacionados, me importa un bledo el orden en un libro de cuentos míos. Se puede abrir al azar y leer lo que sea. No es imposible que también suceda esto con alguna de mis novelas. Una vez más, recuerdo al lector aquello que soy el tío que empezó a leer Watchmen por el nº6).

Pero, me pregunto, ¿y si en este caso concreto fue Flannery O'Connor la que decidió el orden de los relatos? Una corazonada, lo admito.

Y así es como he leído el libro, empezando por el cuento número 1 y terminando por el número 10.

No sé si será cosa de la autora o del editor, pero este orden tiene cierto sentido. Al menos, para mí lo tiene. (No es que lo vaya a explicar más adelante: con lo que he leído, me basta).

Por cierto que, casualmente, Julián Díez ha escrito hace nada (el 6 de mayo) un artículo sobre "ediciones de cuentos completos" en el ámbito de la ciencia ficción, que es muy interesante.

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El cuento de apertura y que da título al libro es una obra maestra del terror. No es una narración sobrenatural, pero da mucho miedo. También hay elementos de la literatura criminal, pero esto no es detectivesco, policial o de serie negra.

Esto es terror, sin más. Como aquel cuento de Raymond Carver, "Diles a las mujeres que nos vamos", que había olvidado, y que mi hermano Daniel llevó hace poco a la Tertulia de Albacete. (Creo que lo he dicho en alguna otra parte, pero si hace falta, lo repito aquí: me trae al pairo la supuesta diferencia infinitesimal o gargantuesca entre "terror" y "horror" en castellano. Esas diatribas, por favor, que se queden en el bar, que es adonde pertenecen).

Es tan de terror como Drácula de Stoker, El color que cayó del cielo de Lovecraft o El asesino de la carretera de James Ellroy. Tan de miedo y mal rollo como Noche infinita de Richard Laymon o Misery de Stephen King. No me extraña que, a una escritora como la que firmó esta historia, se la haya apropiado la Academia de la Literatura Seria, y se la haya arrebatado a nuestro negociado del escalofrío y la subliteratura. (Voy a empezar a utilizar el término, creo que de nuevo cuño, infraliteratura: me parece más humillante que el otro, pero tiene algo que evoca naves espaciales y monstruos con ojos de insecto). Es como lo que sucede con Primo Levi y sus libros de cuentos: que no pueden ser más fantásticos, terroríficos y de ciencia ficción, pero en el ámbito de los aficionados a los géneros y subgéneros, no se le conoce más que de nombre y por su triste fama como veterano reo de Auschwitz. (Nota al pie: Flannery O'Connor estaba familiarizada con eso de los campos de exterminio, y en época bien temprana, pues habla de los refugiados polacos que terminaron en Georgia, en calidad de mano de trabaja esclaa, un peldaño por debajo de los negros en la socidad. Se ve en varios de sus relatos, y de un modo que, al menos yo, nunca antes había visto o me había planteado. Léase "La Persona Desplazada", por ejemplo, casi novela corta y broche final del libro).

El muy turístico museo de Auschwitz, antes Konzentrationslager Auschwitz, visita obligada en Polonia para muchos entre 1940 y 1945.

Que la Academia y los editores de Auténtica Literatura se apropien de tu obra probablemente sea cojonudo, pero yo no lo tengo tan claro: ¿se multiplican las ventas exponencialmente cuando te consagran? Es posible. Si es así (y, repito: lo dudo), la pena es que probablemente haya varios grupos de lectores que te habrían devorado hasta la última línea, pero ya no se acercarán a ti porque te falta la etiqueta correspondiente. (Sí, sé que normalmente se esgrime y argumenta como queja el caso inverso: el del autor encasillado en tal o cual género que, por tanto, no llega al "lector generalista". Es cierto, sí. Pero ¿alguien, ahí fuera, sabe qué demonios es un "lector generalista", y en caso de que conozca alguno, me lo puede presentar para que yo lo vea y lo registre para comprobar si va armado?).

