viernes, 23 de enero de 2015

Sherlock Holmes, ¿censurado en España?

(Esta es una ocasión histórica, pues por primera vez en mi vida, convierto un post publicado en Facebook hace unos minutos en una entrada del blog).


El prostíbulo del terror, de Ricardo Barreiro y Enrique Solano López, es un tebeo pornográfico de Sherlock Holmes, amén de un pastiche mitográfico creativo donde aparecen Jack el Destripador, Mr. Hyde, Freud, etc., etc. Vamos, los de siempre.
Bueno, pues según la reforma del código penal aprobada esta mañana en el Congreso de los Diputados (Y QUE AÚN TENDRÁ QUE REFRENDARSE EN EL SENADO PARA QUE ENTRE EN VIGOR), este tebeo que se encuentra en casa de muchos coleccionistas y aficionados al Maestro de Baker Street, se considerará pornografía infantil. Con todo lo que eso conlleva.

Corto y pego el texto de la LEY (bueno, del proyecto de LEY):
 

"A los efectos de este título se considera pornografía infantil o en cuya elaboración hayan sido utilizados personas con discapacidad necesitadas de especial protección:
1. Todo material que represente de manera visual a un menor o una persona discapacitada necesitada de especial protección participando en una conducta sexualmente explícita, real o simulada.
2. Toda representación de los órganos sexuales de un menor o persona discapacitada necesitada de especial protección con fines principalmente sexuales.
3. Todo material que represente de forma visual a una persona que parezca ser un menor participando en una conducta sexualmente explícita, real o simulada, o cualquier representación de los órganos sexuales de una persona que parezca ser un menor, con fines principalmente sexuales, salvo que la persona que parezca ser un menor resulte tener en realidad dieciocho años o más en el momento de obtenerse las imágenes.
4. Imágenes realistas de un menor participando en una conducta sexualmente explícita o imágenes realistas de los órganos sexuales de un menor, con fines principalmente sexuales".
(Fuente: http://www.jotdown.es/…/pornografia-infantil-en-el-codigo-…/ , que es un artículo de junio de 2013, donde ya se hablaba de esta reforma).


Corto y pego la sinopsis de "El prostíbulo del terror", según aparece en Tebeosfera:

"Tras escapar del incendio que devoró el colegio para señoritas en que vivían, el futuro no se presenta muy prometedor para Lilian y Agatha, dos hermosas jóvenes iniciadas en los poderes mágicos. Sin embargo, el azar las llevará a ser huéspedes del Dr. Jekyll, misterioso caballero y amable anfitrión que oculta una personalidad despiadada. Sometidas mediante una poderosa droga afrodisíaca, las chicas se convertirán en el principal reclamo de un exclusivo burdel que ofrece sadomasoquismo, zoofilia y orgías multitudinarias.
Londres, mientras tanto, se ve aterrorizado por la presencia en sus calles de un enigmático destripador que atiende al nombre de Jack. Un misterio cuya resolución citará en la ciudad a personalidades míticas como Arthur Conan Doyle, Robert Louis Stevenson, Sherlock Holmes, Albert Einstein, Sigmund Freud o Winston Churchill".
(Fuente: http://www.tebeosfera.com/…/prostibulo_del_terror_el_la_cup…)


Supongo que esto sucederá no sólo con este tebeo de Sherlock Holmes, sino también con V de Vendetta de Alan Moore (y no te cuento el Lost Girls, también de Moore), con el Clic de Milo Manara, Ranxerox de Liberatore, y con otros muchos, muchos, muchos, muchos que llevan editados en España desde hace la tiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiira de años...
Supongo, también, que cualquier tebeo que represente, pongamos por caso, a una niñita de 17 años que mantiene relaciones íntimas con un señor de 18 años (con motivo del día del cumpleaños de dicho señor), también tendrá el mismo rango.
Por decir algo...

miércoles, 21 de enero de 2015

Honestidad pastichera (y holmesiana)






La diferencia entre el buen pastiche de Sherlock Holmes y la mera exploitation (explotación) sherlockiana no es tan leve como pueda parecer a primera vista. De hecho, esa diferencia es abismal en su sutileza.

