miércoles, 8 de octubre de 2014

"KING BLOOD": BONANZA Y JIM THOMPSON

(Hoy recuperamos este breve artículo publicado originalmente en el anterior emplazamiento del blog Cuaderno de bitácora del Matilda Briggs, el 12 de junio de 2010. Por fin se ha reeditado en castellano La sangre de los King, así que el lector puede ahora comprobar si mis aseveraciones son certeras o fruto de la mente de un desequilibrado).


(Este es un artículo que escribí en junio de 2007, y que se publicó el pasado mes de diciembre de 2010 en el fanzine LA GALLINA, dirigido por mi gran amigo Juan García Rodenas. No es ningún texto sherlockiano, lo reconozco, pero no sólo del Maestro vive el ser humano, ¿verdad?)



Y lo cierto es que me falta información, lo miren como lo miren. Ni siquiera sé con certeza en que año se publicó (y mucho menos se escribió) King Blood (La Sangre de los King en nuestro país), la mejor novela -a juicio de este lector- de Jim Thompson. Según la edición de Bruguera Libro Amigo (número 771, o 50 de acuerdo con la numeración Novela Negra de esa colección), el copyright de Thompson es de 1979. Pero claro, el bueno de James Myers Thompson, nacido en la reserva india de Caddo (Oklahoma) en 1906, falleció en 1977. Y en el prólogo a alguna edición española posterior (no de esta obra maestra, sino de alguna otra) se habla abiertamente de cierta obra póstuma (¿El embrollo, quizá?, pero el caso es que nadie menciona La Sangre de los King. Vamos, como si nadie la hubiera leído, salvo servidor y algunos amiguetes. ¿Qué sucede? ¿Le da vergüenza a los críticos hablar de la versión "oscura, realista y crepuscular" que Jim Thompson hizo de esa otra obra maestra -en este caso televisiva- que es la serie Bonanza?
Y es que la intención del presente articulillo no es destripar los entresijos (ni tan siquiera el argumento) de lo que servidor considera lectura obligatoria para cualquier ser humano: La Sangre de los King es la novela más violenta que jamás he leído. Estupenda, sí. Y divertida. Lectura de un tirón. Apasionante. Blablablá. Pero sobre todo, violenta. Me río yo de las burradas del irlandés Garth Ennis en sus Preacher y Punisher, y por supuesto, de las tontunas truculentas de Richard Laymon, "el maestro del gore". Mariconadas...
 
La palabra clave no es "tripas", amigos, no, sino "violencia". Y la violencia -y lo sabrán aquellos que han leído a Thompson más allá de 1.280 almas o El asesino dentro de mí, no se queda en pegar muchos tiros, dar muchas hostias, o contabilizar muchos muertos (estoy pensando en James Hadley Chase y su El secuestro de Miss Blandish, y no en las animaladas de Spillane en sus novelas de Mike Hammer). No me voy a dignar a explicarle a nadie en qué consiste la verdadera violencia de Jim Thompson. Lean ustedes sus veintimuchas novelas (y los inencontrables relatos cortos como "El cáliz de Cellini", que Juan García Rodenas localizó recientemente en un ejemplar de la extinta revista Alfred Hitchcock Magazine), y sabrán de qué diablos estoy hablando. Y punto. Ni una palabra más sobre esto.

El drama de La Sangre de los King, para servidor de ustedes, radica en que es la visión alanmooriana de Bonanza, esa saga encantadora que tantos padres de nosotros recuerdan con verdadero cariño, y que en verdad merece la pena revisionar a estas alturas de la vida, pues en contra de lo que Stephen King dice en su Danza Macabra -un libraco publicado por Valdemar aquí, veintitantos años demasiado tarde-, Bonanza no sólo no produce sensación consciente de irrealidad, sino que consigue introducirte en ese mundillo recreado alrededor del Lago Tahoe y Carson City, como sucede con el buen teatro en directo. ¿Tengo que recordarle al lector aquel episodio en que Leslie Nielsen, sheriff sudista y veterano de la Guerra de Secesión -y pacifista anti-NSA-, se sube a la torre del campanario para liarse a tiros con los viandantes? ¿O el episodio a lo Psicosis? ¿Los episodios humorísticos, en los que suena la musiquilla aquella de "Esta yegua no es mi vieja yegua gris, no es mi vieja yegua gris, no es mi vieja yegua gris"? ¿O qué?

 
(Como asumo que el escéptico lector no me cree, me remito a que visite a horas de postre cualquier cadenucha televisiva local o regional, donde repongan la serie una y otra vez, y que le dé no una oportunidad, sino tres. Si con eso no se convierte en fan de la familia Cartwright -el patriarca Ben, el bonachón Hoss, el pequeño Joe y el desaparecido Adam-, ya puede ir pensando en bajar a la Labradora para comprar cinco metros de cuerda y ahorcarse).