Pero volvamos a la literatura. "Un hombre bueno es difícil de encontrar" se publicó en 1953 en la antología de Avon Modern Writing I, antes de pasar a su primer libro de relatos. La autora tenía 28 años, pues había nacido en 1925. Por lo que he leído por ahí, esta amiga de los pájaros (tengo entendido que criaba pavos reales, algo que aparece de forma no casual en el relato "La Persona Desplazada", que cierra esta antología) publicó el cuento un año después de que le diagnosticaran la misma enfermedad autoinmune que se llevó a su padre a la tumba, lupus eritematoso sistémico. La criadora de pavos se vio afectada en las piernas y hubo de ayudarse de muletas el resto de su corta vida. Alguna autora más reciente asegura que Flannery fue la escritora que fue gracias a su enfermedad...

Flannery O'Connor y sus pavos reales, como la vida misma.

Pues vaya unos cojones. Es como si yo digo que Primo Levi fue el autor que fue "gracias a su estancia en el campo de concentración de Auschwitz". Esto es tan necio como decir que "si Paul Auster no hubiera fumado, habría tenido tiempo para escribir más obras". Tócate las narices. Ahora vamos a descubrir que las experiencias vitales de los autores, ya sean desgracias o vicios o que les toque la lotería, los condiciona. ¡Toma ya! Joder, ¿y a quién no? Y ¿qué pasa, que los autores tienen la obligación moral de cuidar su salud para poder escribir sus mierdas hasta en el lecho de muerte? ¿Deben "ganar la lucha contra el cáncer" o "tener experiencias horripilantes, pero instructivas", como es pasar por un campo de concentración o sufrir una enfermedad crónica? Claro que, esta obligación está destinada a los escritores Tocados por los Dioses durante su vida o tras su muerte. Qué desconsiderados, los autores. Qué desconsiderada Flannery O'Connor, que murió en 1964, con apenas 39 años, víctima de una cirugía para extirparle un mioma uterino (un tumor benigno, en castellano) que se complicó por culpa del lupus. Si no se hubiera operado, a lo mejor habría vivido para ver publicado su siguiente libro de cuentos (que apareció en 1965, de forma póstuma), y a lo mejor ¡hasta habría escrito mucho más!

Y Paul Auster tendría que haber dejado de fumar hace años.

Y Raymond Carver no tendría que haber bebido alcohol. Y John Cheever tampoco. Ni Edgar Allan Poe (aaaay, la absenta, la absenta...)

Los escritores tienen que pasarlas canutas para escribir una línea memorable. Como los súper héroes y sus orígenes secretos, ha de haber una explicación para el genio (o los súper poderes), y esa explicación tiene que ser dramática, horrible...

Insisto: ¡Tócate los huevos!

***

Flannery, con su primera novela en las rodillas.


Tras estos innecesarios excursos y viajes por los Cerros de Úbeda, procede comentar que los relatos de Flannery O'Connor me han gustado mucho, y no me extraña que en los blurbs que aparecen en los libros de los amigos de Dirty Works, O'Connor esté presente. Está claro que es una influencia para toda esa oleada de autores sureños y un poco góticos, narradores de la cultura redneck de la América profunda, pero también es hija de Antón Chéjov y madre (o madrastra) de los citados Carver y Cheever. Sobre todo del primero. El subastador de Joan Samson me parece una consecuencia directa de la existencia de Flannery O'Connor.

Joan Samson, otra autora que nos dejó siendo muy, muy joven.


"El río" (1953) también es terror en estado puro, y tiene un par detalles que me hacen pensar en la divina ("si encubriera más lo humano") Daphne du Maurier y su extrañísimo cuento "The Pool" (1959; en castellano, "El estanque", incluido en Los lentes azules). En "El río" hay un niño pequeño y un río, pero no hay evocación nostálgica alguna, sino tristeza infinita y miedo para el lector. O'Connor nunca siente nostalgia. Como murió tan joven, no creo que le diera tiempo a sentir nostalgia por nada. Para ella, todo era nuevo cada día, y sus "viejos tiempos" no eran "buenos viejos tiempos", sino recuerdos de la miseria y el Mal que acecha el corazón de los hombres y que sólo conoce... ¡La Sombra!