Dicha diferencia se llama “honestidad”, y resulta difícil cuantificarla, esto es, pesarla o contarla. No se puede detectar por un título o por una cubierta (a pesar de que pueden ser una buena pista, a veces son signos engañosos).
La verdad es que sólo se detecta después de haber leído el pastiche. Y se detecta por medio de la intuición. Quizás, podríamos medir la honestidad por la cantidad de tópicos sherlockianos falsos de que hace uso. Aunque esta sería sólo una magnitud de otros muchos raseros personales e intransferibles.
Por ejemplo: un pastiche en el que Watson es, básicamente, estúpido, es un ejemplo de exploitation deshonesta. El autor se ha dedicado a reutilizar la imagen difundida por Nigel Bruce en la serie de películas de la Universal, y que por desgracia se ha perpetuado en el imaginario popular. Nigel Bruce, que junto a Rathbone realizó una larguísima serie de obras radiofónicas sobre Holmes, se lamentaba con amargura de tener que interpretar en el cine a un Watson inepto y tontorrón. En la radio, en esos guiones que escribían Edith Meiser y Anthony Boucher, el doctor Watson de Bruce no era una caricatura de sí mismo. Quizás no fuese el Watson de Conan Doyle, pero recordemos que, a veces, el Watson del Canon tampoco era él mismo del todo. Al menos, en una ocasión, su nombre no era John, sino James, y el mismo doctor no sabía con certeza si en tal mes de tal año estaba soltero, casado o viudo.

La falta de honestidad del pastiche es la falta de honestidad de su autor. Y el autor es poco honesto cuando decide utilizar a un personaje que no es suyo y no se molesta en conocerlo tan bien como a los personajes de creación propia. Esto, para empezar, es una falta de respeto para con el original (para con el personaje y para con su creador, aunque este último importa más bien poco en toda esta diatriba cuando dicho creador desprecia a su personaje y decide que es un buen vehículo comercial al que no cualquiera, pero casi, puede “casar, matar, o lo que usted quiera”). Y también es una garantía de que los lectores juzgarán el pastiche como lo que es: un remedo inferior y que se exhibirá como engendro edificante de lo que no se debe hacer.

Me gustaría aclarar que, si creo en una norma para escribir pastiches sherlockianos (o de cualquier otro tipo), es en esta. Y con ello no quiero decir en ningún momento que todos los pastiches revisionistas, por el mero hecho de ser revisionistas, carezcan de esa necesaria honestidad. Un autor puede convertir a Holmes en vampiro, en vulcaniano o en Jack el Destripador, y estar respetando el espíritu del original. Lo afirmo sin temor a dudas. Puedo citar ejemplos (varios ejemplos) de estos tres casos no hipotéticos que menciono.


De la misma manera, afirmo que un autor puede retratar a Holmes en el 221b de Baker Street, vestido con su deerstalker y su capa Inverness, y cerrar la historia con el consabido “Elemental, querido Watson”, y estar siendo un caradura sin escrúpulos que se ha limitado a tomar una imagen falsa, una frase apócrifa y un par de datos robados de una “fiel biografía” que en realidad no es más que un pastiche honestísimo, muy imaginativo y muy satisfactorio.

Estos son casos reales. Esto sucede todo el tiempo. Y ahora, en un momento en que Holmes y su universo están de moda, mucho más.

La honestidad del pastichero se puede manifestar en situaciones y planteamientos tan distintos como los siguientes:


—Cuando el autor tiene una historia de Sherlock Holmes por contar.

—Cuando el autor tiene una historia cualesquiera que contar, y llega a la conclusión de que Sherlock Holmes y su mundo son el cauce ideal para relatarla como, por ejemplo, símbolos de una época.

—Cuando el autor quiere ponerle las peras al cuarto al doctor Conan Doyle porque no aguanta tal o cual sucesión de tics, errores o descuidos (y aquí entramos en el terreno de la parodia, que puede ser tan honesta como el mejor pastiche. También es este el terreno del revisionismo).

—Cuando el autor desea saber “¿qué habría sucedido si Sherlock Holmes...?” más que cualquier otra cosa en el mundo.

—Y muchas otras.

El autor no es honesto cuando:


—Decide utilizar el nombre de Sherlock Holmes en una historia que podría haber sido de cualquier otro personaje.

—Decide escribir un pastiche sherlockiano porque ahora está de moda y porque el autor cree que tiene unas ventas garantizadas. En este caso, además de poco honesto, este autor es un iluso, pues el lector sherlockiano no se parece en nada al Watson cinematográfico de Nigel Bruce y tiene ojos y oídos en todas partes, como El Fantasma Que Camina.

—Quiere ridiculizar a Sherlock Holmes y, sobre todo, a los aficionados a la figura de Sherlock Holmes.

—Piensa que Sherlock Holmes es una cosa distinta de lo que es —pues la figura de Sherlock Holmes nunca le ha interesado lo más mínimo— y, en consecuencia, lo convierte en otro personaje. (Y aquí no estoy hablando de que alguien convierta a Holmes en vampiro, vulcaniano o Jack el Destripador; sino de que alguien convierta a Holmes en, digamos, Nick Carter, esto es, le robe sus atributos característicos y le otorgue los de algún otro. Si alguien tiene la mala idea de hacer esto último, lo menos que puede hacer es cambiar el nombre de Sherlock Holmes por el de, pongamos azarosamente, Harry Dickson. Esa sí es una solución honesta).



