martes, 29 de noviembre de 2016

Malpertuis nº1, por José Luis González Martín

Una de las cosas que no sabía que echaba de menos era los fanzines de y sobre literatura popular. Es decir: las fotocopias (que ya no lo son) dobladas y grapadas. El monocromo.
Hoy, los medios de impresión permiten que cualquier contenido lleve la etiqueta de “libro” o “revista” por el mero hecho de haber salido de una imprenta digital. Pero el contenido, el cuidado y el espíritu es más importante que el método de impresión o los colorines. Y la experiencia es un grado. Y la presentación es fundamental.


Si en 2001 tuvimos el número 0 del fanzie Malpertuis, quince años después ha llegado el nº1, a cargo de José Luís González Martín, y su lectura me ha recordado los buenos viejos tiempos que, en contra de lo que se suele decir, en cualquier momento pueden regresar. Este número de Malpertuis está consagrado a Harry Dickson (el Sherlock Holmes americano) y, por supuesto, el Holmes del Canon está presente (en un maravilloso pastiche, muy apropiado para estas fechas, y titulado “El fantasma de las Navidades futuras”). Artículos de desbordante erudición y asombrosas revelaciones arqueológico literarias que podrían haber salido del entorno del “Cercle des Élèves d’Harry Dickson”… si estos élèves hubieran sido españoles; los misterios del Fu Manchú apócrifo de Editorial Fénix (1934) y su sorprendente origen; una aproximación a la conexión Baker Street/Bakerstreet (y si no sabes de qué estoy hablando, te estás perdiendo algo muy bueno y muy gordo); e incluso un relato del Harry Dickson de Jean Ray, originalmente publicado en neerlandés, y recuperado y vertido a nuestro idioma por primera vez: “El simio fantasma: extraño cuento de Navidad”.


Mi ejemplar ya está machacado, subrayado y anotado hasta la saciedad (es lo que sucede cuando uno es holmesiano y dicksoniano al mismo tiempo). No, no lo vendo, pero lo pueden ustedes conseguir (4,50 euros que, adelanto, bien los vale este Malpertuis) escribiendo a malpertuisfanzine@outlook.es. Y no, no hay versión virtual, ni ebook, ni gaitas.
Vean la ficha técnica aquí: http://hostiasherlockholmes.blogspot.com.es/p/blog-page_1.html


lunes, 28 de noviembre de 2016

LAS AVENTURAS PERDIDAS DE SHERLOCK HOLMES, de Javier Jiménez Barco

La consulta del médico le sirve a muchos holmesianos para practicar sus dotes de observación y deducir que ese fulano viene de la obra y que a la chica esa no le pasa nada pero necesitaba un justificante médico.
Personalmente, me he aplicado a la otra vertiente holmesiana, esto es, a leer pastiches DE LOS BUENOS. Y me he puesto con los tres de Javier Jimenez Barco, incluidos en su cuaderno LAS AVENTURAS PERDIDAS DE SHERLOCK HOLMES. Ahí tienen ustedes a Huret (el asesino del b
ulevar), la tragedia de Addleton (y el contenido del antiguo túmulo inglés), y el asuntillo de la sanguijuela roja (y Crosby, el banquero). Javier es un montón de cosas (traductor, editor, arquitecto, arqueólogo de lo imposible), y lógicamente, también es escritor. Quizá, sobre todo escritor, como demuestra con estos relatos de Watson sobre el Maestro de Baker Street.
Los 5 euros que cuesta son, sencillamente, demasiado pocos.
Lo pueden conseguir escribiendo a barsoom.tienda@gmail.com; más información en http://hostiasherlockholmes.blogspot.com.es/p/blog-page_83.html

lunes, 24 de octubre de 2016

HOSTIA, ¡SHERLOCK HOLMES!: el vídeo de la presentación en Coco Bar (octubre de 2016)


El audio completo de la presentación en sociedad del colectivo HOSTIA, ¡SHERLOCK HOLMES!, en Coco Bar (Madrid) el día 15 de octubre de 2016. Debidamente ilustrado con imágenes del evento, cubiertas de libros y curiosidades de ayer, hoy y mañana.