A lo que íbamos: ¿No es usted de Bonanza? ¿No? ¿En serio? Bueno, pues sepa que Jim Thompson -¡sí, el gran Thompson, el guionista de Senderos de Gloria y Atraco Perfecto!- sí que lo era. Y King Blood es la prueba de ello.

Ahora llegamos a ese punto en que a usted le gustaría saber de qué va la novela, ¿verdad? Pues ya he dicho que no pienso destripársela a nadie. Pero eso sí: Es Bonanza. Es ese Oeste americano inocente, con sus indios payute (en este caso osage, porque no hablamos de Nevada, sino de Oklahoma, patria de Jim), sus INDIAS -echémonos unas risas en honor de Kevin Costner y los indios de Bailando con lobos, que es muy bonita y tiene una música preciosa, pero es mentira-, sus hermanos Cartwright -perdón, hermanos KING-, su Ben Cartwright -bueno, Ike King, el viejo King-, y ese mundo tan hijo de puta que Michael Landon, Pernell Roberts, Dan Bloker y Lorne Greene supieron tan bien retratar... con cafeína y mucho azúcar, claro.

No cómo el bastardo de Jim Thompson, que lo contó tal y como era EN REALIDAD.

Menudo pedazo de cabrón. Y eso que es sólo su novela del Oeste...




José Luís González

José Luís González dijo

Confieso que Thompson es una de mis asignaturas pendientes, de quien sólo he leído 1280 almas y disfrutado de algún guión de cine como el de La huida del maestro Peckimpah.
Consultando enciclopedias veo que la novela está fechada en 1973, ningún dato más. Seguiré su recomendación e intentaré hacerme con una copia.
Por cierto, veo que también disfruta usted con Richard Laymon, un autor divertido, alucinante y alucinado; de cuya amplia producción apenas hay publicada en nuestro país una pequeña fracción. Hace años consideraba la lectura de obras como Apagadas están las luces o Sangre en el bosque un placer culpable, pero con el tiempo creo que es un autor del que se puede disfrutar con total naturalidad. Saludos.


sherlockholmes

sherlockholmes dijo

Amigo José Luis:
Tienes razón, de Laymon sólo conozco en castellano las dos novelas que mencionas, pero tiene muchas más (yo conseguí un par en inglés, una de ellas acerca de un circo donde se exhibe a una vampira, nada menos...)

Estoy convencido de que Thompson no te va a decepcionar. Para mí, es uno de los Tres Grandes, junto con Hammett y Westlake (éste último sobre todo en su encarnación de Richard Stark, con su serie sobre Parker).

Luis Miguez

Luis Miguez dijo

Esa acepción de "alanmooriano" que ha hallado usted en este artículo merece que el adjetivo cobre carta de naturaleza. Tremendo.
Y, efectivamente, me deja usted con esa sensación. Madre mía, qué pondrá en este libro que le ha dejado así...

Marcelo

Marcelo dijo

King Blood no parece un gran libro, no, no está bien, qué va. Por cierto, he recordado que había una canción de los Surfin que se llama así.

José Luís González

José Luís González dijo

Efectivamente, estimado Holmes, la producción literaria de Laymon fue bastante pródiga. Cuando el gore se puso de moda a comienzo de los ochenta, RL se erigió en el monarca de la vertiente literaria del subgénero. De hecho, ciertos críticos denunciaron que se trataba del enésimo seudónimo de Stephen King, hecho que provocó un furioso desmentido de King. En castellano hay editados unos diez títulos, todos descatalogados salvo "El espectáculo del vampiro", al que usted hace referencia en su edición USA.
Sobre su triunvirato del género negro coincido con Hammett, reitero mi casi desconocimiento de Thompson y Westlake me deja un poco frío, salvo el ciclo Parker, al que llegué gracias a la interpretación de Lee Marvin en "A quemarropa".
El mío lo formarían Hammett, Chester Himes y Raymond Chandler, de quien me apasionan sus personajes y sus diálogos. Saludos.


sherlockholmes

sherlockholmes dijo

Estimado don Luis:
Estoy de acuerdo, a ver si la RAE recoge pronto lo de alanmooriano (pues ¿no es cierto que en TV se habla todo el tiempo de espectáculos DANTESCOS, o que los telediarios son cada vez más KAFKIANOS?)
Y sí, "King Blood" es muy grande...

Señor Marcelo Corleone:
En efecto, no lo parece, sino que lo es.

Amigo José Luis:
Está claro que hacer listas de "los más grandes" da mucho de sí... Me parece que voy a empezar a abrir alguna sección al respecto en este blog, pues resulta muy divertido. Además, en esos intercambios de listados siempre acaban apareciendo nombres insólitos y novedosos (no es el caso de los autores que estamos citando... creo que a ambos nos gusta apostar a caballo ganador, ¿verdad?)