—El autor tampoco es honesto cuando plagia de manera consciente (los plagios inconscientes también existen, y yo no diría que sean deshonestos, sino despistados). Pero esto se puede aplicar a la vida en general, y no sólo a los pastiches holmesianos, a la literatura y a cualquier arte en particular.

—Todas las anteriores juntas. Juro que ese caso existe. Y estoy seguro de que aparecerán nuevos pastiches que habrán de responder a todos y cada uno de estos puntos.

¿Hay pastiches honestos “malos”? Por supuesto, del mismo modo en que en el Canon Sherlockiano hay historias “malas”. No obstante, cualquier historia original del Canon viene avalada por el hecho de ser un relato original y una “Escritura Sagrada”. Así, cualquier pastiche honesto que sea “malo” o “mediocre”, se convierte automáticamente en “simpático” y “cumplidor” cuando tiene el valor de la honestidad. Y yo aplaudo públicamente ese rasgo. El autor de ese pastiche, a falta de mayor destreza o de mejores ideas, merece un reconocimiento: mi deseo de leer más Sherlock Holmes debidos a su pluma. Si el autor es honesto, algo bueno habrá en su pastiche. Y siempre podrá escribir una obra que me gusté más que la anterior. De hecho, eso es lo que suele suceder.

¿Hay pastiches deshonestos “buenos”? Sencilla y rotundamente, no. Quizá, por alguna circunstancia, se los considere una obra literaria importante, relevante o incluso admirable, ¿quién sabe? Pero tengo la certeza de que, como pastiche, no valen dos higas.

Porque no son honestos ni con el lector, ni con Sherlock Holmes.

Ni con ellos mismos.
 

martes, 6 de enero de 2015

Feliz, feliz no-cumpleaños, señor Sherlock Holmes

(Publicado originalmente en la anterior ubicación de esta bitácora, el 6 de enero de 2014).

El Sherlock Holmes del cumpleaños espúreo.
La nada confiable y absolutamente arbitraria Wikipedia en español, cuyos bibliotecarios (con esta palabra se denominan a sí mismos estos redactores de equívocos) hacen y deshacen a su antojo sin más rigor que sus criterios subjetivos, nos dice en la sección “Biografía” de la entrada correspondiente a “Sherlock Holmes”:

Ateniéndonos a las pautas de textos de Doyle, Sherlock Holmes nació el 6 de enero de 1854”.

Y continúa de la siguiente manera:

Su padre era un hacendado inglés y su madre descendía de una estirpe de pintores franceses, entre ellos el ilustre Vernet, primo de su abuela. Tiene dos hermanos: Mycroft, del cuál Sherlock siempre ha dicho que es más listo que él pero que "no posee ninguna ambición ni energía"; lo que Sherlock entiende como un oficio -deducir cosas a partir de minúsculos detalles- Mycroft lo ve como un simple pasatiempo. Trabaja como coordinador general e informador interno de los asuntos del gobierno británico y es miembro ilustre del Club Diógenes. Y Sherrinford, el mayor de los tres, que es rara vez mencionado y conocemos muy poco de él, aunque muchos expertos han confirmado su existencia dado que es muy probable que, dada la época, el primogénito se llamara igual que el padre: Sherrinford”.


Todo este montón de divertidos disparates no canónicos procede, por supuesto, de una misma fuente: el magnífico volumen Sherlock Holmes de Baker Street de William S. Baring-Gould (1962), que no sólo muchos lectores, sino también demasiados autores pasticheros, toman como punto de referencia para realizar sus respectivos trabajos.

No es este el lugar adecuado para explicar de dónde sacó Baring-Gould las diversas informaciones teóricas (hipotéticas y espúreas) acerca de la familia Holmes y su infame tercer hermano (no es “rara vez mencionado”, como dice el wikipedista de turno, sino que ¡jamás aparece en el Canon!). Pero sí nos gustaría explicar de dónde surge la idea de que Sherlock Holmes nació un día 6 de enero (puesto que la aceptada pero inexacta o, al menos, indemostrable fecha de 1854, nace de la afirmación del anónimo narrador de “His Last Bow”, quien afirma que Holmes aparentaba sesenta años en 1914).