Daphne du Maurier, que llegó a vieja a pesar de ser fumadora.

 

El único cuento del libro que podríamos interpretar como "fábula", porque tiene algo parecido a una moraleja, es "La buena gente del campo", que por momentos parece como si Jim Thompson se hubiera ido de borrachera con J. G. Ballard y juntos hubieran parido una obscenidad sobre una chica mutilada y con prótesis.

De "El negro artificial" ("The Artificial Nigger", 1955) dicen los expertos que es una parábola, pero lo que es, es una cabronada: una road movie sin road, un viaje iniciático que es más bien viaje final, la gran aventura de un abuelo y su nieto en la ciudad, donde el peligro acecha en cadas esquina. Pobre buena gente del campo, que se pierde en el barrio de los negros...

 

"Un encuentro tardío con el enemigo" ("A Late Encounter with the Enemy", 1953) es el único relato en el que podemos apreciar un mínimo de sentido del humor explícito en esta autora que, para que me entiendan los aficionados a la infraliteratura, tiene más que ver con Jack Ketchum que con Richard Laymon (que SÍ tenía sentido del humor, y a raudales. Ketchum, definitivamente, NO). Es un cuento triste sobre la senilidad, pero el caso es que la tragedia tiene gracia, siempre y cuando se mire desde la perspectiva adecuada. Menos mal.

"Un círculo en el fuego" ("A Circle in the Fire", escrito en 1954 y publicado un año después) es, como el primero de los relatos, un cuento muy inquietante que roza el terror, y casi podría haberse convertido en un episodio de la serie de TV Alfred Hitchcock presenta..., si hubiera tenido algún giro final imprevisto. Pero, claro: que lo veas venir, no quiere decir que no lo sufras. Para eso lo escribió la señorita Mary Flannery O'Connor (1925-1964).

Y obvio el resto de relatos para que el lector los disfrute por su cuenta, sin más pistas que las siguientes: Primero, la fama de la autora es merecida. Segundo, si no la ha leído usted, se está perdiendo algo bueno.

Yo voy a dejar que Flannery descanse un poco de mí, pero volveré con ella en breve. Me ha caído muy bien. Es de los nuestros.

(Y, para los que quieran ir directamente a la caza y captura de un ejemplar de la edición de Lumen de 1973, les puedo decir esto: Un hombre bueno es difícil de encontrar es difícil de encontrar. Chim-pún).

Vale.

Edición en paperback, con una portada que se ajusta bastante al relato que da título a esta antología.

martes, 14 de noviembre de 2023

Doctora Jekyll (Selección Terror nº33), de Curtis Garland

 

Doctora Jekyll, de Curtis Garland. Ilustración de Alberto Pujolar.

Proseguimos con la recuperación de micro reseñas perdidas, correspondientes a títulos aparecidos en nuestro volumen Hammer Horror de Curtis Garland. Después de Drácula 75 y de La noche de la Momia, le toca a Doctora Jekyll, publicada en Selección Terror nº33 (octubre de 1973). Ofrecemos a continuación el texto de octubre de 2019 y, justo después, algunas consideraciones de hoy.

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"Se vio. Se vio solamente el rostro. Un rostro insólito, increíble, estremecedor… Todo lo demás eran brumas, neblina rojiza, que invadía sus ojos como en un baño de glóbulos sanguíneos.
Y aquel rostro. Aquel alucinante rostro de mujer que el espejo le devolvía.
Era todo lo que persistía en su mente, mientras se hundía, como andando dentro de la niebla roja, hacia alguna parte de su delirante pesadilla".