Abrazos a todos,
Alberto

martes, 7 de octubre de 2014

“BLACK DOSSIER” Y “CENTURY: 1910”: THE LEAGUE OF EXTRAORDINARY GENTLEMEN, DE ALAN MOORE Y KEVIN O’NEIL

(Esta entrada se publicó originalmente en el anterior emplazamiento del blog Cuaderno de bitácora del Matilda Briggs, el 24 de mayo de 2010. En ella abundo en el asunto del Black Dossier de Alan Moore, que acaba de aparecer en castellano, casi podríamos decir que "contra todo pronóstico". Me parece que, por lo tanto, viene al caso...)

 
Lo que realmente me fascina es oír, ver o leer a personas que están "decepcionadas" con el "tercer" volumen de esa magna obra que es The League of Extraordinary Gentlemen. Sobre todo, personas que no han leído Black Dossier, ese "volumen 2 y medio" que, tal y como el presente autor anticipó hace varios años, no tendría edición en castellano.
Black Dossier apareció en Estados Unidos en 2008, y sólo los más fanáticos de esta obra de Alan Moore y Kevin O'Neil compramos el volumen a través de las tiendas virtuales, como Amazon, para que llegara a los países de habla hispana. Fue todo un acierto, pues esta casi intraducible obra -verdadera tercera entrega de la saga- ya no se sirve fuera del país de Stephen King, por problemas legales de derechos de autor...
 



Hasta donde yo sé, el único personaje con derechos ACREDITADOS en la obra es Billy Bunter, propiedad de IPC Media, cuyas aventuras vimos en España hace ya muchos años, editadas en diversas publicaciones humorísticas de Ediciones Bruguera, como Tío Vivo o Mortadelo. La verdad es que no he conseguido información acerca de qué otros personajes de los que aparecen en Black Dossier (la mayoría de ellos más o menos disfrazados, como el agente secreto Jimmy, nieto de Campion Bond) están dando problemas fuera de los EEUU... Si tenemos en cuenta que por este tebeo campan a sus anchas Billy Batson (alias "El Capitán Marvel", cuyas aventuras publica actualmente DC Comics), Venus (que además de una diosa, es un personaje de la compañía Atlas, antecesora de Marvel Comics, que ha recuperado al personaje recientemente), y por ahí aparecen Gotham City (la ciudad de Batman... y de otros héroes anteriores, por cierto) y el traje del Vengador Carmesí (The Crimson Avenger, el primer héroe enmascarado de DC), no sé qué puñetero problema pueden tener canadienses, ingleses y europeos en general, con personajes tan bizarros como The Iron Warrior (un robot con un hacha, sombrero, y un solo ojo, de un tebeo inglés de los años 40), o el Dr. Peter Bradey, un hombre invisible protagonista de una vieja serie de televisión.
Probablemente, el conflicto venga por las veladas menciones (y en algunos casos, la presencia física y explícita) del profesor Bernard Quatermass, Dan Dare, Emma Peel, y otras joyitas por el estilo. A todos los efectos, me importa un bledo. Si Moore saca a 007 (y al auto de Chitty-Chitty Bang-Bang como precursor de El Coche Fantástico, por cierto), cuando hay grandes productoras forrándose con la licencia del personaje de Ian Fleming, y no han abierto la boca, entonces es que algo no funciona.
 
(Paréntesis: una de esas cosas que no funcionan es que la propiedad -derecho de explotación, no propiedad intelectual- de muchos personajes pertenezca a empresas, editoras, productoras o, como sucede con el marcianísimo caso de El Guerrero del Antifaz de Manuel Gago, a una constructora, en lugar de a sus creadores. Otro debate espectacular y que no voy a sacar a relucir es el de los derechos de autor cuando éste ha fallecido, y por qué esos derechos son o no heredables, y por cuánto tiempo. Personalmente, creo que nos estamos volviendo locos. Y si no, echad un ojo a los disparates que hace la SGAE).
El Black Dossier es una lectura imprescindible para comprender los hechos que se relatan en Century: 1910, y tengo la impresión de que los editores españoles, con mucha astucia, han obviado ese hecho. Ya he escuchado decir que "no hace falta leer el Black Dossier", "no es un tebeo, es un libro de ilustraciones", "me han dicho que es un tostón infumable", "pero este es el VOLUMEN III DE VERDAD, ¿no?", "si no lo sacan es porque es una mierda", etc.
 