El responsable de este pequeño despropósito, que ha obligado a docenas de Irregulares de Baker Street a desplazarse al Algonquin Hotel de New York en una fecha tan problemática como los primeros días de enero de cada año desde 1934, fue el gran estudioso sherlockiano Christopher Morley (uno de los fundadores de los BSI, una organización que, hasta mediados de la década de 1990, sólo admitía miembros de sexo masculino, por si a alguien le interesa saberlo; en respuesta a esta nada sutil discriminación, las damas sherlockianas fundaron el grupo de las Adventuresses of Sherlock Holmes).

La temprana (y peregrina) teoría de Morley venía a decir lo siguiente: a lo largo del Canon, Sherlock Holmes cita a Shakespeare en diversas ocasiones (hasta 14 obras distintas, debemos añadir), pero sólo hay una obra que cite dos veces: Twelfth Night (Noche de Epifanía), que es nuestra Noche de Reyes. Así que, Holmes nació el 6 de enero. Y punto. (Por cierto, que el famoso “The game is afoot” del Maestro, que se ha convertido en leit motiv identificativo y obligatorio en cada pastiche, es en realidad una cita textual de Enrique V, acto III, escena 1ª).

También se da la circunstancia de que Felix, el hermano del señor Morley, nació un 6 de enero. Feliz coincidencia. Y el siempre astuto (y creativo) señor Baring-Gould añadió su granito de arena al argumentar que, al comienzo de El valle del terror (un 7 de enero por la mañana), Sherlock Holmes está “irritable”. ¿Y por qué? Porque la noche anterior tuvo una celebración y tenía resaca. ¿Y cuál pudo ser esa celebración? Adivine el lector qué sugiere Baring-Gould...

Algunos BSI, como el actor Paul Singleton, proponen que se cambie la fecha de dicha celebración por algún día menos problemático (quizá en el mes de mayo, por motivos prácticos), pero la tradición dictada por Morley se sigue a rajatabla. Hasta el punto de que este dato arbitrario se ha perpetuado y aficionados a la figura del Maestro de Baker Street lo celebran y comparten por todo lo ancho y largo del mundo (sobre todo, en Facebook).

En fin...

Sí, es cierto que Sherlock Holmes conocía bien la obra de Shakespeare, y que durante “La aventura de la casa vacía” le dijo al coronel Moran que “Journeys end in lovers’ meeting” (del acto II de Noche de Epifanía). Pero creo que no hay que ser un prodigio de erudición shakespeariana para decir en el momento oportuno, como hizo Holmes en El signo de los cuatro y dirigiéndose al inspector Athelney Jones, “All is well that ends well” (del acto IV de Noche de Epifanía).

O sea, “bien está lo que bien acaba”. 
Sherlock Holmes un día 6 de enero de cualquier año, no celebrando su cumpleaños.

domingo, 7 de diciembre de 2014

"La enciclopedia de Sherlock Holmes", de Juan Carlos Monroy


(Música incidental y voz de Basil Rathbone):

Autor de pastiches sherlockianos:

¿Estás cansado de buscar el relato canónico donde aparecen los padres de Sherlock Holmes? ¿Te has dado cuenta de que si sólo usas el Baring-Gould, se nota mucho que no dominas el Canon? ¿Aún no eres consciente de que “Martha” y “Hudson” son dos mujeres distintas; que Sherlock Holmes no se llama ni “William” ni “Escott”; y que Moriarty nunca le dio clases de matemáticas?
Entonces, necesitas una herramienta CONFIABLE y COMPLETA para escribir nuevas historias, ensayos, estudios, cronologías y concordancias de Sherlock Holmes sin que los lectores, los investigadores y hasta el último de tus amigos te saque los colores.
“Pero... ¡yo sólo tengo el Baring-Gould y me da pereza releerme el Canon!”, dices mientras lloras por los rincones de polvorientas librerías en busca de un milagro imposible...
Bien, pues ¡Juan Carlos Monroy ha obrado ese milagro! La herramienta que NECESITAS más que el aire YA EXISTE. Se llama LA ENCICLOPEDIADE SHERLOCK HOLMES y está EN CASTELLANO.
Escribe a juanitomonroy@hotmail.com y reserva una copia. Son 18 euros (envío gratis a toda España), más de 2.500 entradas profusamente ilustradas, con TODO lo que necesitas saber para que tus pastiches parezcan, huelan y sepan al auténtico SHERLOCK HOLMES de Conan Doyle.
En tamaño portátil (14,5 x 21cm), elegante —y no obstante, llamativa— cubierta al estilo del clásico Baker Street Journal, ahora puedes llevar discretamente tu ejemplar de LA ENCICLOPEDIA DE SHERLOCK HOLMES a tus reuniones sociales e instruir y deleitar a tus contertulios. Responde sin temor a equivocarte a preguntas como “¿pero Moriarty cuántas veces sale en el Canon?” o “¿dónde diablos está Trincomalee?”; explica con detalle las diferencias entre un hansom y un brougham; y recrea para tus lectores todo el mundo contenido en 60 historias (4 novelas y 56 relatos) que transcurren en ese brumoso y nostálgico lugar donde siempre es 1895...