sábado, 7 de mayo de 2016

JACK EL DESTRIPADOR de Curtis Garland: el 9 de mayo cierra el plazo de suscripción


El próximo lunes, 9 de mayo de 2016, es el último día para formalizar la suscripción del volumen JACK EL DESTRIPADOR de Curtis Garland, por medio del pago de 20 euros.
Después de esa fecha, el libro estará en preventa al precio de 25 euros.
Ya conocen ustedes la magnífica portada de Sergio Bleda, así como la lámina que reproduce el original y que está a la venta por el precio de 10 euros.
Lo que no han visto aún es el interior del libro... no obstante, aquí hay algunas páginas de muestra, para que los indecisos y rezagados se lo piensen, y los suscriptores se hagan a la idea de que, muy pronto, tendrán en sus manos 602 páginas como estas (pinchen en las imágenes para ampliar:




Y desde ya, quiero dar las gracias a todos los amigos que han apoyado este proyecto para que se haga realidad; a todos los que han difundido (y por suerte, siguen difundiendo) a través de las redes sociales, por medio del valiosísimo boca a boca, o con un megáfono en mitad de la calle, que se está cociendo un compilatorio con las novelas del Destripador de Curtis Garland; a los compañeros que han participado en la elaboración de este volumen; a Mercedes Gallardo; y sobre todo, por supuesto, a todos los que ya os habéis suscrito.
(Y a los que todavía lo estáis pensando, sólo os diré: tic-tac, tic-tac...)

jueves, 21 de abril de 2016

JACK EL DESTRIPADOR: la portada de Sergio Bleda



"Buenas noches, Whitechapel", saluda el anónimo viandante en la ilustración realizada por el grandísimo Sergio Bleda para JACK EL DESTRIPADOR de Curtis Garland.

El plazo de suscripción es limitado y ya hemos consumido la mitad. Adquiera AHORA este volumen de más de 600 páginas que contiene el Canon del Destripador de Juan Gallardo Muñoz: 6 novelas y un reportaje/novelización, con prólogo de Andrés Peláez. Todos los detalles, en los enlaces.
(Y en breve... el proceso creativo de la ilustración, más UNA SORPRESA INESPERADA).

Precio de suscripción: 20 euros







Sergio Bleda, autor de la ilustración de portada, ambientándose.


miércoles, 6 de abril de 2016

Abierta la suscripción de JACK EL DESTRIPADOR, de Curtis Garland

Toda la información sobre este proyecto (alrededor de 600 páginas con todas las novelas que el maestro Juan Gallardo Muñoz dedicó a JACK EL DESTRIPADOR; portada de Sergio Bleda, y prólogo de Andrés Peláez Paz, ¡POR 20 EUROS!), en un nuevo blog consagrado a esta suscripción histórica:

curtisdestripador.blogspot.com

Estas son las cubiertas de las ediciones originales de todas las novelas que incluimos en este volumen:

 









martes, 15 de diciembre de 2015

El humo de Sherlock Holmes


Hubo un tiempo en que, para escribir pastiches de Sherlock Holmes (y cuando digo “pastiches”, no estoy diciendo “parodias”; por una vez voy a especificarlo), había que leerse el Canon de Sherlock Holmes. De hecho, lo habitual era “trabajarse” el Canon: tomar notas sobre las contradicciones internas de Watson/Doyle; intentar establecer una cronología más o menos coherente (misión imposible, amigos); fijarse en las expresiones que utilizan los personajes a lo largo de las cuatro novelas y cincuenta y seis relatos; ser consciente de que mucha de la mitología de Baker Street era apócrifa (nunca hubo deerstalker ni “Elemental, mi querido Watson”)…

Esto sucedía, por ejemplo, en diciembre de 1920, cuando Vincent Starrett publicó “The Unique Hamlet”. De hecho seguía sucediendo muchos años después, en 1974, cuando Nicholas Meyer dio a luz un fenómeno editorial titulado The Seven-Per-Cent Solution. Ni siquiera la aparición en 1962 de Sherlock Holmes de Baker Street, un pastiche biográfico escrito por William S. Baring-Gould, hizo que las cosas cambiaran de forma inmediata… ni por el hecho de que, en sus apéndices, el trabajo de Baring-Gould contenía una creativa (y tan aceptable como cualquier otra) cronología del Canon Sherlockiano, que se ha convertido en la más difundida de las muchas cronologías.