Amigos decepcionados por la lectura de Century: 1910: Orlando ya aparecía en The New Traveler's Almanac, que se publicó como complemento al Volumen II, pero es en Black Dossier donde vamos a saber exactamente quién es y qué rollo se lleva con Mina Murray y Allan Quatermain. Y hablando del Gran Cazador Colonialista, es en Black Dossier donde sabremos definitivamente y sin lugar a dudas cómo es que ahora está hecho un mozalbete. En Black Dossier aprendemos quiénes son los componentes definitivos de las versiones francesa y alemana de la Liga: Les Hommes Misterieux (Arsène Lupin, Robur el Conquistador, Fantômas, el Nyctalope, Monsieur Zenith el Albino) y los Zwielicht-Helden (los doctores Rotwang, Mabuse y Caligari, junto con el androide María Futura); así como la verdad sobre las Ligas pasadas, y casi futuras... Para eso están William Shakespeare, Sal Paradise, Bertram Wooster y Oliver Haddo. (Este último nombre os suena de Century: 1910, ¿verdad? Qué lástima que en Black Dossier ya se explicara con pelos y señales quién diablos es este tipo que se parece tanto a Aleister Crowley).
Una vez tengáis claro que sin conocer de primera mano el Black Dossier, del que Alan Moore llegó a decir (¿en broma?) que era "lo más grande que se ha hecho desde la penicilina"), el Volumen III no se entiende un carajo, podremos sentarnos a hablar de decepciones. A todos los efectos, nos hemos saltado la Piedra Roseta de The League of Extraordinary Gentlemen.
 

CENTURY
 
Así, hablar de esta nueva entrega, que seguirá con otras dos más, ambientadas en 1969 y 2009 respectivamente, resulta un poco extraño -sobre todo si el lector no ha leído Black Dossier; no me voy a cansar de repetirlo-. De modo que lo mejor será que hagamos alguna observación entomológica sobre detalles pequeñitos (tirando mucho de las ya obsoletas e incompletas notas del genial Jess Nevins), y eso sí, dejemos claro que si no sabéis quiénes son Bertolt Brecht y Kurt Weill (y por supuesto, La Ópera de Tres Peniques), poneos manos a la obra. (Aunque con suerte, todo el mundo ha escuchado la versión de Louis Armstrong de Mack the Knife, o su versión en castellano, Pedro Navaja, de Rubén Blades).
Los lectores hispanos, sobre todo los aficionados a la literatura pulp, fantástica y de género, habrán sentido curiosidad por la Merlin Society, a la que el ghost-finder Carnacki pertenece, y donde se reúnen los ocultistas: por ahí anda un señor muy bajito, el misterioso Ivan Brodsky, un "psiquiatra de lo oculto" cuyas aventuras (firmadas por Victor Rousseau) aparecieron en Weird Tales, el mago de Kathulos de Atlantis (de "El Rostro de Calavera" de Robert E. Howard), los escritores aficionados Dyson y Phillips creados por Arthur Machen (ver la imprescindible Los Tres Impostores), el John Silence de Algernon Blackwood, el Dr. Taverner de Dion Fortune (una autora que en realidad era una especie de ocultista a lo Blavatsky, o algo así), el Príncipe Zaleski de M.P. Shiel (cuyas aventuras, contra todo pronóstico, están recopiladas en castellano), el Dr. Nikola de Guy Boothby (es el tipo del abrigo de pieles, aunque Nevins no lo ha identificado), Zanoni de Edward Bulwer Lytton (un inmortal mago caldeo, cuyas aventuras no he leído), y Fortunio el Superesteta de Teophile Gautier (una especie de precursor psicópata de Doc Savage, creado en 1837, y al que ya habíamos visto en Black Dossier).
En fin, no seguiré con los "muchachos de lo sobrenatural", echad un ojo a las notas del señor Nevins.
Muy interesante es, por otra parte, MINIONS OF THE MOON, de John Thomas -que es uno de esos autores ficticios, creo que un trasunto de John Sladek-, editada por James Colvin (un pseudónimo de Michael Moorcock). En esta repaso a la "Historia Secreta de la Luna", nos encontramos con el Monolito de 2001: una odisea del espacio, la identidad de "O" de Historia de O, los restos flotantes del profesor James Moriarty (¡por fin una referencia sherlockiana!), el curioso Jim Logan (alias Captain Universe, de Mick Anglo, un tipo que trabajaba para la "División Interplanetaria de las Naciones Unidas" en 1954, y que se convirtió en un trasunto del Capitán Marvel de Whiz Comics, o del sajón Marvelman, también de Anglo), y mi favorito, Stardust the Super Wizard, de Fletcher Hanks.
El caso de Stardust y su autor han llamado mi atención, y debo agradecer al señor Moore la recuperación de este personaje, pues Hanks ha resultado ser todo un hallazgo, un verdadero precursor del cómic underground de los años 60 (Crumb y Shelton, por ejemplo). Es más, si uno le echa un vistazo a las disparatadas y terroríficas historietas, grotescas como ellas solas, que realizaba en los años 30 y 40, a uno se le ponen los pelos de punta ante tanta postmodernidad precoz. Según Wikipedia en inglés, Stardust "es un alienígena de un planeta sin nombre (en algunas historias, una estrella), cuyo ‘vasto conocimiento de la ciencia interplanetaria lo ha convertido en el más extraordinario hombre que jamás ha vivido'. Llega a la Tierra con intención de eliminar el crimen, y utiliza sus poderes que su conocimiento le ha dado para luchar contra los malvados". No obstante, al ver los cómics originales de Hanks, uno se da cuenta de que la cosa es un poco más complicada, y Stardust parece más un dios malvado que otra cosa.
Simplemente por el hallazgo de Stardust, The League of Extraordinary Gentlemen: Century: 1910 ya merece la pena.