(Entra en la página de LA ENCICLOPEDIA DE SHERLOCK HOLMES para obtener más detalles). 


domingo, 19 de octubre de 2014

Una aproximación a José Luis Zárate, mitógrafo creativo ("LA MÁSCARA DEL HÉROE")


(Publicado originalmente en el anterior emplazamiento del blog Cuaderno de bitácora del Matilda Briggs, el 5 de septiembre de 2011).


¿Alguien de entre los aquí presentes desea saber qué diablos sucedió realmente en la goleta Demeter allá por 1896 (año arriba o abajo)?
Hasta ahora, gracias a la compilación de recortes de prensa, diarios y correspondencias personales que el señor Bram Stoker recopiló bajo el título de Dracula (1897), sabíamos que un conde transilvano de oscura naturaleza había llegado a Whitby, en Inglaterra, para conquistar las islas británicas... y quizá, más tarde, el mundo. También sabemos que no lo consiguió, gracias a los esfuerzos de un grupo de valientes que se enfrentaron a la amenaza, encabezados por el profesor-doctor Abraham Van Helsing. (Una especulación importante y en sentido contrario se nos muestra en El año de Drácula, de Kim Newman, y sus secuelas).
Existen diversas especulaciones acerca de la intervención del señor Sherlock Holmes de Baker Street durante el llamado "Affair Dracula", y el presente autor recogió comentarios respecto a las diversas teorías en el artículo "Re: Vampires, o, La ‘Conexión Carfax'", incluido en el volumen Sherlock Holmes y lo Outré (diciembre de 2007). Precisamente en dicho texto mencionábamos la narración de Caitlín R. Kiernan titulada "The Drowned Geologist" (El geólogo ahogado, incluido en la antología Shadows Over Baker Street, 2003, volumen que cuenta con edición en castellano desde hace algunos años), donde el señor Holmes contemplaba desde los acantilados la llegada del misterioso barco ruso...
Por fin, gracias a nuestro amigo y compañero de Puebla, el señor José Luis Zárate, hemos podido conocer los escabrosos e insólitos detalles de la travesía que el Demeter realizó para transportar un siniestro cargamento compuesto por ataúdes cerrados, llenos de tierra transilvana... y algo más.
La novela corta La ruta del hielo y la sal se publicó originalmente en México, según me informan, en 1998, y ha tardado más de diez años en llegar a España. Bienvenida sea esta pequeña gran obra maestra que mitográfos creativos, profanos y expertos, aficionados al vampirismo o expertos en la figura del Conde Drácula, tienen la obligación de visitar en el más corto plazo de tiempo. Y no lo digo en vano.
Es La ruta del hielo y la sal un concienzudo trabajo que reconstruye los meses que transcurrieron desde la salida del Demeter en Varna, hasta su espectral llegada al puerto de Whitby, a través del testimonio de su innominado capitán (hasta ahora no he encontrado su nombre en ningún registro, ni tan siquiera entre los papeles del señor S.F. Billington, abogado de Whitby y responsable de la transacción comercial), que quedó consignado no sólo en la bitácora de la goleta, sino también en unos papeles que las autoridades encontraron, en su día, en el interior de una botella...
Una advertencia: cualquiera que busque una obra convencional que caiga en los tópicos de esta clase de reconstrucciones, debería alejarse de inmediato de esta novela del señor Zárate (y de cualquier otra que ostente su firma), pues la aproximación de este investigador mexicano está mucho más cercana al auténtico espíritu de la compilación de textos de Stoker que a cualquier interpretación cinematográfica amanerada. Estamos, señoras y señores, ante algo muy serio.
La ruta del hielo y la sal está acompañada de otras dos novelas breves, que en su conjunto conforman el volumen que Grupo AJEC publicó en 2009 en nuestro país bajo el título genérico de Las máscaras del héroe.
Por si el pastiche draculiano no fuera suficiente motivo para acercarse a este libro, diré que los otros dos textos revisitan a dos figuras de la llamada cultura popular (o como nos gusta decir en términos mitográfico-creativos, "historia reciente").
Así, Del cielo profundo y del abismo -que parte de una cita de Baudelaire, si es que este dato le sirve a alguien- especula acerca del destino final del denominado "Hombre de Acero", "Hombre del Mañana", "El Primero de los Súper-Héroes" (una denominación a todas luces errónea, teniendo en cuenta la probada existencia de Hugo Danner), o sencillamente, Superman.
 