 

En la vasta producción de Curtis Garland no podía faltar (ni, por supuesto, en Hammer Horror) la presencia de ese otro icono del terror, pariente cercano del Hombre Lobo, que es el Dr. Jekyll... y su doppelgänger malvado, el siniestro Mr. Hyde. Creado por el escocés Robert Louis Stevenson en 1886, este doble personaje, precursor del histórico Jack el Destripador, ha tenido una larguísima trayectoria cinematográfica, bien conocida por Juan Gallardo, que sin duda alguna se inspiró -una vez más: en el título, y poco más- en Dr. Jekyll & Sister Hyde (El Dr. Jekyll y su hermana Hyde, 1971), de la Hammer Films, dirigida por Roy Ward Baker. Pero, como es habitual en las aproximaciones pasticheras de Curtis Garland, en Doctora Jekyll prescindió de la premisa original del filme y se centró en, primero, "desvelar los verdaderos hechos tras la novela de Stevenson", y después, dar protagonismo absoluto nada menos que a ¡la hija del Dr. Jekyll! El resultado, como los afortunados lectores podrán imaginar, es excelente.

 


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11 de noviembre de 2023

Como ya he contado en otra parte, sin empacho ni vergüenza alguna, no sólo fui escritor precoz, sino que también, con toda la lógica del mundo, fui lector precoz. Entre aquellas primeras lecturas de la infancia, inauguradas con Viaje al centro de la Tierra de Jules Verne en 1982, se encuentra El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Para que nos hagamos una idea de lo que es tener seis, siete u ocho años: tengo grabada la imagen de llevarme mi edición de la novelita de Stevenson (la de Alianza) a la cama de mis padres un domingo por la mañana, y de terminar de leerla allí, primero entre mis dos progenitores y luego, cuando me dejaron a solas, a gusto entre las sábanas, la luz de la mañana entrando por la ventana. Mi comprensión lectora de entonces no era como para tirar cohetes, los años no pasan en balde, y la memoria lo que acaba reteniendo son impresiones, no largos pasajes. De modo que, si leí esa historia a tan tierna edad, también es cierto que he pensado en ella muchas más veces que en los títulos que me zampé la semana pasada o hace un año.

Esto significa que, desde entonces, tengo muy presentes a Jekyll, Hyde y Stevenson.


Mi edición de la novela de Stevenson. Me llevó AÑOS descifrar el montaje realizado por Daniel Gil para la cubierta: mitad hombre, mitad facóquero.

La impresión que recuerdo de la lectura es de que lo pasé bien, y que debía ir preparándome para leer Frankenstein de Mary Shelley y Drácula de Bram Stoker, que eran mucho más gordos. Por entonces, me preguntaba si existiría alguna novela del Hombre Lobo que fuera lo que hoy denominaríamos fundacional, seminal, la primera o la más importante. Alguno de mis hermanos me regaló El ciclo del hombre lobo de Stephen King, cuyas páginas (con ilustraciones de Bernie Wrightson) volaron, y de corrido cayó El misterio de Salem's Lot, que fue un regalo de reyes. (Y, claro, por entonces también leí El libro de las extrañas criaturas de John A. Keel).

 

Perdí mi ejemplar de esta joyita, que pasó por muchas, muchas manos antes de desaparecer.

De Jekyll y Hyde se me quedaron grabados a fuego los nombres de Utterson y Lanyon, y la sensación de que me habían contado mucho en muy poco espacio. Estoy seguro de que esa fue una de las cosas que me animaron a escribir, pues como cualquier niño, yo era impaciente y me interesaba hacer lo que tuviera que hacer lo más rápido posible. De esta lectura, y de otras varias (entre ellas, El sabueso de los Baskerville de Conan Doyle, en edición de Molino y traducción, claro, de Amando Lázaro Ros), surgió un relato "largo", manuscrito, que llevó por título "Mr. James contra el Castillo del Miedo". En la primera versión del texto (y única, pues lo que tiene son tachones y rectificaciones con lápiz), "Mr. James" era "Mr. Jeims", y el castillo no era del Miedo, sino del Terror: realicé la primera corrección por consejo de mi hermano Daniel, con quien empecé a aprender inglés no mucho tiempo después; la segunda, la del castillo, fue fruto de que llegó a mis manos Misterio en el Castillo del Terror, la primera novela de la serie Alfred Hitchcock y Los Tres Investigadores, obra del gran Robert Arthur. Me pareció intolerable que mi cuento se titulara casi igual que algo que ya existía. Así que, fue Castillo del Miedo. Y ya está.