Dejaremos que los lectores interesados sigan investigando los entresijos de esta primera entrega del Volumen III a través de la Red de Redes, en bibliotecas, o rebuscando en traperías y basureros municipales, y hagamos un par de apuntes más acerca de lo que está por venir:
Century: 1969 (que estaba previsto para abril o mayo de este año, ¡ja, ja, ja!) llevará por título "Paint It Black", y al margen de referencias al Jerry Cornelius de Michael Moorcock (que ya apareció en Black Dossier) o a Rosemary's Baby de Ira Levin, estará repletas de guiños a la cultura popular británica de la época, con lo cual no nos vamos a enterar de nada. (Pero algo aprenderemos, eso seguro).
 
El tercer y último volumen, Century: 2009, se titulará "Let It Come Down", y es el número que, según Moore, más trabajo le ha costado escribir, "porque no tengo ni idea de la cultura popular moderna". Sabemos que tiene importancia Q'umar, un país que aparece en la serie televisiva El Ala Oeste de la Casa Blanca, y habrá referencias a The Wire, Lost (la banda de música DriveSHAFT), al agente Jack Bauer de 24, y a un montón de cosas que, probablemente, harán que el tebeo sólo se pueda publicar en Burkina Faso y en la Antártida, y lleven a los editores de Top Shelf y Knockabout a la ruina o a la cárcel.
¡Bravo!

COMENTARIOS ORIGINALES:

WOLFVILLE

WOLFVILLE dijo

Totalmente de acuerdo en todo!!! Yo fui uno de los que consiguió el "Black Dossier" vía Amazon y puedo decir que lo disfruté mucho más que "Century" -aunque esta también me dió muchas alegrías, claro, especialmente con las referencias a detectives psíquicos-. Lástima que nunca tendremos una traducción en condicienos en la lengua de Cervantes, porque algunos fragmentos eran tan complejos que se me escapaban.
Solo recordar algunas de las otras referencias en esta joya de meta-ficción. Genial el momento historia de la magia en el que se menciona al mismísimo dios Crom de las aventuras de Conan de Cimmeria. Y para mi desopilante, verborreico, delirante y espectacular el pastiche de P.G. Woodhouse en el que se mezcla el humor irónico de Jeeves con las monstruosidades arcanas de Lovecraft.
En definitiva es un tomo, igual que este artículo: IMPRESCINDIBLE.
Un saludo.
Cadvalon

Cadvalon dijo

Pues yo me reitero, el Black Dossier me parece decepcionante, unas cuantas ideas perdidas en una estructura general farragosa y bastante caótica.
Me alegro de volver a leer entradas en este blog por cierto que no había comentado nada :)

Luis Miguez

Luis Miguez dijo

A mí, la verdad, me ha encantado el Century, pero he de confesar que también por habérmelo tomado de aquella manera, como algo asi como "una aventura más" de la Liga. Pero vamos, que si me dice usted que definitivamente este es el 4 y el 3 es un tochón enorme que muchos no nos hemos leído, pues pare usted de contar.
Birdy Edwards

Birdy Edwards dijo

Yo pedí en su momento el Black Dossier a través del catálogo previews y obviamente me quedé sin el, dita suerte.
"el Príncipe Zaleski de M.P. Shiel (cuyas aventuras, contra todo pronóstico, están recopiladas en castellano)"
Si, en una buena edición de Edhasa, jejejeje.
sherlockholmes

sherlockholmes dijo

Amigo Wolfville:
No sufra por la incomprensibilidad de algunos fragmentos del "Black Dossier"; el señor Nevins, por ejemplo, optó por no anotar la sección escrita por Sal Paradise, pues ni siquiera él, que es nativo americano, entendía una palabra.
Con respecto al relato del reverendo sobre Jeeves, le diré que ya existía un crossover entre el mayordomo y los Mitos de Cthulhu, debido a la pluma de Peter Cannon, autor también del pastiche holmesiano (y lovecraftiano) Pulptime, que ya reseñamos por aquí en su día.
Un placer, como siempre.

Amigo Cadvalon:
Lamento que no le agradara el "Black Dossier"; en fin, ni siquiera el señor Moore puede agradar todo el tiempo, supongo... En cualquier caso, no me negará que el uso de las 3D en ese tebeo es realmente fastuoso y revolucionario...
Un fuerte abrazo, compañero.