Zárate demuestra que ha leído los tebeos originales de Siegel y Schuster, y probablemente cientos de los siguientes -incluidas las revisiones de Frank Miller, Grant Morrison y el magistral ¿Qué fue del hombre del mañana? de Alan Moore-... y ha salido por la tangente, claro.
No abundaremos en esta más que satisfactoria obra repleta de sorpresas y guiños, pero tenemos la obligación de comentar, al menos, el punto de partida: ¿Y si Superman fuera, además, un detective privado a lo Philip Marlowe?
Y es que eso es lo que tenemos aquí: La historia del héroe venido de Krypton, contada por Raymond Chandler... nada más y nada menos.
La máscara del héroe se cierra con otro texto insólito, publicado originalmente en 1994, y del que nos dice la contraportada que "se convirtió casi de inmediato en un clásico secreto" en México. Con razón, claro que sí, pues Xanto. Novelucha libre es lo que promete el título (una revisitación de la mítica figura del Santo, el luchador mexicano protagonista de una increíble cantidad de películas difícilmente calificables), y también es eso: una novelucha libre, una novela de a duro (no sé cómo se llamarían las novelas baratas en México, la verdad) escrita con todo el amor y toda la mala leche del universo, dos fuerzas contrapuestas (el amor y la mala leche, digo) para una obra que recupera la extensión mexicana de los Mitos de Cthulhu que nació allá por la década de 1970, y los enfrenta al Luchador de las Multitudes, Xanto.
Lo diré bien claro: Sencillamente impresionante.
El señor José Luis Zárate nació en Puebla en 1966, ha acumulado premios como un banquero emite notas de desahucio, ha dirigido fanzines (en papel y también versión virtual, con disquete y en la Red de Redes), y me da miedo pensar en lo enorme de su bibliografía, lo cual incluye sus textos inéditos... Aunque me consta que está agotado (no Zárate; ahora verán), quiero recomendar a los rebuscadores el librito En el principio fue la sangre, una excepcional compilación de artículos donde el amigo Zárate habla sobre Jack el Destripador, Godzilla, Michael Maltese (ese famoso desconocido), Philip K. Dick, los asesinos en serie, y todo lo que se le pone por montera. Actualmente, además de escribir más novelas (él sabrá lo que se trae entre manos), escribe algo así como unos tres microcuentos diarios (muchos de ellos sherlockianos, por cierto; la mayoría de carácter mitográfico creativo) desde Twitter... es lo que él denomina "twitteratura".
Qué disparate, este caballero...

(Y, por supuesto, una reclamación: Exijo la edición de más obras de este autor en España YA).

***

Comentarios originales:

Cadvalon dijo

Magnífico libro y magnífica recomendación, especialmente me ha gustado la historia de Superman, gracias por descubrirmelo (la verdad es que llevaba tiempo mirando esa portada sin decidirme a leerlo)


sherlockholmes

sherlockholmes dijo

Un comentario del amigo Alfredo Cruz, comentario que lacoctelera.com no le dejó publicar:
"El libro ya debe venir de camino. Hay que alimentar al friqui que lleva uno dentro, esa especie de mister Hyde insaciable que nunca se da por satisfecho por muchas páginas a las que les hinque sus descomunales caninos. Las películas del “Enmascarado de plata” son lo más de lo más. Por algo se llegaron a rodar una cincuentena de títulos. Y nuestro querido conde transilvano conserva aún vetas inexploradas para los audaces que quieran bucear en su biografía. El abuelo Bram dio en la diana. ¡Qué tío! "

jueves, 16 de octubre de 2014

EL PLACER SEGÚN MATEO: Proceso creativo de la cubierta de Sergio Bleda

A muchos nos gusta conocer las interioridades de los procesos artísticos. En concreto, lo que hacen los ilustradores me parece magia. Y lo que hace el ilustrador Sergio Bleda es magia de alto nivel, de la buena, de la que te deja anonadado.
Aquí les mostramos el proceso creativo para elaborar la cubierta de mi novela El placer según Mateo, que ya se puede reservar previo pago (información escribiendo a fabulasext@hotmail.com, y también pinchando aquí).