La aparición de la novela de Meyer dio lugar a un boom pastichero, y las novelas sherlockianas se multiplicaron. La mayoría de los autores hicieron los deberes, otros muchos se conformaron con reflejar a un personaje que se distanciaba demasiado del Holmes canónico. (Entre 1908 y 1911, los pastiches alemanes que en España se titularon “Memorias íntimas del Rey de los Detectives”, deformaron al personaje hasta el punto de convertirlo en una caricatura irreconocible. Por comparación, el boom de la década de 1970 y 1980 fue la crema de la fidelidad al Canon).

Hoy día, vivimos a nivel internacional un nuevo boom de pastiches holmesianos. Pero al contrario que por aquel entonces, la mayoría de ellos no se quedan abandonados en un cajón, junto a un buen puñado de cartas de rechazo de editores, sino que acaban viendo la luz. De hecho, se ha llegado a la conclusión de que Sherlock Holmes es un negocio lucrativo —y si no es así, ¿por qué el Arthur Conan Doyle Estate sigue peleando por los derechos caducados del personaje, eh?—, y muchos, ¡muchísimos! autores abordan con gran ilusión (con gran ilusión de forrarse) la redacción de un nuevo pastiche holmesiano por su amor incondicional e imperecedero hacia el Maestro de Baker Street… exactamente igual que el ACDE, cuyos componentes también aman a Holmes (y a las rentas que podría procurarles si las leyes de propiedad intelectual fueran un poquitín más laxas) por encima de todas las cosas.

En los viejos tiempos, en la época de Starrett y más tarde en la de Meyer, existía una legión de exigentes connoisseurs sherlockianos sin pelos en la lengua que no tardaban gritar a quien quisiera escucharlos (normalmente, otros sherlockianos) los muchos defectos de Sherlock Holmes’ Last Case de Robert D’Artagnan o de The Last Sherlock Holmes Story de Michael Dibdin (y no, no se trata del mismo pastiche en absoluto). En aquella dichosa edad, se explicaba en interesantísimos artículos por qué Watson no podía hablar como si hubiera salido de las páginas de Red Harvest de Hammett (porque, amigos, ¡Watson es inglés!). Se subrayaba que Holmes consumía cocaína, y no heroína. Se indicaba por activa y por pasiva que tal o cual idea no era canónica, sino que procedía del Baring-Gould (aunque en realidad, las ideas de Baring-Gould procedían de las más diversas fuentes: ensayos, pastiches, etc…) Se criticaba duramente a los herejes revisionistas (Meyer recibió más de una paliza verbal, por ejemplo), pero sobre todo, se defenestraba sin compasión a los que acometían pastiches sherlockianos sin haber hecho los deberes. Se les señalaba con el dedo y se les ponía en ridículo.

Hoy día, el Baring-Gould es el sustituto natural del Canon, entre otras cosas porque su cronología se puede consultar online sin salir de casa y porque en la ficha de Wikipedia en español, se siguen dando por buenos los datos de Sherlock Holmes de Baker Street, aunque sean apócrifos. Las referencias baring-gouldianas que en otro tiempo se incluían en los pastiches, quizá como guiño al trabajo de un gran sherlockiano fallecido prematuramente y como signo de respeto a su ingente aportación a la mitología de Baker Street, hoy se han convertido en El Otro Canon, que no se discute ni se cuestiona. (Es decir: ¿a quién le importa que en el Canon no se mencione la fecha de nacimiento de Holmes; que nunca se diga el nombre de sus padres; que sólo haya DOS hermanos Holmes; que Watson sólo contrajera DOS matrimonios canónicos…? A fin de cuentas, ¿el Canon no es ficción? Sí. Pues el Baring-Gould, también. ¿Por qué no debería pesar más este pastiche que los textos originales? ¡Cualquiera diría que estamos hablando de las Sagradas Escrituras, por favor…!)