Don Luis:
Corra a Torrent o Emule o lo que sea, agénciese unas gafas 3D de las de toda la vida (pero sustiya el color azul por el verde), y disfrute de las verdaderas apariencias de Nyarlathothep...

Señor Pajarraco:
Pruebe suerte en Ebay; quizá se lleve alguna sorpresa...
La edición de Edhasa del Zaleski la vi en casa de mi amigo el ilustrador y cartoonista Mortimer; supongo que tendrá un precio de venta exhorbitante, ¿verdad?

Saludos a todos,
Alberto López Aroca


lunes, 6 de octubre de 2014

R.A. Lafferty: El hombre que hizo al Creador

(Publicado originalmente en el anterior emplazamiento del blog Cuaderno de bitácora del Matilda Briggs, el 2 de agosto de 2011).

¡Qué agradable es, en ocasiones, no visitar la inexacta y equívoca Wikipedia -a veces tan sesgada como el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia- para comprobar datos, fechas y detalles! Al menos, no necesito echar un vistazo a la biografía virtual del señor Raphael Aloysius Lafferty para saber que es uno de los grandes maestros de la literatura contemporánea, y más concretamente, de la literatura asociada al campo de la ciencia ficción.

Creo que la primera vez que me encontré con esa curiosa firma (R.A. Lafferty) fue en el volumen tres de la selección Fantasía, de Bruguera, que era una antología de relatos variopintos aparecidos originalmente en la norteamericana The Magazine of Fantasy and Science Fiction. Por entonces yo debía tener siete u ocho años, y la portada de ese libro ejerció -y sigue ejerciendo- una extraña fascinación sobre mí: Se trata del óleo de 1972 "Triangular Bicicleta", obra de Joan Ponç, un artista del que no he tenido más noticias salvo por la reproducción de sus cuadros en los tres volúmenes bruguerianos de Fantasía.

Fantasía 3 (al igual que los otros dos libritos) pertenecían a mi hermano Daniel: El primero ostentaba en la cubierta a un búho que sólo puedo definir como psicotrónicamente retro ("Mussol", también de Joan Ponç), y el segundo representaba una extraña superposición de caracoles del mismo estilo ("Triangular Cargol", del mismo autor), en una suerte de preñez dentro de una preñez de moluscos. Menciono aquí estas obras porque me fascinan, y seguro que antes o después, alguien me iluminará al respecto del artista responsable y el resto de sus trabajos -seguro que si Juan Perucho viviera, él mismo podría hacerlo-. Para eso está la Red de Redes: para preguntar y obtener respuestas.
La inquietante (siniestra) figura enmascarada que pasea en bicicleta bajo la protección de un paraguas y el rayo que desciende, siempre estarán asociadas, en mi memoria, al señor Lafferty. (De niño, en los días de lluvia, intentaba intuir cuál sería el destino de este personaje misterioso, vestido con frac, su larga barba de chivo... y cuáles serían sus verdaderas intenciones).

Hace ya algunos años que no releo "Las tres sombras del lobo", un cuento relativamente largo que he revisitado una y otra vez, y que considero, quizá por motivos puramente personales, una de las mejores historias de hombres lobo que jamás he leído. No lo he visto rescatado en alguna otra antología, ni en los (escasos) volúmenes compilatorios laffertianos que existen en nuestro país. Pero el señor Lafferty realizó con ese relato un ejercicio ejemplar de pseudo-pastiche, en el sentido de que tomó una estructura sobada y requetesobada -el clásico episodio de Scooby Doo, por ejemplo-, y lo convirtió en un ambiguo vaivén entre lo natural y lo sobrenatural donde el lector no es capaz de posicionarse con claridad... o al menos, con comodidad. Si alguien espera ver cómo un Larry Talbot cualquiera muerde o es mordido por enésima vez, le anticipo que los tiros no van por ahí.

El señor Lafferty empezó a escribir en 1960 y a la edad de sesenta años, nada menos. Y creo que rompió moldes. Lafferty, nacido en Iowa, era especialista en ingeniería electrónica, y como autor, yo diría que era un excelente humorista de la vertiente más negra. Formalmente era, en ocasiones, un fabulador que recordaba remotamente al Stanislaw Lem de Ciberíada (por poner un ejemplo). Pero su indefinible estilo no entendía de limitaciones, de técnicas ortodoxas, o de temas tabú. (Otra vez, quizá, como Lem).


Como suele suceder con los genuinos humoristas, Lafferty tenía uno de sus pies puesto en el campo de la literatura de horror: Estoy seguro de que ningún avispado antólogo de títulos del tipo "Los mejores cuentos de miedo" ha caído en la cuenta de que la obra de R.A. Lafferty encaja perfectamente en el perfil de otros célebres relatistas del género: Historias como "Resoplón" o "Los seis dedos del tiempo" son originales y terroríficas. Y cuando el sentido del humor desemboca en que la esposa del señor Homer es una araña gigante que lo va a devorar, las risas enlatadas de la comedia prefabricada por Lafferty se convierten en escalofríos (ver ese chiste gestaltista titulado "El agujero de la esquina").