 

El nº1 de la colección Alfred Hitchcock y los Tres Investigadores, escrito por Robert Arthur. La ilustración de cubierta es de Ángel Badía Camps.

Conservo el manuscrito, pero no lo tengo a la vista. Mr. James era un sosias de Sherlock Holmes sin paliativos, y creo que tenía algún ayudante (que no cronista). En el dichoso Castillo del Miedo había un hombre lobo, un monstruo creado por una tal "profesor Abraham" (mi doctor Frankenstein que, en mi mente, era igualito al Padre Abraham, el de los Pitufos), y un vampiro muy curioso, con un ojo de oro. Juraría que el chupasangres, auténtico villano de acción y puñetazos, se llamaba Mortimer, como el doctor James Mortimer que acompañó a sir Charles Baskerville a Baker Street. También había un lago y una quimera acuática o pantanosa, remotamente humanoide (porque era en parte pulpo, en parte lobo, en parte...), que dibujé y coloreé con todas las ceras Plastidecor que tenía a mi alcance, de manera que el monstruo parecía más bien una drag queen en un momento eufórico. Y estoy bastante seguro de que, si no saqué una versión de Jekyll y Hyde, fue porque no quería imitar la novela que acababa de leer.

Menudo pastichero chapuzas que estaba hecho...

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La adaptación al cómic de Néstor Redondo, según Ediprint (1982).

Pero estaba hablando de la novela original de Stevenson. Según mi memoria, entre la infancia y la adolescencia vi aproximadamente un millón de adaptaciones cinematográficas, y otras tantas versiones en tebeos. De las primeras, recuerdo una con Anthony Perkins, nada menos, que quizá fuera una producción televisiva (o no), como el Drácula encarnado por Jack Palance (que también hizo de Jekyll, me parece). Recuerdo haber grabado una versión en blanco y negro que no era la de Spencer Tracy. Recuerdo una tarde de verano en que la tele anunciaba para esa noche la ya mencionada El doctor Jekyll y su hermana Hyde; me quiere sonar que allí salían tetas y logré entrever alguna. Bien por mí. En el terreno tebeístico, propablemente me topé con alguna adaptación en cabeceras como Dossier Negro, Vampus, Rufus, y recuerdo y conservo el Vértice de Thor (volumen 2, número 4, creo), que contenía una versión realizada por Ron Goulart y dibujada por Win Mortimer. Me impresionó la versión de Néstor Redondo en la pequeña colección Libros Gráficos nº8, de Ediprint, publicada en 1982 y rápidamente saldada. Yo la conseguí en la Feria de Albacete, en el puesto de tebeos que ponía Ángel Vico "El Joven", padre del actual "Joven", que sigue en activo, pero ya no hace ferias de ningún tipo. (Curiosamente, el Jekyll de Redondo aparecería nuevamente en Estados Unidos, otra vez bajo el sello de Marvel).

La versión de Néstor Redondo, publicada por Marvel con portada de Gil Kane.

La otra versión de Marvel, la que apareció en blanco y negro en Ediciones Vértice, en su versión original, con portada, creo, de John Romita Sr.