Paso 1: Lápiz

 Paso 2a: Color

 Paso 2b: Color

Paso 2c: color




Paso 3: tinta
 

Paso 4: acabado

Y la portada, tal y como aparece en el libro impreso:
 
Repetimos: para reservar previo pago de 18 euros (gastos de envío incluidos para España) EL PLACER SEGÚN MATEO Y OTRAS HISTORIAS DE HORROR SOBRENATURAL de Alberto López Aroca y con cubierta de Sergio Bleda, escriban a fabulasext@hotmail.com.
 

martes, 14 de octubre de 2014

Gran Súper Terror: una colección mítica

A mi hermano Daniel y a Juan Carlos Pérez Flores,
porque también les gusta
 
 


En 1986 apareció en España el primer volumen de Horror, una serie de antologías de relatos de miedo. Con este título, Editorial Martínez Roca inauguró una de las colecciones más conocidas y recordadas del género: Gran Súper Terror. La portada mostraba a Oliver Reed en su papel del hombre lobo de la Hammer, en versión de Alberto Pujolar, un gran ilustrador que durante años realizó las portadas de Selección Terror, la célebre colección de novelas donde publicaron autores como Curtis Garland, Ralph Barby, Adam Surray, Lem Ryan, Lou Carrigan, Burton Hare, Ada Coretti y otros muchos.

Recuerdo perfectamente ver este volumen —que ahora mismo tengo al alcance de la mano— en el escaparate de la desaparecida Librería Alonso de Albacete (en la calle de la Caba), junto con algunos títulos de Stephen King de Grijalbo (la portada de La expedición me parecía especialmente inquietante y Verano de corrupción era un título que se prestaba a cachondeo: las calle repletas de bolsas de basura durante el mes de julio). Me consta que el dueño de la librería, Juan Carlos (que falleció prematuramente hace unos años y ha dejado en muchos albaceteños el recuerdo de un librerio serio y “de los de antes”), era lector de de novelas de miedo y estoy seguro de que conocía muy bien esta colección.

 


También recuerdo el trasiego de ejemplares de Gran Súper Terror en casa de mis padres, cuando mi hermano Daniel aparecía con algún ejemplar sacado de la biblioteca (ahí leyó mi hermano El hijo de la noche infinita de John Farris, por ejemplo, y me cantó las alabanzas de esa buena versión de El exorcista pero con juicios), cuando se compró Ceremonias macabras de T. E. D. Klein (que es una muy buena novela de terror) o cuando me contó que Los engendros de L.J. Key era un coñazo (aún no le he hincado el diente a esa novela, precisamente por el juicio negativo de mi hermano).

 

 

Debió ser en 1994 o 1995 cuando un buen puñado de títulos de la colección acabaron saldados —sobre todo los de la serie Horror, que son muy irregulares— y llegaron a un recién abierto centro comercial de Albacete a un precio ridículo, creo que a tres libros por mil pesetas o algo por el estilo. Fui testigo de cómo mi amigo Juan Carlos Pérez Flores compraba un puñado de esos títulos, y cómo mi hermano Daniel se los llevaba TODOS. Creo que puedo recitarlos de memoria: los Horror del 1 al 6 (el volumen séptimo es de los inencontrables); El hijo de las tinieblas de John Coyne (en cuya portada aparece un ghoulie de la saga cinematográfica de serie Z); La luz al final del túnel de John Skipp y Craig Spector (con cubierta de Josep María Beroy, nada menos); la macarrada de Ray Garton titulada Crucifax; La crueldad de la bestia de Shaun Hutson (un viejo amigo de Richard Laymon); la antología El legado de Lovecraft (el único que pude llevarme a casa); y La tumba de Lucifer de Daniel Rhodes (con una cubierta que me hace pensar en “El modelo de Pickman”). Quizás hubiera algún título más. Quizá estuvieran los dos volúmenes de Sangre de Clive Barker. De ser así, mi hermano también se llevó un ejemplar de cada uno. Y Pérez también. Yo no. No tenía ni un duro.
 

 
 
 

Nuestra reseña de La crueldad de la bestia, en enlace.

 
 

Gran Súper Terror fue una colección de las que entran por los ojos, con un diseño uniforme (salvo en su última etapa) pero abierto. Por ejemplo, entre estos libros se encuentran dos grimorios necronómicos que yo vi por primera vez en la Biblioteca Pública de Albacete: se trata de El Gran Libro del Terror y el Segundo Gran Libro del Terror, dos gruesos tomos negros con letras plateadas o doradas en el título. Estos dos también son joyas de la corona, buscados por los coleccionistas.
 
 

 

En general y salvo excepciones (como el demoníaco ghoulie que mencionábamos más arriba), Gran Súper Terror contaba con ilustraciones de verdad, realizadas por encargo o compradas a una agencia, pero realizadas por ilustradores profesionales. No se trataba de los libros que vemos hoy, día sí y día también, cuyas cubiertas son fotografías licenciadas en Getty Images o agencias semejantes (mi docta opinión es que estas portadas modernas son una puta mierda).
 