Los relatos citados se compilaron originalmente en el año 1970, en el volumen titulado Nine Hundred Grandmothers. En España, la colección Nebulae (de Edhasa) dividió el tomo en dos cómodos libritos (completamente desencuadernados ya), titulados respectivamente Novecientas abuelas y Los seis dedos del tiempo (ambos de 1980).
Por decirlo de un modo sutil, estos dos volúmenes son sencillamente imprescindibles. Recogen relatos publicados durante los años 60 en revistas norteamericanas como If, Worlds of Tomorrow, Galaxy, Future, o la ya citada Fantasy & Science Fiction. También recogen las colaboraciones de Lafferty en las antologías Orbit, y su aportación a la celebérrima y celebradísima Visiones Peligrosas de Harlan Ellison.

Al contrario de lo que sucede con otros autores, resulta muy difícil "pillarle el truco" al señor Lafferty. Sus relatos pueden partir de ideas notoriamente peregrinas o de conceptos definitivamente sublimes: ¿Quiénes son realmente los gitanos?, se pregunta en "La tierra de los grandes caballos"; o bien ¿cuán vulgar puede llegar a ser la inmortalidad?, y nos responde en "Uno cada vez".

Al igual que ilustres predecesores como Jules Verne o Arthur Conan Doyle, Lafferty creó a través del entramado de sus relatos y novelas un universo propio e interconectado, donde los personajes recurrentes volvían una y otra vez para cometer las mayores atrocidades científicas imaginables, revolucionar el universo entero, o sencillamente, cambiar la historia del pasado, del presente y del futuro. Muchos de ellos son científicos y mentes brillantes como la de Diógenes Pontifex, Arpad Arkabaranan, Velifok Vonk y Willy McGilly. Quizás los mayores de ellos sean los que rodean a la mayor de las creaciones del señor Lafferty, pues es el hombre que hizo al Creador: Epíktistes, la máquina ktisteca que todo lo puede... la máquina que puede tomarle el pelo a todo el mundo.

De hecho, Lafferty, publicó la primera autobiografía de una inteligencia artificial en su magistral (pero no obstante complejísima) novela Llegada a Esterwine... Pero como no me quedan palabras, le cedo el testigo al lector para que recorra librerías de viejo y mercadillos en busca de Salomas del espacio, La tercera oportunidad, o cualquier volumen maltrecho donde se pueda entrever el apellido Lafferty.

Es mi recomendación, y en cierto modo, un regalo.

***

Comentarios originales:


Juan dijo

Lafferty es uno de esos autores, como HS Keeler, que parece que solo conocemos cuatro frikis, y que cuando los borgianos descubran se liarán a hostias por conseguir sus libros. Grande entre los grandes. Coincido en que Novecientas abuelas y Los seis dedos del tiempo son tan necesarios como el comer, la mahou y el wifi.

sherlockholmes

sherlockholmes dijo

O más, Juan.
(Oye, ¿tú no estás de vacaciones, pollo?)

Marcelo

Marcelo dijo

Lafferty no está ni el mercado de San Antonio. Coincido con Juan en que llegará el día del descubrimento. Pero no cites la Mahou, que me quedan minutos para beberme una...

rouletabille

rouletabille dijo

Cuando leí a Lafferty por primera vez me quedé impresionado. Sigue siendo uno de mis autores preferiodos y Epíktistes uno de los engendros mecánicos que deberían estar como las obras de este genial autor, en la memoria colectiva. Seguro que algún día se hablará de Lafferty como uno de los más grandes de la ciencia ficción. Ese toque de humor, muchas veces genial y también de tintes escabrosos es sólo uno de los pocos argumentos para leer sus relatos fantásticos de un tirón y pasarlo en grande (que bien lo he pasado releyéndolo una y otra vez, sobre todo historias como Resoplón o ¿Cómo se llama esa ciudad? Muy acertada su recomendacion monsieur.

rouletabille

rouletabille dijo

Cuando leí a Lafferty por primera vez me quedé impresionado. Sigue siendo uno de mis autores preferiodos y Epíktistes uno de los engendros mecánicos que deberían estar como las obras de este genial autor, en la memoria colectiva. Seguro que algún día se hablará de Lafferty como uno de los más grandes de la ciencia ficción. Ese toque de humor, muchas veces genial y también de tintes escabrosos es sólo uno de los pocos argumentos para leer sus relatos fantásticos de un tirón y pasarlo en grande (que bien lo he pasado releyéndolo una y otra vez, sobre todo historias como Resoplón o ¿Cómo se llama esa ciudad? Muy acertada su recomendacion monsieur.