Pero…

Pero en realidad, ya no se trata ni siquiera de escribir pastiches (y lo que es más importante, de PUBLICAR pastiches) a partir del pastiche de Baring-Gould. Se trata de decir que Sherlock Holmes (un tipo con una gorra rara, abrigo de cuadros y pipa) estuvo en todas partes y con todo el mundo. Se trata de poner el nombre del personaje desdibujado en la portada de un libro. Se trata de que poco importa si Holmes y Watson se tuteaban o se llamaban de usted. Se trata de que Lestrade sea un personajillo rijoso que, simplemente, envidia a Sherlock Holmes, y nada más que eso. Se trata de que Moriarty se enfrentó a Holmes en mil y una batallas épicas, a cuál más apocalíptica. Se trata de que la ideología de Holmes, sea la que sea, brille por su ausencia, pues al ser un personaje de ficción, basta con que lo veamos en dos dimensiones, porque lo que importa es que resuelva el caso. Se trata de que haya un delito grave (y ya puestos, preternatural o incluso universal) y no un problema doméstico.

A fin de cuentas, estamos hablando de un personaje de ficción, y como tal, no tiene derechos ni una personalidad definida que respetar, ¿no? ¿Acaso hace falta saber quién es James Phillimore para escribir un pastiche holmesiano? ¿Es necesario recordar al cachorrito de bulldog que Watson tuvo y que desapareció misteriosamente, para narrar una nueva hazaña de Holmes? ¿Alguien necesita tener en mente un montón de fechas contradictorias y una legión de nombres británicos absurdos (Pycroft, Lyssander, Huxtable…) para escribir “Mr. Holmes en el Cantón”?

De hecho, y como he dicho en alguna parte, Sherlock Holmes está libre de propietarios y por lo tanto nos pertenece a todos… lo que significa, o debería significar, que ya no le pertenece a nadie. El mismo Conan Doyle le dijo a William Gillette que podía casarlo o matarlo, ¿qué más da? ¿Por qué no travestirlo? ¿Por qué no sodomizarlo? ¿Por qué no convertirlo en un enfermo mental o físico? ¿Por qué no permitir que Moriarty lo torture hasta la muerte? (Todo esto, por supuesto, se ha hecho en diversos pastiches, ¡cómo no!)

Así que, vamos a saltarnos todo eso de leer el Canon y sorprenderse ante sus insólitos vericuetos, y mejor vayamos al grano. Hagamos a Holmes un poco más alto de lo que ya es, y más fuerte, y pongámosle granadas de mano en los bolsillos interiores de su capa Inverness (granadas de su invención, que son cosas químicas y Holmes era bueno en química). O mejor, vampiricémoslo. O hagamos que le muerda una araña radiactiva y expliquemos que, cuando era joven, su afición a la fotografía le llevó a trabajar para un periódico sensacionalista (de ahí su afición a los crímenes, ¿eh?, ¡qué bien traído!). O expliquemos que es el último hijo del planeta Krypton.

Y hagamos todas estas cosas porque sí, porque hay que poner “Sherlock Holmes” en la portada, en letras grandes, y el resto del título… pues ya se verá. Lo que salga, ¿no? Si a fin de cuentas, esto no es Canon, ¿no? Ahora, ya todo vale, y aunque parezca una parodia, resulta que no lo es. Que va en serio.

Porque el nombre “Sherlock Holmes” ya no significa nada. Ya no es un hombre del siglo XIX mirando hacia el siglo XX. Ya no es sinónimo de inteligencia. Ya no es ese caballero que te saca las castañas del fuego y que sabe quién eres, de dónde vienes y adónde te diriges con sólo echarte un vistazo. Ya no es fumador. Ya no es un símbolo mayor que la vida misma, ni un ejemplo a seguir, ni un ser humano excepcional y acreedor de numerosos defectos. Ya no cae bien. Ya da igual.

Probablemente, ya ni siquiera sea una fuente de diversión y entretenimiento. Cada vez se parece más a una marca comercial, un logotipo vacío de significado y de contenido: unas líneas, unas sombras de gestalt que se parecen a cualquier cosa menos a lo que son en realidad, a lo que eran, a lo que deberían ser.

Ya no queda ni el humo de la pipa.