 
 


Todas esa cubiertas, mejores o peores, resultaban muy, muy, muy atractivas. Tanto como para realizar esa práctica impía que es la de comprarse un libro no por el autor o por la sinopsis o por el título, sino por la puñetera portada. Eso es algo que los editores profesionales han olvidado hoy, quizá porque han aprendido que al ilustrador hay que pagarle y bien pagado, y que resulta mucho más barato licenciar (suponiendo que el editor tenga escrúpulos para hacerlo y no se limite a fusilarla de alguna parte) una fotografía genérica igual a tantas otras.
 
 
 
 
 
 
 
 
Gran Súper Terror acogió a algunos de los más conocidos autores y a otros que nunca más hemos visto en castellano:

Ramsey Campbell, uno de los clásicos actuales por excelencia, que empezó trabajando para la Arkham House de August Derleth, tuvo dos títulos en esta colección.
 
 
 

Dean R. Koontz, “el Stephen King para pobres”, vio publicadas aquí dos títulos, La visión y el imprescindible Fantasmas, cuya ilustración de cubierta se ha reciclado infinidad de veces, tal y como se muestra en este artículo.

La ilustración de cubierta para el Fantasmas de Koontz se ha reutilizado infinidad de veces.

 

Robert Holdstock, conocido en España por su novela fantástica Bosque Mitago, tuvo aquí presencia con una obra de terror muy poco conocida.
 
 
 
Whitley Strieber, conocido sobre todo por El ansia (y por la adaptación cinematográfica de dicha historia de vampiros), realizó una aportación que el escritor gaditano Rafael Marín tradujo al castellano.
 
 
 
Quizá el título más buscado (o al menos, el más cotizado) de toda la serie sea el thriller post-apocalíptico El canto del cisne de Robert McCammon, un autor que sí se ha traducido al español, pero del que rara vez se habla. Yo no he leído esta novela y la portada me parece horrenda... pero me encantaría tenerla.
 

Poppy Z. Brite no es una perfecta desconocida para el lector de habla hispana, pero casi. Su novela La música de los vampiros, publicada por primera vez en Gran Súper Terror, volvió a salir bajo el título de El alma del vampiro en una colección de La Factoría de Ideas (y también formato bolsillo).
 

Un autor salido del ámbito televisivo y conocido hoy por sus guiones de tebeos es J. Michel Straczynski. Antes de todo esto, en España se publicó su novela Mensajes del Infierno, uno de los últimos títulos de Gran Súper Terror, sin el diseño original y que la convierte en una novela difícilmente reconocible como parte de la serie. Pero lo es.
 

Dos autores de los que poco o nada sabemos tuvieron presencia en esta colección con sendas novelas premiadas con galardones literarios internacionales: Los amos de la noche de Brian Hodge y El elixir negro de Elizabeth Engstrom.
 

Reseña de El elixir negro, en este mismo blog.



Además de las antologías de Horror y los "grandes libros del terror", la colección introdujo otras dos series de relatos; la de las Máscaras (cuyo primer volumen es en realidad Horror 7) y la de las Visiones.
 




Y claro, el omnipresente Stephen King, que escribió montones de las frases laudotarias que aparecen en las cubiertas de esta colección, tuvo dos títulos en Gran Súper Terror, concretamente dos de sus novelas firmadas como Richard Bachman. (Martínez Roca publicó en otra colección El fugitivo y La larga marcha, otros dos Bachman stephenkingianos).
 
 
 
Aunque no tenemos del todo claro el orden de aparición de todos estos títulos, el listado que aparece en uno de los volúmenes indica que el último de los títulos de Gran Súper Terror fue La sangre del cordero de Thomas F. Monteleone (con ilustración de cubierta de Jordi García), con fecha de 1993. (La base de datos Tercera Fundación indica que La música de los vampiros apareció en 1994, así que quizá sea la novela de Poppy Brite y no ésta de Monteleone el último título. O quizás sea alguna otra. Quién sabe...) 
En cualquier caso, el diseño ya no era el mismo, y el libro, a primera vista, se puede confundir con cualquier bestseller de Planeta o de Ediciones B publicado en la época. Es un triste final para una colección mítica. Aunque la novela probablemente sea buena.
 
 
Nuestra pequeña aportación u homenaje es la reedición de mi primera novela publicada como libro, El placer según Mateo (que ya se puede reservar previo pago de 18 euros, información en el enlace). La ilustración es del enormísimo Sergio Bleda, y el diseño está basado, obviamente, en el original de Geest/Hoverstad. Sirva este trabajo como recuerdo de esta gran fábrica de escalofríos de horror que fue Gran Súper Terror.


http://albertolopezaroca.blogspot.com.es/2014/10/nuevo-el-placer-segun-mateo-18-euros.html
Ya a la venta.


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