Vivaldo Moore

Vivaldo Moore dijo

Buena idea esa de asociar a Lafferty con Lem. Generalmente, cuando tengo que hablar de él recurro a Robert Sheckley y a Fredric Brown, pero es cierto que el padre de Ijon Tichy podría perfectamente completar el cuarteto.

Alberto

Alberto dijo

Comparto, Mr Moore. Tiene usted toda la razón.

jueves, 2 de octubre de 2014

Norm Eldritch: sus diez libros favoritos


Hace unos días (meses, casi), Facebook realizó uno de esos estudios de mercado a los que los usuarios nos sometemos involuntaria o inconscientemente. La cosa consistía en mencionar los diez libros que más te habían influido o marcado, independientemente de su calidad literaria, etc. El asunto se convirtió en una cadena viral y quien más y quien menos, queriendo o sin querer, aportó su granito de arena. Los responsables de Facebook dieron los resultados de su estudio encubierto para usuarios de lengua anglosajona (los de habla hispana no somos nadie) e hizo un listado con los 100 libros más molones.

Hoy he recibido (por correo postal; nada de Internet) la lista elaborada por un autor norteamericano, el señor Norm Eldritch (es un pseudónimo, por cierto), al que suelo traducir al castellano. Eldritch no tiene Facebook (dichoso él), “ni falta que me hace”, asegura.

La reproduzco aquí, fuera de Facebook, para que no puedan hacer uso de ella. (Indico al final de cada entrada los títulos que sí tienen edición en castellano, para los interesados).


The Stairs in the Crypt & Others, de Robert H. Blake. Relatos clásicos de terror publicados originalmente en revistas pulp durante los años 30 y recopilados en un volumen por Arkham House en 1957. "Blake pudo ser uno de los más grandes si no lo hubiera partido un rayo", dice Eldritch de este autor. Diversas traducciones al castellano (Bruguera, Alianza, etc.), aunque recomendamos la realizada por Óscar Mariscal y Javier Jiménez Barco para Los Libros de Barsoom.




The Feeding, Sutter Cane. Una de las exitosas novelas de horror del desaparecido autor. Eldritch dice que "Cane no era un buen tipo, pero escribía bastante bien". Inédita en español (aunque otros títulos del mismo autor se publicaron en la colección Los Jet de Plaza y Janés a mediados de los 80).
 
 

Old Custer, de Eli Cash. Historia alternativa acerca de la vida del general Custer después de Little Big Horn. "Lo que muchos no saben es que Cash no se inventó ni una sola coma. Al menos, eso pienso yo", dice Eldritch. Inédito en España.
 
 
Savage Woods, de Lawrence Dunbar. La segunda novela del maestro del splatterpunk. Según Eldritch "esta novela casi se carga la carrera del pobre Larry, y todo por culpa de una portada de mierda". En España se publicó bajo el título Miedo en el bosque.
 


 

Machine’s Way, de George Stark. El primer libro de la serie protagonizada por Alexis Machine, escrita por Thad Beaumont —el célebre autor norteamericano de The Golden Dog— bajo el pseudónimo de Stark. Eldritch dice que "las novelas sobre ese cabronazo de Machine son increíblemente cojonudas, mucho mejores que las mierdas habituales de Beaumont". Creemos que hay traducción al castellano de, al menos, esta primera novela, publicada por la Editorial Fiesta de Miami hacia 1976.
 
 

Billy and the Cloneasaurus, de Seymour Skinner. Única obra del autor. "Que el director de un colegio sea capaz de escribir una novela tan divertida demuestra que el oficio de escribir (y de escribir bien) está al alcance de cualquier imbécil que se lo proponga)", dice Eldritch sobre este bestseller. En castellano, Juanito y el clonosaurio; editado solamente en México.





 
The Seagull Has No Friends, de Aaron Klopstein. Novela hardboiled sobre la caza de un hombre lobo. "Klopstein es una de mis fuentes de inspiración", dice Eldritch. Publicada en castellano por Editorial Molino (Argentina) en 1937.
 

 
The Crazy Wide Forever, de Sal Paradyse. Un clásico beatnik de la década de 1950. Eldritch opina que "Nadie hablaba en los 50 del modo en que escribe Paradyse. Sinceramente, no entiendo un carajo de lo que quiso decir. Pero me gusta. Mucho". Hay traducción en Cátedra (Letras Universales) y se prevé una nueva versión en otra editorial antes de que finalice 2014.





 My Gun Is Long, de Paul S. Coming. Según Eldritch, "la más divertida de las novelas erótico-policíacas de Mickey King, un autor británico que disfrutaba no sólo escribiendo, sino utilizando pseudónimos obscenos. Admirable, el bueno de King". Inédita en castellano.
 

 The Third Gunman, de Buck Dexter. "Sólo Dios sabe cuántas novelas del Oeste escribió Rollo 'Holly' Martins con su pseudónimo de Buck Dexter. Esta es sólo una de ellas. Quizá la mejor", nos cuenta Eldritch. Inédita en castellano.