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Doctora Jekyll es un pastiche de la obra de Stevenson. El personaje dual de Jekyll/Hyde, inspirador directo de La Masa (The Incredible Hulk, que es uno de mis fetiches favoritos) y de otros muchos monstruos de ficción, no ha dado tantos pastiches explícitos como Drácula o Sherlock Holmes, que se llevan la palma en el territorio de las "nuevas historias", "expansiones del original", y otras formas de mitología creativa. Existe un relato más o menos largo, bastante cercano en el tiempo a la novela de 1886, que lleva por título The Untold Sequel of the Strange Case of Dr. Jekyll & Mr. Hyde, firmado por un tal Frank H. Little y publicado en 1890, que el señor Miguel Ángel Wolfville tradujo al castellano para la revista Ulthar nº18, hace menos de un año. Y obviamente, todo el mundo recordará la película Mary Reilly, servidora del Dr. Jekyll (1996, con John Malkovich y Julia Roberts) que estaba basada en la novela homónima de Valerie Martin (1990); así como la miniserie televisiva británica Jekyll (2007), que contaba los avatares de un descendiente del doctor. Más reciente es la novela Hyde (2021), del escritor escocés de thrillers fantásticos y de serie negra Craig Russell, que no hemos tenido oportunidad de leer aún, pero que tiene muy buena pinta.

The Incredible Hulk nº1, por Stan Lee y Jack Kirby (mayo de 1962).


Una edición en castellano de la novela Mary Reilly, de Valerie Martin.

 

Hyde, de Craig Russell. Le hincaremos el diente...

 

Pero en realidad, Jekyll y Hyde han acabado por convertirse en comparsas o invitados especiales en crossovers, algunos de ellos tan multitudinarios como el cómic The League of Extraordinary Gentlemen de Alan Moore y Kevin O'Neil o la novela (inédita en castellano) A Night in the Lonesome October de Roger Zelazny. Y también aparece como principal adversario en algunos pastiches sherlockianos, claro; pero esto último carece de mérito, habida cuenta que Sherlock Holmes se ha enfrentado cara a cara con cualquier personaje de ficción imaginable salvo, de momento, el Pequeño Pony y, quizá, los Osos Amorosos. (Si alguien no cree esta afirmación, le recomiendo que eche un vistazo a Sherlock Holmes en España, por citar un volumen al azar). Incluso Waldemar Daninsky, el hombre lobo encarnado por Jacinto Molina, nuestro querido Paul Naschy, se las vio con Jekyll y Hyde en 1971.


La novela de Zelazny y la grandiosa portada de James Warhola. Por ahí está Jekyll...

Mr. Edward Hyde en The League of Extraordinary Gentlemen.

Un pastiche de Holmes y Jekyll, por Loren D. Estleman.

Waldemar Daninsky contra el Dr. Jekyll, bajo la dirección de León Klimovski (1971).
 

Curtis Garland realizó un muy gratificante trabajo con su Doctora Jekyll (en estos momentos no recuerdo otro pastiche abiertamente jekylliano que apareciese en formato bolsilibro), muy superior a la película de Roy Ward Baker, que supongo le sugirió la idea de feminizar a Hyde, pero el proceso físico del cambio de sexo. (En ese sentido, el concepto de la película resulta brillante, pues aúna el concepto de transexualidad con el de un desdoblamiento de personalidad, que es un tipo de trastorno psiquíatrico sobre el que aún nos queda mucho por conocer).

De manera que esta novelita tenemos a la joven Ivy Fletcher, en el Londres de los últimos años de la Era Victoriana, quien descubre que posee una herencia increíble: ¡es la hija del infame doctor Jekyll, cuyo nombre conoce todo el mundo por culpa de la novela de Stevenson! Y de forma simultánea, Ivy se ve envuelta en un trama de horribles asesinatos, que tienen la inconfundible huella del difunto Mr. Hyde... o ¿no será en este caso Mrs. Hyde?

Curtis se las ingenia para atraparnos desde la primera página con su sucia descripción de la Inglaterra decimonónica y las partes más oscuras de Londres y sus personajes más perversamente realistas, como sucede en sus novelas sobre el Destripador de Whitechapel, y nos lleva adonde le da la gana, nos siembra tantas dudas como certezas, y nos conduce a una de esas magníficas conclusiones, con redoble de tambores, una gran sorpresa y una explicación que, como en toda buena historia policíaca, es la última pieza del puzle.

Imprescindible.

Hammer Horror contiene Doctora Jekyll y otras seis novelas de Curtis Garland. Cuesta 28 euros.